Capitulo 1

El taxi paró justo a la entrada de su destino en medio de la gran ciudad. De la puerta trasera izquierda de este, salió un hombre moreno, con barba y pequeño bigote arreglados, vestido de chaqueta y enmarcando sus ojos amarillos en un ceño fruncido.

Aquel hombre le dio las gracias secamente al taxista, como si en vez de llevarle donde él quisiera le hubiese dejado en el camino hacia el patíbulo; pero como al conductor poco le importaba mientras se le pagase contestó con un "a usted" y se marchó confundiéndose con los demás vehículos, mientras que su ya no tan cliente miraba el edificio que tenía en frente con exasperación.

No había duda, según la dirección que le había dicho su amigo ese era el hotel donde le había organizado una cita a ciegas.

Resopló, pero resignado caminó hacia el interior del hotel.

"Una cita a ciegas" se repetía continuamente aquel hombre aún sin creérselo. Esa vez su querido amigo se había pasado más que de costumbre ya que no solo era una cita a ciegas organizada por amigos de amigos o gente que conoce gente. Era mucho peor. Se trataba de una cita a ciegas organizada por una compañía experta en buscarle pareja a otras personas.

El dicho amigo había tomado sus datos y le había inscrito, tras recibir información de los posible candidatos habló con la compañía, en menos de una hora ya tenía una cena organizada en el hotel más lujoso de la ciudad, aparte de una habitación para lo que surja.

Cuando fue informado de todo este asunto se negó en rotundo, alegando que era una perdida de tiempo, que no quería pareja y que estaba muy ocupado para esas tonterías. Por su parte, su querido amigo, defendió la causa afirmando que no tenía nada que perder un sábado por la noche, y que a lo mejor encontraba al amor de su vida y así se le quitaba esa cara de cabreo permanente.

La defensa no fue suficiente, así que atacó la culpabilidad. "¿Entonces no vas a ir? ¿Vas a dejar a esa pobre persona ahí sola y abandonada empinando el codo y negándose a perder la esperanza en toda la noche de encontrar el amor de su vida?", esas fueron sus palabras, y aunque fueron respondidas con un rotundo "si", el amigo se puso tan insistente que al final aceptó solo para que se callara; a condición de que no volviera a hacer eso nunca más, ni en esta vida ni en la otra.

-¿Tiene reserva, señor?- le preguntó amable el metre tras darle las buenas noches.

-Si, está reservado de parte de...

-¿Disculpe?

El moreno suspiró, nuevamente resignado y algo abochornado.

-La reserva está de parte de Urabume.- soltó finalmente el nombre de la compañía que de seguro el metre sabía a que se dedicaba, y si no lo suponía.

Por suerte, al ser un sitio tan distinguido no hizo ningún comentario, simplemente miró la lista de reservas y afirmó con la misma amabilidad con la que le dijo que era una de las mesas al lado de la ventana.

El hombre le dio las gracias y entró en el restaurante acercándose a los cristales. No sabía si su desconocido acompañante había llegado, es más, no sabía nada de él a parte del nombre y que, según su amigo, lo reconocería por el pelo.

-Menuda guía.-pensó con sarcasmo, pero enseguida se dio cuenta a que se refería su amigo.

En una de las mesas se sentaba solitario un joven de cabello verde. Miraba inexpresivo la ventana con la mejilla apoyada de su mano derecha.

Dudaba de si fuera él, no parecía la clase de persona que se registra en una empresa de búsqueda de pareja; más bien es que ni siquiera parecía que le hiciera falta ese tipo de ayuda. Si bien su pelo era extravagante, pero era atractivo y joven; incluso aunque su pelo fuese un problema hubiese sido mejor cambiarse el tinte antes que meterse en esto. Sin embargo era el único que no tenía compañía en la mesa y no creía que viera un cabello más raro que ese en toda la noche.

Sin más, anduvo hacia la mesa.

-Buenas noches.- dijo una vez llegado. El chico le miró de reojo.- ¿Zoro Roronoa? -le ofreció la mano.

El peliverde entendió de repente de quien se trataba, entonces, sin alteraciones, se levantó y apretó su mano con la del mayor.

-Si ¿Mihawk Yurakiur?

-Si.

Seguido se sentaron en las dos únicas sillas, uno en frente del otro y en perpendicular a la ventana. Se miraban, pero solo de reojo, ninguno de los dos sabía como empezar. Justo el llamado Zoro iba a abrir la boca para hablar cuando llegó el camarero.

-¿Saben ya los señores que van a pedir?

Torpemente contestaron los dos que no y pusieron su atención en la carta.

-¿Y de beber?

-Vino.- respondieron los dos al unisono y sorprendiéndose de ello.

