Un nuevo comienzo
― ¡Más arriba, por favor!
Naruto esquivó una caravana de decoradores que atestaban la calle principal con sus metros y metros de papel de colores, y se deslizó en el tenderete de ramen.
― Ohayō! Ramen de pescado, onegai...
― No puede ser ― le contestó la empleada ―, todo el pescado se ha desviado al banquete de esta noche.
― Pues... ― Naruto figuró un puchero con su labio inferior ― me conformaré con un suki...
― Tampoco, toda la ternera está en las cocinas de la Hokage, para el banquete de esta noche.
― Pues... ― el ninja escrutó el panel de las variantes, comenzando a enfadarse ― quiero el de pollo.
― ¡Oh! Pollo sí que hay.
― Jejeje... quiero el pan tostado en sésamo, y no racanees con el tofu.
― Me temo que ni tofu ni aceite de sésamo, están reservados para...
― Sí, sí, para la cena de esta noche ― contestó Naruto, de mala gana. No le apetecía tomarse la sopa a palo seco, sin ningún complemento. Se apoyó hastiado en el mostrador, figurándose la cantidad de comida que se estaría haciendo en ese momento en las cocinas de la Godaime, con SUS ingredientes.
― ¡Naruto!
Una sonrisa le iluminó el rostro. Conocía aquella voz muy bien. Sakura le arrolló en un abrazo violento, tirándole al suelo.
― ¡Naruto! ¡Naruto! ¡Cuánto tiempo sin verte, canalla!
― ¡Sakura... Sa... kura... Me ahogas!
― ¡Oh! ― Sakura se levantó del suelo, alisándole la ropa. Naruto se frotó la nuca, que se había golpeado contra el pie del taburete contiguo. La kunoichi lo observó con ojo crítico, pero con la mirada llena de ternura.
― Qué delgado estás, Naruto... más te valdría empezar a recuperar peso pero ya.
― Mientras los banquetes de la vieja Tsunade nos dejen secos de suministro, lo tengo difícil...
Sakura sonrió aún más. Parecía iluminada por una alegría calma cuando Naruto al fin reparó en su aspecto.
― Sakura...
Shikamaru se ruborizaba tras ella, habiéndose visto forzado a tomar casi al vuelo a la criatura cuando Sakura se la lanzó (literalmente) para abrazar a su compañero. Le fastidiaba sostener al bebé en público.
― Lo siento, Shikamaru.
― Sakura, pero... ― Naruto ató cabos con rapidez ― ¡Así que este es el pequeñajo!
― Ahá ― Sakura sonrió de nuevo, con esa nueva sonrisa mezcla de calma y derrota. El ninja recordó cuando su misión le hizo salir de la aldea, lo avanzada que estaba Sakura en su embarazo, y también la desesperación en que la dejó sumida. Se había carteado con ella a través de despachos secretos de la red de Konoha, lo que le había valido un par de sanciones, pero se sentía terriblemente culpable de haberla dejado así.
Pero al fin y al cabo no estaba sola. Shikamaru llevaba dos bolsas de la compra y la bolsa del bebé, lo que le hacía aparecer bastante cómico. Aunque el peligroso brillo de sus ojos parecía retarle a reírse, cosa que Naruto ni pensaba en hacer cuando Shikamaru parecía tan furioso y avergonzado...
― ¿Cuándo has vuelto?
― Anteayer, pero era muy tarde ya. Vais a ir a la recepción, ¿no?
― No puedo ― se disculpó Sakura, retomando a la criatura de brazos de Shikamaru ―, tengo turno de noche.
― Yo sí que estaré ― dijo Shikamaru, aflojándose la correa de la bolsa infantil, liberado al fin de todos aquellos ositos y conejitos ―, y el resto de los compañeros de promoción. Hemos quedado una hora antes en el bar de dango, ¿te apuntas?
― Genial ― contestó Naruto, sorbiendo el resto del caldo ―. Sakura, ¿Puedo acompañarte ahora?
