Hola! Cómo han estado? Yo muy bien, estoy de vacaciones!! Y aprovechándolas al máximo. Espero que les guste este capítulo.
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Disclaimer: Los primeros capítulos de esta historia no me pertenecen a mi, sino a TsukiTai y los personajes de The Prince of Tennis tampoco.
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Lo último que quería ser
Capítulo 2: Volviendo al pasado.
- Advierto que la razón se puede quebrar de amor y desbordar los sentimientos que tanto tiempo tuve dentro -
Si alguien entendía el dolor de un corazón quebrado esa era ella, ella que siempre tuvo fuerza para soportar palabras hirientes, actitudes desconsideradas o simplemente sabía como era cuando alguien ignoraba totalmente su presencia. Aunque con el tiempo pudo adaptarse, solo por amor a él.
Hasta que se cansó. Simple. Se cansó de ser ignorada, se cansó de él, se cansó de ella misma y cambió. Al rededor de ella creo una coraza, para que nadie pudiera volver a lastimarla y cada vez que alguien intentaba llegar más allá de esa coraza Sakuno se lo impedía, de tal manera que quedó sola, o casi sola. Aunque nadie pudiera herirla, eso no significaba ser feliz.
Esa mañana en la que tropezó con aquel chico todos los recuerdos salieron del rincón en el que estaban guardados, nuevamente se sintió frágil e intimadada.
¿Qué hacía Ryoma ahí después de tanto tiempo? Talvez su cabello negro y sus ojos color miel no habían cambiado, quizás el uniforme negro le daba un aire similar, pero el no podía ser Ryoma. Había una gran diferencia, aquel chico parecía gentil, no era como Ryoma. Ryoma era un idiota.
- ¿Estas bien?- Preguntó en peli negro.
- Sí... Solo te confundí con otra persona.
Sakuno respondió rápidamente y dio media vuelta para irse.
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- ¡Llegué!- Sakuno cerró de un gran portazo.- ¿Hay alguien?
Nadie respondía. Solo silencio.
- Deben haberse ido otra vez.- Dejó sus zapatos en la entrada y empezó a caminar.- Hoy fue un día largo.
Subió las escaleras y al encontrarse con la puerta de su cuarto cerrada con llave solo se sentó en el suelo apoyando la cabeza contra ella. Cerró los ojos y suspiró.
- Si que se parecía a Ryoma...- Suspiro de vuelta.- Ese no era él...- Una pequeña risa salió de sus labios y apoyó la cabeza sobre sus piernas.- Me habría reconocido.
De pronto el semblante de Sakuno se volvió triste. Se hallaba perturbada, con miedo y no podía creer que luego de dos años aún lo sintiera tan reciente.
Flash Back
Tenía el pie lastimado, para ser más específica, había tenido un accidente "jugando" al tenis, o más bien "intentando" jugar al tenis. Nada muy grave, pero aún así mi abuela me cuidaba como si fuera una fractura expuesta.
No quería molestar, así que cuidadosamente pasé por detrás de la cancha en donde ella estaba con los titulares del equipo masculino. Trataba de dar pasos cortos y suaves para que nadie me escuchara y había logrado pasar la mitad de la cancha cuando escuché la voz de uno de los sempais.
- ¡Hola Saku-Chan!
Cuando volteé a ver, todos me estaban mirando, incluso ella, y mis mejillas ardían así que no dudaba que estuviera sonrojada hasta la médula. No me gustaba ser descortéz pero en ese momento detestaba a Kikumaru-Sempai.
- Sakuno, ¿Vas a irte sola?- Preguntó mi abuela.
Ryoma me miraba y creía que no me daba cuenta, podía ser despistada pero no era tonta. Seguro se sentía culpable por lo de mi pie.
- Sí abuela, apenas si siento algo de dile allí.
- De acuerdo, supongo que ya estas bastante crecidita para que te este acompañando.
- Además no quiero molestar, si me acompañas tendrías que cancelar el entrenamiento.
- De acuerdo, me convenciste.
