¿Me creen si les digo que olvidé que había subido esta historia aquí? AHAHAHA...Ah
Lo siento (?) Actualización rápida entonces, lamento mucho la espera y ojalá les siga gustando. Gracias a las personas que se detengan a leer y a aquellos que se tomaron el tiempo para dejarme un review, lo aprecio muchísimo.
Cap.2 Serendipia
Mi amor, Déjate llevar
Late dentro de mí, deja tu ceguera.
Mi amor, has encontrado paz
Tú estabas buscando libertad.
(My love.- Sia)
Mamá seguía en la cocina cuando él entró corriendo a casa, deslizando la puerta corrediza de la entrada y subiendo al piso de arriba dos escalones por vez. Ella le preguntó a donde iba con tanta prisa, más por curiosidad que por otra cosa porque sabía lo volátil que era su quinto hijo y en sí, preguntarse qué pasaba por la mente de Jyushimatsu era como preguntarse por qué el sol brilla de día; simplemente era así.
Le dijo que iba a ir a jugar baseball con Ichimatsu y ella le creyó porque llevaba al hombro un bolso deportivo. aunque parecía medianamente cargado; Jyushimatsu era una escoria igual que el resto de sus hermanos pero mentirle a su mamá le causó una especie de revolcón en el estómago y un nudo en la garganta que no pudo tragar durante un buen rato. Matsuyo le recordó llegar a tiempo para la cena, le pidió tener cuidado de no romperle nada a su hermano ni lastimarse a sí mismo y le despidió, todo sin dejar de cortar los ingredientes para la cena, todo sin saber que esa sería la última vez que vería a Jyushimatsu en meses.
Cuando salió de casa el cielo seguía turbio y los últimos rastros del atardecer, opacos. En un momento se preguntó por sus hermanos, qué pensaría su madre cuando llegara la noche y ellos no volvieran, cómo se sentiría de saber que su hijo le había mentido y escapado en sus narices, dejando a su familia atrás. Y luego corrió.
Jyushimatsu corrió sin importarle que los charcos salpiquen sus tobillos, rápido, casi desesperado y sintiendo como que un monstruo le perseguía corrió más y más, sin mirar atrás.
Entonces vio a Ichimatsu parado en el mismo callejón donde le había dejado.
—Sí me esperaste...
Su hermano le sonrió y seguido de ello, le atrapó en un abrazo que hizo que se olvidara de todo, de sus padres, de sus hermanos, de su casa y del hogar que dejaba atrás por la simple razón de perseguir al otro, de no alejarse de él. Le rodeó también con sus brazos.
El monstruo se fue.
Compraron los boletos de tren en la estación de Shinjuku, adquirieron mapas y algunas latas de café que seguro se beberían después pues solo eran para acompañar las dos horas que pasarían en tren hasta la estación en Yamanashi, que estaba mucho más cerca que llegar a Wakkanai como habían planeado en un inicio y por tanto, era más barato. Miraron por las ventanas cuando el vagón se empezó a mover y Jyushimatsu no pudo evitar querer tomar la mano de Ichimatsu para lidiar con la sensación de estar abandonando algo.
Nunca le gustaron las despedidas, eran tristes, dolía tener que decir adiós a alguien querido (como si él ya no lo supiera) pero el hecho de irse sin haber tenido la oportunidad de despedirse de su familia primero le agobiaba de una forma extraña. No lo demostró, le sonrió a la melancolía como siempre hacía y en cambio se concentró en el calor de los dedos de Ichimatsu penetrando el algodón de su manga hacia su mano escondida bajo ella, en como trataba de enlazar sus dedos casi con timidez y en la estación de tren que rápidamente desaparecía para dejarles dentro de un túnel oscuro.
—¿Podemos ir al Monte Fuji primero?
—...Podemos dar una vuelta alrededor y otro día iremos de excursión. — De todas formas, lo tendría en cuenta.
Trazaron una ruta en el mapa que habían comprado y señalaron los lugares que les gustaría visitar, haciendo que todo se viera más como unas vacaciones que como si se hubieran fugado de casa sin ningún rumbo establecido. A su hermano podría darle miedo, pero a Jyushimatsu le encantaba la intriga, le emocionaba no saber a dónde irán a parar, los sitios que verán, la incertidumbre de su destino le hacía pensar que estaba en una aventura como las de Indiana Jones o Robinson Crusoe y que después de ese túnel sin luces verían todo tipo de maravillas que de haberse quedado en casa con sus hermanos no habría podido presenciar.
La prefectura de Yamanashi era como sacada de una postal, con su aire fresco y limpio, sus árboles de durazno, y sus campos llenos de florecitas de papel bajo la sombra impotente del Monte Fuji. Era difícil pensar que a solo un viaje en tren había un lugar con tanto verdor, como si la primavera hubiese decidido quedarse a vivir ahí. Como si ese día el mundo se abriera para ellos, Jyushimatsu arrastró a su hermano por cada rincón de la ciudad, aunque no tuvieran mucho dinero, aunque no estuvieran precisamente turisteando, pero Jyushimatsu quería ver los templos y correr entre las flores e Ichimatsu nunca tuvo la fuerza suficiente para negarle nada.
