N/A: Una cosa que olvide mencionar en el anterior capítulo, que bueno no es la gran cosa avisarla en el primero o en el segundo, es el orden de las hijas de Triton.
Muchos saben que debido a la primera película y a la tercera se sabe que Ariel es la menor de las siete y Attina la mayor de las siete, sin embargo falta el orden de en medio. Estuve investigando sobre eso y a pesar de que en la tercera película Adella dice ser 2 años mayor que Ariel, decidí usar una fuente wiki de disney en la cual tenían un orden completamente diferente. La razón de que usará el orden aquel y no investigará más es porque si no lo hacía iba a pasarme la vida entera intentando buscar y argumentar por qué tal orden es el correcto. Lo que si encontrare un comentario de alguien que daba 7 razones de por qué el orden que el decía era el correcto y por cosas de la vida no pude encontrar las referencias que el hizo para asegurar que es así, probablemente las referencias no provenían de la película en ingles, la cual es la original porque muchos sabrán que a veces los doblajes no coinciden bien con los originales. En fin, para no calentar la cabeza y para no perder el tiempo lo deje como decía en la página de wiki.
El orden sería Attina, Alana, Adella, Aquata, Arista, Andrina y Ariel. Lo cierto es que el orden, dentro de esta historia se nota demasiado pero yo necesitaba saberlo para poder armar bien la historia o de lo contrario me haría un lío. En fin, eso era lo que quería decir, no sé si para ustedes tendrá relevancia o no, al fin de cuentas es un fanfiction lo que significa que todo puede pasar y si yo quisiera podría hacer que Ariel fuera hija única, pero debido a como va la trama lo deje así.
Así que ya aclarado este punto, les dejó el capítulo.
Resumen: Una gran tragedia golpeó a la familia real años atrás y nuevamente esa tragedia se repetiría quebrando el corazón de la única persona que lograba mantenerse fiel a sus sentimientos. Cuando Ariel siente que la música que tanto ama se le escapa de las manos y no hay nada más allá del agujero negro, su familia deberá encontrar la manera de apoyar a la chica para devolverle lo que más ama.
~ Disclaimer: The Little Mermaid es una obra escrita por Hans Christian Andersen y una adaptación al cine y a la televisión basada en el libro.
~ Melodía del corazón ~
2
Nunca te fíes de una perla
Cuando el estrepitoso sonido que hizo la palma de una mano sobre la parte superior del piano hizo que detuviera su melodía, la muchacha supo sin necesidad de mirar la cara de su asaltante que se traía algo entre manos. Con una mueca llena de temor, alzó la mirada hacia la muchacha de cabellos negros que la miraba intensamente.
– Lo que sea que quieras: no – Dijo rápidamente antes de volver a teclear.
– Necesito tu ayuda – Dijo la muchacha con una gran sonrisa.
– Estoy ocupada. Ve con Attina – Ella rodó los ojos – Ella es quién resuelve los problemas, no yo. Yo los causó, ¿recuerdas?
– Tonta, no necesito que causes problemas o resuelvas problemas, pero he pensado que te gusta tocar mucho el piano, ¿no?
– Esta es la parte en la que te detengo y te digo que nada en este mundo hará que deje de tocar. El otro día Attina estudió para su examen tranquilamente con mi música, así que eso prueba que son ustedes las que no se pueden concentrar bien – Explicó calmadamente la muchacha con los ojos cerrados mientras tocaba las teclas suavemente.
– ¿Conoces el Club Marítimo?
– Uhm, sí, obviamente – Ella se burló mientras su melodía cambiaba de tono a una balada suave – Cualquier persona que no lo conozca es por qué viene de fuera, ¿no?
– ¿Recuerdas a mi amiga Perla?
– La chica que solo se la pasa de fiesta en fiesta, sí.
– Su primo es gerente en el Club Marítimo – La pelinegra sonrió mientras se apoyaba contra el piano – y adivina qué, necesitaban a alguien que toque el piano para el espectáculo de esta noche
– Eso es una pena.
– ¿Eh?
– Conseguir a un buen pianista tan tarde no es sencillo – Murmuró la muchacha deteniendo su melodía. Alzó la mirada hacia sus partituras y escribió algo en ellas antes de recoger la taza de té que se encontraba a un lado sobre el piano, lejos del alcance de la pelinegra y luego bebió un sorbo antes de dejarla donde estaba.
– Oh, sí, eso mismo dijo el gerente. En fin, el caso es que Perla mencionó que causalmente mi hermanita menor era excelente con el piano y le ofreció un trato a su primo. A cambio de que tú toques ahí, nos permitiría entrar.
