Disclaimer | Ni Shingeki no Kyojin y sus personajes me pertenecen, son propiedad de su autor, Hajime Isayama, yo sólo realizo esta obra por diversión sin fines de lucro, derechos reservados de este Fic a Corp. Charly.
Advertencia | BL. Riren. Dioses griegos. Demonios. Titanes. Cosas raras de la autora.
Extensión | 3617 palabras
Nota | ¡Hello! Nuevo capítulo….estoy emocionadísima con este Fic, gracias por el apoyo a todas mis chicas. Ahora a leer.
The Darkest Lovers
Capitulo
2
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Armin, Dios del amor, observó a su ahora durmiente amigo, había utilizado su poder para adormecerlo, no gustaba cuando sentimientos negativos brotaban como un caudal del castaño. Eren era peligroso en ese estado. Demasiadas catástrofes.
Las blancas manos del rubio se deslizaron por la espalda morena levantando la ancha camisa, para luego deslizar un poco de las caderas el apretado short que llevaba el otro muchacho, sus ojos se quedaron clavados en esa área en específico, esa que estaba entre el hueso de la cadera y el vientre, ahí había una marca. Un par de alas superpuestas. La marca del Rey demonio. La prueba innegable que Eren estaba destinado a morir o ser salvado por aquel hombre, por el simple hecho de que Eren le pertenecía. El rubio se mordió los labios con rabia, enojado consigo mismo, enojado por no tener el suficiente poder para romper aquel vínculo, pero….si podía hacer algo por su amigo. Lo mismo que ya una vez hace muchos siglos atrás había hecho.
— Mikasa. — su voz sedosa y grave convocó a la mujer.
Pequeñas estrellas doradas brotaron de la nada, el olor a hierba buena y pan recién hecho lleno la estancia, una fragancia a hogar. En medio de la habitación apareció una mujer de cabellos negros y piel blanca, vestida con vaqueros y una polera verde además de su inseparable bufanda roja.
Mikasa, la diosa de la memoria.
— ¿Qué le ha pasado a Eren? — la mujer fue directo al grano, ni siquiera un saludo. Típico de la diosa. Armin soltó un suspiro cansado.
— No está herido, bueno…no físicamente — la mirada afilada que le dedico la chica hizo que el pobre rubio soltara una risa nerviosa —. Mika, cálmate.
— No. Si se trata de Eren, no me pidas eso.
—Él es fuerte y sabe defenderse.
— Si es así, ¿Por qué me has llamado?
— Es Levi.
La mujer endureció sus bellas facciones. Estaba molesta, la sola mención de aquel nombre le molestaba.
« ¡Otra vez ese maldito enano! »
Los amables pensamientos de la mujer parecían casi brotar de ella y ser luces de neón para Armin.
—Iré a matarlo — la mujer dio la vuelta dispuesta a destellar e ir arrancarle la cabeza al rey demonio.
— Detente Mikasa. — la voz de Armin fue una orden y Mikasa se detuvo. El dios del amor enojado era peor que Eren descontrolado —. Fue Eren quien lo buscó. Hace unas semanas Zeke se reunió con Eren y le ordenó entregarle el tesoro de su padre, pero obviamente se negó así que el pendejo aquel le dijo que enviaría a Levi a matarlo y ya sabes cómo es Eren.
El aura de Mikasa se oscureció, sabia como era su sobrino, un condenado obstinado y curioso, obviamente lo primero que haría sería espiar a quien según seria su ejecutor, medir sus fuerzas y luego atacarlo. Pero resulto ser que su ejecutor era nada más y nada menos que Levi.
—Mikasa…— la decisión en los ojos del rubio causo un asentimiento en la mujer.
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Red Moon, Budapest
La dura cama de una habitación de aquel hotel barato recibió el peso de Levi, su mente estaba bloqueada por un solo pensamiento: Eren.
Intentaba olvidar como sus cuerpos encajaban a la perfección, lo intenso de aquel beso y las caricias, el deseo que había nacido hacia él y, cómo, durante los cortos momentos que lo tuvo entre sus brazos, se olvidó de todo, de su odio desmedido a los dioses, de su sed de venganza y su juramente para con los que le amaron. Los traicionó.
