Hi,it's meagain~ vengo a traerles la continuación del p0rno para que no sufran de abstinencia XD más abajo les daré la explicación de porqué es un D18D y no un simple D18 cómo aparenta. Dicho esto ¡a leer! y si les alcanzan las ganas no está demás comentar ;)
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Todo lo que obtiene por contestación es la fuerza bélica de Hibari arrancando varios botones de su camisa para abrírsela y arrastrando su pantalón de vestir, sin bajar la cremallera, hasta el nivel de la ingle, dejando descubierto su pene semierecto. Y esa sonrisa predadora que le hace hervir la sangre en adrenalina.
El italiano sigue sonriendo al hallar un claro, pero implícito, "No me des tan buenas ideas" iluminando la tez al Guardián. Esa mueca de gracia de segundos atrás se retuerce levemente, en unos labios prensados para frenar un jadeo de gusto al sentir la vil lengua del japonés recorrer con torturadora lentitud la división de sus testículos. Ahora que cae, Kyouya ya no está sentado sobre él sino encorvado frente a él, casi recostado de cara al piso para quedar más cerca de su entrepierna. De seguro el calor latente en el piso de cemento le escuece la piel, pese a estar vestido con el traje formal color humo, pero Hibari claramente prefiere engullirse sus quejas junto con el liquido pre-seminal que expele el mayor en su boca.
El ex Presidente Disciplinario deja claro que es un depredador, un carnicero que disfruta torturando inocentes y débiles criaturas humanas, y que Dino es un herbívoro en ese justo momento, y no va a permitir ahora mismo que se insufle ningún aire de grandeza carnívora. No. Y menos cuando lo tiene de piernas abiertas, con un rostro lascivo digno de un gigoló, descaradamente erecto en su boca y empezando a gotear.
Hibari brinda una larga lamida a todo el cuerpo de su miembro, partiendo de los testículos y subiendo hasta la punta, desde donde desciende dándole mordidas poco delicadas. Y Dino casi delira, puede jurar que la saliva de Kyouya tiene propiedades curativas como su llama Sol porque no le duele, y es inclusive más fría que el agua de la ducha que tomó hace escasa hora y media en el hotel. ¿O es que él está hirviendo? Porque siente cómo le hiela la sangre ese rastro de saliva que se empieza a mezclar con su pre-semen.
–K-Kyouya, espera –literalmente se lo despega de la polla. De lo contrario, se correría salvajemente en su boca y sería game over, así que toma cartas en el asunto para postergar su final combo–. Espera, tengo que buscar el pre… – y se detiene ante la mirada sugestiva del aludido.
No sabe qué pensar ante la elocuente sonrisa que adorna los labios de Hibari, quien se arquea levemente para insertar su mano derecha en uno de los pequeños bolsillos delanteros del saco que usa. Encuentra rápidamente lo que busca tras hurgar un par de segundos y, con cierta malicia, blande un paquetito cuadrado entre sus dedos: un condón.
Cavallone se queda estupefacto. ¿No que sólo cargaba su teléfono y las tonfas consigo? Ni remotamente perdido imaginaría que Hibari llevase a la mano tal artículo.
Como las rodilleras, cascos y coderas de un ciclista, el japonés va preparado para situaciones como ésa.
Más perplejo que otra cosa, la leve vergüenza en Dino aumenta al ver las intenciones del otro de abrir el paquete desechable y desenrollar el preservativo de látex.
–Oye, oye, no pensarás en hacer eso, ¿verdad? –enarcando la ceja, comienza a arrepentirse de haber hecho ese comentario tan descuidadamente minutos antes. Traga expectante ante la inquisitiva manera en que el Vongola le mira, y sin más, Kyouya procede a extender el profiláctico por el miembro de Cavallone.
El mocoso, ya no tan mocoso, le está empezando a pisar los talones a Dino con velocidad vertiginosa; definitivamente está sorprendido de lo mucho que ha aprendido el chico en pocos años de iniciar esa relación sexo-golpiza.
Y sin notarlo previamente, el menor está en iguales condiciones que él: en camiseta, sin pantalón ni ropa interior y bastante excitado. El italiano se muerde el labio para no jadear al sentir cómo Hibari, a horcajadas suyas, sostiene su erección y la dirige lentamente a su entrada. Pero la mueca de hastío en el rostro bañado en leve carmesí de Kyouya, alerta al capo que debe ser bastante difícil insertarse un objeto inerte en el trasero en una posición bastante incómoda, por lo que decide colaborar y moverse. Despacio, en una sola dirección, notando cómo el material del preservativo a base de agua hace las veces de lubricante.