La kunoichi frunció ligeramente el ceño, con la tristeza empañándole el rostro sereno.
― Si quieres... voy al hospital, ¿eh?
― Ya lo sé. Entonces, ¿vamos?
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Shikamaru desvió su rumbo. Recogió algunas prendas de la noche en el tinte, y compró algo de comida en el mercado (la poca que no estaba ya en el palacio de la Hokage). Cuando ya flanqueaba la puerta de su apartamento, le sorprendió el olor a comida tan pronto en la mañana.
Chôji cocinaba a toda pastilla. Shikamaru asomó la cabeza por el ventanuco del patio.
― ¡Chôoooji!
Su compañero se asomó a su vez desde el apartamento de al lado. Tenía el cabello despeinado y llevaba un delantal grande y rojo con el símbolo de los Akimichi en el pecho.
― ¡Buenas, Shikamaru!
― ¿Necesitas ayuda?
― ¡No, gracias! Ya se han llevado la mayor parte al palacio. Sólo quedan un par de cremas frías. A no ser que quieras pelar daikon...
― Ugh! No, gracias.
Chôji se sonrió, le encantaba tomarle el pelo a su amigo. El Nara regresó los pies al suelo, dándose cuenta de repente de lo desordenado que tenía el piso. Desde que Chôji se mudó a su propio piso, nadie hacía la limpieza de forma regular.
― Argh...
Cerró la bolsa de basura y la arrastró hasta la puerta. Cuando ya iba a salir, recordó los consejos de Chôji "ya sé que te encanta arrastrar las cosas como un criminal, pero ten cuidado con las bolsas de basura. Puedes pringar todo el suelo...". Con alivio, comprobó que no se había desfondado por el camino. "Bendito Chôji" musitó, levantando a pulso el saco.
En la puerta del portal, dos pisos y muchos gruñidos esforzados después, se encontró con el camión que se llevaría la comida al palacio de la Hokage. Metió la bolsa en el cubo, empujándola de mala gana con el pie.
― Nos has dejado sin espacio, Shikamaru. ¿Has pensado alguna vez en sacar la basura más a menudo?
― Mendokusai...
Tenten resoplaba, con los brazos en jarras. Traía un par de bolsas pequeñas, que parecían de ropa, en las manos. Chôji se rió en la distancia, cerrando las puertas del camión. Shikamaru figuró un puchero fastidiado.
Acababa de comenzar a rezongar de nuevo cuando Naruto apareció a la carrera tras una de las esquinas, llamándolos a voces. Tenten lanzó con acertadísima puntería las bolsitas de ropa a través de su ventana abierta, y echó a correr tras sus compañeros.
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Kiba montaba a lomos de Akamaru sin ninguna precaución, con los talones firmemente apretados a ambos lados del lomo y sin siquiera agarrarse con las manos. Aullaba sin parar mientras las casas se convertían en borrones junto a él, y saltó ágilmente a la fachada del hospital cuando su perro frenó de golpe en la puerta. Tres saltos más tarde, se encontró aferrándose de cornisa en cornisa, mientras médicos y enfermeras le gritaban por las ventanas. Se deslizó con un salto por la claraboya de la planta de internos y cuando cayó al fin en el suelo, Ino le aplastó la cabeza de un capón.
― ¡Estamos en un hospital, por el amor de Dios!
― ¡Iteeeeeeeeeeeeeeeeee...!
Alguien le tapó la boca desde atrás, y sintió la fría caricia del metal en la garganta. La voz de Tenten surgió colérica, ronca.
― Vas a guardar silencio...
Kiba asintió con timidez. No tenía ganas de discutir cuando un kunai de Tenten lo tenía tan al alcance...
