II: The Sad Girl at the Street
Escuché unos pasos cerca de mí, sentí que se detuvo a mi lado y por instinto, alcé la cabeza, apretando la mandíbula, alzando mi mano haciendo que pareciese una garra, listo para pronunciar en mi mente un conjuro, fulminando con la mirada a… la chiquilla de cabello amarillo, pequeña y con ropa andrajosa. Me observaba arrugando la frente; un intento por fruncir el ceño.
— ¿Se siente bien? —la triste y chillona voz me hizo dar un salto.
No. Déjame en paz. ¿A ti que te importa?
La chiquilla ladeó la cabeza y suspiré. Toqué mi garganta y negué con la cabeza. Fruncí el ceño al sentir algo sobre mi garganta, tanteé varias veces dejando escapar un jadeo entre dientes.
—Entiendo porqué estás triste. Yo me sentiría muy mal si no pudiera hablar. ¿Naciste así?
Me limité a negar con la cabeza, tratando de olvidar la incógnita que se estaba formando en mi mente.
¿Qué tenía allí? ¿Sería un escrito que dictaminaba mi castigo? Pero, ¿realmente importaba?
Detallé la triste mirada de aquella chiquilla curiosa. Bajé la mano al darme cuenta de que no valía la pena deshacerme de ella. Aunque tal vez, con eso, le hubiese hecho un favor.
¿De qué modo podía saber si ella quería morir o no?
¿Qué sentía esa pequeña para que yo notara con tanta facilidad su tristeza? ¿Acaso había perdido una hermana? ¿Una madre? ¿Un padre?
Viéndolo desde ese punto de vista, esa chiquilla y yo teníamos mucho en común…
—Si quieres meterte en problemas, quédate allí sentado —dijo arrugando la nariz y observando a unos asgardianos con ropa en peor estado que la de ella y la mía juntas, y que charlaban en la otra esquina.
Tanteé mi garganta, cuando recordé mi inquietud, e hice un gesto de duda. Ella se mordió el labio.
—No te entiendo…
Me ahorré el gemido. Señalé mi garganta, rozando lentamente y acentúe mi gesto.
— ¡Oh! ¿Qué tiene tu garganta?
Asentí enérgicamente y ella alzó las cejas.
—Es un símbolo… no sé que sea eso. ¿Quieres verlo tú mismo?
Volví a asentir, ella tomó mi mano, pero me la zafé de encima y ella se petrificó
—Bien, sin tocar. Sígueme.
Parecía una pequeña figurita saltarina. No me moví para contemplarla. O más bien burlarme internamente. Ella se detuvo y se dio la vuelta para encararme.
— ¿Qué esperas? ¡Vamos!
Ignoré las miradas expectantes sobre mí. Me levanté y caminé sin prisa, siguiendo a la chiquilla por las calles.
—Eres extremadamente lento. ¡Muévete!
Yo que tú, me mantendría callada. No me provoques, porque es posible que no me importe tu miserable vida y así acabo con ella de una vez… Pensándolo bien, no me interesa.
Ya me daba igual si no salía sonido de mis labios.
Entramos a una especie de laberinto beige y dorado. Tuve que apresurar el paso ya que en varias ocasiones ella desaparecía de mi vista. Y no pensaba quedarme allí solo. Finalmente se detuvo frente a un extremo del palacio.
¡Mejor lugar no pudo elegir!
—Cuando quiero ver lo que soy, vengo aquí. Es como si Odín Padre de Todo me mostrara mediante su palacio lo que realmente soy —musitó, bajando la mirada, moviendo su pie derecho y juntando las manos.
¡Bien! Se sentía peor de lo que imaginaba.
Alcé una ceja cuando caí en cuenta del maravilloso vocabulario que la chiquilla poseía. Ella me miró de reojo y puso los ojos en blanco. No pude evitar sonreír burlonamente por su reacción.
—Hablo extraño. Pero los libros que papá me dejó me han enseñado mucho, para tener seis años.
Abrí los ojos de par en par, ella sonrió, mostrando sus pequeños y relucientes dientes, formando un par de hoyuelos.
¡Vaya criaturita me había encontrado! Ehm… demasiado cursi.
Observé el reflejo y apreté los dientes. Me erguí, ya que me había inclinado un poco hacia la niña.
Detallé los moretones de mi rostro. La línea que surcaba mi nariz. El manchón morado, casi negro, debajo de mis ojos. La irregular forma de mi labio inferior. No me quería imaginar lo que la ropa aún cubría… Pero mi desgastada ropa no se quedaba atrás; tenía rasguños en todo el traje y había varios pares de tirones danzantes.
