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Querido Desconocido
Una colaboración entre Japiera Clarividencia y ChieroCurissu
Disclaimer: HQ! pertenece a Furudate-sensei
En la carta anterior: Uno, junto con devolver una billetera fluorescente por correo, adosa una carta en la que habla de su vida, de sus amigos y sus enemigos, a un desconocido que, llámese destino o no, tenía en su billetera extraviada un colgante de balón-chan, el mismo que Uno cuelga en su bolso deportivo.
Jueves 02/04/2015
Uno-kun, ¡hey hey hey!
¿De verdad encontraste mi billetera en Shimokita? ¿De verdad te tomaste la molestia de enviarme esto por correo? ¡Te estoy tan agradecido! Yo le pregunté a Akaashi, el otro día: ¿la gente es de esencia buena, cierto? Ya pensaba que no la recuperaría nunca.
La billetera me la compré yo mismo en una rebaja nocturna de accesorios luminosos y estoy muy orgulloso de esa compra. Akaashi dice que está muy bien, pero no hay concordancia entre la expresión de su rostro y sus palabras. ¡La figurita de vóley! Esa también me la compré yo mismo, y si está maltratada, es solo porque lleva muchos años conmigo. Los rayones y quemaduras solo demuestran lo mucho que me gusta, ¡deberías saberlo!
No, no tienes por qué saberlo. Lo acabo de consultar con Akaashi. Él dice que ciertas personas expresan su amor hacia los objetos cuidándolos; otros, como yo, usándolos hasta el punto del maltrato. Akaashi también dice que, en tales casos, es más práctico no tener ningún tipo de objeto.
Pero ¿sabes? Me hace tanta ilusión esta carta. Porque te gusta el vóley, como a mí. Yo tenía una agencia de detectives, en la primaria. Con Akaashi resolvimos el misterio de por qué la profesora había regresado tan gorda de vacaciones. Yo al principio barajé la posibilidad de que, así como hay mujeres que dan a luz a bebés gordos y rosados, otras dan a luz balones de vóley, de básquet, de todo tipo. Luego descubrimos que en realidad sí que había bebes gordos y rosados en su barriga. ¡Casi doy en el clavo!
Akaashi me regaña cada vez que cuento esa anécdota, pero yo siento que destila mucho de mi sagacidad en aquella época.
Pero ahhh, me distraigo. Y me acabo de dar cuenta que he escrito el nombre de «Akaashi» ya cinco, mentira, ¡seis veces! mientras que tú decidiste dejarlo todo en apodos, en numeritos. Te borraría la carta y empezaría en un papel nuevo si no estuviera tan pobre como estoy. No es buena idea independizarse antes de terminar los estudios. Yo creí que sería buena idea, pero estoy pobre y todavía no sé cómo hacerle para llegar a fin de mes. Estoy escribiéndote detrás de unas fotocopias de Geografía Económica, una asignatura que tuve el semestre pasado. Luego probablemente te termine la carta en el reverso de otra fotocopia, de Apicultura o algo así. No soy bueno armando mi malla académica y he tomado muchos cursos que todavía no se me ocurre cómo se complementan unos con otros, pero ya solucionaré eso. Seguramente deba de estudiar un año más.
Pero me desvío de nuevo. Es que soy tan disperso. De hecho, me han sugerido distintas personas —esta vez no te diré quienes, pero uno de ellos sin dudas fue Akaashi— que pruebe con escribir. También me han sugerido leer, y visitar museos. Yo voy a museos y termino metido en el conservatorio de bienes nacionales, preguntándole al curador cómo es que repara los marcos de los cuadros. Porque puedo entender más o menos cómo reparar un lienzo, pero ¿si un marco está picado por termitas?, ¿cómo lo haces para llenar los agujeros? No existe nada como la madera líquida, es lo que tengo entendido. El curador se ríe y dice que la palabra correcta es «restaurar», y es así como he terminado tomando en la universidad un curso de Técnica de la Restauración de Arte, que la verdad me parece de lo más interesante, pero así no voy a egresar nunca. Ya no sé qué estoy estudiando.
No es la mejor universidad, si se quiere mirar lo académico, pero tiene un buen equipo de vóley. A mí me ofrecieron una beca —por fortuna—, porque, Uno-kun, tienes razón, soy el ace. Lo fui en secundaria, lo volví a ser en preparatoria, y lo sigo siendo ahora. ¿Tú también tuviste una agencia de detectives? ¿La tienes ahora? ¿Por qué eres tan receloso?