-En seguida se lo traigo.- y se fue dejándolos solos de nuevo.

Apartaron sus miradas el uno del otro para ponerlas de nuevo en la carta.

-Esto se está haciendo muy difícil e incómodo.-pensó Mihawk con aspereza.- mi idea era cenar, despedirme y olvidarme pero creo ciertamente que debería contarle la verdad ahora.

-Mihawk.- le llamó el otro, al bajar el menú se encontró con la mirada incómoda pero decidida del peliverde.- No sé como decirte esto pero...- apartó la mirada hacia el cristal.- No estoy aquí por mi propia voluntad.

-¿Disculpa?- Zoro notó que su tono no era de enfado, solo de extrañeza.

-Verás.- miró directamente a su plato vació.- Hace cosa de un año la relación que mantenía con mi pareja se acabó, llevábamos juntos casi toda la vida y para mi fue un golpe muy duro. Mi compañero de piso vio una mejoría en mi en estos últimos meses y... quiso "sacarme del hoyo" a la fuerza.- resopló con cierto cabreo.- me registró sin yo saberlo en Urabume.- miró a su acompañante.- lo siento, pero no busco pareja.

Pasaron unos segundos de asimilación.

-Vaya.- dijo en un suspiró el moreno pegando su espalda al respaldo de la silla, el joven se sorprendió solo por lo aliviado que parecía.- ¿Ocurre algo?

-No es... la reacción que esperaba.

Mihawk echó una leve risa entre dientes.

-¿Me creerías si yo te dijera que también estoy en contra de mi voluntad?

Al rededor, los hombres vestidos de chaqueta y mujeres vestidas de gala seguía felices, riendo, disfrutando de la cena y manteniéndose ignorantes respecto a estos dos.

-Hombre... es posible pero poco probable.

-Ya...- apoyó los codos en la mesa.- después de todo he tenido la mala suerte de que tu lo confesaras antes. Sin embargo, yo también tengo la opción de no creerte y pensar que me has contado eso solo para que sienta piedad de ti y a la vez te vea como un reto.

-Eh, un momento, yo no...

El moreno sonrió.

-¿Que me dices entonces? ¿Nos creemos el uno al otro?

Zoro se lo pensó con recelo un par de segundos.

-Está bien.-dijo por fin. Después de todo no había porque no creerlo, se quitaba un peso de encima.- Entonces... ¿Qué hacemos ahora?

-En cuanto a ti no lo sé.- volvió la mirada al menú inexpresividad.- yo por mi parte pienso cenar aprovechándome del pago mensual que mi conocido ha hecho para meterme en este embrollo.

Ese comentario hizo que el joven se acordara de su compañero de piso, cosa que le hizo fruncir claramente el ceño y mirar, como Mihawk, la carta del menú fijándose en lo más caro aunque no supiera ni lo que estaba pidiendo.

Sin darse cuenta las tensiones se habían ido y mientras cenaba hablaba con toda la normalidad del mundo.

-¿A que te dedicas?- preguntó el mayor.

-Yo... bueno, no me dedico a nada aún. Soy universitario.

¿Universitario? Es cierto que le pareció joven en primera instancia, pero supuso que ya había acabado la carrera, puede que hubiese repetido algunos cursos.

-¿Y tu?

-Profesor- contestó.- ¿A que viene esa cara?

-Lo siento, es que no te imaginaba de profesor, te veía mas bien de guardia jurado. Debes de ser muy estricto.

-Suelen decírmelo, lo de estricto, no lo de guardia.

-Supongo.

Mantenía las distancias, evitaban indagar el uno en el otro, pero lo cierto era que se sentían realmente bien.


Salieron del hotel a la vez tras terminar de cenar, evidentemente ninguno de los dos tenía planes de ir a la habitación.

-Bueno, supongo que ya está. Hemos cumplido.- dijo el joven y miró a Mihawk.

-Si, así es.- se volvió hacia él y le tendió la mano.- ha sido un placer.

-Igualmente.- correspondió el gesto.- ya nos veremos.- fue retrocediendo para irse.

-Si.

Ambos se despidieron con un leve levantamiento de codo y desviaron la vista el uno del otro.

Mihawk se acercó a la cera para pedir un taxi, pero antes echó una última mirada al joven, viendo que se iba a pie donde quiera que fuera.

-Zoro.- el peliverde se volvió.- ¿Tu casa esta cerca de aquí?

-Eh... no, pensaba tomar el autobús.

-¿A estas horas?- preguntó mirando su reloj de pulsera.

-Bueno, también puedo ir andando.

-¿No piensas que vestido de chaqueta y tu solo te puedan atracar?

-No creo que tenga problema.

El moreno suspiró por la nariz.