De por sí vine a Asgard en mal estado. Pero ese viajecito ayudó en mi empeoramiento de imagen…
Loki, que bajo has caído.
La niña logró fruncir el ceño esa vez, pero la ignoré.
Contuve el aliento cuando posé la mirada en mi garganta. Una especie de cardenal oscuro y fino formaba unas uniones imperfectas, que de tantas que eran, lograban crear algo hermosamente abstracto.
No tenía intensiones de averiguarlo. Temía que significara algo muy malo.
—Te dieron una gran paliza, ¿cierto? —preguntó la niña, observando mis heridas a través de mi reflejo.
Me reí entre dientes y asentí.
— ¿No tienes donde vivir? Pero… ves el palacio con anhelo. ¡Oh! ¿Viviste allí?
¿Cómo suponía todo eso? ¿Leía la mente o qué? ¡Maldición!
¡Por supuesto que viví allí! Bastante tiempo. Era feliz, de alguna manera, lo era, si ignoro las conspiraciones en mi contra, las continuas burlas a mi costa, todas protagonizadas por un supuesto hermano… El fanatismo que sentían por Thor y el desprecio que sentían hacia mí… Antes me incomodaba el que siempre estuviese opacado por Thor, ¡Y de qué manera! ¡Solo recordarlo me hacía temblar las manos!, pero ya casi no le daba importancia… Hasta cierto punto…
Pero todo tuvo que cambiar. ¡Jamás me debí dejar tocar por ese Jotun! Toda esa maldita pesadilla empezó con ese estúpido descuido.
Prefería vivir siendo ignorante que padecer la crueldad de la verdad.
Respiré hondo y asentí lentamente. Ella me miró unos segundos, ladeando la cabeza y cruzó los brazos a la altura del pecho, para concentrarse, o algo así.
—Tu rostro… ¡No importa! —exclamó dando un saltito —. Si estás aquí con ese aspecto es porque ya no puedes estar allí. ¡Sígueme! Te llevaré a mi casa.
Alcé una ceja y ella me miró con los ojos entrecerrados.
¡Qué miedo piojosa! Veamos que puedes hacer contra mí…
—Estoy segura de que no tienes donde dormir. No seas necio y sígueme. No soy un monstruo.
Me petrifiqué y desvié la mirada, para observarme de nuevo. Me acerqué al muro dorado y mi rostro se desfiguró por la intensidad de la luz. Empecé a hiperventilar y le di un puño al muro, haciendo que vibrara un par de segundos.
Monstruo… Sí… no había una mejor palabra para explicar…
…No importaba, creo que eso siempre lo había tenido claro desde aquella precisa explicación de Odín… "El Hijo de Laufey"
Me giré hacia la niña y ella me miraba aterrada. Suspiré, acaricié mi cabello, hice un intento por acomodar mi traje y di un paso hacia ella con lentitud para no asustarla más.
Lo siento.
Me sentí bastante incomodo diciendo eso…
Me aseguré de articular bien de todos modos. Ella asintió y sonrió de nuevo.
—Me llamo Kajsyt. ¿Y tú?
Me quedé pensativo un segundo, pero el resplandor del muro me dio una idea.
Sobrepuse mi mano en el muro y las letras comenzaron a formarse con bastante claridad. La niña se acercó para leer.
—Loki —pronunció en voz alta. Me miró entornando los ojos y me reí entre dientes.
Le palmeé la cabeza tres veces y después me limpié la mano con el traje.
— ¿Aceptarás venir conmigo sí o no?
Me di la vuelta, fulminándola con la mirada y ella jadeó, ya que la había asustado de nuevo.
La tomé por un brazo, casi alzándola y ella se quejó.
Guíame.
—Muy bien, sígueme —contestó.
Valiente. Debió agradecer el que me haya logrado entender. Bastante necesitada de compañía debía estar como para no empezar a gritar, con eso, hacer que los asgardianos me rodeasen para "salvarla", y yo hubiese tenido que matarlos a todos. Eso sí que lo lamenté.
Me indicó con el dedo los lugares que tenía que cruzar, un peor laberinto que el anterior. Cada vez más nos alejábamos del palacio.
En una de esas calles, como empecé a sospechar, la fulminé con la mirada y ella tragó fuerte.
—No es una trampa ni nada. Es que realmente vivo algo lejos…
Le creí, pero de todas maneras estaba atento a cualquier señal y movimiento en falso para atacar.
No me iban a subestimar de nuevo.
— ¡Es aquí! —exclamó.
La solté y se tambaleó, pero logró recuperar el equilibrio con rapidez. Me cubrí el rostro con una mano al observar el cuchitril de casa…
—No es la gran cosa, pero al menos es cálida y me protege de… realmente no lo sé, porque por aquí no viene nadie. Solo repito lo que papá decía.