La pelirroja parpadeó antes de volver a posicionar sus dedos sobre las teclas. La sonrisa de Alana se había ensanchado mucho más que antes, tanto que era un poco espeluznante, pero al mismo tiempo Ariel podía sentir la emoción brincar a través de ella por cada fibra de su cuerpo. Su intercambio de miradas fue roto cuando ella cerró los ojos nuevamente y volvió a entonar su suave balada ignorando por completo a la chica.
– Wow, tranquila, no te entusiasmes tanto.
– No gracias. Aprecio la oferta, pero no quiero hacerlo.
– Eh, pero vamos, ¿cómo dices eso? – Ella alzó las cejas sorprendida – ¿No decías que querías tocar ahí dentro?
– ¿Por qué tengo que ir yo para que tú puedas satisfacer tus necesidades?
– Porque es el Club Marítimo, es uno de los mejores lugares que hay por esta zona.
– Sí y también es ilegal que los menores entren – Ella dijo entre dientes.
– No me digas que vas a ser responsable ahora.
– Tengo que serlo si no quieres serlo tú. Eres la mayor. Además, el Club Marítimo no es tan espectacular como tú piensas.
– ¿Qué, has estado ahí?
– No necesito estar ahí dentro para saber qué clase de lugar es.
– Está bien, si no te gusta, ¿por qué querías tocar música ahí?
– Eso fue durante la semana de la música – Ella se encogió de hombros mientras la música se volvía grave, causando que la muchacha se enderezara un poco – Había un compositor que iba a tocar ahí y quería ir a escucharlo. Y por cierto, no dije que quería tocar, dije que quería ir a escuchar
– Oh, por favor, Ariel, hazlo por mí – Suplico la muchacha – Haré tus tareas. Recibiré tus castigos. Haré lo que quieras
La música se detuvo abruptamente y la pelirroja alzó una ceja mirando a la chica – ¿Por qué quieres ir de pronto?
La chica dio un salto sacudiendo la cabeza – Por nada en específico. Es lo que parece tan exclusivo que tengo interés de conocerlo.
– La verdad no me gusta cómo va esto – Ella murmuró mientras aumentaba el ritmo – y siento que me estás ocultando algo
– Bien, ¿qué quieres a cambio?
La chica parpadeó un par de vez reduciendo la velocidad de su sonata antes de aumentarla drasticamente. Alana tragó saliva pesadamente mientras se enfocaba en la mirada de la chica. La melodía era rápida y no vacilaba al momento de ser tocada, mostraba el empeño y las manos de un verdadero artista. Un músico que dejaba que sus propios sentimientos fluyeran a través de las olas de la música para que invadieran a cada persona que estuviera cerca. Con aquella melodía, la respuesta de la pelirroja parecía ser llevada hacia una cuerda floja en la cual se estaba todavía decidiendo de qué lado caería: del lado en que aceptaba o se negaba. Con el brillo del sol que se filtraba a través de la ventana, golpeando suavemente sobre su espalda, calentándola tanto que si en algún momento llegara a quemar –lo que es una exageración– ella no lo sentiría por encontrarse inmersa en el ambiente que se había creado repentinamente. A sabiendas de que la muchacha lo estaba haciendo intencionalmente, no pudo evitar sentir que una parte de ella en realidad no lo odiaba, sino que le fascinaba como aquella melodía estaba teniéndola en tensión y suspenso.
– Está bien – Declaró la pelirroja cuando la música finalmente llegó a su fin. Sus dedos que habían acelerado a una velocidad inhumana, finalmente descansaban sobre las teclas mientras ella, con un suave jadeo, sonreía antes de bajar la tapa que cubría las teclas. Alana no estaba segura de sí era para evitar que el polvo llegara a ellas o para otra cosa.
– ¿Lo harás?
– Sí, lo haré – Ella se encogió de hombros – No es como si tuviera algo más que hacer
– Estupendo. La fiesta es a las siete.
– ¿Fiesta? – Parpadeó confundida.
– Quiero decir, la tocada. Perdón, es la costumbre – Ella sonrió con una mueca.
– Pero dudo que papá deje que yo salga tan tarde – Ella murmuró con calma mientras recogía la bandeja del té. Se volteó a mirar a la muchacha antes de salir de la habitación – ¿Recuerdas el incidente con el carrito de golf?
– Oh, dios, ¿qué hiciste? – Gimió la pelinegra.