Un gemido conjunto se presenta cuando, tras segundos que parecían horas, sólo la base del pene del mayor queda expuesta al aire. Aún acostumbrándose a la profunda intromisión, Kyouya cierra un poco las piernas y presiona con sus rodillas los glúteos del otro para poder así controlar cualquier ademán o movimiento que él no desee o permita. Al tener cabalgado así al bronco, el japonés se siente lascivamente dominante. Si no lo termina de creer, lo confirma al sentir temblar (esta vez, seguro, de placer) levemente los hombros y piernas de Dino; y el verle cerrar los ojos por un par de gotas de sudor que le caen de la cabeza le confiere una morbosa impresión de ganador.
Al punto de casi aclamar su victoria, al sentir cómo comienzan las vibrantes contracciones de la virilidad de Dino en su interior.
Por otra parte, al mafioso se le suben los humos, por extraño que parezca, al ver que su mal llamado "alumno" llega ya a poder tironear de esa larga cuerda de dominación que con los años ha quedado bastante recortada por tantas peleas de posesión. ¿Para qué negarlo?Hibari se la aprieta demasiado bien. Que el mismísimo diablo le castigue si no suelta el bramido que se acumula en su garganta cuando Kyouya comienza a empalarse, con parsimonia, en auto penetraciones que se le antojan succiones de lo más maravillosas.
Él tiene el mérito de pulirle en artes físicas y entrenarlo en juegos sexuales. Y vaya que le encantan los resultados.
El jueguito de bromas sin un motivo especial, ya tan remoto, resulta en un jodido y morboso encuentro sexual. Últimamente siempre terminan así, y la vena predictiva de Dino late para avisarle de que aún no ha visto nada.
– ¡Oh, mierda! –jadea el italiano porque al otro se le ha ocurrido la grandiosa idea de morderle el lóbulo derecho. Aprovechando el apoyo que mantiene sobre los hombros de Cavallone, Kyouya se balancea sobre sí para exprimir la erección que tiene dentro.
Y no hay un motivo en específico para profesar algún comentario despectivo, pero como se le hizo de lo más erótico ese gimoteo que el capo no alcanzó a reprimir por la sorpresa, retoma esa manera tan suya de devolver y crear esas provocaciones violentas al ver al bronco.
–Gimes como una yegua en celo. Qué herbívoro te ves –en contra de Dino, esos comentarios morbosos le suben aún más la adrenalina y la testosterona. Hibari está usando su boca para algo más que mamadas y palabras rudas. Lo está excitando con vocabulario soez.
Y a Dino se le colorean las orejas en una especie de subida de ira. No va a permitir que esa pelea de dominio se le salga de las manos.
–Estás muy insolente, pequeño Kyouya. Voy a tener que enseñarte una lección.
Lo iracunda al llamarle "niño", y lo somete al empujarle contra el suelo cálido de la azotea. Ahora varios rayos de sol perlan directamente el rostro sudado del japonés, quien levanta rápidamente una mano para filtrar la potencia de aquel astro de luz en su vista, consciente de que se han invertido los papeles en cuestión de segundos. No puede acallar un gruñido cuando el Haneuma bailotea contra su entrada, usando sus propias rodillas como palanca.
Para cuando lo nota, el pene del mayor entra y sale con tal facilidad y velocidad de la entrada del Vongola Nube que no alcanza el tiempo entre una acción y la otra antes de terminar de sentir dolor. Sólo placer. Jodido placer que le drena el aire y el orgullo.
Pero, para que no se le olvide, le recuerda lo obvio: está en su territorio.
–N-no te detengas o d-date por muert-o –para que no quede duda, se lo encaja como trapecista al oprimirle parte de la espalda con los brazos mientras el capo, haciendo alarde de sus fuertes tríceps al sostenerle las piernas y mantenerlas bien separadas, sigue bombeando desesperado contra sus nalgas.
– ¡Kyouya! ¡Kyouya! –repite su nombre por inercia aunque realmente no esté pensando en nada en particular; sólo en lo estrecho y húmedo de las paredes interiores donde tiene la polla anclada.
Se le antoja ahogarse en saliva en la boca del aludido, y éste le devuelve una que otra mordida, presionando los párpados contra sus ojos como si temiera que se le fuesen a escapar de las cuencas. Y justo antes de sufrir una pseudoconvulsión por el orgasmo, se logra hundir en ese pozo de colores mixtos entre caramelo y azul pálido.
–Ah… Kyouya –eyaculan, y por ello se ensucian mucho más de medio cuerpo con la esencia del contrario.
