Hola guapos y guapas, gracias por entrar aquí; hoy les traigo el capítulo dos de este mini fic. Espero que les guste :D

.

Como siempre agradezco a todas las personas que leen mis historias y dejan reviews, a las que marcan mis historias o a mí como favorita y/o siguiendo, y a las que simplemente leen. Para todos ustedes, muchas gracias, me inspiran de cierto modo a continuar.

.

Capítulo dedicado a todas las lindas personas que me dejaron un review en mi última actualización: Mel-Nara de Hatake, Bebitapreciosa, ANABELITA N, MarFer Hatake y Roronoa Saki. Gracias chicas por comentar, les mando un beso y un fuerte abrazo.

.

.

Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.

.


Mi mejor opción

.

Capítulo.- Buscando una explicación.

POV Temari

.

Ingresé a mi apartamento con el corazón acongojado. Tiré la cartera en el sillón más cercano, para luego quedarme quieta por unos segundos.

Inhalé aire fuertemente.

Comencé a avanzar en dirección al pasillo, pero me detuve. Tenten apareció por éste.

Desvié la mirada.

—Hola Tema, ¡qué largo fue tu día!, ¿cómo estuvo todo? —inquirió alegre, acercándose hacia mí.

—La verdad, Tenten, es que no quiero hablar de eso —acoté cabizbaja. Cambié de inmediato el tema de conversación—. ¿Kakura, ya se durmió?

Fijé mis ojos aguamarina en sus orbes cafés, y vi que éstos me miraban con preocupación.

—Recién se durmió —me respondió en un tono sereno, sin dejar de observarme—, ya no le quedaban más energías para esperarte, estaba realmente cansada.

—Pobre Karura —acoté sin poder disimular la congoja que sentía. Odiaba que aquello que me había ocurrido hace un momento atrás, me afectara tanto—. Gracias por cuidarla, Tenten

—¿Qué te pasó? —me preguntó, mi amiga, acariciándome el antebrazo.

—Soy una tonta, Tenten —le contesté, aguantándome las ganas de llorar.

Tragué saliva.

—No digas eso, Tema —me dijo con calidez, tomando mi brazo—. Ven, sentémonos.

En silencio me guió hasta el sillón. Tomamos asiento.

Bajé la mirada.

Supongo que Tenten se impacientó al ver que yo no hablaba.

Tomó la palabra.

—Tema, dime... ¿qué te hizo el idiota de tu jefe? —me preguntó con seriedad y sin rodeos, captando de inmediato mi atención.

Alcé la mirada.

—¿Qué te hace pensar que él me hizo algo? —inquirí mirándola fijamente, aunque después me arrepentí de haberle formulado esa pregunta.

Ella sabía todo de mí.

—Porque es por el único hombre que llorarías —me respondió con convicción—. Estas enamorada de él después de todo.

—Te odio, Tenten —acoté falsamente, golpeándola con el cojín que estaba a mi lado. Enseguida, le sonreí.

—Jajajaja, lo sé —espetó divertida—, por lo menos te saqué una sonrisa —me miró con cariño. — Ahora, Tema, dime, ¿qué fue lo que pasó?

Su pregunta me hizo meditar, tampoco yo lo tenía muy claro.

—En realidad, no sé muy bien qué pasó —le respondí con sinceridad, abrazando el cojín.

Ella me miró extrañada.

—¿Cómo que no sabes? —inquirió con el ceño ligeramente fruncido —. Explícate, para que así te pueda entender.

Suspiré.

—Hoy, Shikamaru me besó — acoté en un tono neutro.

Sus ojos cafés se abrieron exorbitantemente.

—¡Queeé! —exclamó sorprendida, sin quitarme los ojos de encima.

—Es decir, no besamos —complementé la información.

Me quedé en silencio.

—Te dije que eso iba a suceder tarde o temprano —aseveró con certeza, mi amiga—, ya que últimamente existía mucha tensión entre ustedes.

No quise responderle, simplemente la escuché.

—¿Desde hace cuánto tiempo se estaba comportando extraño contigo?, ¿dos?, ¿tres semanas? —inquirió mirándome expectante.

Suspiré.

—Hace como un mes —le respondí haciendo una mueca con la boca.

—¡Ves!... ¡ya era mucho tiempo! —exclamó con seguridad —, ¿y qué más pasó?, porque pasó algo más ¿cierto?

Sus orbes chocolates esperaban una respuesta.

—En realidad no pasó —acoté de forma escueta, sin entrar en detalles.

Por la forma que me miró, supe de inmediato que ella había entendido mi respuesta.

—¡No pasó! —chilló impactada —, pero… pero ¿por qué?, ¿qué diablos sucedió?

Sus ojos exigían una respuesta.

—Se arrepintió en el último momento —espeté con un deje de tristeza.

