Advertencias, en capítulo 1.

2. Constitución

Sólo tú y yo, nadie más entra aquí.

La idea del director del conservatorio era retomar la gloria que el centro que dirigía había tenido en años anteriores; la crisis y la repentina falta de figuras prominentes habían ido minando la asistencia del público. Después de haber ganado una buena partida presupuestaria, no reparó en gastos para atraer varias de las luminarias mejor cotizadas en la estela musical de cámara.

Sus planes terminaban en una ópera monumental, combinando la labor de los grandes músicos y las voces prodigiosas que trabajaban y se preparaban ahí, además de las figuras extranjeras que recién había contratado. Pero el proyecto inicial se limitaba en reunir las piezas, y que éstas fueran hallando su lugar por sí mismas.

A Kai no le costó darse cuenta de esto, se encontró con un sensacional equipo de trabajo y unas instalaciones formidables pero con una dinámica de trabajo casi inexistente y esa odiada rivalidad por las posiciones de más participación, tanto de los músicos en la orquesta como de todo el personal detrás de bastidores, ¡qué decir de los actores cantantes de la ópera!

Y como cualquier caldo tóxico había que agregar a los dos rusos que habían terminado por ser sus nuevos compañeros de trabajo. Él los conocía muy bien, no podía culpar al director por haber convocado a Boris y a Yuriy, su talento era incuestionable, ambos eran autoridades en sus respectivos instrumentos; pero si tan sólo pudiera decirse lo mismo del resto de su vida.

Los conocía bien, demonios, mucho más de lo que quisiera, pero por separado. Y eran molestamente similares y opuestos a la vez; los dos adoraban hacerle casi toda clase de propuestas sucias, acercamientos que había aprendido a ignorar; ambos tenían una vida sexual por demás activa, además de un conocimiento profundo en el consumo de toda clase de estimulantes, una vida más nocturna que diurna, ciertas tendencias obsesivas, y un malsano gusto por hartarle la vida. Sin embargo, Boris era más del tipo alegre y explosivo, mientras que Yuriy se iba al otro extremo siendo más bohemio y melancólico. Boris preferiría un festival sin fin de jazz, mientras que Yuriy no rechazaría una velada de bosanova o trova.

Kai no podía creer que esos dos, de pronto se hubieran convertido en dos molestas piedras en su camino. El director había decidido que él llevaría buena parte del peso en la dirección de la obra que se llevaría a cabo, y eso había conllevado interminables sesiones de trabajo con los diversos equipos para encontrar la ópera ideal que debía ser montada.

Las cosas no podían ponerse peor para él. Además de tener que lidiar con su propios problemas sociales para integrarse a un nuevo ambiente de trabajo, se le aumentaban las responsabilidades y las posibilidades de que la mayoría de las personas con las que iba a trabajar terminaran odiándolo, sin olvidarse de estar pendiente de los avances de los dos rusos que parecían haberse declarado la guerra por ver quién se levantaría como triunfador, en lo que parecía ser una temporada de cacería donde la presa principal tenía tres letras: Kai.

Habían pasado dos semanas desde su arribo, la fecha límite para que Kai presentara su propuesta después de haber hablado con todas las personas participantes estaba a solo dos días; y él estaba igual que el primer día.

Brynja dejaba notar las cualidades de sus cuerdas vocales al exhalar multitud de exclamaciones mientras la cama se agitaba. Jadeaba y profería toda clase de expresiones, maldiciones y clamores. Quizá era de lo poco que Kai adoraba de ella, podía invocar al diablo y aclamar a dios mientras dejaban que sus cuerpos se encontraran una y otra vez, con pasión, ternura, salvajismo, violencia en toda clase posible de sexo, donde pudieran.

Quizá era lo que le hacía soportable ese matrimonio arreglado, ella era una fiera en la cama como lo era en el escenario. La rubia y pálida mujer, tenía una personalidad insufrible pero había ciertas cualidades que la hacían valer la pena.

