El Secreto de
Riley W. Terrell
Escrito por:
Airi Melody y EvilChipie
La siguiente historia es original y es ficción.
Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
No representa a ninguna persona ni refleja la cultura de ningún país.
Simplemente es el relato de una historia que nació a partir de un juego de rol entre dos mujeres que se aman.
Este es el resultado de: Mis madrugadas a tu lado.
Capítulo 2:
William sonríe ante el comentario de su prometida y su reacción posesiva. Ella es intensa e intimidante, como se esperaría de una mujer de carácter tan fuerte. Entre los muchos motivos que lo cautivaron, él nunca deja de admirar la pasión que ella muestra incluso en sus actitudes. – No creo que el embarazo estropee nada de tu cuerpo, preciosa –. Will no le teme porque sabe que ella no le haría daño pues es entregada en el amor. La mira a los ojos, se acerca y pone la frente en el cañón de la pistola – No podría, tu cuerpo es mi vicio. Y el sexo contigo… ¡Uuff! Es excelente. Tu manera de mover la cadera es el paraíso. No podría y no quiero estar con otra mujer –.
Riley Terrell sonríe arrogante, con la comisura del lado derecho más en alto – Así me gusta. Tú eres mi hombre – se pone de pie, deja la pistola sobre la cajonera y levanta los brazos, estirando su cuerpo para desperezarse – Acompáñame a la ducha. Podemos tener otro round ahí – le guiña el ojo a su prometido.
Él se levanta rápido de la cama y abraza a Riley por la espalda, poniendo su gran miembro en el trasero de la sensual mujer de ojos esmeralda. – Oh, sí. Quiero –.
Tienen sexo apasionado y se duchan. Luego se visten para salir a trabajar, cerca de las cuatro de la tarde… ventajas de ser sus propios jefes. Lo primero es ir a cobrar una deuda de un hombre de apellido Ayame, que lleva meses sin pagarles, siempre rogando por que le esperen hasta el próximo mes. Esta vez, Riley y William lo visitarán en persona.
La persona que abre a la puerta de aquella gran casa, es Shinku Ayame, la hija menor del viejo Ayame: una chica con uniforme de bachillerato que acaba de llegar a casa, después de su club escolar, es de baja estatura, tímida y de voz suave, a la que ni siquiera prestan demasiada atención al entrar.
William y Riley no lo notan pero Shinku los observa con admiración, por ser tan altos y atractivos, vestidos con ropa cara y a la moda. En el momento en que la adolescente vió a aquella mujer de sensual silueta, rostro hermoso de severa mirada y ojos esmeralda… Su corazón latió aprisa y no pudo dejar de mirarla, aunque lo hacía con disimulo mientras charlaba con su padre. La pequeña chica se sorprendió al escuchar que los visitantes llegaron a cobrar una deuda de su padre y, de un momento a otro, todo se descontroló.
– No tengo el dinero. No me ha ido bien en los negocios. No puedo pagarles. Debe de haber otra forma de saldar mi deuda – habla suplicante el viejo Ayame, al ver la pistola de William, apuntándole a la cabeza.
– No tienes nada que me interese. Si no me pagas, te cobraré con tu vida – grita amenazante el joven rubio de ojos celestes, de un metro con noventa de estatura, musculoso e imponente; que acerca aún más la pistola al rostro de ese hombre de mediana edad.
– ¡No, por favor! ¡Piedad! – dice aquél viejo, temeroso. Y su esposa e hija lloran asustadas, abrazadas y aterradas. – Quédese con mi hija – dice ese hombre de manera repentina, va hacia la chica, tomándola por los hombros, la acerca a William y se la enseña. – Es guapa y obediente. Cásese con ella – expresa el viejo Ayame, desesperado, exhibiendo a su hija y entregándola como si fuera un objeto.
La hija tiene un largo cabello lacio y castaño, es bajita, delgada y bonita; pero es sólo una adolescente que mantiene la cabeza agachada, con lágrimas en los ojos y temblando.
William pone los ojos en blanco – No quiero casarme con tu hija,
yo ya me voy a casar. Tu hija sólo me traería problemas –. Mira hacia su prometida, haciendo una mueca de desagrado por la situación.
Riley Terrell, molesta porque aquél hombre le ofrezca su hija a su prometido, se acerca a ese miserable y lo empuja con la mano – Qué idiota y patético eres. Prefieres regalar a tu propia hija en lugar de pagar tu deuda. Le estás ofreciendo tu hija a mi hombre. Maldito imbécil – vuelve a empujar al padre Ayame, aún con más fuerza. Agarra a la chica por la muñeca, jalándola para acercarla hacia ella; la adolescente se mantiene encogida y con la cabeza agachada. Shinku Ayame no se atreve ni a mirar a los ojos a aquella mujer que antes le pareció hermosa pero ahora le resulta aterradora, y no puede dejar de temblar y llorar.