Naruto estaba sentado en el suelo, con las piernas cruzadas y los ojos hambrientos. Kiba se acomodó a su lado, junto a Shikamaru, que movía los dedos con nerviosismo. El kunai que Tenten había sacado de su cartuchera silbaba mientras ella le daba vueltas en un dedo, visiblemente impaciente. Algunos enfermeros salieron, acarreando consigo muchos aparatos, pero cerraron la puerta tras de sí. Después de unos minutos que les parecieron siglos, Gai asomó la cabeza por el dintel.
― Podéis pasar, pero sólo cinco minutos, ¿vale?
Todos se apelotonaron en la entrada, pero al sentir el silencio del interior se detuvieron y entraron ordenadamente.
Lee aún tenía puesto el oxígeno, vías en ambos brazos y sensores de ritmo cardiaco. Tenten se acercó con cuidado, y todos la siguieron.
― No le conviene hablar aún. Le acaban de retirar la sonda y el respirador.
Sakura hablaba en bajito, pero en su voz ya no había derrota. Ya no más. Sentada en la cama, tomaba en sus manos una de las de Lee con firmeza, con triunfo.
― Lee...
Tenten se inclinó con cuidado sobre su compañero y lo abrazó débilmente, susurrando bienvenidas y palabras de aliento.
― Tenten...
Neji se inclinó a su vez sobre ella y le retiró las manos suavemente. Los tres se miraron, y toda la tensión y la tristeza que Neji y Tenten habían retenido durante los últimos meses se disolvió en la mirada oscura de su compañero, que sonreía débilmente bajo la mascarilla. Todo este tiempo sus compañeros se habían culpado por el descuido que llevó a Lee a las puertas de la muerte, a una operación de horas y, al fin, a un coma del que no sabían si iba a despertar. Pero allí estaba, de vuelta después de siete meses. Elevó temblando una de sus manos, la que no sostenía Sakura, e irguió el pulgar hacia el resto de sus amigos, que sonreían junto a la puerta.
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― Estaba un poco pálido, ne?
― Hombre, aún tiene que recuperarse. Ha estado dormido allí, sin que le dé ni el aire ni el sol...
― Y sin comer comida de verdad, por supuesto...
Toc, toc, toc. Una voz respondió con energía desde dentro.
― ¡Adelante!
Chôji abrió la puerta. La Godaime hojeaba con velocidad un taco enorme de papeles, pero en sus ojos no había nerviosismo. Estaba segura de que aquella visita daría los frutos deseados.
― Ya he dejado abajo los cuadrantes de seguridad, Hokage-sama.
― Muchas gracias, Chôji. ¿Qué tenemos aquí?
― Buenos días, Godaime-sama.
― Me alegro de verte de nuevo, Hinata.
Los tres charlaron sobre el dispositivo de aquella noche. Chôji formaba parte del cuerpo personal de la Hokage, y Hinata comandaba su propia sección del cuerpo secreto. Al principio entrar en los ANBU le había dado mucho miedo, porque parecía ser el trabajo más peligroso de todos. Las misiones más complicadas de espionaje y sabotaje les eran confiadas a los cuerpos secretos. Pero pronto descubrió que trabajar en secreto era lo suyo, su timidez se esfumaba cuando se sumergía en las sombras, cuando se ponía su máscara.
― Así que este es el plan ― concluyó Tsunade, con una sonrisa radiante ―. Cuando ese viejo caprichoso vea el regalo que le tenemos preparado, le faltará tiempo para ofrecernos el ejército que deseemos.
― Yo también estoy segura, Tsunade-sama ― sonrió Hinata, radiante. Chôji se mantuvo en silencio, no tenía ni idea de a qué se referían. Pero decidió no ser indiscreto cuando esas dos sonreían de esa manera...
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― ¿Tienes ya la ropa?
― Euh... sí, ya lo tengo todo preparado.
Tenten e Ino caminaban por delante de Shikamaru. Él se mantenía alejado de tanto cotilleo, perjudicial para su salud. Tenten estaba entusiasmada con la fiesta de aquella noche, pero Ino parecía más bien avergonzada. Shikamaru pensó para sí qué modelito provocativo se habría comprado esa vez para sonrojarse de esa manera.