Pero es que jamás un beso lo había trastornado tanto….tal vez…aquella vez. Pero no podía compararlo, en esta ocasión fue como fuego incendiando sus venas, su ser entero ronroneo, ronroneó como gato doméstico. Eso nunca le había ocurrido, nada semejante. Algo había pasado ahí.
Ese mocoso debía tener algo.
Había perdido el control con aquel chiquillo.
Control. Se habría reído de sí mismo si hubiese podido verse. Realmente al lado de ese niñato no tenía control. Y es que la imagen del muchacho volvía a él, una y otra vez. Era un poco más alto que él, con cara de duendecillo travieso, la piel dorada, suave y brillante, muy erótica. Él se imaginó lamiendo cada centímetro de aquella piel.
Tenía los ojos grandes y muy verdes, con nariz perfecta, labios carnosos y rosados. Los dientes blancos. Irradiaba picardía y placer. Era la fantasía de cualquier persona hecha realidad. Además poseía un olor que lo embriagaba.
Con sólo esos minutos compartidos, Levi se dio cuenta que no tenía la fortaleza ni el deseo de matarlo. De sólo pensarlo sentía que le latía el corazón con fuerza y se le secaba la garganta. Cerró los ojos intentando relajarse y pensar mejor.
El sonido sordo de la puerta abriéndose de golpe, casi como si una estampida de elefantes, le sacó de su momento de paz. Era Hanji que como un terremoto había entrado profiriendo gritos como loca.
— ¡¿Qué demonios pasó allá, Levi?! ¡Nos dejaste botados por irte a beneficiar a semejante morenazo de ojos verdes!
— Cállate loca. — la voz monótona.
— No me callo, ¿Cómo te atreves?
— Déjame en paz.
— No, maldición, yo quería ver todo el show homoerótico.
Levi frunció el entrecejo, mosqueado, mas guardo silencio.
« ¡Hija de puta degenerada, malparida! »
— Eres malo, Levi — la mujer se tiró encima de la cama, pero una buena patada la sacó del mueble.
— Ustedes sí que se entienden. — Erwin, recostado en el marco de la puerta sonreía con burla —. Levi, ¿Lo mataste?
— No.
— ¿En serio? — la castaña se levantó del suelo y por su posición fue que pudo notarlo, una pequeña herida en el labio inferior de Levi — ¡Te golpeo! ¡Por los infiernos! Él te golpeo y lo dejaste ir.
— Cierra la boca Hanji. — la voz le salió como un rugido potente, enfadado. Hanji se encogió en un rincón.
— No te desquites con ella— el hombre rubio entro completamente a la habitación — A todo esto…—
— No quiero seguir hablando de ello. Ahora, vamos, suéltenlo ¿Investigaron a Eren? ¿Qué es lo que precisamente tengo que quitarle al mocoso?
— Nadie sabe con exactitud — contestó la castaña —. Según los pergaminos que encontramos, solamente se sabe que Zeke y los griegos le temen y quien lo posea puede asegurarse de tener el poder por siempre.
— Fue algo que Grisha robó. — el rubio parecía estar recordando algo.
— ¿Robó? — Levi arrugo el entrecejo interesado —. ¿A los griegos?
— No. A lo que Zeke teme no era propiedad ni de los griegos ni de los titanes, era de alguien más o más bien algo más.
— ¿Y eso qué? Esos cerdos se han adueñado de todo lo que les conviene.
— Ese es el punto, a quien se lo roboran, le temen. Es superior a los griegos y a los titanes y Eren sabe quién es, por eso lo quieren eliminar antes de que el muchacho se le ocurra entregarlo a ese ente. Digamos que el muchacho se ha ganado el odio a pulso igual que su madre.
— ¿Carla, la diosa de la fatalidad y la discordia?
— Si, la misma…la diosa más vilipendiada entre los griegos, esa mujer sí que causó revuelo en todo el Olimpo — contestó el rubio.