-Si lo ves mejor podemos compartir un taxi.

-Mmm... no es que no lo vea mejor pero... es demasiado lujo para mi. Soy estudiante ¿recuerdas? No gano dinero, solo produzco gastos.

-Ya... ¿Donde está tu piso?

-En Log Pose.

-Está en la misma dirección que la mía. Te invito.

-¿De verdad me invitas? Quiero decir... no voy a poder devolvértelo.- dijo eso con cierta intranquilidad, no quería que pensara que quería volver a verle después de su "cita".

-Por eso te he dicho que te invito.-levantó la mano para llamar al taxi que se acercaba.- ¿Aceptas? El taxi no va a quedarse mucho tiempo ahí.

Tomó unos segundos de recapacitación, tras eso siguió al moreno hacía el taxi.


Cuando el coche entró en la calle esta estaba completamente desierta, iluminada solo por las farolas.

-Es aquí.- anunció Zoro, siendo sus primeras palabras desde que entró en el vehículo. El taxista paró y él miró a Mihawk.- muchas gracias por el detalle.

-No ha sido nada.

Se miraron como para decir algo, pero las palabras no salían ya que en verdad no había nada que decir.

-Hasta otro día.- dijo finalmente el peliverde saliendo del taxi.

-Nos vemos.

Fue irónico que las palabras de despido de los dos dieran a pensar que se volvería a ver otra vez, mas ninguno se había pedido el numero de teléfono o otra forma de contacto, después de todo... no buscaban pareja.

Tras entrar Zoro por el portal Mihawk apartó la vista del la puerta para ponerla al frente.

-A la calle Kuranaiga.

-Si, señor.


Subió por las estrechas escaleras hasta la cuarta planta, donde se encontraba el apartamento que compartía con su compañero. Era muy modesto, pero para dos jóvenes estaba más que bien; sobre todo porque el bloque de pisos tenía un pequeño garaje subterráneo; a Zoro no le servía de mucho pero su compañero tenía un viejo Renault marrón con historias que contar sobre la primera guerra mundial.

Nada más entrar te encontrabas con el salón, decorado con dos sofás, uno enfrente de otro y separados por una mesa baja. Uno de los sofás daba la espalda a la puerta de entrada mientras el otro lo hacía al par de ventanas cuadradas con cristales dispuestos en forma de matriz.

Este salón no era únicamente salón, un tercio de rectángulo era cocina, separado del resto por una barra de bar. Al lado contrario estaban la televisión y una puerta que daba a dos dormitorios individuales y un cuarto de baño.

Cuando Zoro entró en este pequeño piso encontró en el sofá que le daba la cara a su compañero empezándoselo a montar con cierta amiga de los dos, de corto cabello naranja que ya estaba debajo de él.

-¿¡Pero que haces aquí!?- exclamó el otro joven apartándose de la chica y arreglándose la blusa al igual que sus cabellos rubios de manera que le tapase su ojo izquierdo. Un detalle característico de él era su ceja que formaba un pequeño remolino en el extremo exterior.

-Así que para esto me querías fuera de casa.- dijo sin expresión en los ojos y voz neutra.

-Eh, este también es mi piso.

-Lo sé.- suspiró.- la próxima vez dímelo en vez de formarme todo este tinglado.-dijo dirigiendose a la puerta que daba al pasillo.

-No ha sido cosa de él Zoro.- intervino la chica ya sentada.- He sido yo la que he venido.

-Pero si os digo que me da igual. Sois pareja ¿no? Pues entonces no tengo nada que decir. Me voy para la cama.- avisó abriendo la puerta.

-¿De verdad... que no te molesta?- le preguntó el rubio con cierta timidez impropia de él.

El peliverde le miró de reojo y le sonrió algo triste.

-Antes si, pero ya estoy bien. No pasa nada... de verdad- sin añadir nada más se perdió tras la puerta.

El rubio suspiró dejando la cabeza gacha, como agotado. La pelirroja le miró con una sonrisa apoyando su barbilla en su mano y su codo en la rodilla.

-¿Quién lo diría, eh, Sanji? Hace más de una año nunca te hubiese imaginado tan preocupado por él. Me siento algo celosa.

-¿¡Que dices Nami-san!? ¡Yo no estoy preocupado por él! ¡De ninguna manera!

-¿Ah, no?

-No.- respondió tajantemente y con altanería .- simplemente es compasión, como la que se puede tener por un perrito abandonado y muerto de hambre.

-Ya...

-Ademas.- puso los ojos en algún punto de la pared, completamente serio, frunciendo el ceño.- lo que le hizo Luffy fue inhumano.

-Yo... no es que lo defienda pero... eran sus sentimientos, a la larga hubiese sido una relación insostenible.

