Adaptacion de Mariposas Blancas por Stamie
Para version Twilight x Mi
Corre
Cuando abrí los ojos ya no me cegó la luz del sol. Estaba tumbada en una incómoda camilla, rodeada de gente a la que no conocía. Traté de incorporarme, pero sentí como una mano me empujaba contra la camilla para evitar que me moviera.
-No, Isabella, quédate tumbada- susurró una voz masculina que ya me era familiar.
-¿Dónde estoy?- pregunté, parpadeando varias veces para humedecerme los ojos. Noté un fuerte dolor de cabeza y no pude evitar presionarme la frente con la mano derecha para aliviarlo.
-En la enfermería ¿Cómo te encuentras?
-De vicio- traté de incorporarme de nuevo, pero volvieron a impedírmelo.
-Que te tumbes- me instaron de nuevo.
-Túmbese usted ¿vale?- dije enfadada, mirando al profesor con los ojos entrecerrados. Él dejó de sujetarme y al fin pude sentarme en la camilla.
Doblé las piernas y me tapé la cara con ambas manos. Menudo comienzo… lo único que deseaba era pasar lo más desapercibida posible y marcharme cuanto antes de allí, pero estaba segura de que ninguna de las dos cosas era ya posibles.
-¿Está usted bien, señorita Swan?- me preguntó de nuevo la directora.
-Sí- mentí- sólo me duele un poco la cabeza ¿Qué ha pasado?
-Perdiste el conocimiento- no pude reconocer esa voz, así que alcé la mirada para ver quien era. Vi a un hombre alto y moreno, de unos cuarenta, con bata blanca y gafas.- La buena noticia es que no estás embarazada- bromeó, ojeando mi informe.
-Si lo estuviera yo sería la Virgen y esto la segunda venida de Cristo. Oiga…- el médico y el profesor rieron, pero a la directora no apreció hacerle gracia mi comentario-… ¿puedo irme ya?
-Que impaciente- dijo en un susurro.- Es probable que te siga doliendo la cabeza el resto del día y que te marees. Come algo dulce, necesitas subir el azúcar, y vuelve mañana por la mañana para que te eche un vistazo- ¿y no le podía dejar una foto mía para que la pegara a la espalda de su mujer? Odiaba a los médicos, a todos y cada uno de ellos y el doctor de Greenwood no sería una excepción.
Me puse de pie lentamente, rechazando la ayuda del médico y tardé un segundo en estabilizarme. Entonces me di cuenta de que no sólo me dolía la cabeza, si no también el estómago y no era hinchazón o un empacho, estaba vacío, tan vacío que no dejaba de rugir y de quejarse. Ni siquiera sabía donde estaba la cafetería, pero mi madre había sido previsora y me había guardado todas esas chocolatinas en la maleta.
-Te acompañaré a tu cuarto, Isabella- se ofreció el joven profesor.
-Bella y Puedo ir sola, no volveré a desmayarme- supe desde ese instante que mi actitud no era, ni nunca sería, del agrado de la directora, pero quizás en ese momento me lo pasara porque no me sentía demasiado bien.
-No lo dudo, pero no creo que sepas dónde está tu cuarto y este lugar es grande, podrías perderte- No había caído en eso, ni siquiera recordaba qué celda me habían asignado.
No respondí, sólo bajé la cabeza. Sí, el ganaba.
Me encaminé hacia la puerta de la enfermería y él me siguió, caminando tan despacio como yo, sin dejarme atrás, sin tratar de meterme prisa. Pero yo me sentía ridícula yendo tan lenta, así que tomé aire y tragué como pude mi dolor para caminar erguida y a paso rápido.
-¿Cuál es mi celda?- pregunté tras un par de minutos de camino en silencio. El hombre rió y me miró negando con la cabeza.
-Creo que no te gusta mucho haber venido aquí.
-Premio para el caballero.
-Yo estudié aquí ¿sabes?
-¿Sus padres también le odiaban?
-Sólo mi padre- quizás sólo intentara seguirme la corriente, pero me dio la sensación de que decía la verdad. Se metió la mano en los bolsillos y bajó la vista al suelo, pensativo.- Esto no está tan mal. Las celdas son grandes, te dan tres comidas al día y entre clase y clase puedes salir al patio.