— Todas las diosas la odiaban porque sus maridos parecían perros en celo detrás de ella. — la castaña se rio con potencia —. Bola de brujas. Ahh…pobre, mientras los dioses le llamaban Carla, la bella, las diosas la llamaban Carla, la puta.
— Al final termino echándose al fuego junto a Grisha. — completo el rubio.
Levi sólo giró el rostro a la ventana donde se veía el anuncio de neón rojizo del hotel Red Moon. En ese instante pensó en Eren, en su sufrimiento de perder a ambos padres de un solo golpe por el odio y los celos de los dioses. En ese instante se identificó con él.
— ¿Qué más saben de él?
— Eren tiene una maldición, pero no hay pistas de que pueda consistir — la castaña se llevó los dedos al mentón—. ¡Vaya! El pequeño es una cajita de misterios.
¿Una maldición? Esa revelación dejo asombrado y enfurecido a Levi. ¿Sufría Eren por una maldición? ¿Y porque le importaba a él?
— ¿Quién lanzo la maldición?
— Annie, la diosa de la Justicia. Una titán que término traicionando a los demás titanes para ayudar a los griegos durante la titanomaquia.
Levi recordaba vagamente a aquella mujer. Una mujer rubia, de cara fina pero fría. Era alguien bipolar. A veces estaba bien, otras de los infiernos. Nunca se sabía con ella
— ¿Qué recuerdas de ella, Erwin?
— No mucho, sólo que alguna vez fue amante de Uri Reiss. Supongo que la maldición a Eres es una especie de venganza contra Grisha por estar de parte de los titanes durante la guerra.
— ¿Y entonces, Levi? ¿Cómo procedemos? ¿Quieres que lo encontremos y te lo traigamos?— la voz de Hanji lo sacó de sus pensamientos, pero sus palabras no le gustaron. Eren era su problema.
Levi soltó un gruñido.
— No. Yo lo haré.
Desapareció en una neblina oscura.
Lo primero era encontrar su rastro espiritual. Pensó el azabache. Regreso al último lugar que estuvo con él. El callejón detrás de Titania. Como demonio tenía la capacidad de ver el rastro espiritual de los seres. Observó la zona. Había un arcoíris de colores brillantes, etéreos. Esos colores eran las emociones. A través de ellos podía interpretar lo que había ocurrido ahí. Se concentró en el lugar. Ahí contra la pared había estrellas brillantes de pasión.
El beso.
En ese reino espiritual el color de la pasión de Eren era de un rojo intenso. Era real y palpable. También había tonalidades rosas. Amor. Eso lo dejo asombrado. Eren sentía amor por él. Se le contrajo el estómago y sintió una oleada de calor. Recordó el sabor y el olor del muchacho y se le hizo agua la boca. Sintió una opresión en el corazón. Un latido agudo y hambriento. Dolor.
Sin embargo sabía que tenía que matar a Eren. Debía matarlo por Farlan e Isabel. Todo por ellos. Apretó los puños. Casi amanecía.
— ¿A dónde has ido? — murmuró siguiendo el rastro de las chispas de colores. Había un color azul pálido casi blanco. Una mezcla de tristeza y desilusión. Sintió culpa. Lo había tratado como vil puta y el muchacho sólo había sido sincero. Le quería.
Observo con más concentración los colores. El azul pálido con salpicaduras negras. Rabia y Furia. Debió haber herido sus sentimientos y eso lo había hecho enfadar. El sentimiento de culpa se intensifico. Tenía en su defensa su propósito pero el rostro feliz y complacido de Eren le volvió a la cabeza. Cuando lo tuvo entre sus brazos no pudo percibir maldad en él, cierto que sus labios le habían brindado un beso pecaminoso, pero no había maldad. Eran deliciosos. Dulces. El muchacho era una mezcla de dulce delicioso, impulsividad, fuerza, necesidad y fragilidad. Siguió el rastro que se perdía en el ambiente.