Bajé la mirada

—¿¡Quéee!?...¡yo lo mato!, ¡lo mato! —exclamó exaltada, Tenten, lo que me hizo alzar la mirada. Ella se puso de pie y se llevó las manos a la cabeza. Giró rápidamente hacia mí—. ¿Y te dio alguna excusa?, porque si no te la dio, no tiene perdón de Dios.

—No, ninguna, sólo se disculpó —le respondí en un tono neutro. Su semblante molestó cambió a uno comprensivo—. En realidad, tampoco hablamos cuando la situación se dio, simplemente pasó.

Ella volvió a sentarse a mi lado, ya más calmada, y a los pocos segundos prosiguió.

Volteó su rostro hacia mí.

—Sé que él no es una persona de muchas palabras, por lo que tú me has contado —espetó con su voz más serena—, pero tú, ¿en verdad no le preguntaste nada después que te besó?

Sus ojos chocolates me miraron con atención.

—Me pilló desprevenida —acoté con sinceridad—, no pensé que me iba a abordar al salir de la oficina. Además fue como un sueño hecho realidad, ¡qué le iba a preguntar!

Suspiré.

—Quizás lo tenía planeado desde un principio, por eso se quedó hasta el final —pensó en voz alta, Tenten, analizando la situación—, aunque todavía no entiendo por qué se arrepintió.

—Tal vez se acordó de su esposa —hablé en un susurro, apoyando completamente mi espalda en el respaldar.

Eché mi cabeza hacia atrás.

—No creo, Tema, a tu jefe debió haberle ocurrido algo —aseveró con convicción, mi amiga, mientras yo la miraba de reojo—, ¿quizás que cosa le habrá pasado por la cabeza?

Su semblante volvió a tonarse pensativo.

—Quizás sintió cargo de conciencia —acoté con la voz ligeramente apagada.

Dirigí mi mirada al techo.

—Puede ser, pero tengo mis dudas respecto a qué —señaló, Tenten, con seriedad, captando nuevamente mi atención. Me acomodé en el sillón como en un principio, y giré mi rostro hacia ella—. Nunca antes había intentado nada contigo, sin embargo, hoy, que se atrevió a abordarte, consiguiéndolo de cierto modo, se arrepintió justamente al final —su análisis me puso nerviosa, ya que ella siempre ha sido muy intuitiva. La miré expectante, y ella lo notó. Cambió su semblante—. Tengo dos hipótesis: no tiene sangre en las venas o es de otro planeta, ¿qué me dices?

—¿Por qué cambiaste tu hipótesis? —le reclamé enseguida. Nuevamente la golpeé con el cojín—, di lo que pensaste primero.

—No puedo decir algo a tontas ni a locas, Temari —se defendió, Tenten, tratando de que la comprendiera —, necesito más antecedentes.

—Ya te pusiste psicóloga para tus cosas —espeté con un deje de molestia. Volví a echar mi cuerpo hacia atrás.

Cerré los ojos.

—No es eso, Tema, lo que pasa es que no quiero decir algo errado —acotó con sinceridad —. No quiero ilusionarte, es simple.

—Te entiendo, Tenten —hablé en un susurro. Me quedé quieta en el sillón esperando a que comenzara con su interrogatorio —. Puedes comenzar.

Todo sea por escuchar la hipótesis que tenía sobre Shikamaru.

—¿Hace cuántos tiempo trabajas con él? —inquirió con seriedad.

—Dos años —le respondí escuetamente.

—Y en esos dos años… ¿cómo ha sido su trato? —me preguntó nuevamente—. No tomes en cuanta el último mes.

—Normal, como el de cualquier jefe con su empleado —le contesté sin entrar en detalle, sin embargo, me di cuenta que si no detallaba, de nada iba a servir este interrogatorio. Decidí cooperar—. Bueno, siempre ha sido amable, considerado, agradable, atento, pero siempre manteniendo la distancia.

—Obviamente porque está casado —ella complementó mi respuesta.

Abrí los ojos.

—Supongo ha sido por eso —espeté en un tono neutro.

—¿Hablaron alguna vez algo diferente que no sea sobre trabajo? —volvió a preguntarme.

Dirigí mi mirada hacia ella.

—Sí, pero sólo cosas puntuales —acoté con un deje de fastidio.

—¿Cómo qué? —inquirió otra vez.

Mi paciencia se esfumó.

—¡Ayyy, Tenten!, ¡tú crees que este interrogatorio sirva para aclarar tu hipótesis!

—No sé, Tema, pero por lo menos ya cambié tu humor —espetó con una gran sonrisa —. Prefiero verte molesta que verte triste.

Fue imposible no sonreírle.

—Estás loca, Tenten —acoté con mi voz más animada.

Ella sonrió

—Puede ser, pero no me cambies el tema, y continuemos —señaló en su tono habitual—. Dime, Temari, ¿qué sabe de ti?, ¿qué sabe de Sabaku no Temari fuera de la oficina?

Fijó su mirada en la mía.

—Sabe que tengo una hija de tres años y que va al jardín —espeté serena.

—¿Qué más?