-¿A hacer pesas y jugar a baloncesto?- porque según las películas de presos, eso era lo que hacían en los patios, eso y trapichear y apuñalarse los unos a los otros.
-Me caes bien- me dijo sonriendo- Soy el profesor Phillips- se presentó al fin- Enseño literatura.
-Bella Swan- me presenté sólo por no quedarme callada, era obvio que él ya sabía quien era yo. Volví a meter las manos en los bolsillos de los vaqueros, sin dejar de pensar en las cicatrices. A esas alturas todo el mundo lo sabría. Phillips lo notó y trató de restarle importancia.
-La camisa del uniforme es de manga larga, nadie las verá.
-Taparlas no harán que desaparezcan- de eso ya me había dado cuenta hacía muchísimo tiempo- No quiero hablar de esto.
-No, no claro que no- se apresuró a responder él.
Tuvimos que subir un par de pisos de escaleras hasta llegar a una galería cerrada. Un pasillo acristalado que unía la nave principal del colegio con otro edificio algo más nuevo. Greenwood Place había sido antes de un internado mixto, uno sólo para chicos y al comenzar a admitir a chicas habían restaurado una torre cerrada. Por comodidad, había construido ese pasillo para unirlo. Era antiestético y se mataba con la elegancia natural de la construcción, pero si llovía y tenías que ir a tu cuarto, no te mojabas.
Mi celda estaba situada en el último piso. Allí estaban las habitaciones individuales. Mamá y papá se habían encargado de que me encerran en una celda individual para que nadie me molestara y para que yo no molestara a nadie en mis noche en vela, o al despertarme de mis pesadillas. Para mi era genial, pero tenía en cuenta que muy pocas chicas tenían cuarto individual y el resto eran todos dobles, seguro que daba una impresión equivocada a los demás alumnos.
Niña bien que no quiere compartir celda con nadie... genial.
Lo curioso del último piso era la forma de llegar a él. En el penúltimo se terminaban las escaleras y para llegar al piso de arriba había que subir por una antigua escalera de caracol de hierro. Tan hornamental, tan antigua y casi destartalada... me encantaba, pero no estaba segura de que aguantara muchos viajes.
-Ten cuidado- me advirtió el profesor.- Estas escaleras no son de fiar.
-¿Y por qué no las cambian por unas mas seguras?- noté cómo se tambaleaban nada más pisar el primer peldaño.
-Son una reliquia del colegio, la directora se resiste. Pero pronto habrá que reformarlas, al menos- algo era algo. Subí con cuidado y, al llegar al último escalón tropecé, caí de rodillas y no pude evitar mirar abajo. Las escaleras se tambalearon y yo me mareé.-¿Estás bien?- Phillips me agarró del brazo y me ayudó a levantarme. Noté como se me subía el color a las mejillas.
-Sí, sí... sólo he tropezado- viva mi obviedad, eso me hacía sentir aún más ridícula.
-Yo me tropecé mil veces por aquí- trató de hacerme sentir algo mejor, y no es que no lo valorara, pero no me gustaba dar pena.- Aquí arriba hay cuatro cuartos. Estás rodeada de las mejores chicas, las dos delegadas y la presidenta del alumando.
-Sí, la élite- la aburrida élite ¿Se supone que estaba a más nivel que las demás por tener celda en la buhadilla?
-Ya han subido tu equipaje y te han dejado una carpeta con el libro de normas, tu horario de clase y algunos papeles más de el mismo interés- ¿Nulo?- Aquí tienes las llaves.
Se sacó un llavero con la llave del bolsillo y me la dio. Yo misma abrí la puerta de mi celda y, para mi disgusto, me gustó. Era amplia y abuhardillada y estaba muy bien iluminada. La luz llegaba de un ventanal diagonal y caía directamente sobre el escritorio. Cama de plaza y media con dosel, un armario de doble puerta, tocador y un baño pequeño.
-¿No está tan mal, no? - preguntó Phillips, sonriendo de lado. Me encogí de hombros y en cuanto puse un pie sobre el parqué pulido otro escalofrío me recorrió la espalda y respiré profundamente, contuve el aire y me puse rígida.