Destelló. Llegó a Hawái. Un pent-house. Había un jarrón roto y en el centro de la habitación una cama desarreglada, el olor de canela y durazno inundaba el lugar. Eren había estado ahí. Había dormido ahí. Había un olor mezclado con el del muchacho. Olía a polvos de talco y menta. Era un olor masculino, suave pero masculino. Levi arrugó el entrecejo. Se molestó. Pero su molestia disminuyó un minuto después, ahí en la habitación el color azul pálido se volvía completamente blanco. Seguramente el muchacho había llorado. Se quiso golpear el mismo. En verdad en el fondo de su ser no quería otorgarle más sufrimiento del necesario al muchacho. Ya había tenido el suficiente. Se decidió. Lo mataría rápidamente, sin dolor. Se mordió los labios. Volvió a destellar. Llegó a Francia.
Encontró a Eren en un parque, meciéndose en un columpio. Estaba sereno y no se parecía a nada al chiquillo atrevido que quiso seducirlo en el bar. La luz del alba le daba en el cuerpo. Parecía un ángel mientras se balaceaba en el columpio. Estaba absorto en su pensamiento y estaba chupando una piruleta.
Levi se materializo y se acercó a él. Eren giró el rostro hacia él, ladeo la cabeza y sacó la piruleta de su boca.
— Hola. — saludo el muchacho con amabilidad.
— He venido a terminar lo que dejamos pendiente.
Eren frunció el ceño y le miro de hito en hito. Parecía confundido. Y luego se rio a carcajadas.
— Es usted muy guapo, señor, pero no lo recuerdo, creo que me confunde. No soy de esos que se venden. Mucho menos un flojo que se va con alguien sólo porque es atractivo.
El muchacho volvió a reír.
A Levi parpadeo dos veces lentamente, tratando de recapitular todo, Eren lo estaba tratando como un desconocido y por las expresiones del muchacho supo que no estaba fingiendo demencia. Se mosqueo.
— Ayer me besaste como si no hubiera un mañana…. —
Eren le miró mal. Casi con odio.
— Eso no es cierto.
— Lo es. Me golpeaste y huiste cuando te dije que iba a matarte.
Los ojos del castaño se abrieron como plato.
« Él va a matarme »
Esas palabras atravesaron la mente del castaño. El tipo no bromeaba, la cara que tenía no era de broma o algo por el estilo. Pero él estaba confundido, no conocía al hombre frente a él. A menos que…
— Tú…eres el Rey del inframundo.
— Si.
— No te será fácil acabar conmigo, demonio, se escapar de cosas peores — su ojos determinados se clavaron en el azabache y de su mano brotó una daga que destelló peligrosa.
« Nada mal »
Pensó Levi. Le encantaba la determinación en las personas, en realidad lo que le gustaba eran los desafíos. Eren era el desorden, el más grande desafío a conquistar. Deseaba conquistarlo de otra manera, pero no podía.
Levi hizo aparecer su espada, de un color tan negro como el alquitrán. La espada infernal. Una brisa fresca sopló entre ellos, meciéndoles el cabello. La tensión se podía cortar con un cuchillo.
— ¿De verdad tienes que obedecer a ese gusano? — las palabras salían arrastradas con rabia de los labios del castaño.
— Algo así, él me dará a cambio algo que quiero.
— ¡Vaya, que sorpresa! Había escuchado que tú matabas dioses como a cucarachas, pero parece que la gente siempre dice mentiras.
— No son mentiras, simplemente esta vez es por algo que yo….
Una daga voló directo a su rostro y un pequeño hilillo de sangre broto del corte en su mejilla.
— Pues lo siento muñequito, creo que no voy a ayudarte a conseguir tu deseo.
Levi rechinó los dientes. Ese muchachito sí que era atrevido. Sonrió con perversidad. Su espada palpito. Sería interesante, muy interesante.
— ¿Qué es lo que busca Zeke de ti?
Aquella pregunta desencajo al muchacho.
— Cree que se lo voy a decir así nada más. ¿Es estúpido o qué?
— Sí que eres terco.
— Es parte de mi encanto — le sonrió con coquetería.