Él, con su brillo y su olor a sol le hacía orbitar hacia su lado con una fuerza impensable. E Ichimatsu, con su sobrio magnetismo arrastraba a Jyushimatsu como la luna a la marea.
—Jyushimatsu. Deberíamos buscar un lugar donde dormir. — Le dijo el mayor de los dos, tirando de su brazo para detener su marcha por las calles empedradas. La tarde apenas se iba, estaba empezando a anochecer y aunque caminaron por un buen rato sin rumbo alguno, quizás ya era momento de darle un poco de dirección a esa agotadora caminata sin sentido.
Encontraron un hotelucho barato que podían pagar por una o quizás dos noches, Ichimatsu quería dormir, aunque realmente no era tan tarde, pero Jyushimatsu, de nuevo, logró convencerle con su sonrisa titánica y su entusiasmo a salir de la caja que llamaban habitación y pasear un rato más. Le tomó de la mano, sin miedo porque Jyushimatsu nunca necesitó del miedo ni de las dudas porque no le servían de nada y en cambio, se dejó llevar por el dulce palpitar de su pecho y la emoción de estar en un lugar desconocido con su persona favorita en todo el mundo. Ya no tendría que escuchar a Choromatsu quejarse porque era raro querer caminar de la mano de Ichimatsu ni las preguntas raras de Todomatsu que le llenaban de vergüenza cada vez que le encontraba absorto mirando al mayor jugar con uno de sus amigos gatunos.
Ya no tendría que importarle nada ¿Verdad? Aquí, a kilómetros de casa, Jyushimatsu podía quererle como siempre le quiso desde los primeros años de su adolescencia; de esa forma incorrecta y pura, con devoción e inocencia.
—¡Ichimatsu-Nii-san, compremos algo de beber!
—No deberíamos gastar más dinero, no tenemos demasiado.
—¡Sake, sake, sake, sake!
—¡El sake es muy caro!
—¡Cervezas!
Ichimatsu sabía que se iban a arrepentir, la cacería por un empleo sería más ardua y estresante mientras menos tuvieran para sobrevivir, aunque, si debía ser sincero, una cerveza no sonaba nada mal. Compraron un paquete en una tienda que encontraron por ahí, pensaba tomarlas con algunos de los bocadillos que trajo de casa, bocadillos que tendría que partir por la mitad, pero no le importaba pasar un poco de hambre por su hermano menor.
Se tomaron un six-pack con algunos bollos de carne sentados en el piso de la habitación del hotel. Con cada trago Jyushimatsu parecía eliminar las distancias mientras que con sus gestos exagerados y ruidosos le contaba sobre un viejo partido de baseball que vio en la tele hace quién sabe cuánto tiempo. Ver esa sonrisa nacer y escuchar su voz emocionada era suficiente motor para que Ichimatsu deseara seguir viviendo, era como ver el sol todas las mañanas, un sol que brillaba para él y sólo para él.
Ichimatsu parecía estar ebrio y Jyushimatsu fingió estarlo solo para poder quedarse así de cerca, recostado contra su cuerpo y apoyando su cabeza en su hombro mientras miraba desde el piso el empapelado barato de la habitación. El mayor tenía los ojos cerrados, navegando en una finísima bruma de ebriedad que le hacía menos consciente, quizás menos ansioso, de la presencia del más pequeño tan pegado a su cuerpo, su aroma rodeándole mientras disfrutaba de esa sensación durante un largo silencio, que luego de un rato Jyushimatsu se atrevió a romper.
—¿Crees que los demás nos estén buscando? — Al escucharle, Ichimatsu abrió sus pesados párpados, recordó a sus hermanos y a sus padres que para estas horas ya deberían haberse percatado de su ausencia. A lo mejor sí les estaban buscando, creyendo que se habían perdido o alguien les había hecho daño. Quizás Karamatsu estaría llorando...Heh.
—Quizás.
—Y... ¿Crees que nos encuentren?
¿Acaso es duda lo que huele?
—Jyushimatsu...No-
—Yo no quiero. — Jyushimatsu cerró los dedos entorno a su sudadera morada e Ichimatsu sintió las primeras gotas de un sudor nervioso empezando a aparecer en su frente. Una parte suya sabía a qué se refería, lo sabía bien, pero se le hacía difícil creerlo. Era imposible que la forma en la que Jyushimatsu le había mirado en todo el día significara algo; se rehusaba a creerlo, se negaba a darse estúpidas ilusiones, pero Jyushimatsu, oh maldito sea, no le estaba jugando justo. — Si nos encuentran no podremos estar juntos... —Le dijo, nervioso pero directo e Ichimatsu sintió que se ruborizaba mientras trataba de no malinterpretar las palabras de su hermano menor y a la vez luchar contra la sonrisa ausente que empezaba a tironear de sus labios.
