Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer, personajes y/o lugares, pertenecen al maestro Akira Toriyama y todo aquel que haya comprado sus derechos, que como es obvio, yo aun no lo he hecho. Aun.
"Como una primera vez."
Amargura: Como cuando se discute y se termina mal.
Le echó una rápida ojeada a la puerta y luego volvió su mirada hacía el frente, específicamente hacía la nada, porque miraba sin ver, estaba tan ensimismada en sus pensamientos que ni se había dado cuenta que lo que miraba era la limpia alfombra.
Soltó un suspiro por lo bajo mientras apretaba la tasa de té que tenía entre sus manos. Sentía un pesar bastante grande en su pecho, era como un vacío extraño, como cuando uno sabe que algo ocurrirá pero no sabe qué exactamente es lo que pasará. Ladeó sus labios y volvió a mirar hacía la puerta. Nada.
Bien. Era primera vez que Goku salía solo desde que se habían casado, ella misma le había dado el permiso para que él fuese a entrenar pero... ¡Si que se había pasado! Era bien entrada la noche y él aun no llegaba...
¿Y si Goku se había ido para siempre? Él prometió casarse con ella, más nunca prometió quedarse.
Le escocieron los ojos y le picó la nariz. Estaba a punto de llorar, pero se aguantó. No debía llorar, no debía hacerlo, no... No.
La primera lágrima, la más caprichosa resbaló por su mejilla con suma lentitud, humedeciendo la piel blanca de la joven para luego caer por su mentón y perderse en el vacío. Con la manga de su camiseta se limpió la segunda lágrima que había caído, era inútil, ¿para qué luchar contra algo más fuerte que ella? Entonces dejó que las lágrimas siguiesen brotando de sus ojos tan negros como el azabache. El primer sollozo salió de sus labios y ya no se pudo controlar. Se largó a llorar con amargura. ¡Goku la había dejado! Todo había sido una trampa por él, él le había pedido permiso para poder salir y así poder al fin escaparse, irse y no volver más.
¿Cómo no se dio cuenta que esto podía ocurrir?, era obvio, Goku pronto se aburriría de ella y la dejaría, eso era común en muchos matrimonios.
Se divorciaban.
Un estremecimiento le recorrió la columna vertebral. ¿Goku vendría con algún papel como divorcio? Lo dudaba, lo más seguro era que Goku ni siquiera supiera qué es un divorcio.
Otro sollozo escapó de sus labios.
Decidió que lo mejor era levantarse de la silla, dejar la taza en el fregadero, subir las escaleras, ponerse el pijama y luego acostarse para dormir y pensar mañana en lo que haría.
A esas alturas, ya ni siquiera podía pensar con la cabeza fría.
Tenía miedo, ¿qué más?, sentimientos variados y encontrados... ¿Y si... a Goku le pasó algo? Sonrió con ironía en la oscuridad de la habitación. Tonta no era, a Goku nada podía pasarle.
Subió las escaleras arrastrando los pies, se cambió la ropa con lentitud extrema y luego se acurrucó entre las mantas. Cerró los ojos más no consiguió dormir. Como si su mente quisiese burlarse de ella, comenzó a recordar bellos momentos de su matrimonio... Su dos primeros meses, sus variados besos, las sonrisas que él le regalaba, su mirada... Gimió por debajo de las mantas. Le dolía tremendamente el pecho, era como si alguien estuviese haciendo una fuerte presión junto en el lado izquierdo... ¡Kami-sama como dolía!
Un ruido la sobresaltó, la puerta chirrido de la puerta al abrirse, se encogió aun más entre las sábanas. Su corazón en su pecho brincó y eso fue una señal para saber que quien entraría por esa puerta no era nada más, ni nada menos que Goku. Son Goku.
El mismo idiota que la había dejado con el alma en un hilo por casi toda la jodida noche.
Frunció su ceño mientras limpiaba una de sus lágrimas. Pensó seriamente en levantarse y encararlo, pero ya era muy tarde y ahora su cuerpo le pasaba la cuenta de las horas en vela y demás cosas. Lo mejor, sin duda, sería hacerse la dormida y mañana hablar sobre el tema.