Levi blandió la espada y se lanzó contra el muchacho. Eren le dio una patada antes que lo alcanzará el arma y le sacó el aire al azabache, pero se recuperó en un instante y he hizo un giro con el arma que fue esquivado por el castaño. Eren se levantó la camisa y los ojos de Levi se desviaron directamente a ese lugar, por un instante pudo ver el par de sonrosados pezones del muchacho antes de que este desfundara un par de 9mm que traía pegados a la piel. Las armas se dispararon hasta gastarse y Levi cortó las balas con su espada.
Ambos eran rápidos y fuertes. Aquella pelea estaba iniciando.
Se miraron fijamente y luego se lanzaron entre sí. Una lluvia de golpes por parte de cada uno cayó sobre el otro. Se rompieron el labio y se lastimaron varias costillas. En un descuido de Levi, Eren le apuñaló con otra daga plateada, el metal se clavó en el corazón del azabache, y este que aulló de rabia y de dolor.
— Quédate con la daga, cariño — le lanzo un beso y desapareció ante sus ojos.
Levi soltó una grosería y se sacó el arma. La herida comenzó a cerrarse, pero la mancha de sangre se quedó en la camisa. Eso sí le molesto, él odiaba la suciedad y ahora su ropa estaba machada de sangre. Aquel líquido tan difícil de sacar.
Eren se había traslado a la Antártida. Sabía que Levi lo seguiría, pero se lo pondría difícil. Lo haría sufrir. En cuanto llegó el aire frio le golpeó los pulmones, un vaho helado brotó de sus labios. El aire glaciar le entumeció los músculos y se filtró a los huesos. Le castañearon los dientes.
Los pingüinitos en cuanto notaron su presencia corrieron asustados en todas direcciones. Había poca luz en aquel lugar, casi anochecía. De haber sido humano hubiera muerto por el frío, pero ya que era un dios, eso no le afecto mucho. Lo único que sintió fue tristeza. Él odiaba los lugares así.
Un minuto después Levi se materializó ante él. Tenía el ceño fruncido y los labios en un rictus de rabia pura. Se había quitado la camisa. Eren le miró los músculos que se le marcaban en el abdomen, no tenía vello en el torso y su piel blanca parecía una oda a la luna, suave y firme como terciopelo sobre acero. Delicioso. Y el castaño volvió a afirmar 'el tipo está que se cae de bueno'. Se le hizo agua la boca pero se abofeteo mentalmente, aquel sujeto lo quería matar y él se le encendía las hormonas, vaya estupidez de su parte, pensó Eren.
Tenía el pecho manchado de sangre pero la herida ya casi desparecía completamente.
— Eren. — gruñó.
— Espero disfrutes del lugar que escogí — se burló el castaño, la voz le salió extraña por el castañeo de sus dientes y en cuanto soltó aquello corrió en su dirección, todo el impulso de la carrera lo dejo caer sobre Levi y su herida.
Fue demasiado rápido para el azabache al siguiente segundo estaba chapoteando en el agua fría. Unas cuantas gotas alcanzaron al moreno que le sonrió con triunfo desde su posición.
— ¡Eren! — gritó con rabia Levi.
— No hay nada que agradecer, tómalo como un regalo por haberte ensuciado. ¡Nos vemos! — se giró dispuesto a marcharse.
— ¡No te marches! ¡Maldita sea! — dijo el —. Por favor.
Entonces Eren se volvió sorprendido, aquel hombre no tenía las fachas de andar pidiendo favores mucho menos de andar suplicando, ¿Qué le pasaba a ese tipo? ¿Nos que acaso iba tras de él para matarlo?
— ¿Por qué habría de hacerlo?
— Harás que me enfade y no querrás verme enfadado.
— Y si te enfadas ¿Qué? ¿Papi, me dará de azotes? — Eren se rio a pierna suelta.
— Puedo hacerlo, Eren — la voz le salió ronca y sedosa, incitante — Te haría gritar de placer.
A Eren se le sonrojaron la mejillas y le lanzo una maldición, luego desapareció.
Levi lo siguió.
Las palabras que salieron de los labios del azabache, fue la cosa más sucia que el mundo haya podido escuchar, mientras a Eren casi se le rompía la garganta de tanta carcajada.
Estaban en el Ganges. Nadando entre muertos.