Me di la vuelta para observar a lo lejos el palacio y gemí.
—Ya empezará a hacer frío… Ehm… Loki. Es mejor que entremos.
Ella caminó y abrió la puerta. Observé de nuevo el centro de Asgard y giré la cabeza hacia la tal Kajsyt.
Gruñí rindiéndome y me acerqué a ella arrastrando los pies.
A duras penas pude gritar con la gran energía que sentí en mi cuerpo, haciéndome volar unos metros y caer sin sutileza en el suelo.
Gemí de dolor y me agarré las piernas, escondiendo mi rostro.
— ¿Estás bien? —exclamó Kajsyt, acercándose a mí.
¡DÉJAME NO ME TOQUES!
No escuchó lo que dije, pero mi expresión de seguro le dejó en claro que se quedara quieta.
Traté de poco a poco retomar el aire y esperar a que el dolor cesara.
—Estás… azul… —susurró.
Fruncí el ceño y observé mis manos.
Flashback
Thor no se detiene. ¡Maldita sea nos van a matar a todos! Pero por supuesto, para él es más importante demostrar la fuerza que posee con su Mjolnir que mantener con vida a sus amigos. ¡A mí me da igual! ¡Yo mismo me puedo cuidar de esos Jotun! ¿Pero ellos? Batallan magníficamente, aunque por cada gigante de hielo que se deshacen aparecen unos cinco más.
— ¡No dejen que los toquen! —exclama Volstagg, gruñendo de dolor.
Un Jotun, con intenciones de matarme, corre hacia mí. Me abalanzo contra él, mi magia se forma entre mis dedos y siento como hiere de gravedad al gigante de hielo. Pero éste, toma mi brazo izquierdo e intento zafármelo de encima.
Dejo escapar un siseo entre dientes y noto como mi traje, con pequeñas incrustaciones de metal, se caen, dejando mi brazo completamente descubierto. Intento halar con fuerza pero su firmeza no me permite…
Pero, ¿qué es… eso?
Mi brazo… se está amoldando a su fría, azul y maldita piel… Ahora es igual…
Abro los ojos de par en par. El Jotun me observa.
¿Cómo es posible que esto suceda? ¡A Volstagg le quemó el brazo! ¿Por qué a mí me hace algo totalmente distinto?
Miro a los ojos un segundo al Jotun, pero decido con mi mano derecha matarlo de una buena vez.
En el instante que me suelta, extiendo mi mano y la detallo completamente. Siento, dentro de mi gran confusión, un poco de alivio cuando el color azul y la textura desaparecen con cierta rapidez.
Alzo la mirada y nadie ha visto nada.
Esto solo puede significar una cosa… Pero no… ¿O sí? Si es lo que aparenta ser entonces…
Mejor no saco conclusiones. Ya mi Padre tendrá tiempo para explicarme esto después…
Fin Flashback
— ¡Loki! —exclamó la niña inclinándose un poco hacia mí.
Parpadeé varias veces y sonreí un poco aliviado al notar que ya no estaba… azul, según Kajsyt.
— ¡Fue gracioso e increíble como saliste volando! —dijo entre risas.
La fulminé con la mirada y dejó de reírse abruptamente.
—Pero, no entiendo cómo pasó. Papá dijo que… No importa. Es mejor que intentes entrar otra vez.
¡Por supuesto! ¡Iré corriendo! Tonta…
— ¿Qué? No te entendí…
Le sonreí macabramente y ella retrocedió un paso.
—Aquí hay un espacio aparte de la casa, creo que sí podrás quedarte aquí.
Me levanté del suelo, caminé hasta la zona que ella me indicó con el dedo, pero esa vez, si estaba preparado. Suspiré aliviado cuando al pisar el escalón no salí volando de nuevo.
—Espero que te sientas cómodo aquí, Loki. Nos vemos cuando la luz aparezca de nuevo. Descansa.
Se despidió con la mano y entró a mi aparente "zona peligrosa".
Entré a mi nuevo espacio y me senté en la esquina. No estaba tan mal como yo pensaba.
Observé por la ventana lo majestuoso que se veía el palacio desde allí. Mientras el cansancio se apoderaba más de mi maltratado cuerpo, no dejé de contemplar…
…El palacio que una vez fue mi hogar.
La duda crecía en mi mente respecto al por qué repentinamente el "sistema de seguridad" de esa supuesta "casa" me hizo… mostrar lo que realmente soy.
Las respuestas las conseguiría al día siguiente. Necesitaba descansar.
