La primera vez que Lily supo de la existencia de Scorpius fue casi un mes después de haber comenzado el curso. Acababa de salir de su última clase del día, transformaciones, cuando una voz la llamó.

—¡Eh, Potter, se te ha caído esto!

Lily se giró preparada para darle las gracias a aquel extraño cuando al ver quien se alzaba ante ella se quedó en blanco. Debía tener la misma edad de su hermano, vestía un uniforme del equipo de Quidditch de Slytherin completamente sudado. Era rubio, muy rubio. Lily no pudo evitar preguntarse si su pelo se volvería blanco si le daba la luz de sol.

—¿Es tuya o no? —preguntó de nuevo el rubio, tendiéndole una pluma dorada.

Lily asintió y extendió el brazo para recogerla.

—No te conozco, ¿verdad?

—No, pero yo a ti sí. Soy Scorpius Malfoy —contestó, y Lily tuvo la impresión de que éste esperaba que le reconociese, pero eso no pasó. No tenía la más mínima idea de quien era, y Scorpius pareció comprenderlo porque sonrió. —Comparto habitación con tu hermano Albus.

Lily estaba a punto de contestarle cuando una voz llamó a Scorpius desde el final del pasillo, la pelirroja reconoció a Violetta Zabini. Su hermano le había confesado una vez que estaba colado por ella. Scorpius se giró al oír la voz y sin dirigirle una última mirada a la pelirroja se despidió y salió corriendo hacia Violetta.

—Vaya... —dijo Joanna Patil caminando hasta colocarse al lado de Lily —Te ha hablado Malfoy, Lily, ¡Scorpius Malfoy! es tan guapo...

Lily, quien todavía mantenía los ojos clavados en el pasillo por el cual acababa de desaparecer Scorpius, asintió sin darse cuenta.

Joanna, quien sí lo había notado, sonrió.