Sintió la puerta de su habitación al ser empujada, apretó aun más sus ojos, nerviosa, sin saber siquiera el porqué de ese nerviosismo repentino. Suspiro por lo bajo mientras sentía los pasos de Goku acercarse. Apretó sus ojos mientras sentía aquel lado de la cama hundirse. Lo oyó suspirar con suavidad y luego acercarse hacía ella para estrujarla. Ladeó los labios extrañada...
Entonces Goku no se había ido... Eso sin duda le aliviaba un poco... Sólo un poco.
Seguía molesta y que él la abrazase no significaba nada, no reparaba ni mejoraba su estado anímico. Se giró molesta, dándole la espalda para que él notara su ofuscación. Pero parecía que Goku ni siquiera se dio cuenta que ella no dormía en realidad, la estrujó aun cuando ella le daba la espalda y recostó su cabeza en la nuca de Milk.
Ella bufó y cerró sus ojos nuevamente. Goku no se salvaría de la charla, por muy reconfortante que sea su abrazo.
(*)
Revolvió el batido con parsimonia mientras intentaba mantener sus ojos bien abiertos.
No pudo dormir en toda la noche, su cabeza no se lo había permitido. Había pensado en mil y una hipótesis del por qué Goku había llegado tan tarde... También pensaba a menudo, ¿será todo su matrimonio así?, Goku desaparecería quizá por días y ella...
Suspiró pesadamente dejando de revolver.
— ¿Pasa algo, Milk? —Aquella voz a su espalda le hizo pegar un brinco, ella ni siquiera había notado que Goku ya se había levantado y estaba detrás de ella.
Se giró, él la miraba sonriente.
Bien... Más encima tenía cara para mirarme y aun más con una sonrisa...
— ¿Por qué iba a pasar algo conmigo, Goku? —Preguntó la pelinegra volviendo a voltearse para seguir con su batido de huevos.
Él soltó un suspiro y corrió la silla para sentarse a la mesa.
— ¿Está ya listo el desayuno, Milk? ¡Tengo tanta hambre! —El pelinegro se estiró en todo su esplendor mientras ignoraba el ceño fruncido de su esposa.
— Pues deberás esperar —Gruñó la chica mientras batía los huevos con más y más energía.
Goku frunció el ceño.
— ¿Será mucho?, es que enserio muero de hambre —Se quejó Goku mientras ladeaba sus labios y sobaba su estómago en círculos.
Milk apretó con fuerzas el mango de la vara con la cual estaba —anteriormente —batiendo los huevos. Se giró sintiendo su rostro enrojecer. Claro, ¿cómo no lo había visto antes? ¡Goku volvía porque no había nadie para darle qué comer!, ¿cómo llegó a ser tan tonta e ilusa?, ¿cómo fue capaz de llegar a creer que él volvía sólo por estar junto a ella?... ¡Pero qué estúpida era!
— ¿Milk?, ¿te pasa algo? —Preguntó Goku al notar lo tensa que se había vuelto Milk, sus hombros temblaban levemente y tenía la cabeza gacha, casi escondida entre los hombros.
De pronto, contra todo pronóstico, Goku oyó un sollozo por parte de su mujer.
— ¿M-Milk? —Preguntó bastante extrañado, su esposa se giró mirándolo fijamente a los ojos. Goku se levantó algo tambaleante para acercarse hacía ella. Ante lo hecho Milk se corrió hacía atrás un paso, Goku ante lo hecho se detuvó y frunció ligeramente el ceño. —P-pero... ¿Qué pasa? —Preguntó confundido nuevamente.
— ¡No sé porqué estás aquí! —Gritó sonrojada por algún motivo, las lágrimas caían con más fuerzas por sus mejillas. —¡Deberías irte y desaparecer como ayer!, ¡consigue tú propia comida porque yo no estoy aquí para sólo alimentarte! —Furiosa se quitó el delantal y lo aventó al suelo.
— Pero, M-Milk... ¿Qué te pasa? —Preguntó él, frunció el ceño y ladeó sus labios confundido.
Ella sollozó y lo miró fijamente. Le dolía tanto tener ese pensamiento en su cabeza, Goku la quería sólo para alimentarlo. ¿Cómo no lo notó antes? Cerró sus ojos y se giró para que él no la viese actuando de manera tan patética.