– Yo no hice nada – Cerró los ojos con un suspiro – Aparentemente el chico que se lastimó era parte de la guardia real. Era uno de los acompañantes de Sebastián, pero como ahora está lesionado y en cama, papá dijo que hasta que no encuentre a alguien más para reemplazarlo no debería salir tan tarde y menos en día de semana
– Pero hoy es viernes – Ella frunció el ceño – espera, ¿por qué no puedes salir solo por eso? Se supone que es Sebastián quien nos cuida
– Sí, pero aparte de Sebastián hay otros de la guardia real, no solo él – Ella torció los labios – El caso es que como no hay nadie que haga de reemplazo, dudo que permita que salga tan tarde o siquiera que tú lo hagas porque Sebastián tiene unos asuntos que atender
– ¿Cómo sabes eso?
– Hace dos horas atrás pensaba ir al centro de videojuegos con Flaunder y los demás, pero él no me permitió salir.
– Está bien – Ella asintió – Es decir que no es grave. La guardia real suele acompañarnos a cada lugar que salimos por la tarde y suele mantener la distancia, pero qué tal si yo prometo cuidar de ti
– ¿Y quién cuida de ti?
– Por favor, si no fuera por Attina, la sucesora al trono sería yo, ¿no? – Sonrió la pelinegra – Puedo cuidar de mí y de ti sin problemas. Eso resolvería todo, ¿no?
La pelirroja sonrió divertida mientras se encogía de hombros – Solo voy a tocar música en el club, ¿verdad? Aun no entiendo por qué es tan importante tener a la guardia real cerca o el que me estés cuidando. No soy una niña.
– Tener quince años y haberte metido en el triple de problemas de tu edad no es exactamente decir que seas muy confiable, ¿sabes?
– Solo exageran – Ella se rió suavemente – pero realmente hay algo ahí, ¿no? Por eso quieres ir y por lo visto la única forma de entrar es que yo toque, ¿qué es?
– Ya te dije que solo quiero ir a un club exclusivo.
– Para mayores de edad.
– Eso no significa que sea malo – La pelinegra se acercó a la muchacha y le quito de las manos la bandeja con la taza y la tetera – Solo es un lugar más
– Donde venden alcohol, ¿no?
– Sí, pero nosotras vamos a escuchar y a hacer música, no a beber – Ella sacudió la cabeza – Confía en mí, no hay ninguna razón oculta
– Está bien – Ella hizo una mueca mientras observaba a la muchacha llevarse la tetera – Sabes que solo la iba a dejar, ¿no? No voy a seguir bebiendo
– Lo sé – Asintió – Cerraste el piano, así que terminaste de tomar té y de tocar música, gracias a dios
– Realmente no te entiendo – Sacudió la cabeza – Avísame cuando hables con papá, ¿sí?
La pelinegra le dio un guiño antes de marcharse hacia la cocina con la bandeja en sus manos. No pudo evitar alzar un puño con una sonrisa mientras se alejaba, contenta de haber logrado su objetivo, aunque eso significaba que tenía otro problema en frente antes de poder decir que su plan estaba saliendo a la perfección.
Nunca en su vida había estado más contenta de la obsesión que tenía Ariel por la música que en ese momento. Ella casi toda su vida había odiado el piano y sobre todo odiaba cuando la menor lo tocaba, lo que era siempre y todos los días durante largas horas del día y a veces durante la noche.
Pero si era sincera, no era culpa de Ariel el hecho de que ella odiara el piano, ¿cómo podría? Su hermana menor no tenía ni idea –o quizá sí debido a la manera en como incomoda al resto de la familia real cuando tocaba el piano– de lo molesto que era escuchar el instrumento aquel. Lo peor de todo era la manera en la que lo tocaba, con tanto fervor y pasión que si no fuera por los años que han pasado en silencio, Alana juraría que la música jamás había abandonado a la familia real.
El piano era el instrumento de su madre. Ella lo tocaba con tanta pasión como Ariel. Les había enseñado a cada una de sus hijas a tocarlo, pero solo una de ellas se había mantenido en pie con la música. La reina Atenea había sido una madre amorosa y cariñosa que entregaba alegría por dondequiera que pasaba y sonreía. La música para ella había sido su vida desde pequeña, por tanto no había sido sorpresa para nadie en el reino cuando las siete princesas habían desarrollado el mismo gusto por esta que su madre. Pero el día en que ella murió, la música lo hizo también.
No podía decir que la muerte de su madre había sido… natural, porque no lo fue. Alana odiaba recordar ese día con todo pesar y sabía que el resto de sus hermanas también lo odiaba, al menos las que pudieran recordar porque tanto Ariel, como Andrina y Arista tenían tan pocos recuerdos de un día trágico como de la misma Atenea. No podía culparlas. Entre las siete había un año de diferencia y Ariel había sido la más joven de las siete en la época en que su madre murió con solo tres años. La chica apenas era consciente de las cosas cuando sucedió.