Hoy en día es muy fácil enviar cartas. Eso le decía a otro amigo que tengo, a quien llamaremos Gato-kun. Hay buzones por todos lados en la ciudad, sin embargo, siendo tal fácil como es, preferimos el celular. Gato-kun trabaja en Shimokita, en una tienda de vinilos, y frente a su tienda hay un buzón de correos. El otro día tenía que hacer inventario, pero era demasiado trabajo para uno solo, y por una modesta comisión, me ofrecí a ayudarlo. La billetera se me tuvo que caer cuando sacaba la basura.
Oye, ¿y tú qué hacas en Shimokita?
Es curioso porque ese día con Kuroo vimos a una abuelita dejar un paquete en el buzón, tapizado de estampillas, salvo allí donde ponía la dirección. Yo le pregunté a Kuroo si acaso él enviaba cartas, y me dijo que para qué, si tenía el portátil y el celular. Yo también los prefería, hasta que me independicé y estoy pobre. Comprar un set de estampillas no es más caro que una bolsa de minutos o megas, pero no hay que pagar por luz para cargar la carta que se queda sin batería, por ejemplo.
A la fuerza, he tenido que desprenderme de las redes sociales. No ha ayudado a subir las notas, qué te digo. Estuve a punto de reprobar Química Analítica y no vuelvo a tomar una química en la vida. Al principio fue desesperante, porque al no poder usar mi teléfono, me di cuenta lo dependiente que éramos todos de él. Akaashi habla y escribe al mismo tiempo, a Gato-kun le llueven audios que ya no son míos. A ratos, estando rodeado de amigos, incluso así me sentía solo.
Hoy me sentía solo. Vivo solo, en un edificio lleno de polacos. A veces me visita Akaashi, para ver cómo estoy. Es de mis mejores amigos. Hoy Akaashi está aquí, pero al mismo tiempo no está conmigo, sino con Lentes-kun, o con Budín-kun, o vaya yo a saber a quién le escribe con tanto esmero al otro lado del teléfono. De pronto, en este estado de compañía virtual slash soledad real, me ha llegado no solo mi billetera querida, con mi llavero todavía más querido. Me ha llegado una carta de tu puño y letra y, sin saber nada de mí, me conversas, de tantos temas. Me hablas de tus amigos, que se nota que quieres tanto; y de tus enemigos, que aunque digas que no los quieres, te son importantes.
¿Sabes lo que significa?
Que por una razón que se me escapa, que tú le llamas destino, que yo le llamo «presentación del misterio» —también tomé un curso llamado Novela Policíaca—, hay algo que nos ha unido. Yo me sentía solo, y tú, que le hablas a un extraño de tantas cosas, pienso que necesitabas ser leído.
Puedo leerte lo que quieras escribirme.
Yo prometo que la próxima vez seré menos impulsivo y responderé una mejor carta. Ya no me queda mucho papel y no me gusta despedirme abruptamente, pero…
A tus otras preguntas que aún no resuelvo:
¿Si alguna vez he tenido un rival en el vóley?
Una vez se pone el balón en movimiento e inicia el juego, considero mis rivales a todos aquellos tras la red. En otros contextos, dependerá ya de nuestros signos zodiacales.
¿Si lo que cuenta es el trabajo en equipo?
En vóley se pueden ganar puntos por el trabajo de una persona, pero ¿todo un partido? Imposible. Tu amigo Cuatro-kun está en lo correcto.
Voy a descubrirte, Uno-kun. Volveré a abrir mi agencia de detectives.
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Tú por mientras, puedes llamarme
Gomu Gomu no Lechuza Roqueto Ace Yellow.
Japi: ¿Y? ¿Qué tal?
Gente: Ese Gomu Gomu no etc es un imbécil ¿cierto?
Japi: ¡Qué dices!
Chiero: Eso me temo...
Japi: ¡Senpai! ¿Tú también?
Chiero: Reveló la identidad de Akaashi.
Gente: Su carga académica es una desgracia.
Chiero: ¡Reveló la identidad de Kuroo!
Gente: Y su agencia de detectives es una vergüenza.
Bien, como sea. Gomu Gomu no Lechuza Roqueto Ace Yellow es... peculiar. Hemos dicho que es una historia de lo cotidiano, pero, ¿qué es lo cotidiano para Bokut... Ace Yellow?. Gracias por leer, hasta la próxima carta.
Japi&Chiero