—Que cuando necesito que alguien cuide de mi hija, recurro a ti, porque mis hermanos, que son mi única familia, no viven en la ciudad.

—Y supongo que también sabe que eres soltera y que no tienes pareja, ¿cierto? —inquirió mirándome con atención.

Asentí. Abrace el cojín.

—En resumen, lo sabe todo —concluyó con una semi sonrisa en el rostro.

—Digamos que en general, nunca he ahondo mucho en ningún tema —le expliqué antes que creyera que le había detallado todos los episodios de mi vida.

Su semblante se tornó serio. Volvió a contraatacar.

—¿Cómo va su matrimonio?

Esa pregunta no me la esperé.

—¡Qué sé yo cómo va! —fue mi primera reacción.

—Debes tener una idea —insistió, mi amiga, sin desviarme la mirada.

—Es que él siempre responde de la misma forma: en ese tono aburrido —le expliqué para que me entendiera—, por esa razón, no puedo decir nada respecto a su matrimonio.

Como era de esperar, sus preguntas prosiguieron.

—¿Los has oído discutir con ella?

—Puede que sí, pero no es una discusión propiamente tal, digamos que es un intercambio de palabras, ya que no se altera con nada.

Mi amiga me miró pensativa. Se cruzó de piernas, y posó el rostro sobre su mano izquierda, cuyo codo apoyó sobre una de sus piernas.

—Y después de ese intercambio de palabras, ¿cómo es su ánimo?

—Se le acentúa un poco más la cara de fastidio —le respondí resaltando lo obvio. Una semi sonrisa se dibujó en mi rostro. —¿De qué te ríes? —inquirí molesta.

Fruncí el entrecejo.

—De la cara que pones cuando hablas de él —espetó burlesca. Siguió riéndose en mi cara —. Se nota que te encanta «el fastidio con patas".

—No te rías, tonta —le reclamé, y le aventé el cojín por la cabeza, sin embargo, ella no se detuvo.

—Lo siento amiga, pero no lo puedo evitar —acotó tratando de normalizar su voz.

Decidí tomar la palabra.

—Este último mes, no los he escuchado hablar mucho —señalé con seriedad—. Él ha estado más pensativo de lo normal, y se va más tarde de lo habitual. Incluso se va después que yo.

—Y también te ha mirado más de lo que acostumbraba, cosa que ha alterado las hormonas —volvió a interrumpirme.

Suspiré.

—Tienes razón —acoté cabizbaja.

Tomó mi mano.

—De verdad, Tema, siento mucho que hayas tenido que pasar por esa extraña situación con él —espetó con empatía—. Me imagino que te hizo sentir muy mal.

—Ni te lo imaginas —le respondí con tristeza.

Me miró con cariño.

—¿Y qué vas hacer? —inquirió con curiosidad.

Me humedecí los labios.

—Supongo que tendré que buscar otro trabajo —acoté con seguridad—, mientras tanto, tendré que seguir viéndole la cara. Espero que no sea por mucho tiempo.

Bajé la mirada.

—Te entiendo, las cuentas no se pagan solas —espetó comprensiva. Hizo una pausa y prosiguió — Temari, puedo darte mi opinión.

Alcé la mirada y asentí.

—Pienso que él actúo por instinto, y cuando estaba en el hecho, una de sus neuronas recapacitó. Es un hombre que siempre actúa de forma racional, de forma correcta, según lo que tú cuentas, por ese motivo creo que no continuó. Supongo que nunca fue su intención hacer que te sintieras mal, pero sin querer lo hizo, y en este momento debe estar odiándose por eso. Debe tener un problema matrimonial serio, grave, por eso se va tarde de la oficina, porque no tiene interés en llegar a su casa. No creo que haya visto en ti un desahogo o una salida, sino hubiese terminado lo que comenzó. No lo juzgues sin escucharlo, debe tener una muy buena explicación.

—Sabes, cuando me dijo que no podía continuar, tenía los ojos acuosos —espeté en un susurro.

Ella abrió sus orbes de forma exorbitante.

—¿Y ahora me lo vienes a decir? —inquirió algo alterada.

La miré sin entender mucho.

—Entonces mi idea no estaba tan errada —acotó cambiando su semblante a uno emocionado —. Temari, él se detuvo porque en realidad tú le importas, y mucho. No quiere enlodarte con sus problemas, quiere mantenerte alejada de éstos hasta que él los pueda solucionar. Es simple.

—No sé qué decir —espeté mirándola fijamente.

Me sonrió con franqueza.

—Sabes, amiga, estoy casi cien por ciento segura, como que me llamo Tenten, que ese hombre te ve como una gran opción para rehacer su vida.

.

CONTINUARÁ…

.


Gracias por leer, espero que les haya gustado.

Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre motivan al escritor, yo los amo :D

Más rato responderé todos los reviews pendientes, disculpen la demora.

Disculpen también las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré.

Nos leemos en mi próxima actualización.

Saludos a todos, les mando un fuerte abrazo :D