Cuando la música murió nadie esperaba que esta volviera a sonar llena de alegría dentro del castillo, pero la pelirroja siempre había sido alguien impredecible, al menos no fue hasta ese día que se sentó a tocar twinkle twinkle little star que Alana supo que aquella pelirroja iba a ser todo un problema cuando creciera, y no se equivoco.
Sebastián había sido compositor durante toda su vida, actualmente era el consejero del rey, su mano derecha y así mismo era el protector de las siete princesas. Por lo que Alana sabía, él seguía trabajando como compositor de la orquesta de Atlantica –su ciudad natal– pero era más bien una especie de hobbie más que una pasión la suya. Él se había encargado de enseñarle a la pequeña traviesa todo lo que respectaba a aquel instrumento, desde sus partes importantes hasta el cómo debía tocar las teclas, incluso como cuidar del piano. Alana jamás la había visto tan emocionada como ese día en que tras tanto rogar él accedió a ayudarla. Pensó que era egoísta que la chica quisiera traer de regreso un instrumento que causaba tanto dolor, ¡dios! Aun recordaba la cara de su padre cuando el piano comenzó a sonar tan solo unas semanas tras la muerte de su esposa.
Y claro, ella nunca ha sabido como actuar respecto a eso.
Actualmente intentaba ignorar el piano por todos los medios, evitaba estar cerca de la sala familiar cuando la pelirroja se encontraba dentro porque odiaba escuchar las melodías que ella tocaba con tanta pasión e ir a recitales donde la orquesta de la ciudad tocaba no era tan grave como estar escuchando un piano, pero aun así dolía, eso nadie se lo podía negar.
Pero en ese momento, con la intensión más egoísta y sincera que podía sentir, estaba contenta de que Ariel decidiera ignorarlas a todas cuando le pidieron que no tocar el piano por los simples recuerdos que le traía y siguiera adelante con sus propios sueños, porque gracias a eso, el piano era su boleto para lo que sería la mejor noche de su vida.
El problema más grande, claro estaba, era convencer a su padre de que no era necesario tener una escolta para ir al Club Marítimo. Ella tenía veinte años, por dios, estaba a solo un año de ser mayor de edad y poder conseguir tanta libertad como Attina –aunque no estaba segura de qué tanta tenía ella porque en su vida había visto a su hermana mayor hacer algo que no fueran cosas aburridas.
– Lo prometo – Ella dijo con un tono firme y seguro mientras miraba a su padre detrás de su escritorio revisando varios papeles. Ella tenía las manos sobre el escritorio mientras sonreía, esperando poder ganar algunos puntos con esa intención – Estaremos bien
– Aun no sé si sea buena idea – Él murmuró sin quitar la mirada de los papeles – No dudo que tú no tengas problemas, pero Ariel suele…
– Meterse en problemas, lo sé.
– Más bien es como si los problemas la buscaran a ella – Su padre le dedico una sonrisa antes de volver a mirar sus papeles de nuevo – y aunque confió en que todo va a estar bien si estás a cargo, me preocupa el hecho de que no haya una escolta que las acompañe. Sebastián está bastante ocupado como para ir con ustedes y el chico que debía estar de turno para la guardia real se ha lastimado con el carrito de golf al bajar por una colina. Los demás se encuentran de descanso, por eso mismo me parece algo…
– Pero papá, si nos frenamos cada vez que no hay alguna escolta, entonces nos pasaremos la vida encerradas en este castillo – Ella se sentó frente a él con calma – Prometo que Ariel estará bien, yo la cuidaré, y volveremos antes de las diez de la noche.
Bajó la hoja de sus manos y la miró con una mueca mientras alzaba la ceja – ¿Qué no es ese un lugar para mayores de edad?
– Técnicamente soy casi mayor de edad – Ella se encogió de hombros – y solo va a tocar el piano durante unas horas. El primo de Perla necesita a alguien con desesperación y dije que vería si podíamos ir. Él realmente necesita un pianista y ella tiene grandes habilidades
– No tengo dudas de eso – Él asintió suspirando – pensándolo bien, quizá yo también debería ir
– ¡No! – Ella frunció el ceño – Sé que te gustaría verla en un recital, pero no hay razones para forzarlo, ¿verdad? Ella sabe que a nadie le gusta cuando toca el piano
– Lo que me hace preguntarme si deberíamos apoyarla más con eso – Él torció el gesto. Hizo una mueca y luego suspiró mirando el papeleo – De todos modos tengo mucho que hacer, el Festival de la Sirena es en una semana y todavía se están afinando los últimos detalles. No tengo tiempo para ir a verla tocar – Suspiró – Si no me equivoco, ese club dispone guardias, ¿no?