Goku estaba nervioso, bastante. Odiaba cuando las personas lloraban y más cuando esa persona era Milk, era pésimo consolando y no sabía que hacer, los nervios le estaban ganando a el mínimo de razón que tenía.
Milk sollozó nuevamente y él se acercó para abrazarla, ¿así sería como se le pasara el llanto? Siempre cuando él la abrazaba ella se ponía feliz sin razón aparente, era obvio que sería lo mismo si él la abrazaba ahora, ella sonreiría y le haría su comida. Sonrió, era una grandiosa idea.
Caminó hacía ella con lentitud, tocó con suavidad su espalda y ella se volteó. Para su sorpresa puso sus manos en su pecho pero lejos de abrazarlo lo empujó.
— ¡No, no, vete, vete! —Sollozó la pelinegra, —vete de aquí Son Goku, anda a entrenar, haz lo que se te de en gana pero no me molestes a mí —Soltó eso de corrido y luego hipó.
Goku frunció aun más el cejo.
— ¿Por qué chillas tanto? —Preguntó algo cabreado, él tenía hambre y no había hecho nada malo como para que ella lo echase de su casa.
— ¿Qué?, ¡pues porque ayer desapareciste todo el día y llegaste a las tantas de la noche!, ¡eres un inconsciente, Goku! —Gritó ella aun más alto, Goku se encogió en su puesto y dio unos pasos hacía atrás.
Ella respiraba con dificultad y apretaba fuertemente sus puños. Goku no había sentido una sensación así jamás antes, era amargo y molesto. Le dieron ganas de gritar a la pelinegra o ignorarla, se molestó, él lo tenía claro.
— Pero tú ayer me dejaste salir a entrenar, Milk. ¿Por qué chillas tanto por eso? —Listo, se había enfadado.
— ¡Porque para ti soy tan sólo una cocinera, Goku! ¡Y no lo soy! ¡S-soy tu e-esposa! —Hipó y se llevó una mano a su boca. Estúpidamente aquel gesto fastidió aun más al pelinegro.
— No hagas eso, me molesta —Pidió irritado. Milk lo martilló con la mirada mientras se quitaba la mano de su boca con lentitud, se limpió sus lágrimas con suavidad y suspiró.
— Pues entonces vete de aquí, Goku. Ve a entrenar o haz lo que se te de en gana, pero no te quiero cerca de mí —Pidió en apenas un susurro.
Goku pronunció aun más su cejo y se giró, caminó hasta la puerta decidido y luego abrió. Se detuvo en ese lugar y pensó seriamente en volver y decirle... ¿Qué decirle?, ¡siquiera sé qué era lo que le pasaba a Milk! Bufó frustrado y salió cerrando la puerta de un portazo.
Milk oyó la puerta ser cerrada con fuerzas y se dejó caer de rodillas al suelo. Sollozó mientras se abrazaba así misma. ¿Por qué había respondido así? Bien, estaba irritada por no haber dormido bien, estaba enfadada con Goku por ser tan inconsciente a la hora de volver a casa, y dolida por darse cuenta que para Goku ella tan sólo significaba buena comida asegurada.
Lo mejor sería volver desde antes, desde donde empezó, olvidarse del pelinegro y buscarse un marido real.
(*)
La nube lo llevaba a una velocidad increíble hacía quizá qué lugar.
Él había llamado la nube y se había subido para ir a ningún lugar en especifico, tan sólo quería alejarse de la casa y de Milk para no sentirse de esa manera tan... Extraña.
Hasta había olvidado que sentía hambre y eso tan sólo pasaba cuando con Milk hacían aquello que hicieron en la noche de bodas. Hacer amor.
Suspiró bastante frustrado mientras se cruzaba de brazos. Iba sentado en la nube con una expresión de molestia. Si tan sólo Milk le hubiese dicho qué era lo que tanto le molestaba quizá esa discusión no hubiese terminado de esa manera. Él fuera de casa y ella llorando dentro, no, de seguro que si ella le hubiese dicho lo que le molestaba él estaría desayunando su exquisita comida y ella a su lado sonriéndole como siempre.