― ¡Cerezas! Encontré un estampado per-fec-to de cerezas en la tienda de telas ― continuaba Tenten, con los ojos brillantes ―. Te juro que estaba pidiendo a gritos "Cómprame y hazme kimono, onegaishimasu!"
― Yo no sé cómo voy a moverme con mi traje... ― Ino susurraba, pero el concepto de Ino de "susurros" no era compatible con que los oídos de Shikamaru no la oyesen con claridad. Siempre hablaba demasiado alto.
El ninja se colocó las manos tras la cabeza, recordando la última fiesta. Ino llevaba un vestido negro tan ceñido que parecía costarle respirar, pero se desenvolvió con tal naturalidad y encanto que nadie se lo notó, excepto los miembros de su mismo equipo. Aunque Chôji siempre miraba con aquellos ojos de corderito sacrificado a Ino. Shikamaru se desesperaba. ¿Por qué no le pedía una cita, es que no eran suficientemente adultos ya?
Chôji había estado colgado por Ino desde tiempos inmemoriales. Su amigo del alma, acobardado frente a la delgaducha de Ino, empequeñecía hasta parecer un garbanzo. A la hora de combatir era diferente, el Chôji auténtico afloraba como un torrente de energía. Pero era enfrentarse a solas a Ino, y podrías asegurar que el monólogo de la kunoichi sería la tónica de la conversación.
Shikamaru bostezó. Tenía que sacar la chaqueta Nara del altillo de la habitación para que se le fuese el olor a cerrado.
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Recogió los restos del almuerzo. Le daba pereza, pero se sentía mal dejándolos en la mesa, ahora que la casa estaba tan limpia. Parecía una locura: nada más volver Lee despertaba, se encontraba una fiesta por todo lo alto en la aldea, y aquella extraña muchacha que le había limpiado el piso... casi podía aspirar el aroma de su piel femenina, impregnado en los cojines del sofá, en la mesita baja, en el futón...
― ¡Narutooooooooooo!
Kiba se asomó a la habitación.
― ¿Se puede saber qué demonios haces, anormal?
Le pateó la cabeza rubia al ninja, que olfateaba los bordes del futón. Naruto le agarró del pie y lo hizo caer, clavándole el codo en las costillas. Después de una reconfortante pelea (Naruto se dio cuenta de lo mucho que las había echado de menos) el ninja rubio salió a la sala.
― ¿Quieres un té, Kiba?
― De... de acuerdo ― Kiba se frotaba el cuero cabelludo, e intentaba estirar de nuevo el futón, que se había convertido en un lío pisoteado en un rincón.
― Kiba...
― Dime ― aún frotándose la cabeza, Kiba se sentó delante de Naruto en la mesa.
― Necesito que me hagas un favor. Es que... alguien ha estado cuidando de mi piso en mi ausencia, y no sé quién es ¿Tienes alguna idea? ¿Reconoces algún olor familiar en esta casa?
Kiba arrugó el ceño. Para él la respuesta era muy sencilla, pero Naruto era tan despistado que se le escapaban la mitad de las cosas.
― Arréglatelas tú solo. No creo que sea tan difícil adivinarlo...
― Ya tengo bastantes quebraderos de cabeza pensando qué voy a ponerme esta noche... mi guardarropa no es nada "formal"...
― Pues haz como quienes no somos tan elegantes como Neji: ponte el uniforme de gala.
― Ya pero... no es tan fácil, listo. Mi uniforme aún está sin personalizar. Si fuese de algún clan, tendría un símbolo que llevar a la espalda.
― Es verdad...