Hice un gesto con la mano a Kikumaru-Sempai, quien me saludaba efusivamente y me di la vuelta. Comencé a caminar y el dolor en el pie aumento considerablemente. Ya no caminaba tan rápido como al principio. Seguí un poco más lento y escuché unos pasos detrás mío. Poco a poco se sentía más cerca y cuando llegó a mi lado pude ver que era Ryoma.
- Ryoma- Kun.- Volví a mirar hacia adelante.- ¿Qué haces aquí?
- Te acompaño.
Simple y conciso. "Te acompaño". Creo que eso era obvio, pero, ¿Por qué me acompañaba?
- Tu pie.
- Ah.- Parecía que leía mi mente.
El viaje se volvió lento y silencioso. Ryoma solo miraba hacia el frente y yo al suelo. Era inútil sacar tema de conversación teniendo en cuenta que él solo respondía con monosílabos, si era que contestaba. Por suerte ya estábamos a una cuadra cuando reuní valor suficiente.
- ¿Po- Por qué haces e- esto?
- ¿Qué?
- Acompañarme, lo que hiciste ayer.
No respondió, solo me miró y eso era horrible, a pesar que esos eran los ojos más bonitos que había visto en toda mi vida y que sentía mi estómago revuelto. Quizás no me molestaba demasiado que posara su mirada en mi, después de todo era lo que más me gustaba de él.
A una calle de mi casa Ryoma se veía diferente, comenzaba a actuar extraño. Me miraba demasiado y se acomodaba la gorra, no entendía. Al llegar, subí los tres escalones que me separaban de la puerta de mi casa y coloqué la llave en la cerradura. Ryoma no se iba, es más no solo no se iba sino que comenzaba a subir los escalones también.
- ¿Qui- Quieres pasar Ryoma-Kun?
Él se acomodó la gorra y entró. Deje los zapatos en la puerta y caminé a la cocina. Tomé dos pontas, una de uva y una de fresas.
- Toma.- Extendí mi mano torpe y con miedo como si la lata fuera de cristal y él la tomó.
- Gracias.
El tiempo pasaba y mis padres aún no llegaban. Estaba preocupada, hacía dos días que ya no volvían temprano y mi padre ni siquiera volvía.
Había escuchado a mi madre hablar por teléfono varias veces. También la escuchaba sollozar en su habitación. Papá estaba enfermo, estaba segura. Más de una vez estuve tentada de ir hasta el hospital, él se hacía muchos estudios. Siempre decía que estaba bien, pero ya no volvía.
En ese momento no me importaba si no volvían nunca con tal de poder quedarme con Ryoma un rato, que tonta era. Aunque el tiempo se hacía lento y algo pesaroso, ya que no hablábamos y las veces en las que él me miraba yo le esquivaba la vista, ansiaba saber el por qué de toda esa semana de locos.
- Ryuzaki.
De pronto me sacó de mis pensamientos y lo miré de costado, jugando con mis dedos por los nervios.
- ¿Sí...?
Lo vi vacilar al momento de responderme y eso era raro, tanto que una pequeña risa brotó de mis labios sin darme cuenta. Al instante cubrí mi boca y dirigí la vista al frente para no mirarlo.
- ¿Me muestras tu casa?
¿Qué? ¿Me había pedido que le mostrara mi casa? Eso no lo esperaba. Iba a acceder a su petición, pero me di cuenta de algo muy importante.
- Sí, c- claro.- Hizo una pequeña mueca.- Espérame un segundo que me cambie el uniforme, es algo incómodo.
Subí las escaleras tranquila, pero una vez que Ryoma ya no podía verme, corrí por el pasillo y entré a mi habitación.
Empecé a esconder algunas cosas que consideraba vergonzosas. Fotos de niña, muñecas, osos. Nunca me arrepenti tanto de que me gustara el color rosa.. Cuando creí que ya estaba todo, me di cuenta que no, en la mesa de luz había una foto, una foto en la que aparecíamos ambos.
Tomé la foto entre mis manos y sonreí. Suspiro. Me costó pero guardé la foto en el cajón.