-¿Te sientes mejor? —ella preguntó después de verlo ponerse de pie.

Él la miró de reojo, —Bueno, ya no me duele la cabeza.

Brynja rió con el comentario, pasó su mano sobre sus pechos agitándose mientras su respiración trataba de regularse después de la fuerte actividad física. Contempló la espalda perfecta de su esposo, la constitución equilibrada entre una buena constitución física y la esbeltez de un cuerpo ideal; notó divertida las marcas rojas donde ella recién había clavado las uñas y había dejado las marcas de amor sobre sus omóplatos.

-Eso es triste, quería pasar más tiempo contigo.

Kai negó, entró al baño y se quitó el resto de pereza que precedía al sueño. Contempló el agua caer sobre sus manos mientras buscaba a tientas el shampoo. Recién llegado de otro día de trabajo, ella lo esperaba en la cama tratando de alentarlo con lo mejor que tenía a la mano, y él tuvo que reconocer que le había aligerado la carga con ese buen método. Sin embargo, ahora regresaba a la realidad, y supo que le esperaba un día muy largo; así que lo mejor que le quedaba por hacer era tratar de trabajar lo más lejos posible de Brynja, que esa noche parecía ninfómana insaciable.

Terminó el baño y se colocó la toalla alrededor de la cintura y otra más pequeña sobre el cabello. Se miró al espejo un momento, terminó de secarse y se colocó ropa ligera para dormir, aunque el sueño tendría que esperar pues tenía que ponerse al corriente con algunas de las propuestas que había recibido y eso implicaba algunas horas de música y video de las distintas óperas que había ido seleccionando de entre las que habían sido sugeridas.

Aida, Tristán e Isolda, El anillo de los nibelungos, Moctezuma, Madame Butterfly, Onegin, Boris Godunov, Tosca… de las que le sonaban bastante, hasta otras poco conocidas como Ana Bolena, La Gioconda, Lohengrin, Tannhäuser, Tamerlano… cambiaba disco y dvd después de escuchar un rato, reía al escuchar a Brynja en la otra habitación cantando fragmentos de algunas de las que ella conocía. Así dieron las cinco de la mañana, la tarde de ese día tendría que dar su decisión final, con mucho sueño y multitud de partituras resonando en su cabeza fue a acostarse.

Llegó al conservatorio tarde, fue recibido por Boris con un café y Yuriy con un pan danés, ambos se lanzaban miradas amenazantes pero Kai sabía que no eran capaces de matarse entre sí… de haber sido capaces, ya lo hubieran hecho.

-¿Ya has decidido? La fuerza de la letra rusa no tiene comparación. —Boris animaba esperando que su propuesta de la ópera Boris Godunov fuese la elegida.

-¿Bromeas? Soy ruso también, pero ¿qué hay más imponente que El anillo de los nibelungos? —Yuriy dijo desdeñosamente al comentario de Boris.

-No sé, no sé, déjenme en paz. ¿Por qué no se van a ensayar, rétense a un duelo… dense un tiro? —Dijo harto, usando el mismo tono de los últimos trece días que llevaban acercándosele, ellos insinuando y sugiriendo con respetuosa distancia aunque casi intolerable para Kai. Pero cuando iban entrando al estrecho pasillo donde estaba su cubículo, Kai se detuvo de pronto obligando a los otros dos a hacer lo mismo, —Creo que encontré una solución a nuestros problemas. —Dijo con un tono extrañamente animado.

Boris y Yuriy lo miraron con desconcierto, Kai no sonreía (difícilmente cada uno por su lado lo había visto hacerlo) pero lo conocían lo suficiente como para saber que estaba contento con la idea que se le había ocurrido. Yendo en medio de los dos, tomó la manga de la camisa de Yuriy con la mano izquierda y la de la chamarra de Boris con la derecha, tiró un poco de ambos acercándolos a él.