Kiba repasó mentalmente todos aquellos símbolos: Aburame, Nara, Akimichi... hasta su clan, los Inuzuka, llevaba distintivo. Las chicas lo tenían más fácil, claro, para ellas era una cuestión de kimono. Pero incluso el código de colores elegido en su caso decía de dónde provenían. Y las familias de Konoha, como los Hyuuga, poseían sus propios trajes tradicionales. Hasta Lee había reinventado su propia forma de ir de gala. Naruto no podía llevar simplemente el uniforme de gala negro, era demasiado triste.
― Además, encontrar un símbolo y alguien que me lo pudiese plasmar en la ropa, a tan pocas horas de la fiesta y con todas las tiendas cerradas...
― Ese es el problema más fácil de resolver ― concluyó Kiba, con una gran sonrisa ―, acábate el té y ven conmigo, inútil...
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― Sakura...
― No hables, maldita sea.
― No... no ma... maldigas... ― Lee sonrió bajo la mascarilla. Le dolía la garganta terriblemente al hablar, pero había deseado tanto pronunciar el nombre de Sakura que no podía resistirlo.
― Sakura...
Ella paró de rellenar los formularios y lo miró, con un cómico gesto de exasperación colgado entre las cejas. Pero sonreía. Aquella sonrisa desbarataba el ceño, que se disolvió en las oleadas de alegría que le brotaban de los ojos verdes.
― Lee... tengo que rellenar esto para poder llevarte a casa. De verdad que eres...
― Sakura... Sakura...
Lee cerró los ojos. Estaba cansado, pero no podía dejar de paladear aquel nombre adorado una y otra vez. Continuó susurrándolo mientras sentía cómo le vencía el sueño.
― Sakura...
El leve rasgueo del lápiz en los papeles le adormecía. El calor de Sakura, tan cerca y tan dulce, le hacía sentirse en casa. Al despertar solo, le había asaltado el miedo al mundo, el pavor de encontrarse inutilizado, el pánico a volver a respirar, al dolor, a la luz, a la soledad... pero ella había aparecido al instante con su aroma a fresas, sus manos blancas que se apretaron a las de Lee conformando un refugio de nácar. Y su voz, temblorosa al principio, susurrándole al oído con el rumor de un arrullo, la calidez de una caricia... así, se olvidó del frío de la camilla y de la náusea del tubo en la garganta, tan sólo existía el cántico suave de Sakura, de toda su presencia.
― Sakura...
Alargó a oscuras una de sus manos para tentar aquellas manos suaves. Pero Sakura se tendió en la cama sobre el brazo extendido. El peso leve y hermoso de la kunoichi le confirmó a ciegas su existencia. Aún no tenía fuerzas para abrazarla. Pero ella se acurrucó contra el pecho fuerte, amparándose en el calor de Lee.
― Ta... daima, Sakura...
Las lágrimas de la kunoichi le humedecieron el costado.
― O-kaeri nassai, Lee.
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― Espera...
Hinata sopló sobre los párpados de Tenten, haciendo volar los polvos sobrantes de la sombra de ojos. Dio dos leves toques más con el bastoncillo de algodón y, satisfecha con el resultado, dejó escapar un breve suspiro.
― Ojalá yo fuese tan guapa como tú, Tenten. Todo te sienta tan bien...
Tenten sonrió, y le empujó de la frente con dos dedos.
― No digas tonterías, Hinata-chan...
Se quitó el papel de seda del cuello y se levantó con cuidado, para no arrugar lo más mínimo el kimono de cerezas. Hinata suspiró, mirando con tedio el maniquí del fondo de la habitación. Su traje de gala Hyuuga era tan voluminoso y almidonado que casi se sostenía en pie por sí solo.
― Además ― continuó Tenten contemplando asombrada el resultado del trabajo de Hinata en un espejo ―, ojalá yo supiera maquillarme de este modo. ¡Parezco una modelo!
Dio una vuelta, ensoñadora, y enredó los dedos en los mechones que le pasaban frente a las orejas. Hinata también le había enseñado que ponerse todo el cabello tras ellas era vulgar, en lenguaje cortesano.