-¡Me da igual! ¡Sigue siendo inhumano! ¡Solo hay que ver como quedó Zoro después de eso! Y como todavía esta...

-Yo le veo mejor.

Sanji volvió a suspirar cansado y miró de reojo la puerta del pasillo.

-Ni siquiera me insulta.

Nami quedó mirándole con cierta sorpresa y luego sonrió con ternura.

-Ains... si, definitivamente si Zoro hubiese sido una mujer tu y yo no estaríamos juntos ahora.- dijo con los ojos entrecerrados mirando para otro lado.

-¡No digas eso ni en broma Nami-san! ¡Yo te amo por encima de todas las cosas!

-Venga ya, si incluso quisiste dejar de quedar aquí para no molestarle con nuestra felicidad de pareja.

-Pe... pero eso fue para que nosotros...- la pelirroja le miró sonriendo.

-Ya lo sé tonto. Me gusta que te preocupes por tu amigo.

Sanji se puso como un semáforo en rojo.

-¡A mi me gusta todo de ti Nami-san!- se abalanzó sobre ella.

-¡Ah, no me babees encima! ¡Que asco!


Desde aquel engorro en el que Sanji le había metido había pasado ya casi un mes. Fue una situación tan extraña que cuando la recordaba le parecía irreal de pies a cabeza, como si lo hubiese soñado.

Pero ahora esta en una situación que le resultaba igual de extraña. De pie, agarrado con su mano derecha a una barra de metal, iba en un autobús lleno de gente más o menos de su edad en dirección hacia el campus universitario.

Para cualquier otra persona no hubiese sido una situación extraña, pero el iba a recibir precisamente ese día sus primeras horas como estudiante de la facultad. En verdad ya debería estar en segundo, pero el curso anterior lo pasó completamente en trance y no fue ni un solo día a la universidad.

No fue todo debido a su desengaño amoroso, también tenía parte de culpa que no entrara en la carrera que quería y tuviera que inscribirse en la única que quedaban plazas. Historia del arte, esa era la carrera que iba a cursar. Solo pensarlo le hacía meditar sobre el destino de su existencia, no era de extrañar que hace un año cuando se entero de que era esa la única carrera en la que le querían perdiera el último fino hilo de interés por la vida. Y hasta el momento ese interés seguía así, pero sabía que no se podía quedar durmiendo en la cama hasta el día de su muerte por mucho que le hubiese gustado.

El autobús paró, y vio que toda la gente se bajaba. Tras las ventanas observó que estaba a las puertas de la facultad. Al menos no tendría que dar grandes carreras para atrapar el último autobús. Si, para colmo su horario era de tarde, adiós a hacer la digestión con tranquilidad y a las siestas.

Tras bajar del autobús miró su horario. Parecía que daba igual la clase, todas las tenía en la misma aula.

-La 16-C. ¿Dónde estará?

Fácil no fue, pero la encontró antes de que empezara la clase. Y fue un consuelo que otros alumnos de primero estuvieran tan perdidos como él; como mínimo diez, de diferentes carreras le preguntaron que si sabía donde estaba su aula.

Ya había alumnos en la clase, y no le sorprendió que además de jóvenes hubiese gente de ya avanzada edad. Después de todo era una carrera bonita para gente ya jubilada.

Se sentó en tercera fila en uno de los asientos que tenía más cerca. Como no tenía nada que hacer sacó su libreta y se puso a pasar el bolígrafo.

Entonces paró en seco, estaba dibujando la mano derecha de Luffy. Molesto consigo mismo arrugó el papel y volvió a pintar en un folio blanco.

La puerta de la clase volvió abrirse, el no levantó la mirada, pero notó como todo le mundo se callaba, por lo que dedujo que el que había entrado era el profesor, que en vez de sentarse en cualquier banco de la clase había subido a la tarima y se había sentado en la mesa del profesor, y eso le había distinguido del resto.

-Buenas tardes señores.- la voz sonó alta y clara.- Me han concedido el honor de ser el primer profesor que inicie vuestra carrera en historia del arte.

El profesor seguía hablando, pero Zoro había parado otra vez en seco de dibujar, con cierto temblor en la mano e incapaz de levantar la vista.

-Como veis en el horario os daré la asignatura de arte medieval cristiano, y os tengo que decir algo muy importante, no me podéis hacer preguntas. El plan Bolonia no me ha dejado tiempo para ello, si alguien me hace una pregunta ya no me da tiempo a terminar el temario. Y os lo digo enserio, no hay tiempo material para esta asignatura.

El peliverde tragó duro y tomando fuerzas levantó la vista. Efectivamente, tal y como había pensado, su nuevo profesor tenía unos ojos amarillos.

Continuará...