Ambos rusos tenían fama de ser activos bisexuales, Boris mostraba abiertamente su gusto por ambos sexos, mientras que Yuriy era un poco más sigiloso y escueto. Pero los dos estaban acostumbrados a dar siempre el primer paso, a ser los acechadores y no las presas, quizá por eso habían encontrado siempre tan divertido rondar a Kai haciéndole toda clase de comentarios y movimientos inesperados, pero al ver al más chico… Kai, que más bien lo tenían en la categoría de casi asexuado por aceptar un matrimonio sin tener pasión, por no negar ni afirmar jamás alguna clase de relación con alguien y por haber mantenido siempre en secreto su vida sexual; ahora acercándolos a él en ese espacio tan solitario y reducido, encendió la excitación a los dos más grandes.

-Dime Kai, —Boris redujo el espacio acercando su cabeza a la del otro, —¿nos estás proponiendo un ménage á trois?

Yuriy sujetó la mano de Kai, —Ese idiota de allá no es de mi completo agrado, pero si es tu condición, por mí no hay problema.

Kai resopló al ver que las cosas no estaban saliendo como había planeado, los soltó y se echó para atrás chocando contra la pared pero alejándose de los otros dos. —No estúpidos, si lo que quieren es con quien revolcarse, háganlo entre ustedes. Satisfacen sus necesidades y me dejan en paz.

Boris y Yuriy se miraron unos segundos, se acercaron uno a otro y uno rodeó el cuello del otro con un brazo sonriendo, después enfrentaron a Kai y pusieron el brazo libre de cada uno contra la pared acorralando al tercero, sin quitar la sonrisa se dieron otra mirada breve.

-Eso se oye bien Kai, —dijo Yuriy, —pero hay un pequeño inconveniente. Ya habíamos discutido esa situación.

-Y llegamos a una conclusión distinta, —Boris continuó, —Las cosas podrían ser muy satisfactorias así, pero… también serían muy fáciles.

-Y si hay algo en lo que nos parecemos los tres, y eso lo sabes bien.

-Es que no nos gustan las cosas fáciles.

Kai entrecerró los ojos, sintiendo claramente la amenaza en ese diálogo compartido de los dos hombres delante de él. Inclinó un poco la cabeza para buscar el mejor ángulo para una ruta de escape, pues esas palabras las conocía bien. Él mismo las practicaba con rigor de monje: las cosas fáciles no valían la pena, las que costaban, eran las mejores.

Y seguramente si había algo más difícil para esos dos, era conseguir el favor de Kai.

-Así que… —Yuriy interrumpió su pensamiento, —nos declaramos una batalla, por ver quién es el triunfador.

-El ganador se queda todo, el perdedor, bueno… Brynja seguro le consolará. —Boris sonrió.

El ceño de Kai se frunció y resopló más molesto que nunca. Esa calidad de preciada pieza de caza la había padecido más de una vez, y no podía recordar cosa más degradante que ser puesto objetivo de los fines de otros sin haber sido preguntando antes.

Empujó a los dos con tal fuerza que los mandó al piso, no importando que eran un tanto más grandes que él, y sin darles tiempo de decir nada más se acercó altivo delante de ellos, —Hagan lo que quieran entre ustedes, pero intenten siquiera acercárseme otra vez y les voy a arrancar lo único con lo que piensan.

El más chico se alejó sabiendo que lo que recién acababa de decir y hacer, lejos de alejar a los otros dos de él, había sido como echar gasolina sobre un incendio, sólo iba a acrecentar más los deseos de los otros. Y elevar más su importancia como presa, porque… ¡vaya que a ellos les gustaban los retos! Pero se dejó traicionar por sus emociones, y había verbalizado los pensamientos furiosos que su mente gritaba.

Y ahora.

Ahora tenía encima a dos locos, que se declararían la guerra sin cuartel a partir de ese momento. Y él, con sus casi quince óperas entre las cuales decidir, formular toda clase de criterios y plasmarlos en un informe donde justificaría aquella de su elección… para la cual, aún no tenía ni una terna de cinco. Vaya que era cierto que los días malos, siempre tienden a complicarse.