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Ryoma comenzaba a aburrirse ahí abajo. No sabía que hacer para pasar el tiempo. Se paró, recorrió toda la sala, ida y vuelta, varias veces.
El teléfono empezó a sonar. El oji dorado se acercó, aunque no sabía si responder o no, y se decidió a que sí respondería.
- ¿Hola?- Dijo dudoso por saber si había hecho lo correcto.
- ¿Quién habla? Disculpe me equivoqué de número.
- No. Soy Ryoma, Sakuno esta ocupada.
- Ah Ryoma, ¿Qué haces ahí? ¿Están bien? ¿Podrías decirle que no llegaremos hasta mañana a la tarde?
- Claro. Hasta luego.
- Adiós.
Cortó la llamada. Eso había sido raro.
Los padres de Sakuno no estarían en todo el día, quizás ese era el momento de dar el paso que nunca se había animado a dar. Desde que se enteró que viajaría a Estados Unidos, trató de acercarse casa vez más. Antes de irse, antes de que ella lo olvidara. Por eso estaba decidido a hacer lo que fuera, porque si algo pasaba ese día, ella ya no podría olvidarlo nunca.
Con miedo, muy raro en Ryoma, subió las escaleras lento, esperando que el momento en que se acaben los escalones no llegara nunca. Más de una vez retrocedió, pero volvió, siguió adelante. Él tambien estaba nervioso, después de todo solo tenía quince años y también ella era la primera chica en su vida. Llegó a la puerta y la vió adornada con un delicado letrero que decía: "Toque la puerta antes de entrar. Gracias."
Ryoma la abrió. No le importó nada más, solo el valor que había juntado desde el momento en que Sumire lo había enviado a acompañar a su adorada nieta.
No esperaba llegar en un momento tan inoportuno como en el que había llegado. Entró, cerró la puerta y se dió vuelta para no ver a la chica.
- Ryoma-kun. ¿Q- Qué hac- es a- aqui? Te dije q- que m- e es- esperarás abajo.
Sakuno estaba totalmente sonrojada, nerviosa y vulnerable. Ryoma se sacó la chaqueta de su uniforme y con los ojos cerrados, y deseos de abrirlos, se acercó a ella y la cubrió dulcemente. La peli rojiza temblaba al sentir la chaqueta de su chico perfecto sobre ella.
A Ryoma, miles de pensamientos impuros le llegaron a la mente, y negó con la cabeza para sacarlos de allí, pero no podía dejar de imaginarla así.
- Esto es por tu culpa Nanjiroh...- Susurró tan despacio que ni siquiera él mismo logró escuchar.- ¿Ya estas bien tapada Ryuzaki?
- S- Sí.
Ryoma abrió los ojos lentamente y la miró directo a los suyos.
- ¿Qué querías Ryoma-Kun? ¿Por qué entraste?
El oji dorado ya no se resistía y la peli rojiza tampoco, aunque ambos morían de verguenza. Ryoma se acercó más. Sakuno dió un paso hacia atrás. Eso lo frustró, habría jurado que la chica respondería a cada uno de sus actos como si de respirar se tratara. Estiró su mano y acarició su mejilla, los dedos continuaron hasta sus labios y se frenaron ahí. Ya no más. Ryoma la besó. Simplemente la besó y Sakuno respondió. Fue un beso demasiado suave, demasiado lento, demasiado torpe. Se separaron. No se conformaría con eso, quería más, mucho más. La tomó por los brazos firmemente y la acercó más a él. Ese si era un beso. Respiraciones agitadas, corazones desenfrenados, deseos liberados. Él la tomó por la cintura y ella rodeó su cuello, olvidó que entre sus manos tenía la chaqueta y esta cayó lentamente al suelo, dejando a la peli rojiza semidesnuda.
- Espera Ryoma-Kun.
- Dime solo Ryoma.- Este tenía la voz agitada y no paraba de besarla.
La recostó sobre la cama y comenzó a besarle el cuello y a acariciar su piel, desesperado, hambriento. Sakuno no resisitía más, pequeños gemidos brotaban de sus labios.
- Ryoma.
