Por las dudas:

Eirik es Islandia.

Nor es Noruega.

Matthias es Dinamarca.

Carlos Alejandro Machado es Cuba, y al resto los conocen.


de escritores e intervenciones telefónicas

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Eirik, emponchadísimo por el frío, estaba sentado en un cafecito de barrio mirando por la ventana, aburrido como casi siempre y un poco enchinchado porque resultó que ese lugar era tan tradicional que no tenían lattes. Así que estaba tomándose un café con leche bastante poco emocionante, mientras esperaba que llegara Nor.

Y Nor no llegaba más, y cuando llegó, Eirik se dio cuenta al toque que algo le pasaba. Además de que evidentemente había venido corriendo.

"Ey, ¿estás bien?", le dijo a modo de saludo, mientras su amigo/hermano postizo/algo por el estilo se sacaba el largo abrigo gris y lo doblaba prolijamente, para luego ponerlo sobre la silla desocupada de al lado. Nor estaba bastante abrigado también, y tenía puesta una bufanda tejida muy larga con lo que Eirik sabía era su combinación de colores preferida: rojo, azul, y una fina línea blanca entre los dos. Detrás de esos colores había supuestamente una explicación profundamente filosófica, pero Eirik le creía a Nor la mitad de las cosas que le decía.

Lo de los duendes, por ejemplo, no se lo iba a creer nunca.

"Casi me atropella un colectivo," dijo Nor, con esa voz suya que hacía parecer que siempre estaba o aburriéndose o insultándote, "pero le dejé una buena abolladura con la patada que le di a la puerta."

Y todo eso lo dijo sin pestañear ni inmutarse, como si fuera la reacción más lógica de cualquiera que casi muere a manos de…

"¿Qué línea era?" preguntó Eirik entonces, como si de lo más normal del mundo se tratara.

"Un 124," contestó Nor, haciéndole una seña a la moza para que se acercara.

Eirik se encogió de hombros. "Hubiera sido una muerte indigna," comentó. Nor asintió, y se pidió un cortado. Y un jugo de naranja. Y una medialuna. La moza que lo miraba como si fuera el hombre se sus sueños se extrañó un poco con el pedido, por lo que, ni bien se fue, Nor decidió contarle a Eirik que no había almorzado. "Estaba leyendo y me olvidé," dijo simplemente.

Nor era una entidad extraña, pero Eirik hacía tiempo que sabía eso.

"Así que, ¿para que querías verme, hermano?" le preguntó Nor sorbiendo lánguidamente el jugo, una vez que se lo habían traído.

"No se, hacía mucho que no te veía," dijo, tratando de que no se notara que estaba avergonzado, "Estuve con otro reportaje de *esos*, y ahora que casi lo termino quiero vivir un poco como una persona normal…"

"Vas por mal camino juntándote conmigo," observó Nor al pasar, dándole un mordisquito a la medialuna. Eirik se sonrió sin que él lo notara. La verdad que aunque el otro joven tenía sus rayes, había pocas personas con las que se entendía tan bien con tan pocas palabras. De hecho, que él supiera, Nor era el único.

"A ver, contáme de tu artículo," le dijo Nor.

"Otro de drogas..." dijo Eirik, y comenzó su relato…

Parece ser que había un cubano narcotraficante que se ponía en una esquina a venderles marihuana a los chicos que salían del colegio ahí a la vuelta…