– Sí, tienen un personal de seguridad. Estaremos bien.
– Bien, está bien, pueden ir – Ella dio un salto de emoción antes de rodear el escritorio y abrazarlo con fuerza – ¡Gracias!
– Pero las quiero en casa a más tardar a las diez, ¿sí?
– Hecho, lo prometo.
Él sonrió levemente ante el entusiasmo de la muchacha. Salió rápidamente del despacho de su padre mientras se apresuraba a enviarle un mensaje a su amiga para confirmarle su asistencia para ese día. La respuesta fue rápida y no pudo evitar sentirse más emocionada y motivada que antes.
Miro el reloj en su mano con una sonrisa mientras salía por la puerta principal del castillo horas más tarde para poder encontrarse con Perla en el frente de su hogar. Siendo reverenciada por los guardias reales, ella sonrió dirigiéndose hacia donde pudo divisar a la pelirroja de pie junto a alguien.
Alana echó un vistazo de pies a cabeza hacia la muchacha que presentaba un vestuario ordinario para alguien que estaba a punto de tocar en un lugar que podría considerarse elegante y refinado. Se preguntó si había tiempo de retroceder y conseguir que al menos usara un vestido en lugar de unos pantalones.
Junto a ella, un muchacho que mantenía las manos dentro de una sudadera roja, parecía conversar alegremente con la chica, riendo a cada cosa que ella decía y viceversa. El muchacho tenía el cabello rubio con algunos mechones celestes y ojos del mismo color que los mechones teñidos.
El muchacho era bastante amigable, algo miedoso en ciertos aspectos, pero bastante leal a la chica. Por desgracia, ella desconocía su nombre ya que desde pequeña, cuando se conocieron, Ariel le había dado un apodo. No estaba segura de cómo funcionaba ese apodo o por qué se lo dio, pero parecía que todo el reino conocía al muchacho como Flounder y no como realmente se llamaba… como fuera que se llamara.
– Solo piensa en ello una vez y visualizalo – Ella alcanzó a escuchar mientras se acercaba.
– No lo sé, realmente no tengo ganas de participar dentro del espectáculo – Ariel respondió con calma.
– Nos falta uno.
– Pídele a Urchin – Ella murmuró.
– Él ya está dentro y Gabrielle no puede, tiene que ser alguien que pueda cantar.
– Hey – Ella interrumpió la conversación de ambos.
– Wow, luces increíble – Ariel alzó las cejas con sorpresa.
– Sí, tanto que me hace preguntarme si debería regresar a casa y vestirme de esmoquin.
Ella parpadeó observando su atuendo. No era nada casual, pero tampoco elegante del todo. Sonrió satisfactoriamente antes de mirar hacia su hermana y a su amigo.
Ella sonrió levemente antes de dedicarle una mirada a la menor para que se pudieran marchar.
El Club Marítimo era uno de los lugares más elegantes de toda la ciudad del mar, solo los mayores de edad podían entrar debido a que vendían alcohol, lo cual lo volvía exclusivo. Alana solo había escuchado de él debido a sus compañeras de la universidad que habían asistido. Era casi un ritual en todo el reino que al cumplir dicha edad había que asistir, solo así te podías llamar a ti mismo un adulto y gracias a Ariel ella tenía no solo la oportunidad de entrar sino que la oportunidad de tener una cita dentro.
Perla no había dejado de hablar de él desde que había logrado acordar la cita doble con los dos chicos que habían conocido el día anterior, ambos eran mayores de edad y ellos habían planeado ir ahí. Normalmente Alana se habría negado debido a la regla del lugar, pero Perla era más rápida que ella al hablar y había aceptado.
El lugar por dentro era tal y como ella lo había imaginado debido a las descripciones de sus amigos. Era elegante y refinado, tenía un aire maduro que ni siquiera el castillo podía compararse a esto. Desde la entrada hasta el final, la sala era inmensa y amplia. A un lado había un pequeño escenario elevado por tres escalones que formaban un círculo grande como para que toda una banda estuviera de pie ahí, pero en ese momento solo había un piano bastante grande y de color negro brillante. En comparación al piano de su casa, Alana no tenía ni idea de que existieran pianos como ese y tampoco estaba segura de que Ariel pudiera tocarlo. Al otro lado, había una especie de barra semi circular en donde podía ver a un muchacho joven vestido con camisa blanca arremangada, su peinado inclinado hacia un lado. Estaba limpiando unas copas por lo que ella podía ver.
