Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.
Antes de que comiencen a leer quiero aclarar que esta historia será narrada desde el punto de vista de Bella, en caso de que haya algún POV de otro personaje ya se los haré saber.
CHAPTER 2
—Edward Cullen, mucho gusto —se presentó interrumpiendo a Rosalie.
—Isabella Swan —murmuré, estreché su mano y una suave descarga eléctrica recorrió mi cuerpo.
Y así se fueron por la borda mis reglas de no nombres y no volvernos a ver.
…
Un sutil y discreto, nótese el sarcasmo, carraspeo por parte de Emmett me hizo volver a la realidad y solté la mano de Edward, esto no podía estar pasando, definitivamente alguien allá arriba me odiaba. ¿Tenía que ser precisamente él, el hermano de mis cuñados?
—La comida está lista, pasemos al comedor —dijo alegremente Renée, estaba tan perdida en mis pensamientos, que ni cuenta me di en que momento mis padres se habían presentado con Rosalie, Emmett y Edward.
—¿Estás bien Bells? Te notó distraída —preguntó Alice viéndome con el ceño fruncido.
—Sí, es sólo que tengo algunos pendientes en el trabajo —respondí con una sonrisa, un tanto forzada.
—Relajate Bella, ahora que estoy yo aquí ya no tendrás tanto trabajo —dijo Emmett y no pude evitar reí con ganas.
—Sí claro, me vas a decir que ahora te interesa tomar las riendas de la empresa —aún recuerdo la discusión que él y Charlie habían tenido años atrás.
Papá quería que Emmett se hiciera cargo de la empresa cuando él decidiera retirarse, ya que Alice quería ser una diseñadora de modas famosa y yo soñaba con convertirme en una gran escritora, pero Emmett se negó rotundamente. Así que yo tuve que renunciar a mi sueño y convertirme en una gran empresaria, para que la empresa familiar no pasara a manos de alguien que no fuera de la familia.
—Tanto como tomar las riendas... no, pero sí puedo ayudarte en algo. Digamos que seré algo así como tu asistente personal —dijo y todos se rieron, era bien conocido que Emmett sabía del manejo de una empresa lo mismo que de cocina—. No se rían, puedo aprender.
—Sí, como tú digas Emm —dijo Alice rodando los ojos y se acercó a mí.
Se enganchó a mi brazo derecho y me llevó casi arrastrando hasta el comedor, era un hecho realmente increíble que alguien, tan pequeña y menuda como Alice, tuviera tanta fuerza. Durante toda la comida no dije mucho, a penas y contestaba a lo que me preguntaban con escuetos monosílabos, pero sobre, todo evitaba a cualquier costa ver a Edward lo cual no me estaba siendo muy fácil, pues estaba sentado justo frente a mí.
Después de comer pasamos a la sala, donde tomamos café, a excepción de Emmett que estaba comiendo una porción extra de torta. Los hombres se enfrascaron en su propia charla de deportes y no sé qué más; mientras mi mamá, Alice y Rosalie hablaban de... la verdad no tengo la más mínima idea, yo lo único que quería era salir de aquí cuanto antes, pero ¿con qué escusa? Mi celular comenzó a sonar y casi me pongó a hacer el baile de la victoria cuando vi que era Ángela, mi secretaria.
—Hola Angie, ¿ocurre algo? —por favor di que sí, rogué internamente.
—La verdad sí Bella, sé que es domingo y que hoy llegaban tus hermanos, pero es necesario que te presentes en la oficina —¡gracias Dios!
—Oh ya veo, estaré allí en no más de media hora —dije tratando de ocultar mi emoción.
—Ok, pero te advierto que vas a tener que estar muy, pero muy tranquila —eso ya no me gustó.
—¿Por qué? —ahora la atención de todos los presentes estaba centrada en mí.
—Recuerdas que habías hablado con unos intervencionista, ¿cierto? —murmuré un aja para que continuara—. El representante de esos intervencionistas, te está esperando y es... James.
Me quedé en shock al escuchar ese nombre, ahora sí que no tenía duda de que alguien allá arriba me odia. No, es más que eso, me megadetesta, primero me encuentro con Edward y ahora aparece el malnacido de James, que descaro el de ése idiota aparecerse en mi empresa después de lo que me hizo, que ganas de apretar y retorcer su cuello hasta que deje de respirar y...
—¿Bella? ¡Bella! ¿Sigues ahí? —la voz desesperada de Ángela me sacó de mi homicida ensoñación.
—Sí Angie, atiende a nuestro invitado que ya voy yo para allá —corté la llamada y me levanté—. Lo lamento mucho pero tengo que irme, un percance en la oficina.
—¿Qué percance cariño? —preguntó Charlie con curiosidad.
—El representante de unos intervencionistas, que están interesados en invertir con nosotros, me está esperando en la oficina —expliqué y me despedí.
Salí de la casa y me subí a mi coche, justo media hora después estaba entrando al edificio, fui hasta el ascensor y marqué el décimo piso, las puertas se abrieron dejándome ver a una Ángela hecha un manojo de nervios que caminaba de un lado a otro, y que en cuanto me vio, corrió a mi encuentro.