"¡Eres un inconsciente, Goku! (...) ¡Porque para ti soy tan sólo una cocinera, Goku! ¡Y no lo soy! ¡S-soy tu e-esposa!" Algo en su cabeza hizo clic. ¿Cómo no se dio cuenta antes? ¡Claro!, Milk estaba molesta porque ella creía que él tan sólo la quería para satisfacer su estómago.
Sonrió. ¡Ahora podría volver a casa, estar con Milk y comer! Mandó a la nube a dar vuelta, pero con lentitud, aun debía pensar en qué decirle exactamente para que supiera que él no la quería solamente para la comida, claro que no.
Era extraño, porque hace unos meses atrás siquiera sabía lo que era querer. Pero ahora, que sabía lo que Milk le hacía sentir, pues, era difícil imaginarse estar sin ella. Ladeó sus labios y siguió meditando lo que iba a decirle a su esposa apenas llegue a la casa. Milk, perdona, no te veo como una cocinera... Eres mi esposa, la que... ¿Me cocina? No, no, no, no... Eso estaba pésimo, lo que quería era el perdón de la pelinegra no su odio infinito.
¡Kami-sama! Que no podía ser tan difícil, pero... Tenía hambre, tampoco podía pensar con claridad mientras su estómago rugía por comida. Sonrió. Iría primero por algo para comer y luego donde Milk para disculparse.
Descendió hacía un claro del bosque el cual sobrevolaba para poder comer algo y luego volver a casa.
Cogió unas manzanas de un árbol y las apiló en la orilla del río. Se desnudó y se metió para pescar algún pez y en el río. Hizo una pequeña bola de energía sobre un montón de leña y la encendió. Contento se dispuso a comer todo con suma rapidez, aun debía volver a casa y ya con el estómago lleno sería más fácil pensar con claridad.
Se terminó todo y se dispuso a volver a la casa. Ya tenía más o menos planeado en su mente lo que diría a Milk. Sólo esperaba que ella lo perdonase de una vez y volver a como antes, pensó seriamente en prometer no volver a preguntarle a la chica si podía salir a entrenar, no quería pasar por aquel sentimiento tan raro nuevamente.
Llegó a la casa y bajó de un salto de la nube. Sonriente entró corriendo a la casa y abrió la puesta con rapidez.
— ¡Milk! ¡Llegué!... ¡Oye, para mí no eres sólo mi cocinera!... —Avanzó mirando hacía todos lados, ¿dónde se había metido?, —¡oye Milk, lo lamento!, ¡pero no sientas que estoy contigo sólo por la comida, yo...! —Se cayó abruptamente al no encontrarla en la primera planta. —¿Milk?
Frunció el ceño y su mirada se volvió dura. Atravesó como una flecha lo que le quedaba de pasillo para subir al segundo piso. De dos en dos subió los peldaños, abrió con fuerzas la puerta de su cuarto y se quedó congelado al verlo vacío.
— ¿Milk? —Volvió a preguntar. Ladeó sus labios y se acercó al closet, lo abrió y algo dentro de él se volvió pesado.
Estaba vacío. Todo el lado que pertenecía a Milk estaba vacío, completamente...
Pronunció aun más su cejo y se giró para cruzar la habitación hacía los cajones, los abrió... Vacíos. Nada.
Algo extraño le sucedió entonces, esa sensación de amargura creció dentro de él hasta llegar a su pecho, sintió que el aire se le iba de los pulmones y no le dejaba respirar con tranquilidad. Se sentía vacío, como los closet que había en ese cuarto. Sin la ropa de Milk.
Cruzó sus brazos a la altura de su pecho y se preguntó internamente el qué iba a hacer ahora. Milk se había ido y lo más seguro es que no volvería... Aunque quizá sí lo hacía, quizá ella tan sólo fue a alguna tienda a comprar quizá qué cosa y llevó su ropa porque quería quizá qué cosa hacer... Hasta para él aquello era ridículo.
Bajó nuevamente las escaleras —al contrario de como lo había hecho anteriormente al subirlas —las bajó con tranquilidad y lentitud, como si no hubiera nada mejor que bajar las escaleras de esa forma. Como si quisiera disfrutar del proceso.
Con lentitud se acercó hacía un sofá y se dejó caer encima. Miró hacía al frente con la mente en blanco.