El lugar entero parecía pintado de dorado y plateado y la iluminación era bastante buena. El primo de Perla los había guiado por un corredor que llevaba hacia unos camerinos y durante el trayecto no dejaba de hablar con Ariel sobre las canciones que debía tocar y sobre el vestuario que debía llevar. A su vez, Alana no estaba comprendiendo nada de lo que sucedía.
– ¿Puedes tocar esa cosa tan grande?
– Es un piano de cola – La muchacha murmuró en el mismo tono que ella cuando se acercó la pelinegra a susurrarle a oído – Ya los he tocado antes
– No debería sorprenderme, pero lo hace – Ella asintió – Nosotras estaremos entre la multitud, ¿estarás bien sola?
– Sí, creo – Ella murmuró preocupada antes de mirarla – Supongo. No lo sé
– ¿Tienes miedo? – Alana parpadeó sorprendida.
– No, ¿yo, miedo? No – Ella frunció el ceño antes de mirarla preocupada – Es solo que este tipo de publico no me gusta
– Hey, todo va a estar bien – Sonrió cálidamente Alana. Aunque realmente no estaba segura de que decirle a su hermana. Había asistido a sus recitales pasados y siempre la había visto tocar sin problemas y frente a una multitud incluso más grande que aquella, por tanto no comprendía de donde provenía aquella preocupación – Estaremos aquí
– Sí, pero solo en la multitud disfrutando del espectáculo – Perla dio con una gran sonrisa en su rostro mientras la tomaba del brazo para retroceder un poco – Alana, nuestras citas llegaron
– ¿Cita? – Ariel abrió los ojos como platos – ¡Lo sabía!
– Relájate, pequeña princesa – La muchacha rubia le sonrió mientras la tomaba de los hombros – Eres el boleto para que nosotras tengamos una cita, pero eso no cambia que eres la mejor en esto, ¿verdad? Ahora, ve ahí y da el mejor espectáculo de tu vida. Estaremos escuchando
– Perla – Alana frunció el ceño regañando a la muchacha que se encogía de hombros – Ariel, ¿te sientes bien?
– Sí – Ella dijo, aunque en realidad no lo parecía y la pelinegra comenzaba a preocuparse.
– Estará bien – Sonrió Perla divertida – Flover estará con ella en todo momento
– Es Flounder – El muchacho frunció el ceño antes de sacudir la cabeza tomando a la pelirroja del brazo – Vamos, Ariel, no pierdas tu tiempo con ella
– Oye, estoy agradecida por esta oportunidad y lo compensaré, te lo prometo Ariel, pero escucha, si te vas ahora no podremos tener la cita con esos chicos y…
– Está bien – Ariel alzó los brazos – Estoy bien, tocaré
Alana hizo una mueca mientras veía a su hermana alejarse. Alzó la mirada hacia Perla, observándola molesta por lo que acababa de suceder, y luego sacudió la cabeza. La muchacha alegre se encogió de hombros mientras regresaban hacia el vestíbulo en donde dos chicos se encontraban en una mesa redonda. Siempre tan elegante y con una sonrisa en sus labios, la chica rubia se dejó caer en la silla saludando a uno de los dos chicos mientras que Alana dudo por un momento mientras miraba por encimad de su hombro hacia la dirección de los camerinos.
El ambiente dentro de lugar no era nada en comparación a su apariencia, o tal vez si lo era y ella no lo había notado. Podía sentir algunas miradas encima suyo, lo que no le importaría normalmente ya que muchas personas solían quedársele viendo de vez en cuando solo por ser la hija del Rey Tritón, pero en ese momento parecían juzgarla con la mirada. Era como si esperaran a que algo sucediera o a que ella diera una excusa de por qué se encontraba en un club tan exclusivo.
Y su ropa…
Había elegido un vestido casual para asistir a su cita, tacones no muy altos y su cabello estaba peinado como de costumbre en un moño, traía maquillaje aunque no en exceso, pero aun así ella parecía destacar entre la multitud ya que todas las personas dentro vestían elegantes y ella no.
Comenzaba a sentirse nerviosa y sofocada por el ambiente.
Perla, como de costumbre, ni siquiera era consciente de lo que estaba sucediendo a su alrededor, de esa atmósfera que las rodeaba. Vestía con un vestido plateado que resaltaba su cabello rubio, un collar de perlas y tacones bajos. Ella definitivamente se veía mucho mejor que ella.
Su cita era un muchacho que había conocido el día anterior, ambos chicos eran hermanos, por lo que orquestar una cita doble no fue difícil, mucho menos si Perla se lo proponía. El chico tenía el cabello rubio corto, peinado hacia atrás. Vestía con un esmoquin negro como la mayoría de los chicos que estaban ahí y tenía ojos verdes que le recordaban al color del mar. Alana no podía evitar sonrojarse cada vez que lo veía porque era bastante guapo y si Adella estuviera ahí seguramente estaría babeando ante el muchacho.