—¿Dónde está? —pregunté tranquilamente y ella suspiró con... ¿alivio? Pues qué esperaba, qué me pusiera toda histérica y quisiera saltar directo a su yugular en cuanto lo viera.
—Está en tu oficina. ¿Estás bien?
—Claro, por qué no estarlo —respondí encogiéndome de hombros, ante todo era una profesional.
Le pedí a Ángela que nos llevara café, caminé hasta la puerta de mi oficina y entré, James al verme se levantó y parecía nervioso, tanto que su frente estaba perlada por unas pequeñas gotas de sudor, las cuales limpió con el dorso de su mano.
—Hola Bella —saludó después de aclararse la garganta y yo rodé los ojos.
—Déjate de tonterías y vamos a lo que importa —pasé a su lado y fui hasta mi escritorio, tomé asiento y él se sentó frente a mí.
Saqué los documentos necesarios y se los pasé para que los revisara, unos minutos después Ángela vino con el café y antes de salir me sonrió con orgullo, de seguro aún esperaba que me lanzara sobre James para arrancarle la cabeza, y aunque ganas no me faltaban, no me iba a rebajar a tanto. Estuvimos revisando documentos y más documentos por casi una hora, al final todo estaba en orden y James me dijo que en unos días vendrían sus representados para concretar el negocio.
—Bella, yo no tuve la oportunidad de disculparme por...
—Eso es pasado, no lo remuevas —lo interrumpí, él abrió la boca para decir algo pero el sonido de su celular lo impidió.
—¿Qué ocurre? —preguntó y esperó una respuesta, sus ojos se abrieron desmesuradamente y se puso pálido—. Cariño tranquila, voy para allá. Sí, voy a llegar antes de que nazca, te lo aseguro —tomó su maletín y salió de la oficina a prisa.
—¿Todo bien? —preguntó Ángela entrando y yo negué.
—Va a tener un hijo Angie, va a tener un hijo con la zorra de Victoria —mis ojos se llenaron de lágrimas y Ángela me abrazó.
¡Argh! Soy tan estúpida, yo aquí llorando por un imbécil que no lo merece pero... no lo podía evitar, verlo me hizo revivir tantas cosas y, el enterarme de que va a ser papá, simplemente me mató. Cuántas veces soñé con ser yo la madre de sus hijos, y estuve a punto de serlo; pero al final lo fue Victoria, la que se decía ser mi mejor amiga.
—Necesito un trago —me levanté, limpié los restos de mis lágrimas y tomé mi bolso—. Nos vemos mañana.
Salí de la oficina escuchando los gritos de Ángela para que me detuviera pero no le hice caso, al contrario, caminé a prisa hasta el ascensor, el tiempo que tardé en bajar hasta la planta baja me pareció una eternidad, pero una vez ahí, prácticamente corrí hasta mi coche y conduje hasta el pequeño bar de mi amiga, Kate. Bajé del coche y entré, caminé a paso rápido hasta la barra y me senté, pedí un tequila doble y lo me tomé de un sólo trago, sin siquiera sentir a penas un ligero ardor en mi garganta.
—Hola Bella, ¿estás de casería? —me preguntó Kate sentándose a mí lado y yo pedí otro tequila.
—No, hoy no quiero saber de ésos idiotas que se hacen llamar hombres —me tomé mi tequila igual que el anterior.
—¡Epa! Tranquila chica, donde sigas así, no podrás salir por tu propio pie de aquí —dijo Kate cuando pedí, ahora no otro tequila, sino la botella entera.
—¿Sabes a quién me encontré hoy? —pregunté ignorando su comentario y rellenando mi vaso—. A James, y no sólo eso, sino que me enteré que él y la zorra de Victoria serán padres.
Kate no dijo nada, sólo se limitó a pedirle al barman un vaso y se sirvió un trago de tequila, ella mejor que nadie estaba enterada de el tema James y Victoria, ella sabía todo lo que me había costado superarlo y entendía lo que fue para mí verlo de nuevo.
Media hora después la botella ya estaba más abajo de la mitad y, aunque nosotras no estábamos ebrias, sí creo que no podré conducir de regreso a mi departamento, así que tendré que llamar un taxi. Eran las nueve de la noche cuando decidí regresar a mi departamento, me despedí de Kate y salí a esperar mi taxi.
—¿Qué haces aquí Isabella? —me giré para encontrarme con mis hermanos, sus respectivas parejas y Edward.
—No me llames Isabella, Emmett —gruñí y él sonrió—. Y bueno, respondiendo a tu pregunta, vine a tomar algo —respondí como si fuera lo más obvio del mundo, aunque ciertamente lo era, ¿qué más podría estar haciendo en un bar?
—¿Ya te vas? —preguntó Alice.
—Sí, estoy esperando un taxi de hecho —respondí y ella frunció el ceño con reproche—. No estoy ebria Alice, si es lo que estás pensando, sólo no creo conveniente conducir si tomé.