Era irónico, si Milk lo viese en ese estado se reiría de la absurda situación. Él estaba en el mismo lugar en donde ella ayer lo esperó casi toda la noche. En casi la misma situación. Goku no pensaba en nada, con la mente en blanco mientras ella se había pasado toda la noche en vela pensando en su error, pensando en lo que Goku sentía. Pero ella no lo sabía con exactitud, en realidad, nunca lo sabría. ¿Cómo saber lo que uno siente? Nadie puede hacer eso...
Goku suspiró pesadamente intentando controlar aquel absurdo sentimiento que se expandía en su interior. No lo entendía realmente, él era un hombre que actuaba antes de pensar, ¿por qué ahora no lo hacía? Quizá porque no sabía exactamente cómo actuar ante un hecho y un sentimiento tan desconocido para él.
Suspiró nuevamente. Con Milk las cosas se volvían más difíciles. Bufó. Bien, ella fue la que se largó, ella regresaría sola, él no tendría por qué ir a buscarla a ninguna parte...
...
Apretó sus puños y se acercó a la ventana de su cuarto, la abrió y se paró en el marco. Saltó mientras llamaba a su nube y caía encima de esta.
Sólo había un lugar en dónde ella se podía encontrar. Apretó la mandíbula sintiéndose extraño, ¿qué pasaba con él? Suspiró, jamás sabía con exactitud qué era lo que ocurría en su interior cuando algo involucraba a Milk. Era molesto, demasiado. Pero era preferible actuar por impulsos, así, las cosas le resultaban de mejor manera.
Divisó el gran castillo de Ox Satán luego de un rato que le pareció eterno. Se preguntó internamente si la chica ya había llegado ahí. Descendió y saltó para caer de pie justo enfrente de la entrada del castillo. Se giró para observar las calles del lugar, frías y oscuras. Era demasiado tarde, se había tardado demasiado en salir.
¿Y si le pasó algo malo?... No eso sería imposible.
Entró al castillo fingiendo tranquilidad. Los guardias ya le conocían por ende no le pusieron ninguna traba para que el pudiese entrar, aunque fuese a esas altas horas de la noche.
Caminó por los pasillos mientras intentaba recordar cuál era exactamente la habitación de su esposa
Si Milk aun no había llegado al castillo pues él estaba dispuesto a buscarla, porque quedarse en un punto sin saber en dónde diablos se encontraba no le atraía mucho la idea de quedarse quieto en algún lugar sin saber dónde se encontraba la pelinegra.
Al fin llegó a una puerta grande de roble. Ladeó sus labios y se acercó. Vaciló en golpear o no la puerta, el impulso le ganó y abrió sin siquiera pedir permiso.
Miró el lugar. Vacío.
Frunció el cejo y se giró dispuesto a ir a buscar a Ox Satán para que le diera respuestas. Estuvo a punto de salir nuevamente cuando una voz bastante conocida para él le llamó la atención.
— ¿Qué haces aquí, Goku? —Preguntó Milk detrás de él.
La pelinegra salía de una pequeña puerta que de seguro daba al cuarto de baño, traía el cabello negro y largo suelto y húmedo.
— ¡Milk! —Goku definitivamente sintió como el alma volvía a su cuerpo. ¡La había encontrado!, ¡ahora podía decirle lo que quería decirle! Pero... ¿Qué exactamente era lo que quería decir?
La pelinegra —quien estaba en pijama —se removió incomoda en su lugar. Frunció el ceño, ella no era la que se debía incomodar, si no Goku, quien la siguió. La siguió. Algo dentro de ella brincó de alegría.
— Me tenías preocupado... ¿Por qué estás aquí?, ven, vamos a casa —Susurró el moreno sin saber muy bien qué decir. Milk torció los labios y dio un paso instintivamente hacía atrás.
— Yo no iré a ningún lado contigo, Goku.
— Pero... ¿Por qué no? —Preguntó él confuso. Nuevamente esa extraña sensación de amargura lo invadió. ¡Sin ninguna duda era el peor sentimiento del mundo!
— Pues porque no —Dio por toda respuesta.
Fue el turno de Goku para torcer los labios y cruzarse de brazos. Aquel era el momento para que él le dijese que no la consideraba una cocinera.