Ordenaron algo para comer y ella evito a toda costa las bebidas alcoholizadas pidiendo únicamente un vaso de agua. No importaba en qué clase de lugar se encontraba o con quien, ella no tenía planeado beber, sobre todo si debía vigilar que la pelirroja no causara problemas.
Durante la cena, los dos chicos no habían dejado de comentar sobre la universidad en la que asistían y lo que hacían ahí. Alana reía cada vez que ellos contaban alguna experiencia graciosa y para responder a ello, ella contaba alguna que le hubiera sucedido. El ambiente en la mesa redonda había sido bastante agradable, mejor de lo que ella esperaba.
– Oh, sí – Perla dijo de pronto mientras le daba una palmada delicada a uno de los chicos – Esa es mi chica
– ¿Ella? – El chico parpadeó mirando hacia donde se encontraba el piano.
– En realidad es como mi hermana – Sonrió la rubia mientras alzaba las manos por encima de su cabeza – ¡Wow! ¡Vamos, Ariel!
Varias miradas cayeron sobre la mesa y Alana no pudo evitar encogerse mientras desviaba la mirada, su cita soltó una risa avergonzado levemente antes de mirar hacia el espectáculo.
Ella intentó ignorar el sonido del piano cuando comenzó a entonar una suave melodía. Lenta. Delicada. Alana se estremeció visiblemente. No conocía la melodía que la muchacha había comenzado a tocar, pero claramente era la primera vez que la oía tocar. En casa, Ariel rara vez tocaba canciones que otros compositores crearon, ella solía tocar sus propias creaciones a menudo y por tal razón para Alana cuando escuchaba una canción nueva fuera de casa solía pensar que no la escribió ella. En competencias y en recitales la pelirroja jamás tocaba creaciones propias.
– ¿Sucede algo? – Preguntó el muchacho a su lado.
– No – Ella respondió con una sonrisa forzada esperando a que él no lo notara – No sé mucho sobre música
– Yo tampoco, pero esa canción es bastante aburrida.
– Suena algo tediosa – El acompañante de Perla coincidió – Hey, ¿qué tal algo para beber?
– Yo estoy bien con agua – Alana sonrió.
– ¿Estás segura? No has probado ni siquiera la mejor parte de aquí – Su propio acompañante frunció el ceño.
Ella sonrió encogiéndose de hombros antes de beber un poco de su vaso. Su cita no era como ella esperaba, pero tampoco estaba siendo lo peor del mundo. En realidad no era mala. El chico era guapo, parecía un caballero, se reían juntos y tenían bastante en común. Ella realmente se estaba divirtiendo mucho. Las bromas de Perla solían romper esos espacios en blancos que quedaban de vez en cuando, lo cual evitaba que hubiera momentos incómodos.
– Entonces, ¿qué tal el ser una princesa de este reino? – El muchacho preguntó.
– No está mal – Ella alzó las cejas con una sonrisa antes de beber un poco de agua.
El chico rió.
– A veces, es más divertido ser una chica ordinaria, créeme – Ella dijo señalando con una sonrisa – pero ser princesa tiene sus privilegios
– ¿Sí, como matrimonios arreglados? Hey, si te llevo a casa más tarde, ¿me van a interrogar?
– Tal vez – Ella asintió sonriendo – y probablemente no quieras volver a verme nunca más, esa es una desventaja
– Bueno, tal vez esta cita podría repetirse – El muchacho sonrió – En realidad me estoy divirtiendo más de lo que esperaba
– Sí, yo también me divierto – Ella sonrió – pero prefería una cita menos… formal…
– Yo también, vine aquí porque mi hermano quería que fuera aquí pese a que le dije que sería mejor algo más cómodo, pero insistió – Él se rió suavemente – No es lo mío lo formal
– Te entiendo, créeme que lo hago – Ella sonrió desviando la mirada hacia la barra donde podía ver a Perla con el muchacho conversar. Ella reía y Alana casi podía escucharla reír con tanta fuerza como para opacar cualquier silencio – Te diré qué, la próxima cita, voto por ir al cine
– Acepto solo si yo pagó las entradas.
– Entonces pagaré las palomitas – Ella se burló con una sonrisa. El muchacho rió también.