En el piso, aún uno al lado del otro, Boris y Yuriy jadeaban de emoción por el abierto reto de Kai. Se imaginaban toda clase de escenarios donde clamarían su triunfo. Sin decirse nada, Yuriy fue el primero en ponerse de pie, ofreció una mano al otro que fue aceptada de inmediato… enemigos o no, eran un par de caballeros. El pelirrojo se fue por un extremo del pasillo, el otro por el contrario. Y así daban inicio oficial a la temporada de caza.

La junta se había reunido puntual a las cinco de la tarde; los directivos, el representante del profesorado, el de los trabajadores manuales, de músicos, de los artistas y algunas otras autoridades y personas significativas estaban reunidas en la sala principal en espera de la decisión final para la obra que se presentaría en otoño de ese año.

Kai estaba entre las figuras cuyas propuestas y opiniones finales iban a tener mayor peso, por alguna razón Yuriy y Boris habían conseguido colarse a la reunión, Brynja también estaba presente en un rincón pendiente de qué clase de personaje podría tocarle.

-Si fueran muy amables de desalojar el salón para llevar a cabo la última sesión de votación y poder dar un dictamen final. —El director dijo amablemente a la mayoría de los presentes, sólo siete personas se quedaron.

Brynja, Boris y Yuriy no fueron de ellas, y se paseaban en el pasillo en espera del veredicto final. Los dos hombres se veían relativamente tranquilos, a diferencia la chica que estaba nerviosa porque varios de los títulos manejados no contemplaban a alguien con la tesitura de su voz en los papeles principales, y si ella había ido hasta allá, era para tener un protagónico. Más o menos lo mismo pasaba con Boris y Yuriy, pues no había lo que pudieran decir unos puestos muy importantes para ellos, pero no era algo que les quitara el sueño. Podía percibirse el mismo ambiente de tensión entre todos, el tipo de producción que fuera a realizarse definiría muchísimas cosas.

Fueron cuarenta y siete minutos de deliberación y ansiedad; al final, como si se hubiese designado al nuevo Papa, todos acudieron al anuncio de la obra que se llevaría a cabo. El director se colocó delante de las otras seis personas, sobre quienes habría de recaer la total responsabilidad del fracaso o éxito de la producción.

-Compañeros, sabemos que han sido días muy largos y usualmente no llevamos a cabo este proceso de consulta, pero queremos que todos estemos comprometidos con la obra que llevaremos a cabo. Su éxito dependerá de todos.

Kai miraba el techo, estaba cansado y harto de todo ese proceso, si no era la gran cosa la elección, pero no tenía mucha opción mas que seguir soportando eso, tenía que mostrar (aunque a medio fingir) que le interesaba todo el protocolo. Pareció que el tiempo se detenía y todos contenían la respiración, el director tomó un sobre que le daba la secretaria en jefe. Kai no podía creer tanto rodeo, pero había que admitir que seguro ayudaba a que la gente se comprometiera.

-La Reina de Saba será presentada en nuestra gala de otoño. Esperamos que todos realicen su máximo esfuerzo.

Los cuchicheos no tardaron mucho en dejarse escuchar. Para la gran expectación que creó, el anunció ya no fue tan espectacular pero no por eso las reacciones fueron mínimas, muchos ni siquiera habían escuchado de dicha ópera, y esperaban alguna clase de obra clásica como La Traviatta o Aida. Y esa incertidumbre envió a muchos a lanzar preguntas de inmediato sobre cuáles serían los instrumentos más usados, qué clase de escenografías, que tonos de cantante, qué tipo de iluminación…

Kai se hizo a un lado, aprovechó el momento de confusión para darse a la fuga buscando un buen rincón en donde tener el descanso que le había sido elusivo las últimas cuatro noches.

Kai sabía que el trabajo en el conservatorio no iba a ser un lecho de rosas, sin embargo, las cosas habían sido mucho mejores que lo que su mejor escenario había previsto. El personal era competitivo y competente y no había tenido ninguna clase de limitación en el uso de las instalaciones, lo cual era casi soñado, pero no se dejaba llevar por lo bueno del panorama, siempre había algo manchando la situación.