—Muy sensato de tu parte —comentó Rosalie, y esa sonrisa que apareció en su rostro no me agradó nada—. Pero no tiene que irte en un taxi, nosotros podemos...
—No es necesario, en serio —rebatí y ella negó.
—Yo puedo llevarla, además, mañana tengo que ir temprano al hospital —¡oh no! Eso si que no, yo no puedo irme con Edward.
—Esa es una excelente idea, confío en que cuidaras bien de mi hermanita —dijo Emmett y, sin darme tiempo a nada, me condujo hasta el coche de Edward y me metió en el, no sin antes quitarme las llaves de mi coche.
Con resignación me puse el cinturón de seguridad, Edward subió al coche y lo puso en marcha. Durante el camino ninguno de los dos dijo nada, bueno a excepción de cuando le di la dirección de mi edificio, no tardamos mucho en llegar gracias a la loca manera de conducir de éste hombre, ahora sí que me sentía mareada y el tequila estaba comenzando a pasarme factura. Edward como todo un caballero, me abrió la puerta del coche y me ofreció su mano para que bajara.
—Gracias por traerme —le agradecí y él negó restándole importancia al asunto.
No dije más y caminé hasta la entrada del edificio, entré y para mi sorpresa Edward venía tras de mí.
—¿Por que me sigues? —pregunté plantándome frente a él.
—Tu hermano me dijo que confiaba en mí para cuidarte, así que hasta que no entres a tu departamento, no me iré —solté un bufido y fui hasta el ascensor, piqué el botón y unos segundos después las puertas se abrieron.
En el ascensor nos envolvió un ambiente tenso e incomodo, cuando por fin llegamos a mi piso respiré con alivio, salí del ascensor y Edward me siguió hasta la puerta de mi departamento.
—Bien, ya estás sana y salva en tu casa, así que me marcho —rodé los ojos y él se rió—. Antes de irme quiero preguntarte algo, ¿aceptarías salir mañana conmigo?
—No —respondí de manera fría y frunció el ceño.
—No entiendo la forma en que te comportas conmigo Bella, hace una semana tú y yo...
—Mira Edward, nosotros no teníamos que volver a vernos después de aquella noche, pero viendo que eso es inevitable, lo mejor será que olvidemos que algo ocurrió entre nosotros —abrí la puerta de mi departamento y antes de que pudiera entrar, Edward me tomó del brazo pegándome a su cuerpo.
—No me pidas que lo olvide, porque simplemente no puedo hacerlo —susurró sobre mis labios antes de besarme.
Al principio no le devolví el beso, pero no pasaron más de unos segundos para que lo hiciera, mis manos fueron hasta sus cabellos y los jalé acercándolo más a mí, nuestras lenguas se encontraron de forma ferviente y apasionada haciéndome vibrar de pies a cabeza, ¡Dios! Nunca ningún hombre me había hecho sentir algo como lo que Edward provocaba en mí.
—Bella, yo no suelo ser de la clase de hombres que se acuestan con una mujer que no conocen, pero contigo aquella noche fue diferente —acarició mi mejilla y volvió a unir nuestros labios, pero esta vez de forma suave, apenas un roce—. Me gustas, quisiera que nos conociéramos mejor y... —puse mi dedo indice sobre sus labios para que no siguiera hablando.
—Yo no estoy preparada para algo serio y no sé si lo esté algún día, es por eso, que te pido que olvides lo que pasó entre nosotros —Edward suspiró y junto nuestras frentes.
—Entonces salgamos como amigos, no presionaremos las cosas y dejaremos que el tiempo decida —eso parecía fácil, pero la pregunta es: ¿podría soportar estar cerca de él sin terminar dejándome llevar por el deseo?
—Mañana en La Bella Italia a las tres de la tarde —me regaló una sonrisa torcida y quiso besarme otra vez, pero corrí el rostro y sus labios terminaron sobre mi mejilla.
—Entiendo, buenas noches Bella —murmuró y se fue.
Entré a mi departamento y cerré la puerta tras de mí, fui hasta mi habitación y me quité los zapatos antes de tirarme sobre la cama, espero que eso de ser amiga de Edward realmente funcione y no termine con el corazón roto de nuevo, no podría volver a soportar algo como eso.
Continuará...
Hola! Yo de nuevo por acá, he decidido continuar esta historia y aquí les dejo el segundo capi, quiero aclarar un par de cosas, primero respecto a la actualización no sé cada cuanto subiré capi, tengo un fic comenzado y no quiero dejar ninguno así que trataré de repartir mi tiempo entre ambos fic's para que no pasé mucho tiempo sin actualizar. Y segundo, no sé cuantos capis vaya a tener, lo mismo pueden ser cinco o cincuenta, eso lo iré viendo conforme la historia avance.
Por cierto este fic fue ganador del premio especial en el Contest y estoy muy, pero muy contenta *_*
Este Fic ya había sido publicado, pero eliminé los capítulos para editarlos y subirlos de nuevo sin tantos errores :)