—Eso no es cierto. Seguiremos estando juntos, aunque averigüen dónde estamos y nos obliguen a volver.
— Yo quiero estar con Ichimatsu-Nii-san...
Jyushimatsu se acerca un poco al arrastrarse por el suelo. Pudo ver a Ichimatsu sonrojarse con claridad luego de escucharle, la forma en la que el color se expandió en sus mejillas como tinta fue tremendamente real y tanto así que pudo sentir lo mismo en su propia piel. Calor en su cara, calor en su pecho donde sentía sus propios latidos golpear contra sus costillas como un tambor.
"Ba-dum. Ba-dum".
—Quiero estar con Ichimatsu-Nii-san todo el tiempo, a todas horas. Siempre, siempre.
—Jyushimatsu, no... — Suspira, hondo, como si estuviera luchando contra algo más fuerte que él mismo. — No podemos. Tú y yo...
— ¿Por qué? —De pronto el menor susurraba, estaba tan cerca que sus rodillas desnudas chocaron contra las suyas mientras trataba de inclinarse hacia él ¿En qué momento se había acercado tanto? Cuando Ichimatsu alzó la mirada y se encontró con esos ojos grandes y marrones supo que cualquier argumento que diera quedaría totalmente sin fundamentos.
Tragó saliva, sus ojos perdiendo el camino y bajando rápidamente hacia los labios de Jyushimatsu en un movimiento furtivo que no pasó desapercibido para el de amarillo, la misma idea formulándose en sus cabezas.
—Porque...porque somos hermanos y... — Y él era una basura putrefacta, una escoria y Jyushimatsu, tan dulce y soleado no podía ser el mismo tipo de desecho que él.
Solo que sí lo era.
—Te quiero. — Ichimatsu piensa que está más ebrio de lo que creía porque no es posible que el amor en esas palabras sea para él, menos que las mismas vengan del objeto de su adoración, pero se encuentra a sí mismo dejándose convencer cuando el más pequeño se acerca, casi sentándose sobre su regazo y hace lo que él no tuvo las bolas de hacer en primer lugar.
Jyushimatsu cerró los ojos y presionó sus labios con la misma habilidad que tendría alguien con cero experiencias besando, la sensación le hace temblar y aferrarse a la ropa de su hermano como si temiera que se alejara. Por esos instantes ha dejado de respirar. Es torpe y exhalan nerviosismo por cada poro de sus pieles, es maravilloso y no quiere que se termine, pero es Ichimatsu quien los aparta primero.
—T-también te quiero. — Le dice con tanta rapidez que al menor no le da tiempo ni siquiera a sonreír porque de nuevo reclama sus labios con una fuerza avasallante, sosteniéndole por la nuca, girando solo un poco la cabeza hasta encontrar el ángulo perfecto y cuando su lengua serpenteó ligeramente contra su boca Jyushimatsu sintió fuegos artificiales en su piel. Su corazón grita y su cabeza da vueltas y lo último que sabe es que ha encontrado la forma de que su cuerpo se coloque encima del mayor en un arranque del que no tuvo cuenta, quiere a Ichimatsu cerca, lo más cerca que puedan estar y besarlo más, abrazarlo más y que le abrace de vuelta.
A Ichimatsu le sorprende el desborde del menor, pero el ver cuanta pasión guardaba Jyushimatsu dentro de sí solo provocaba pensamientos que ya estaban empezando a arruinarle. Lo que había empezado como un simple beso comenzaba a subir de tono a niveles insospechados y por mucho que quisiera cumplir sus más oscuras fantasías con su hermano menor, ahí mismo en el piso sucio de esa habitación barata, sabía que podía ser demasiado precipitado, así que vuelve y rompe el contacto, pero con más delicadeza. Pasa suavemente sus manos por su cabello y coordina el movimiento al disminuir la fuerza de sus besos hasta que eventualmente Jyushimatsu le sigue, y se derrite ante las caricias como un cachorrito mimoso.
—¡Mi corazón está latiendo súper rápido, Nii-san! Me siento como si hubiera jugado mil partidos de Baseball en un día — Se rió bajito, de una forma encantadora a los ojos del más grande que tirado en el piso bajo el peso de Jyushimatsu sintió que esa risa le devolvía un trozo de vida.
— ¿Y por qué es eso? — Ichimatsu parpadeó despacio y llevó sus manos perezosas hasta la cintura ajena, Jyushimatsu seguía mirándole desde arriba así que tenía una vista perfecta del sonrojo en sus mejillas.
— N-no sé. —Tartamudeó. Soltó una risita de nuevo, pero al mirarle tragó saliva. La nueva luz que iluminaba su relación prometía tanto que era difícil creer que lo habían encontrado así mientras buscaban algo totalmente diferente. — ¿Vas a quedarte conmigo, Nii-san?
—Ah...s-si eso es lo qu-
—¡Si quiero!
¿Y quién es Ichimatsu para decirle que no?