En su caso, eran los dos acosadores y su esposa.

Por supuesto que el trabajo no se limitaba a la preparación y presentación de la ópera, sino que había que dar siete presentaciones con la orquesta sinfónica a la semana, una en martes, una en jueves y cinco entre el viernes, sábado y domingo, y continuas temporadas breves con breves fragmentos de óperas. Eso demandaba mucha preparación y planeación.

Todos se veían satisfechos, la orquesta había hecho presentaciones exitosas y la participación titular de Boris y/o Yuriy habían atraído toda clase de público abarrotando la sala de conciertos. Cuando Brynja entraba al escenario los boletos se agotaban y la gente se quedaba sin lugar, y el anuncio de Kai como director residente de la orquesta principal aumentaba otro tanto la expectativa.

En teoría, todo funcionaba bien.

Kai había notado que los avances de sus dos acosadores se reducían a molestarlo y hacer insinuaciones, no había pasado nada que lo obligara a buscar cómo disuadirlos. Brynja había conseguido canalizar su desenfrenado deseo en preparar su voz para la ópera, pues requerían de una mezzosoprano, no una contralto.

El matrimonio Hiwatari-Smari había alquilado una casa a veinte minutos del conservatorio, y Kai regresaba cada tarde a ella encontrándola repleta de toda clase de gorjeos como de ave canora lanzados por Brynja, intentando que su tesitura fuera más aguda. A veces estaba contenta y le sorprendía con alguna cena apenas comestible y palabras cariñosas, otras estaba tan furiosa que lanzaba las cosas que tenía alrededor y le reclamaba la poca falta de atención que tenía hacia a ella; otras tantas estaba calmada, ni feliz ni triste ni enojada, como era el casi diario de Kai, y reiniciaban la vida sexual que consolaba a ambos.

La recurrente molestia de Brynja fue la primera piedra en el camino de la "Reina de Saba".

La primera de muchas que fueron apareciendo con el paso de las semanas.

Eran finales de junio, el calor veraniego abochornaba a cualquiera, y por eso ninguno de los rusos salía siquiera al patio. Era miércoles y medio día, se realizaban ensayos para las piezas que se presentarían al día siguiente; los pasillos y los varios salones se llenaban de música yendo y viniendo, en una pequeña sala de conciertos había dos personas interpretando una partitura de Dvorak, Yuriy al piano y Kai al violín.

Parecía que el piano iba guiando y el violín profundizaba los tonos más melancólicos, ni el pelirrojo ni el otro intercambiaron una sola mirada, con los ojos cerrados o bien puestos en sus manos dejaban que la música hablara por ellos. De tonos agudos y ávidos, a los más graves y de cierto aspecto melancólico, los dos terminaron la pieza y se quedaron un momento en silencio satisfechos de su ejecución.

-Un número entre nosotros dos no sería tan malo, ¿eh? —Yuriy preguntó algo insinuante.

Kai lo miró mientras ponía su instrumento en el banco, —No, no sería malo.

El pelirrojo se giró en el asiento del banco para quedar de frente con el otro, —Mírate, estás perdiendo condición Kai, te estás desacostumbrando a usar un instrumento. —Dijo haciendo clara alusión al sudor que cubría la cara del más chico.

-No es eso, es este maldito clima.

-Vamos, vamos. No tienes que mentirme, te conozco, la preparación de esa ópera te está quitando mucho tiempo.

Kai no esperaba que Yuriy dijera eso, justo en el momento exacto que se ponía de pie y se acercaba a él pasando su manga sobre su cara quitando un poco del sudor. El primer instinto de Kai fue retroceder, pero ya se había dicho que tenía que ser un poco más tolerante. Con toda su fuerza de voluntad permaneció ahí mientras el mayor pasaba su mano sobre la frente y sonreía desaprobatoriamente sin que Kai pudiera saber a qué se debía semejante gesto.