Ahora que lo piensa, el mafioso no puede recordar en qué momento habían quedado poco menos que desnudos, salvo por el abrigo de piel y la camisa hecha jirones (en su caso), y Hibari con sólo el chaleco del frac encima. Aunque realmente no es de vital importancia, opta por buscar el reloj de pulsera en el bolsillo trasero de su pantalón y al observar la hora se percata del buen rato que tiene en la azotea, perdiendo el tiempo, pasado ya el mediodía.
No quiere retirarse del terreno de juego él primero, porque es similar a admitir la derrota, pero por otro lado el deber le llama, y por más que lo prefiera no puede obviar la razón primordial de su llegada a Japón. Para no variar, es algo relacionado con la mafia, y por ende, sus subordinados están esperando por su Jefe en el hotel, pensando que tarda demasiado en regresar. Para cerciorarse vuelve a revisar la hora, con el celular en mano comienza a textear rápidamente en italiano.
Kyouya le observa, ya vestido y con sus tonfas de nuevo en su poder, y le parece estúpido cómo el Bronco cambia de expresión con respecto a asuntos de sus subordinados. Vuelve a ser el herbívoro que aparenta ser. Y Hibari por un momento piensa en aprovechar su descuido y terminar de ganarle la partida pero cuando recibe de vuelta la mirada de parte de Dino, cambia de planes.
Es molesto vencerle cuando ya perdió la voluntad de jugar.
Así que opta por regresar a su rutinario patrullaje, no sin antes echar al intruso extranjero de sus terrenos.
–Lárgate.
Y como si su hostilidad fuese banalmente ignorada, recibe como respuesta una sonrisa indescifrablemente encantadora.
– ¿Sabes algo, Kyouya? Todo esto es un juego. – cierra la tapa de su móvil entre sus manos, y lo guarda en el bolsillo de piel de la chaqueta que aún no termina de vestir, para dirigirle una mirada profunda, aferrándose con algo de brusquedad a su cintura.
–Y yo soy el ganador. Haneuma– le muerde con fuerza el cuello sobre el espacio de piel que no cubre la camisa, y con la tonfa en mano que Cavallone parece ignorar, de una forma bastante despiadada le infringe un golpe certero en la cabeza que le aturde lo suficiente para dejarlo atontado un par de minutos.
Pese a ello, Hibari simplemente no se va (considerando que ese es su territorio, no tendría por qué hacerlo) y espera hasta que Dino se levante, para volver a echarle.
–Serás maldito, no tenías porqué golpearme sin avisar ¡eso es jugar sucio!
–No te quejes al perder bajo tus propias reglas. Tú mismo dijiste que se vale todo
–Eres un buscapleitos ¿lo sabías?
–Y tú un mal perdedor. Ya lárgate.
En un silencioso y fulminante espacio-tiempo, se dedican retorcidos pensamientos en contra del otro. Y como si las malas energías fueran esparcidas por la brisa, Cavallone destempla el ceño y sonríe, revolviéndose el cabello con una mano. Hasta parece una invitación un tanto infantil.
–Juguemos de nuevo ¿sí?
El Presidente Disciplinario no responde por lo que toma aquello como una muda afirmación. Sin despedirse, baja las escaleras con lentitud, hasta que Hibari, aún desde la azotea, es capar de verlo salir de los terrenos escolares.
–Me encantaría vencerte de nuevo. Esta vez, contundentemente.
Aunque Dino lo pretenda, no puede engañar a Kyouya. Él sabe que salió poco menos que ileso de esa contienda gracias a su Llama Sol con propiedades curativas. Pero Hibari se conforma con tener tiempo para idear su revancha.
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Y...fin. Lo que sigue es un extra muy interesante -según yo- del porqué diantres Hibari tenía un condón en el bolsillo . x)
Ejem, a lo importante: ¿notaron que está ubicado 4YL? si no, no los culpo ya que se me olvidó comentarlo ¬¬ ya arreglo el resumen para alertar a los demás (?) ahora a aclarar lo siguiente, es un D18D porque Kyouya estuvo a esto -hace gesto con el índice y el pulgar- de darle por culo a Dino (creo que lo notaron), pero no lo logró ¿por qué? porque no quise XDu
Traté de equilibrar el dominio en un 50%-50% pero dadas las circunstancias, me quedó en un 45%-55% lo que es bastante parejo en las distribuciones clásicas del yaoi: seme 100% de dominio, uke 0% (se dedica a abrir las piernas). Aún no llego a Hibari-seme-nivel-leyenda pero algún día se hará realidad :3
Ahora me voy, antes de hacer de estas notas un testamento.