— Milk... Para mí no eres sólo mi cocinera. Vamos a casa, ¿si? Te prometo que no saldré a entrenar si quieres pero... ¡Anda!, vamos a casa... —Pidió mientras intentaba controlar aquel apestoso agujero en su pecho.
— No, Goku, no prometas cosas que sabes que no podrás cumplir. No prometas nunca nada más, porque tus promesas sólo consiguen dañar a la gente —Susurró Milk al borde de las lágrimas. ¡Maldita sea!, odiaba cuando se sentía así de susceptible, sobre todo cuando se encontraba cerca de él.
Goku se descolocó ante las palabras de su esposa. ¿Dañar a la gente? Pero... Pero... ¿De qué hablaba? Si él siempre cumplía lo que prometía. ¡Sobre todo con ella!, prometió casarse y ahí estaban. Casados por todas las de la ley.
— ¿Por qué dices eso, Milk?, yo he cumplido con mis promesas, ¿no? —Preguntó.
Milk sollozó. A Goku nuevamente le dio esa sensación de molestia. ¡Como odiaba verla llorar!
— Sí y eso es lo que me daña —Respondió acercándose lentamente hacía la cama, dos discusiones en un sólo día ya era mucho para ella.
— ¿Por qué? —Volvió a preguntar, parecía que no entendiese nada de lo que ella decía.
— ¡Pues porque si no hubieras prometido casarte conmigo yo no estaría en una situación así! —Chilló la pelinegra apretando sus puños a ambos costados de su cuerpo, lo miró fijamente destilando rabia y frustración. —¡Porque si tú no hubieras prometido casarte conmigo quizá yo estaría mejor, no sufriendo por ti!, además... ¡Prometes no salir a entrenar cuando los dos sabemos que lo harás igual! ¿Por qué sigues conmigo, eh?, ¿por qué Son Goku?, ya te casaste ahora te puedes ir —Sollozó. —Búscate a otra que te alimenté, créeme habrán muchas que lo quieran hacer.
Con decisión abrió las cobijas de la cama, se metió entre ellas y se tapó hasta la nuca. ¿Realmente quería que Goku se fuese con otra? Porque algo era seguro, cualquier chica quisiera estar con él... Pero ella ya no podía humillarse más de lo que se había humillado. Eso sería patético al extremo. Sollozó nuevamente mientras sentía como un agujero se implantaba justo en el lado derecho de su pecho.
Pero ella ya no podía con eso.
Quizá otra mujer mejor que ella podría enamorarlo. Quizá. Pues ella ya se dio por vencida.
— Milk... —Goku susurró a la orilla de la cama, se puso en cuclillas y miró fijamente el bulto que formaba el menudo cuerpo de la pelinegra bajo las mantas, — perdóname, Milk, enserio... Yo no estoy contigo sólo porque me haces comida deliciosa, yo también podría cocinarme —Aseguró. —Yo no quiero otra esposa... Vuelve a casa, por favor.
— V-vete —Hipó.
— No me iré —Aseguró, —no me iré sin ti —Pareció decidido. —No prometeré nada más si no quieres pero, vuelve conmigo a casa. Es enserio, ¡para mí no eres sólo quien me cocina!, eres... Más que eso. No quiero buscarme otra persona quién me cocine, Milk, en verdad... No quiero a nadie más que ocupe tú lugar, ¿entiendes? —Arrugó el cejo al no verla siquiera moverse, ¿qué más era lo que debía decirle? Ni él mismo lo sabía, él no entendía de estas cosas... —¿No lo entiendes? Pues yo tampoco, es... Raro y complicado, pero... Si no quieres volver pues me quedaré aquí contigo, porque no pienso volver solo a casa.
Sonrió con triunfo al darse cuenta que había sonado muy enserio. Milk de seguro creería que no lo haría, pero sí que sí lo haría. ¡Ni loco volvía a la montaña Paoz él solo!
— ¿De verdad? —La voz de Milk sonó tan baja que estaba seguro que no la hubiese oído si no hubiera estado tan cerca.
— ¿De verdad qué? —Preguntó él confundido, había hablado tanto que siquiera recordaba la mitad de lo que había dicho, aunque todo lo haya dicho con sinceridad.
— Todo eso... ¿De verdad que no quieres a nadie más que a mí? —Preguntó a un bajo las sabanas. Goku sonrió y asintió.