― No he tenido mucho trabajo que hacer ― sonrió Hinata, quitando con parsimonia los alfileres que besaban los bordes del kimono colgado―, con poco maquillaje ya resplandeces.
Tenten se arrodilló junto a ella, sonriendo avergonzada, y le ayudó a desprender los alfileres. Observó por el rabillo del ojo el sutil maquillaje de Hinata, sus manos blancas bajo las mangas de las aún más blancas enaguas, y el modo en que el cabello le brillaba en la nuca, deliciosamente conformado en el peinado de melocotón partido. Hinata le había contado que las peluqueras habían pasado toda la tarde anterior haciéndolo, y que debió dormir con el cuello apoyado en un taco de madera que impedía a la cabeza llegar al suelo y estropear el peinado.
Escucharon unos quedos pasos que se acercaban, amortiguados por las esteras de bambú. Tenten volvió a su tarea con mucho cuidado, procurando que al extraer los alfileres de la seda brocada no se rompiese ni un hilo. "Si a mí me hubiesen hecho dormir de ese modo, seguramente el dolor de cuello me estaría matando" pensó Tenten, sonriendo, "pero para lucir de ese modo... y con este traje... sería capaz de dormir de pie"
― Hinata-sama...
La voz severa y calmada de Neji les sorprendió. Ambas se volvieron, y lo encontraron en la puerta. Aún vestía su yukata celeste de casa, pero los pantalones color perla y el fajín lavanda del traje de gala se entreveían por la abertura.
― Te requieren en la sala, Hinata-sama. Si quieres les diré que aún no estás presentable...
― No te preocupes, Neji-san.
Hinata se levantó, y las enaguas blancas le crujieron. Con pasitos breves y susurrantes de sus geta negros desapareció por el corredor. Tenten volvió a su tarea, ruborizada. La presencia de Neji le ponía nerviosa.
El ninja se arrodilló junto a ella.
― No deberías estar aquí, de rodillas en el suelo, vestida de gala ― susurró él, retirando alfileres también ―, se te arrugará el kimono y se te estropeará el maquillaje junto a las velas.
― No importa ― replicó, nerviosa. El calor de aquel cuerpo pálido la mareaba levemente ―, ojalá tuviese ropas tan bonitas como las vuestras.
― Cuando el lujo implica incomodidad ― respondió él, retirando el último alfiler ― se convierte en una tortura en vez de una diversión. Ya hemos terminado ― suspiró levemente, echándose el largo cabello negro hacia atrás con una mano ― será mejor que esperes en la sala. Las doncellas son muy celosas de su trabajo y se pondrán pesadas... además a Hinata aún le queda una hora larga para estar preparada.
― De acuerdo ― respondió Tenten. Se levantó y caminó hacia la entrada. Pero fue Neji quien la precedió.
― ¿Tomarás un té conmigo mientras esperamos?
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Bueno, bueno… no os quejaréis, he actualizado como un rayo! Quiero daros las gracias (Kisame, Ito, Kaname) por vuestros reviews. Contestaré individualmente, como siempre he hecho, a cada uno de ellos. Son muy importantes para mí! ;3
Espero que no os haya aturdido aún más, aunque creo que en este capi quedan claras muchas cosas, sobre todo el asunto del bebé, que seguro os ha parecido peliagudo. Lee ha despertado! Yipeeeee!
Os ha gustado? Pues no sabéis lo que os espera…
REVIEWS ONEGAISHIMASU!
GLOSARIO
Suki Ternera
Dango Bolitas, normalmente dulces, que se sirven pinchadas en un palito.
Daigon Nabo japonés, en crudo (gracias, flordesombra, por tus correciones!)
Onegaishimasu Por favor.
Tadaima Estoy en casa.
O-kaeri nassai Bienvenido a casa.
Yukata bata ligera, ropa informal.
Geta zapatos japoneses, tanto los de tacos de madera como los negros femeninos. En este caso son estos segundos.
