Cuando escribí esto, en mi mente estaba la canción de All The Lights de Kahlo Rivera, no sé porque.

El ruido de ir y venir de carros, del incesante del tic toc del reloj me marcaban lo tarde que se había hecho seis minutos tarde, subió las escaleras del la entraba del restaurante y me dispuse a buscar con la mirada, entre varias personas que hablaban y comían.

Camine unos pasos cuando sentí el tomar de mi hombro una mano suave.

–¿Acaso me buscabas?–

Me volteé y saludé de beso en la mejilla.

–Perdona el retraso, paso algo demasiado tonto.

–Me cuentas cuando lleguemos a la mesa–

Encaminamos nuestros pasos a nuestra mesa reservada, ella sentada en la silla de enfrente.

–Ahora si, cuentame– Mientras tomaba una carta del servilletero.

–Fue demasiado raro, venía en el andén de camino a aquí y a mediado de la línea, un tipo loco me amenazó– Dije mientras le apartaba la carta.

–Oye, aún no sé que comeré...–

–Escuchame, al menos fije que te importo– Baje el cierre de mi chamarra.

–Esta bien... ¿Qué fue lo que te dijo?–

–Que iba a morir hoy...–

Ambos quedamos en silencio, ya que los meseros venían.

–Bah, no te preocupes, son tonterías de alguien que no supo controlar el LSD–.

–Tienes razón, es bastante tonto, probablemente a muchas personas les toquen locos así– Dije mientras observé a los meseros llegar a dejar nuestros rolls tempura y ramen de ternera.

–Hace mucho que no comía esto...–

–¿Querías ir a un otro lugar?–

–Sabes que no, después de todo voy a donde me invites– Le sonreí

–No sé que por qué todos dicen que tienes un genio pesado, para mí eres una buena persona...– Tomo sus palillos y tomo un rollo.

–No me interesa lo que piensen de mi en cierta medida–

–Ya sé–

Se disfruto la comida como si no comieras en dos días y una sed de cualquier té que podíamos saciar en ese momento, pero en mi inconsciente ese viejo loco atraía mi atención.

Los platos se vaciaron al cabo de 40 minutos, entre escándalos, chistes y conversaciones cómodas, aquella velada entre amigo-amiga había terminado.

Salimos del restaurante, King me guío al estacionamiento a unos tres locales después y continuamos hablando hasta que llegamos a la motocicleta de ella.

–Te llevo a casa–

–No, así está bien, prefiero andar a pié–

–No me digas que le tienes miedo a la motocicleta–

–Claro que no, tengo una motocicleta–

–Entonces no hay nada de que preocuparse, ¿verdad?. Además, no quiero que te pase nada malo, después de todo aún eres un niño– Se burlaba King mientras se colocaba su chamarra de piel pegada a su torso, sus manos eran cubiertas por unos guantes negros y colocaba su casco negro, mientras la luz de la luna daba directamente en su cuerpo en un azul apagado pero agradable, mientras que yo, oscurecido por completo en un techo improvisado por los del estacionamiento.

Salí de aquella penumbra y al igual que ella me ilumine del tono azul tan característico de una luna llena sin estorbosas nubes grises.

–Pero yo manejo...– Sonreí sarcástica y picaramente.

–Se nota que aún eres un niño, presumido– Me lanzo a poca distancia otro casco que saco del asiento.

Me puse aquel casco y me monte en el asiento principal de la motocicleta, mientras la encendia, King se sujeto de mi torso.

–King... Antes que todo... Quiero decirte algo...–

–Dime–

Entre segundo en dar una respuesta y el encendido de la motocicleta, volteé a mirarla, quite la visera del casco y dije:

–Lo nuestro nunca hubiera funcionado– Sarcástica y rápidamente, el motor inicio su andar y acelere lo más que pude.

Salimos del estacionamiento y llegamos a la Av Central de Bonaparte demasiado rápido, ella se aferró aun más a mi torso y con una risilla dijo:

–¡Eres un loco! Y repitelo hasta que te lo creas–

Ambos reírnos mientras todas las luces de la ciudad eran reflejadas en nosotros, en mi, en mi alma, de tal manera que podíamos ver cada árbol a los costados, cada viento que revolvía las puntas de mi cabello, una sensación de libertad en una buena medida, tenía una amiga, un trabajo y unas ganas inmensas de llegar a casa a arreglar problemas sentimientales con... ella.