Riley toma la fina barbilla de aquella adolescente entre sus dedos, con firmeza, para que levante el rostro y la mire a los ojos – Joder, me irritan las mocosas lloronas – exclama irritada. Cuando la ve a la cara, puede notar que en verdad ella es muy bonita… Retira de su rostro los mechones de su largo cabello castaño para verla bien. ¡Oh, joder! No es bonita, ella es increíblemente hermosa , piensa la de ojos esmeralda al observarla a detalle. No se había fijado bien en ella antes, no le interesaba, pero ahora, al mirarla de cerca puede notar que su rostro es precioso: de finas facciones, su piel clara hace resaltar sus ojos con inusuales iris de color carmesí. Riley se quedó por un instante sin respiración, impresionada por la belleza de esa chica; hasta se quedó sin palabras. Verla con esa expresión de asustada y las mejillas rojizas por el llanto… Le produce una sensación casi irresistible de llevársela y protegerla de todo. Si en llanto es preciosa, sonriendo tiene que ser aún más atractiva , piensa con certeza. Suelta su rostro y la ve a detalle. Poniéndose la mano sobre la boca, asombrada por su cuerpo que es increíble.
Agarra al padre de la chica por el cuello de la camisa, amenazante. Traga saliva al buscar que las palabras salgan con normalidad de su boca, aún abrumada por la impresión que le ha causado una adolescente. Mira furiosa al padre de la chica, retomando su postura de yakuza aterradora – Me la llevaré pero sólo como garantía de que volveré para cobrarte y, cuando hayas pagado, te devolveré a tu hija. Si no pagas, la mataré y luego te mataré a ti, y no será una muerte rápida – le da un rodillazo al viejo Ayame en el estómago, dejándolo sin aliento, de rodillas ante ella – Tienes una semana –. Se lleva a la chica de ojos carmesí, sujetándola con fuerza de la mano.
– ¡Papá! – grita Shinku, desesperada, extendiendo la mano hacia su padre, pero él sólo agacha la cabeza. Su madre la mira con lágrimas en los ojos pero tampoco hace nada. Se decepciona por la actitud de sus padres, ellos la entregaron sin dudar y, aunque la pequeña chica forcejea de manera enérgica para que la suelte esa mujer yakuza, es en vano, ella es más fuerte y la lleva sin mucho problema, apretando su mano de una manera recia y dolorosa.
William sigue a su novia, con un evidente gesto de disgusto reflejado en su rostro; se siente confuso y le invade una incómoda sensación de molestia, extrañamente entremezclada con celos, después de ver cómo su prometida observaba a detalle a aquella chica, examinándola y recorriéndola con la mirada, de esa manera en que sólo lo ha visto a él. Es la primera vez que la ve observando tan a detalle a alguien.
Ya afuera de la casa de los Ayame, Will frunce el ceño, cuestionando la decisión de Riley – ¿Por qué nos llevamos a esta niña? No me digas que te interesa para algo. Mírala. No deja de llorar, ni puede conseguir que la sueltes. No nos va a servir de nada. Es una pérdida de tiempo. Mejor los matamos ya y nos ahorramos las molestias –.
Riley le muestra a su novio su sonrisa chueca y arrogante, con la comisura de los labios del lado derecho más en alto – Sólo creo que es divertido retenerla y ver al viejo aterrado por una semana más. Él no va a conseguir ese dinero en tan poco tiempo, va a tratar de huir pero no lo va a conseguir porque lo mantendré vigilado, no va a llegar muy lejos, sólo se ganará unas vacaciones permanentes en el fondo del mar – se ríe cínica.
Al escuchar los planes de esa yakuza, Shinku Ayame intenta escapar, jalando su mano con toda su fuerza para liberarse de su agarre, pero lo único que consigue es quedar adolorida y agotada.
Riley vuelve a recorrer con los ojos el cuerpo de aquella chica bajita que es tan delicada y débil que no consigue escapar de su mano aunque se esfuerce, y su mano es tan fina que parece que la romperá si la aprieta un poco más – Oh, qué monada. No puedes escapar de mí – se burla de ella, al tiempo que la carga, como si fuera una princesa en brazos de un caballero. – Y ni lo intentes o te castigaré – la amenaza con una sonrisa tétrica dibujada en su rostro.
La chica bajita y de ojos carmesí, tiembla y no se atreve a moverse. Le aterra pensar en lo que le sucederá ahora, en manos de los yakuzas; lo más seguro es que maten a sus padres pronto y también la maten a ella. ¿Por qué no me matan ya? Sería menos tormentoso ahora, en lugar de esperar sin saber en qué momento me ejecutarán , piensa, sollozando entre los brazos de aquella mujer peligrosa.
William resopla fastidiado. – Está bien. Hazte cargo de ese viejo y de la niña. Presiento que nos van a dar dolores de cabeza, sobre todo ella –. Él está seguro de que esa niña sólo será una molestia. Simplemente se resigna a cumplir el capricho de su novia porque confía en la manera en que ella soluciona los problemas que surgen en su trabajo. Abre la puerta de una vagoneta para que Riley suba ahí a esa niña, con sus subordinados – Esperemos que esta cachorrita se porte bien –.
– Yo me haré cargo – le responde la alta morena de ojos esmeralda, seria y segura, al atractivo muchacho rubio. Ella entiende que él va a dejar a la pequeña adolescente en un carro al azar, lleno de yakuzas. Hace una mueca de evidente desaprobación, por la certeza de que es pésima idea dejar sola a una guapa e indefensa adolescente con un montón de hombres peligrosos; si esa chica hace enfadar a sus yakuzas y ella no está ahí presente para imponer su autoridad de jefa y proteger a la niña, Shinku Ayame no saldría bien librada del lío. – Si no te molesta, Will, la llevaré conmigo. Es mi juguete personal ahora, sabes que no me gusta que toquen lo que me pertenece – le dice Riley a su novio.
Esta historia continuará…
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