— Lo prometo... ¡Ay, no, perdona!, eh... De verás, no quiero a otra esposa —Soltó decidido. Milk bajó las sabanas dejando al descubierto sus grandes ojos negros, hinchados y rojos.
— Entonces... No sólo me quieres por la comida, ¿verdad? —Preguntó con lentitud y con la voz bastante rota.
— No. Tú comida es deliciosa pero si decidieras no cocinarme nunca más, pues... Igual seguiría a tu lado —Torció su boca y la miró fijo, —¿lo entiendes? —Pensaba que no lo había dejado tan claro.
Entonces supo que había hecho bien. No habían sido las palabras que había pensado decir desde un principio pero había acertado. ¿Cómo lo supo? Pues era obvio. Milk se había incorporado rápidamente y lo había abrazado por el cuello con fuerzas.
Él sonrió y la estrujó con suavidad. No debía olvidar que ella era bastante frágil y delicada, un sólo movimiento más brusco y la podía romper en dos.
Suspiró aliviado, había olvidado lo reconfortante que era sentir el calor del cuerpo de la chica, el aroma de su cabello y escuchar su voz suave y dulce.
— ¿Volvamos a casa? —Preguntó Goku sin separarse de ella. Milk asintió con suavidad.
— Volvamos a casa —Susurró la pelinegra.
Se alejó un poco de su esposo y le sonrió, él le devolvió la sonrisa para luego acercarse poco a poco, rozaron sus labios en un leve toque. Suave y tierno.
Se alejó para mirar fijamente los negros ojos de Goku.
— Pero volvamos mañana, ahora sólo quiero dormir, ¿si? —Murmuró Milk con suavidad.
Goku la miró con el cejo fruncido y se alejó un tanto más de ella.
— Entonces yo también me quedaré —Aseguró con decisión, no aceptaría un no por respuesta bajo ninguna circunstancia.
Milk tan sólo rió con diversión y se separó del chico para lanzarse a la cama. Se corrió hacía una de las orillas con una sonrisa en su rostro y se recostó por completo bajo las sabanas, abrió la sabana dándole una clara invitación para que se acostase a su lado. Goku sonrió y se dejó caer en la cama en un suave rebote.
Ella rió y se abrazó al cuerpo del pelinegro.
Quizá Goku aun no estaba enamorado de ella, quizá sí. Al menos sabía que él la había ido a buscar y que ahora estaba a su lado, juntos, abrazados y felices.
Así era Goku y tendría que aprender a lidiar con eso, pero eso ya no le sonaba tan pesado. Él era especial y único y eso era lo que más amaba de Son Goku, su Goku.
Bueno pues aquí vengo con el segundo drabble de este fanfiction. Agradezco realmente todos los Review que me han dejado.
Dado que el señor Turel no respondió mi respuesta (valga la redundancia) Decidí que seguiré con mi idea inicial, ya que, como muchas de ustedes han puesto en sus comentarios el posible fic al cual supuestamente he estado "copeando", decidí revisarlo y leerlo, ha pesar de que dicho fic es muy bueno y me gustó bastante no le encontré ningún parecido con el mío, si que, tal y como dije en la respuesta al comentario, yo iba a juzgar si las ideas eran tan parecidas y como él no me contestó el comentario y alguna de ustedes me insinuaron que podía ser aquel fic, lo leí... Pues, no he encontrado NADA parecido a mí idea. Tan sólo que son Drabbles sin orden pero de ahí a más, nada. Si que por eso traigo el tercer capítulo.
De vuelta con los drabbles, esta idea de su primera discusión se me vino a la mente luego de escuchar una canción X y gracias a CorazonGoku se me ha llegado a la cabeza esto.
Bueno, eso sería todo. ¡Muchas gracias a todas por sus comentarios! Deberás que agradezco mucho cada uno de ellos. Como lo he dicho antes, acepto sugerencias para algún drabble. Eso sí tengo pensado ya algunos con referencia a variados temas.
Nuevamente gracias a cada una por su comentario! Me alegran el día C:
Sin más, espero que haya sido de su agrado esta nueva viñeta y que lo hayan disfrutado.
¡Hasta la próxima!
Saludos.
Jell :A