-¿Ahora qué?

-Estás haciendo que todo esto se esté llevando lo mejor de ti. —Yuriy puso ambas manos sobre los hombros del otro y sintió el estremecimiento inmediato, —¿lo ves? Tu tensión va más allá de lo que debería. —Puso un poco de presión y Kai no pudo evitar cerrar los ojos al sentir una leve ola de dolor al sentir sus rígidos músculos ser presionados.

No dijo más, dejó que el pelirrojo paseara esas manos casi mágicas sobre sus tensos hombros. Quitándole toda clase de significado oculto que el pelirrojo pudiera sacar, Kai apreciaba esos favores, la fuerza y delicadeza a la vez que las manos ejercitadas del otro tenían eran bienvenidas. Porque era cierto que el proyecto encomendado estaba siendo más y más difícil con el paso de las semanas.

Pero a pesar de toda la buena voluntad de Kai, todo tenía cierto límite, y cuando el tremor en la parte baja de su espalda se hizo intolerable se retiró aprisa de Yuriy, el mayor ya no insistió, estaba contento que el más chico parecía más indulgente y no lo alejaba con miradas de muerte y amenazas de toda clase, cosa que con Kai, era como decir que se llevaba ganada la mitad de la batalla.

-¿Cómo vas con las cuerdas? —Preguntó el de ojos azules cambiando de tema para no alterarlo.

-Seleccioné ya a todos, ahora empieza el concurso por las plazas principales. Al igual que con los alientos y el resto de los instrumentos, mañana toca a las voces.

Yuriy rió, —¿Brynja consiguió hacerlo?

-Brynja consiguió hacerlo, pero no está en su mejor momento. —Dijo Kai con algo de preocupación.

Yuriy notó de inmediato dicho tono, —Esperemos que no pase nada. Te veré mañana, supongo.

El pelirrojo dejó la sala y pasó por uno de los salones donde ensayaban, lo halló cerrado y con las luces apagadas. Abrió levemente la puerta y aguzó el oído, los inconfundibles gorjeos de Brynja haciéndole el amor a alguien llegaron a sus oídos, y no le sorprendió escuchar correspondencia en el rítmico golpeteo de la mano de Boris mientras (seguramente) tenía encima a Brynja.

Sonrió para sí y cerró la puerta, siguió su camino a lo largo del pasillo. Si acaso esos dos estaban tan enfrascados en una relación física para desahogar sus frustraciones, en verdad que eso iba a trabajar muy bien para sus deseos personales, Boris enfocado en Brynja, Brynja en Boris y Kai, claro, en Yuriy.

Yuriy se fue en ese momento del conservatorio, tenía un régimen casi absolutista con sus horarios, y a las cuatro en punto debía estar comiendo para guardar el debido reposo y estar puntual a las seis en el gimnasio.

Eran las ocho de la noche, muchos de los trabajadores se habían ido y los ensayos casi habían terminado; en una pequeña sala casi al fondo de un largo pasillo, se escuchaba una rítmica que no era del todo común ahí. Las inconfundibles vibraciones de la guitarra contrastadas por el ritmo de la batería invitaban a un buen baile, aunque no había nadie cerca los ritmos de jazz se colaban entre las paredes.

Boris agitaba la batuta señalando a Kai con una enorme sonrisa, el otro no se veía del todo alegre pero eso no limitaba en nada que expresara bastante con su instrumento moviendo las cuerdas al ritmo que el más alto marcaba. Tenían así casi dos horas, y el cansancio se denotaba en el sudor en la cara de ambos y con el jadeo en sus respiraciones. Boris dio un solo final y levantó ambas batutas gozando la vibración de los platillos y los tambores de su batería. Kai bajaba la guitarra, y le daba un trago muy largo a su botella de agua descansado en la base del banco donde había estado sentado.