El tiempo pasaba sin que ella lo notara, entre la diversión y las risas, había dejado de sentir esa atmósfera tensa en algún momento de la noche y se había relajado finalmente hasta el punto en que ni siquiera estaba segura de la hora que era. Todo lo que sabía era que la sonrisa melancólica que le dio al piano desapareció rápidamente al notar que la pelirroja ya no estaba tocándolo. Había hecho tan buen trabajo divirtiéndose con su acompañante e ignorando los sonidos emitidos por aquel instrumento que ni siquiera había notado el momento en que la pelirroja había desaparecido y lo que era peor, la hora… oh dios, papá iba a matarla.
– ¿Todo bien, Alana?
– No – Ella respondió poniéndose en pie mientras alzaba la mirada por todo el lugar en busca de la pelirroja. Ella corrió hacia Perla sosteniéndola del hombro, la chica reía y sostenía un vaso pequeño en sus manos – Perla, ¿dónde está Ariel?
– ¿Ariel? – La chica bebió lo que había en el vaso y chasqueó los dedos – Oh sí, estuvo aquí hace un momento… o hace unas horas – Entrecerró los ojos – Estaba molesta porque estuvo llamándote al celular pero no respondías. Dijo algo sobre un toque de queda y luego se marcho
– ¿La dejaste ir?
– No, dijo algo sobre tomar aire.
– ¿Por qué tanto problema? – El acompañante de Perla sonrió torcido antes de beber de otro vaso – Pareces tensa, nos estamos divirtiendo aquí
– Perla debo encontrar a Ariel – Ella ignoró al muchacho.
– Relájate, si fue a tomar aire debe estar afuera – La chica se puso en pie – Solo olvídate de ella por un momento. Es una cita, no vienes a ser niñera
Alana rodó los ojos mientras pensaba un poco. En cierto modo era cierto porque su intención principal era asistir a la cita con Daniel, no ser niñera de Ariel, pero el hecho de que una chica que era un imán para los problemas desaparecía de la nada… dios… ella comenzaba a preocuparse, además… ¡la hora! Era casi media noche y papá iba a matarla cuando volviera a casa. ¿Qué debía decirle para evitar los problemas? «Papá, íbamos a llegar a la hora, pero la actuación de Ariel gusto tanto que el público no quería que nos marcháramos», no podía ser algo así, ¿verdad? Sonaba como si fuera Ariel dando una excusa, además ella ni siquiera había prestado atención a la actuación. Solo escuchó los primeros dos segundos de la melodía que toco y luego nada, todo fue silencio en cuanto a la música se refería.
Es oficial… ella estaba preocupada y aterrada al mismo tiempo
Daniel la miraba confundido y ella sintió envidia. Un chico que no había tenido una mala vida, mucho menos una triste infancia como la suya en la cual era protegida como si fuese la joya más valiosa. No tenía un toque de queda el cual respetar y una hermanita problemática a la cual cuidar. Eran solo él y sus padres, por lo que le había contado.
Ahora, ¿cómo iba a explicarle a ese chico, con el cual parecía que tenía una buena oportunidad, que al mismo tiempo que estaba en la cita debía ser la niñera de su hermana y lo había hecho fatal? Un escalofrío recorrió su espina dorsal mientras se recordaba a sí misma que tenía que encontrar a Ariel y volver a casa antes de que más de treinta guardias reales derriben las puertas del club y arrasen con todo en busca de ellas dos.
No estaba segura de cómo, pero el hecho de que Perla no le hubiera dado el mensaje de Ariel solo hacía que se molestara. Su amiga era tan despreocupada que a veces –siempre– era un verdadero dolor de cabeza.
Continuará…
N/A: Como dije, espero haberlo hecho y no olvidado, quiero actualizar bastante seguido este fics así que aquí está el segundo capítulo. Una de las razones por las que hice este fics, quizá no lo sepan, obviamente no lo saben, es porque siempre me gusto ver una película de la sirenita en la cual las hermanas de Ariel tuvieran más importancia, para conocer más y sé que tienen su papel protagonico en la tercera película, pero aun así lo encuentro algo pequeño y sé que hay libros, al menos eso creo porque yo no los he encontrado pese a que los he buscado en internet, pero eso ya es lo de menos. Por suerte, fanfiction da paso a la imaginación.
En fin, espero que les haya gustado el capítulo y así como también espero poder actualizar pronto a otro capítulo.
Comentarios:
- TsukihimePrincess: Sí es verdad eso, pero al mismo tiempo me causa gracia porque igual todo depende de la reacción de la persona que es culpada. Si te lo tomas a mal es algo serio, pero si te ries y no te importa es porque en realidad, valga la redundancia, no te importa porque sabes que eres inocente. De todos modos el personaje de Ariel es de la segunda opción, ella sabe que no lo hizo y que se disculparan con ella y aun así no le interesa.
Bueno eso es todo, dejen reviews.
Se despide Lira12.