— ¿Que pasa señor Rey del inframundo? ¿No está contento con sus nuevos amigos? — entre carcajadas Eren sujeto un cadáver y con una mano del fallecido se rasco la cara —. ¿No son una monada?
Levi estaba que ardía de ira y de excitación, porque aunque Eren estaba entre medio de cadáveres se veía precioso. Era hermoso con las mejillas rojas de tanta risa, los cabellos desordenados y el cuerpo completamente mojado…
« Uhmm…mojado »
Su instinto ronroneo expectante…calado hasta el centro de pura excitación. Sus pantalones apretaron. En un segundo Levi estaba frente Eren, le jaló del cabello y le comió la boca.
El castaño sorprendido como estaba no reaccionó inmediatamente, pero el sabor de la boca del hombre lo consumió, aquel sabor tan masculino y posesivo le fundió la sangre en las venas y correspondió el beso.
Mientras se devoraban los labios, los cadáveres los rodearon. Se hundieron en el Ganges besándose entre cadáveres.
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Jean Kirschtein, hijo de una poderosa familia, se miró frente al espejo del baño de la discoteca, estaba ebrio, sí, pero seguía lúcido, lo suficientemente lúcido para ir a la barra donde había dejado a su amigo y decirle en su cara que quería romperle la boca al bastardo suicida de Eren por tenerlo de novio, que odiaba aquel desgraciado por tener a un chico como Armin entre sus brazos y por haberle sido infiel con un tipo bajito la noche anterior. Si, Jean había vuelto de su viaje de Budapest ese día, con la rabia hirviéndole en el interior, la noche anterior había salido de fiesta en aquel lugar y para su sorpresa vio entre el marullo de gentes al castaño, lo siguió y lo vio entrar a un extraño lugar, tuvo que pagar bastante dinero para entrar pero agradece al cielo haberlo hecho. Eren era un mierda lujuriosa e infiel, ese fue el pensamiento del muchacho en ese instante.
Lastimosamente cuando salió y contemplo al pelinegro de gafas con el trago de margarita en las manos, viendo directamente a las luces estroboscópicas, fue en ese momento que todo el valor de Jean se fue al diablo. No tenía el valor para decepcionar al pobre chico. Seguramente quedaría devastado.
Jean jamás podría hacerle eso al pelinegro pero tampoco creía que el chico mereciera tal cosa. Apretó los puños y se dio valor.
Era ahora o nunca. Le diría la verdad y luego lo consolaría. Lo tomaría entre sus brazos y le ayudaría superar ese mal amor. Le daría el suyo y juntos tendrían una nueva vida.
Porque Jean amaba a Armin.
Notas finales:
¡Perdonadme! Pensaba actualizar este Fic el miércoles pero el trabajo me mato, lo lamento de verdad, espero que todo lo que puse sirve de recompensa por la demora.
¿A que esa pelea estuvo sexy?
¿Armin no está en la friendzone? En el próximo capítulo veremos más de esto.
Creo que es propio hacer una confesión….eso de los sentimientos y los colores me lo he robado de una página de cosas de amor…lo acepto soy una rata…pero verán, me pareció hermoso y yo no sabía qué diablos significaban los colores así que lo tome prestado…si alguna vez lo ven por ahí sabrán lo que digo…esa página tiene cosas muy bonitas sacadas de libros, incluso hacen descripciones súper lindas…he tomado referencias de ahí…Perdonen a Charly por ser rata. Créditos a la súper sensual pagina MigR.
Espero les haya gustado el capítulo. Y ahora….
La sensual pizarra de honor:
. — MaggiAllie — Mr. Bum— LiaPrimrose —.
. — ElisaM2331— Sora Yoru Hashiba—.
. — — Gatita598 —.
. — Sweetvioleth —.
A todas ustedes, un millón de gracias por dejarme su opinión, gracias de verdad gracias, espero les guste este capítulo….prometo actualizar seguido este Fic. Espero me sigan acompañando en este viaje. Luego estaré contestando por PM a todas ustedes. Un besote.
A todas mis chicas que leen en silencio y me dejan su favorite y folow también gracias…Os adoro.
Con amor
Charly*