-¡A toda madre! Hacia mucho que no me sentía tan jodidamente bien, y tengo que aclararlo, no sólo es por la compañía musical tan chingona. —Boris lo señaló una vez. —No entiendo todavía por qué esos putos de la dirección no dejan que presentemos esta música, ¿qué hay mejor que el jazz?

-No lo consideran así, es todo. —Kai respondió calladamente.

-Pues no se tú, pero si no fuera por la zorra de tu esposa, el pelirrojo y tú, me habría largado ya.

-¿Sí?

-Has mejorado con la guitarra, aunque sabes que el jazz suena mejor con el contrabajo. —Boris se retiró de la batería y dejó las baquetas en el piso mientras se acercaba a donde el enorme instrumento de cuerdas que recién había normado descansaba recargado en la pared.

Kai suspiró resignado, ahí iba de nuevo. Poniendo todo de su parte y haciendo uso magistral del máximo autocontrol del que era dueño, permaneció en su lugar mientras Boris se acercaba con el instrumento. Lo colocó delante de Kai, luego él se ubicó detrás del más chico y tomó su mano izquierda ubicándola en la voluta y la derecha sobre las cuerdas, mantuvo la propia sobre la derecha.

-¿Y luego? —Kai preguntó apurado, eso se estaba haciendo más y más largo.

-Sé que eres un estudiante rápido, así que imagina que es como un enorme violín, la misma tensión y ejercicio, —sus dedos hicieron que la mano del otro reaccionara de inmediato a las instrucciones.

Kai se mordió el labio, el sentir la respiración del otro en su nuca parecía estar pronta a provocar que su puño derecho se estrellara en la cara de Boris, pero Kai siguió cuan ecuánime le era posible. El de cabello grisáceo siguió dando instrucciones y levando la mano de Kai con la propia por más de quince minutos; el alumno trataba de sacar lo máximo que podía de un maestro de tan elevada clase. Pero a diferencia de muchas ocasiones donde los alumnos morían por tomar clases con maestros envidiables, Kai no discutía la genialidad de Boris, sino la constante (e inquietante) sensación que su cercanía tenía.

-¿Sabes qué? Creo que ya es suficiente, tengo que irme. Es noche, ¿te parece si seguimos otro día? —Kai dijo de pronto.

Boris retrocedió de inmediato, decidido a no tensar más el ya tenso hilo que era Kai tolerando su presencia tan cerca de él. Asintió y le dio la espalda, regresó el instrumento a su sitio y esperó por lo que el otro tuviera que decir.

-Es tarde, ¿vas a casa? —Preguntó con cautela.

-Sí, parece que está aún deshabitada. No hemos tenido tiempo de desempacar.

Ésa fue su plática, cada uno salió en tiempos distintos sin decir más. Boris se dirigió a su departamento, se dio un baño y se alistó para ir a uno de los tantos bares a los que era asiduo visitante. Esa noche iba a buscar acción con el o la primer incauto(a) que se encontrara; satisfecho con su progreso, sabía que cualquier cosa que encontrara esa noche (y las subsiguientes) era como sus candentes encuentros con Brynja, que sabía bien compartía con Yuriy. Sólo para pasar el rato, el premio mayor era el esposo de ésta.

La rutina de Boris terminaba muy, muy noche y reiniciaba hasta casi el medio día, Yuriy era un poco más tempranero, pero no antes de las diez de la mañana. Por eso Kai aprovechaba las mañanas para practicar con su esposa, él tocaba el violín o la flauta mientras Brynja ejercitaba las cuerdas vocales con algún aria que habían elegido antes de salir de casa. Ella adoraba esas mañanas, se decía que no importaba todos los rumores sobre su matrimonio arreglado, que en verdad había cariño entre ellos, y no sólo una química sexual formidable.

La islandesa había llegado a desarrollar una adoración extraña por Kai, no le tenia ninguna clase de fidelidad en la cama, pero con cada uno de los días en sus dieciséis meses de matrimonio, la lealtad que terminaba en la compañía de otro, jamás había sido rota en su cariño. Brynja había comenzado a querer bien a Kai.

