Siendo sincera, sigo teniendo sueño...

uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu

Ella era dulzura y amabilidad andante. Ella no estaba dañada, no debía estar cerca de él, podía mancharla con su suciedad. Y aunque era completamente consciente de eso, no podía alejarse de ella.

Marinette era su luz en la oscuridad, su bote salvavidas.

Supo que estaba perdido en ella cuando tuvo una fuerte discusión con su padre, Adrien había pedido permiso a su padre de salir al cine con algunos amigos, pero éste enloqueció.

Le gritó, le castigó; Adrien nunca había sentido nada igual, presa de una ira descomunal. Salió de su casa sin pensar en nada mas, ni siquiera sintió la lluvia que le caía sobre la cabeza.

En su cabeza solo se encontraba una joven de cabellos azabache que anhelaba ver.

Cuando llegó a la casa de la susodicha, la encontró cociendo, se veía tan linda concentrada, que no quiso molestarla. Pero su dolor parecía no querer hacerle caso.

Sin darse cuenta, estaba tocando a la ventana de la chica.

Esta se sobresaltó y miró a la ventana en donde lo observaba con la sorpresa bailando en sus ojos.

Cuando se acercó para abrirle la ventana, el aroma a galletas y a calor, le inundo la nariz, nunca pensó que Marinette oliera tan bien.

Y cuando la tuvo a escasos centímetros de él, no pudo evitarlo, la abrazó con todas sus fuerzas.

Trato de detener las lágrimas que amenazaban con salir, pero los sollozos no los pudo evitar.

Eso era perfecto, además de cobarde, llorón.

¿Qué pensaría Marinette ahora de él? Del fuerte e invencible Chat Noir.

Pero en contra de todo pronóstico, las suaves y amables manos de Marinette le sujetaron mientras lloraba. Sosteniéndolo, diciéndole sin palabras que estaba ahí para él.

Y se rompió.

Cuando dejó ir todo lo de esa noche, y soltó levemente a Marinette, esta le acuno la cara con las manos.

La preocupación grabada en esos hermosos ojos de color cielo.

-¿Estas bien?

Había tantas cosas que quería decirle en ese momento. Que la amaba. Que estaba bien. Que estaba mal.

Al final solo le dio una sonrisa quebrada.

-La verdad es que ahora mismo estoy completamente roto-apretó su rostro hacia la mano derecha de la chica. -¿Te gustaría repararme?

Habían pasado varios años desde esa noche.

Adrien maduró, Marinette también. Muchos cambios vinieron para ellos, pero siguieron adelante.

Ahora, Adrien miraba hacia el cielo estrellado recordando esa noche.

-¡Papi¡

Adrien se volvió para ver como una niña de 5 años rubia y de ojos azules correr en dirección a él y detrás de ella a una mujer embarazada sonriéndole desde la puerta.

-Hola Emma, ¿Cómo estuvo tu primer día de clases?

-¡Fue sorprendente! Pude aprender muchas cosas hoy!

-¿En serio?- cargó a la pequeña y se acercó a la mujer que llevaba un anillo de plata en su mano al igual que él.- ¡Mari¡ ¡Nuestra hija es un genio¡

Las dos mujeres le sonrieron con amor, pero Emma bostezó y Adrien la llevó a la cama.

-Hasta mañana, princesa.

-Hasta mañana.

Cuando salieron de la habitación, Adrien tomó a su esposa de la cara y le sonrió.

-Gracias por repararme cuando lo pedí, My lady.

Su esposa le volvió a sonreír.

Ellos no necesitaban palabras. Sus miradas lo decían todo.

Siempre estarían para el otro. Siempre.