Cuestión, que van y hacen una denuncia anónima sobre el fulano, pero la parte en la que me arrastran a mi (claramente era YO el que tenía que hacerle ese reportaje a Lady Gaga que vino de incógnita a comprar abrigos de piel, NO Felics. Claro. A él siempre le tocan los trabajos glam. Desgraciado.)… te decía, la parte en la que entro yo, fue que la infeliz que hizo la llamada fue la loca de Hedérvary, viste… ¿la ubicás? ¿No? ¿En qué planeta vivís, Nor? … bueno, no hacía falta que me dijeras eso. En fin. Elisabeta Hedérvary se llama, nombre artístico reventado si los hay. Canta tango… ¿Eh? No, mal no canta. Si querés la vamos a ver algún día… ¿Eh? ¡Pero si vos me distrajiste con tus preguntas…! Bueno, sigo- cuestión, que la denuncia anónima (no tan anónima) la hizo ella, y como había leído mi nota sobre el caso Puffin la otra vez, llamó a la redacción y pidió que yo hiciera un seguimiento del caso este del cubano que tiene un nombre de telenovela mexicana, te juro, pero bueno, la cuestión es que recién ayer dieron el veredicto y estuve yendo y viniendo de tribunales. Lo que es tener guita.

"Hasta ahora, hablaste media hora y no me dijiste nada," comentó Nor, aparentemente perpetuamente aburrido, terminándose el café.

Eirik suspiró, ya estaba acostumbrado a que su amigo/hermano postizo/algo por el estilo le hiciera mil preguntas y después lo acusara de irse del tema. Tratando de no hacerse problema, prosiguió;

Entonces, el Tribunal Oral lo condenó a cinco años de prisión y multa de diez mil pesos por el delito de confabulación. Pero resultó ser que toda la evidencia que tenían venía de que le habían pinchado el teléfono. Parece ser que es bastante jodido el tema de las escuchas porque te re-violan el derecho a la intimidad, y el juez estaba pensando en los pajaritos cuando expidió la orden y no puso ningún fundamento. Fue, onda, 'bueno muchachos, tenemos esta denuncia, así que háganle una intervención telefónica a ver si lo pescamos in fraganti'. Aunque, te digo, puede ser que les haya dicho exactamente eso a los que tuvieron que escuchar, porque ese Vargas es un cuelgue, tiene menos pasta de juez… Bue, la orden de intervención telefónica no estaba bien fundamentada, así que terminó todo en una gran nulidad de la prueba y Casación lo dejo ir al cubano. Igual fue recontra sospechoso, porque ni bien quedó libre se las picó para Cuba de vuelta el tipo…

"Uh, le estás contando el caso Machado?" preguntó una voz que a ambos les sonó muy familiar, ni bien Eirik terminó de resumirle los hechos a Nor.

"¿…Matthias? ¿Qué hacés acá vos?" preguntó Eirik sorprendido, viendo cómo el fiscal, sonrisa de oreja a oreja, tomaba asiento al lado suyo y le hacía una seña a la moza para que se acercara.

"… se, el caso Machado," dijo el periodista con un poco de incertidumbre, hasta que notó que si bien Nor estaba apático como siempre, no estaba nada sorprendido. Arqueó una ceja.

"Nor me dijo que iban a estar acá," comentó el fiscal, pidiéndose una cerveza rápidamente y acompañando su pedido con un guiño muy simpático que hizo que la moza se ruborizara y pensara que ese estaba siendo el mejor día del mes.

"¿… ustedes se hablan…?" preguntó Eirik incrédulo, mirando de Nor a Matthias y de Matthias a Nor como si los viera por primera vez. Y fueran aliens. Las dos cosas juntas.

"Aaa, ¡Nor! ¿No le contaste?" se quejó Matthias. Mirándolo a Eirik, le ofreció una pequeña sonrisa de disculpas y le dijo, "La otra vez después de Puffin nos quedamos charlando…" (lo cual implicaba que Matthias había estado hablando y Nor no le había prestado ni cinco de atención) "… y resulta ser que a Nor también le gustan las novelas policiales!"

Nor emitió un débil sonido desde el fondo de su garganta que sonó como a hmmm.

"… y… nada. Después nos agregamos a twitter." Claro, por eso Eirik no sabía. Claramente Nor no le iba a contar eso, y Eirik jamás se fijaba en el twitter de Nor porque era lo más depresivamente anarquista que había leído en toda su vida. Y citaba frases de autores existencialistas noruegos… en noruego.