Ryoma cerró sus ojos, se sintió orgulloso al escuchar que ella gimió su nombre, y sonrió.
- Sakuno.
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Ella dormía plácidamente, la luz del sol impactaba su rostro y dejaba ver esa piel ligeramente coloreada por un tono rosa.
Se movía entre las sábanas, mientras Ryoma se ponía los zapatos. No quería despertarla, se veía hermosa así. Se levantó de la cama y comenzó a buscar entre algunas mesitas algún tipo de papel. Tarea fácil. Lo que no podía conseguir era un bolígrafo, buscó en todas partes, incluso debajo de la cama. Hasta que vió el cajón. Lo abrió y no se esperaba ver eso ahí. Bolígrafos, había bastantes, todos desparramados, incluso de diferentes colores. Lo que vió: Aquella fotografía. No era una foto cualquiera, era la foto. Ambos, ella sonriendo, feliz, él sorprendido, con pánico y un ojo lastimado. Tomó la foto y el boli. Con paciencia escribió seis notas diferentes y terminó haciéndolas un bollito. Hasta que una lo convenció.
"Sakuno: No pensé que escucharte decir mi nombre fuera tan emocionante. Me voy, pero aquí tengo la oportunidad de decirte que te amo. El día que vuelva volveremos a encontrarnos. Te amo Sakuno. Ryoma."
La terminó y la guardó en su cuaderno de inglés. Luego tomó la fotografía se la llevó.
Al escuchar la puerta de entrada cerrarse, Sakuno se removió en la cama y se refregó los ojos.
- ¿Ryoma?
Miró a ambos lados de su cama y luego cayó en cuenta de qué hora era. Se levantó de prisa y se vistió. Cuando recordó lo que había pasado el día anterior no pudo contener la vergüenza. ¿En serio lo había hecho? No sé lo había imaginado así. Primero la intentaba besar durante las prácticas, y después eso.
Una vez lista bajó las escaleras. El dolor del pie era fatal. Al lado de la puerta estaba la raqueta roja de Ryoma. La tomó y se la llevó con ella a Seigaku.
Ryoma no estaba por ningún lado y la peli rojiza sentía que algo andaba mal. Era hora del almuerzo, luego tenía inglés, odiaba esa materia, pero Ryoma no. Nunca faltaba a clase de inglés. Incluso cuando faltaba a las primeras clases llegaba a la hora del almuerzo, pero ese día no. Cansada de tanta intriga se escabulló para ir a dónde se hallaban los Sempais.
- Momo-sempai, ¿Ha vi- visto a Ryoma?
Momoshiro miró a Eiji quien se puso serio como pocas veces.
- Sakuno, Ryoma debe estar en la aeropuerto ahora, viajaba a Estados Unidos.
- Debo devolverle su raqueta.- Dijo triste.
- No creo que puedas devolvérsela, lo lamento Sakuno.
- Ah.- Sakuno quedó shockeada ante la respuesta.- Gracias Sempais.
Tranquila caminó hasta su casillero y dejó ahí el libro de inglés. Lo cerró con su candadito y se encaminó hacia la azotea. Agarró la raqueta y comenzó a golpear una pelotita contra la pared. El pie le dolía demasiado, así que tuvo que detenerse. Tomó la llave de su casillero y la arrojó hacia el patio de Seigaku.
- Te fuiste...
Fin Flash Back
Sakuno abrazó sus piernas aún más fuerte.
- Aunque hayas sido el primer chico que entró en mi vida, te haya amado y aparezcas nuevamente... Juro por mi y por todo lo que amo... Que ya te olvidé Ryoma Echizen.
Su rostro lucía cansado, más pálido de lo normal, lo contrario a lo que demostraba. El timbre sonó y ella preparó su rostro falso. Preparó su personalidad fría y bajó las escaleras, pero al abrir la puerta no hizo más que abrazar fuertemente al chico que solamente respondió al abrazo.
- Sora.- Sintió el perfume masculino y suspiró.- Te necesitaba.
- Sí, pero, ¿Qué pasó?
- Solamente tenía ganas de abrazarte.