Ella se decía que Kai era un discapacitado emocional, pero que eso no significaba que no sintiera, y que él debía sentir lo mismo que ella, sino… ¿por qué pasar tanto tiempo juntos haciendo lo que a ella le gustaba tanto?

Yuriy, Boris y Brynja se decían que lo que había entre ellos era una aventura pasajera, Kai era una especie de puerto seguro para alcanzar una estabilidad para la que aún no estaban listos, pero que cuando llegara el tiempo, ya tendrían a Kai listo para recibirles. Que por eso había cambiado tanto lo repelente que era Kai antes, hacia los acercamientos de los dos rusos y los cariños de la islandesa.

Sí, cada uno pensaba así.

Lo que no habían considerado era que Kai tenía sus propios planes, y que no podían estar más lejos de los de cada uno de ellos.

Como cada miércoles, Brynja esperó contenta a que su esposo llegara para practicar el extracto de 'Orfeo y Euridice' que ella había escogido por la mañana, mañana en la que Kai ya no estaba ahí.

No llegó.

La tarde llegó, Yuriy afinaba su piano y repasaba ansioso las partituras de la nueva pieza que quería mostrarle a Kai, con el ideal de presentarlo en la función del sábado por la tarde.

Tampoco llegó.

La noche acaeció, Boris había llevado dos discos que él se había pasado grabado el día anterior para mostrarle las piezas de lo que él consideraba el mejor jazz, ideando que él eligiera una y sería la pauta para que él siguiera enseñándole a Kai a tocar el contrabajo.

Kai jamás llegó.

Molestos, desilusionados, preocupados, y toda clase de estados de ánimo, coincidieron en la casa de los Hiwatari-Smari. Brynja había saturado de mensajes sin responder el buzón de Kai, el primero en llegar fue Yuriy, después fue Boris. Ella les invitó unas copas y se sentaron a esperar, creyendo que habían ocurrido toda clase de accidentes y eso había impedido que Kai acudiera a sus citas, aunque claro, ninguno explicó la razón personal de sus ansias.

Casi a las once de la noche, se escuchó el sonido de la motocicleta de aquél que esperaban. Los tres brincaron de su lugar, y voltearon a la puerta en espera de su entrada.

Al ver a los tres, Kai arqueó una ceja, —¿Y qué hacen ustedes aquí?

-No ensayaste conmigo. —Dijo Brynja como niña desilusionada.

-No practicamos. —Siguió Yuriy con tono calmado.

-No pude enseñarte. —Boris finalizó.

Hubo un silencio breve, la realización golpeó a los tres y miraron casi indignados a Kai. Miradas acusatorias llovieron sobre él, pero Kai ni se inmutó ni se sintió culpable, les devolvió la misma mirada recriminatoria y fue a su cuarto.

-¿Al menos nos dirás donde estabas? —Brynja preguntó.

-¿Por qué debería? ¿qué clase de obligación tengo con ustedes? —Kai respondió de mala gana, no iba a explicarse en ningún sentido, y no era el gran secreto, simplemente había ido a un largo maratón de cine chino.

Los tres seudo engañados permanecieron en la sala en sepulcral silencio. Después de seguirse viendo unos minutos, la mujer fue la primera en ponerse en pie con un gesto amenazante.

-Si quieren guerra, habrá guerra. —Dijo y se fue a otra habitación.

Boris y Yuriy salieron de la casa, algo perturbados por no saber si seguirse sintiendo engañados por las tretas de Kai, siendo que ellos lo habían orillado a eso, o preocupados por las palabras de Brynja, esa mujer era capaz de muchas cosas.

-Esto apesta, ¿quieres venir a mi departamento? —Boris se rascó la cabeza.

Yuriy entrecerró los ojos y asintió, —Vamos, ¿qué es lo peor que puede pasar?


Sólo para dar el dato, la Ópera de 'La Reina de Saba' es original de Charles Gounod, presentada en 1862 en París, y basada en el personaje histórico.

Saludos y nos leemos!