En verdad, Eirik no sabía para qué carajo tenía twitter Nor. Pero bueno, parece ser que a Matthias de algo le había servido. Allá ellos.

"…Igual, Nor, aunque me digas lo que me digas, Ágatha es la más grosa," estaba diciendo Matthias.

"Cuando no estaba teniendo ataques de epilepsia en el medio del bosque," contestó Nor, siempre tan sutil y agradable.

Matthias podía o no estar genuinamente ofendido, pero igual estaba sonriendo un poco cuando dijo, "Psht, no tenía epilepsia Ágatha!"

"No, obvio que no. No te digo que sos un idiota." Sentenció Nor.

Matthias se rió. "Y siempre va a ser mejor que Mankell. Que encima, para colmo de males, es sueco."

"No querés criticar a Mankell, de verdad no querés, Matthias," dijo Nor monótonamente amenazador.

Eirik sintió que, o intervenía, o dejaba algo de plata por el café ese que ni siquiera había sido cremoso y se iba. Por delicadeza, y atención a la salud de Matthias, decidió intervenir.

"¿Y en que andás, Matthias?"

"¿Eh?" dijo el fiscal, volviendo al planeta Tierra, "Ah, otro caso de narcotráfico también, un bajón. Es bastante parecido al caso Machado. Un poco más quilombo."

"A ver, contános," sugirió Eirik, viendo en ello la posibilidad de un cese de hostilidades (bah… eran hostilidades, ¿no?) entre sus amigos.

"Bueno, también empezó con una llamada anónima a la fiscalía. Es más, la atendí yo, jeje. Pero acá se pone bueno. Resulta ser que me dice el flaco que llama que había un médico, un tal Braginski, que era el cabecilla de una organización de narcos. Y nada, deja como pista un teléfono muy misterioso que no era del consultorio ni de la casa del ruso. ¡Mafia Rusa, Nor! ¿Qué tal? ¡No escribe de eso Mankell!"

Nor repitió ese hmmm que había hecho antes, y comentó, como al pasar, "En una de Wallander hay una violinista, la iglesia ortodoxa y un gay con complejo de Electra. Todos de la mafia rusa…."

Se hizo el silencio. Aparentemente, pensó Eirik, hay gente en el mundo capaz de escribir cosas muy locas.

"Si… bueno…" dijo Matthias, un poco incómodo, "la cuestión es que voy y le digo al juez, que era Gilbert que es un capo, voy y le digo, che, investiguemos esto que pinta groso. Y entonces Gilbo se copa y me escribe una orden de intervención telefónica para el teléfono ese que nos habían dado. Pero resulta ser, y acá se fue todo al diablo, que Gilbo está con una mina que le histeriquea como la mejor, que sí, que no y se la da de diva (es cantante o que se yo), y está pensando en los pajaritos todo el tiempo, y me dio una orden que estaba incompleta."

Hizo silencio como si acabara de llegar al punto clímax de la película, donde el protagonista está batallando con el dragón al borde del precipicio y se cae. O algo así. Pero ni Eirik ni Nor entendieron que era lo apabullante de que la orden estuviera incompleta.

"¡El artículo 236 del Código Procesal…!" exclamó Matthias, como si eso les fuera a ayudar a tener una epifanía como él pretendía.

"Nadie te sigue," dijo Nor abruptamente.

"Bueno, nada," dijo un poco frustrado, "cuando el tema fue a juicio, la defensa, que era buenísima, salió con que no podíamos fundar un caso solamente en una llamada anónima, que era re poco profesional que no hubiéramos hecho ni un poquitín de tareas de inteligencia, y que en la orden escrita de la intervención telefónica no decía el motivo de por qué se le había intervenido el teléfono al Braginski este."

Nor dijo en voz alta lo que había estado pensando Eirik con palabras un poquito menos hirientes: "La defensa era buenísima y ustedes son pésimos."

"Aaa, Nor, no te me pongas de parte de la mafia rusa!" dijo el fiscal. Eirik se maravillaba de la capacidad del hombre de no tomarse a pecho lo que le decía Nor, que era la persona con la lengua más afilada de la ciudad. En el sentido metafórico, claramente. "Igual, pará, que la cosa no terminó ahí. Cuestión que el tribunal salió con la Constitución y los artículos 18 y 19 y el 123 del código procesal; declaró todo nulo por basarse en pruebas inválidas y los absolvió a los rusos!"

Nor dejó escapar algo que se pareció a una risita irónica, y Eirik consideró la posibilidad de pedirse otro café. O mejor. Un chocolate caliente. ¿Qué hacía Matthias que estaba tomando cerveza con ese frío?

"Apelamos, obvio, pedimos recurso de casación," prosiguió Matthias, "No iban a quedar libres así como así esos rusos tránsfugas. Además toda la familia daba miedo, les juro. La hermana menor del tipo, yo les juro que me daba cosa darle la espalda. En cualquier momento se lanzaba y me clavaba una cuchilla entre los homóplatos, les juro."

"Te creemos, dejá de jurar," dijo Eirik, entre divertido y molesto.

"Bueno," siguió Matthias, casi ya terminándose la cerveza que se estaba tomando directamente de la botella, "En Casación se coparon, estaba… creo que estaba Williams que es un juez buena onda, y dijeron que en el tribunal eran demasiado formalistas. Que era la posta, porque, osea, ¿cómo no les íbamos a intervenir el teléfono si era la única pista que teníamos? Sino es cualquiera, viene cualquier ruso hijo de puta a traficar cosas y no lo podés pescar nunca. Y nada. Estoy esperando ahora a ver como sigue, pero hicieron lugar al recurso de casación que pedí y eso está bueno. Hay que ver la resolución. Cuando esté les cuento."

"Si, por favor," dijo Eirik, un poco distraído con un mensaje de Felics que decía que Lady Gaga le había revoleado la cartera de tachas por la cabeza y ahora tenía un chichón, "Y después lo pasás en limpio y se lo mandás a Mankell por mail para que se escriba otro libro."

"Sería un insulto a la inteligencia de sus lectores que escribiera de nuevo sobre temas que ya trató," dijo Nor, prendiéndose enseguida al comentario.

"Sos demasiado crítico, Nor," observó Eirik con una sonrisita, "Qué dirás de mí a mis espaldas…"

"Que sos mi hermanito," le contestó Nor, rápido y serio.

Eirik frunció el seño, sintiéndose casi como un adolescente incomprendido. "No soy tu hermanito…"

"¿Y de mi? ¿De mí qué decís?" preguntó Matthias en voz bastante alta, pero ya a esa hora el cafecito estaba vacío.

Eirik sonrió para sí mismo por anticipado a lo que seguro iba a ser la respuesta de Nor…

"Que sos un idiota."

"Aaa, ¡Nor!"

Sip, sip, predecible. Eirik siguió sonriendo para sí mismo.


A/N;

Esta vuelta tocó estudiar intervenciones telefónicas, en las que toda prueba obtenida es nula si en la orden escrita no dice para qué se hace la escucha.

"Agatha" la escritora que le gusta a Dinamarca es Agatha Christie, una autora de novelas policiales que en un momento tuvo una especie de crisis de amnesia y volvió a su casa un par de meses después de desaparecer. Por eso Nor habla de epilepsia, pero igual no tiene nada que ver. Solamente lo estaba molestando a Dinamarca.

Kudos si te diste cuenta de quiénes eran todos los personajes que aparecen! Igual eran fáciles :P

Que esté usando la legislación argentina no significa que pase en Buenos Aires. Puede pasar en cualquier ciudad, hagan como que en el mundo hay una sola legislación penal y listo jaja (pero ojo, que si es la argentina vamos al muere todos)

besos! dejate algún review que no viene mal ;) y gracias por leer!