Me vi de pie ante el espejo del baño, pero no era yo quien estaba reflejada en él. Negro sobre blanco. Esos enormes ojos negros, esa piel pálida y el cabello largo y oscuro. Me devolvía una mirada triste y profunda.
¿Estás bien?
Dijo con el mismo tono en que me lo había preguntado antes. La miré, miré mi reflejo, su reflejo y me quedé paralizada cuando sus ojos se inyectaron en sangre y sus labios se pusieron morados. La piel palideció hasta el extremo y comenzó a tornarse azulada. Una marca gruesa y morada se dibujó alrededor de su cuello y me sonrió con malicia.
¡Tú eres la siguiente!
Dijo con una voz grave y rasgada. Su brazo salió, literalmente del espejo y me agarró por el cuello, tirando de mi hacia ella. Choqué de frente con el cristal, que se partió y vi la sangre salir a borbotones de mi frente, sin poder liberarme de la mano que me apresaba el cuello.
Solté de golpe todo el aire, sintiendo un dolor punzante en la frente. Me llevé las manos al centro del dolor, doblándome. Noté como me temblaban las manos y como las de Phillips me rodeaban por la cintura, tratando de sujetarme.
-¡BELLA!¿Estás bien?- preguntó preocupado. El dolor no cesaba y yo no sabía que decir, ya era la segunda vez en el mismo día, el primer día, que me pasaba lo mismo.- ¡Bella, por Dios!
Las otras tres chicas que compartían el último piso ya estaba fuera de sus cuartos cuando conseguí reincorporarme. Estaba mareada y veía todo borroso. Las ignoré y fruncí el ceño cuando vi cómo me miraba el profesor Phillips.
-E-estoy bien- musité, respirando tranquilamente.- ¿Qué pasa?
-Tus ojos... y tu cuello- tragué saliva, confundida. Phillips no decía nada y me estaba preocupando. Las otras chicas también me miraban perplejas.
Como nadie dijo nada, entré corriendo en el cuarto y fui al baño a mirarme al espejo. Tenía los ojos inyectados en sangre, como si se me hubieran roto varios vasitos sanguíneos de los globos oculares. Había palidecido y mis labios habían adquirido un todo violáceo. Pero no era lo peor, lo peor era el cuello. Mi respiración de aceleró por el miedo y abrí el grifo para mojarme la cara, me agaché y el frío en contacto con mi piel me hizo sentirme mejor. Al mirarme de nuevo al espejo Phillips estaba detrás de mi, lo que hizo que me sobresaltara. Me di la vuelta y di un par de manotazos al aire, nerviosa.
Phillips los esquivó como pudo y me sujetó los brazos.
-Bella, cálmate ¿Qué te pasa?
-Estas marcas...mis ojos... el cuello...- musité sin mucho sentido.
-¿Qué marcas?- Phillips me hizo girarme para verme en el espejo. No había nada. Mi cara estaba como siempre, quizás algo más pálida por el mareo, pero mis ojos, mis labios y mi cuello estaban intactos.- De repente saliste corriendo y me preocupé.
-La cara que puso...
-¿Qué cara?
-Déjelo, no importa- resulta que ahora me lo había imaginado.- Márchese, por favor.
-¿Estás segura? ¿No necesitas nada?
-No, sólo que se marche- insistí.
Phillips no dijo nada más y salió de la habitación. Vi a las tras chicas mirándome desde el pasillo, cuchicheando en voz baja y cerré la puerta de un golpe, mirándolas con odio hasta ver sólo madera.
¿Qué me está pasando?
Me pregunté a mí misma, nerviosa. Caminé de un lado a otro, hasta casi desgastar el suelo y decidí entretenerme deshaciendo mi equipaje, eso era mejor que seguir comiéndome la cabeza con los nervios.
En mis tres maletas y mi bolsa de viaje, la mitad de las cosas las había guardado mi madre. Odiaba hacer el equipaje, dar un paso y otro para marcharme, estar cada vez más cerca de abandonar a mi familia, al tiempo de ser yo la abandonada. Topé con las chocolatinas en la primera maleta, pero estaba tan nerviosa que se me había cerrado en estómago y ya no tenía hambre.
Deshice las maletas, leí el libreto de normas y repasé un par de veces mi horario. Hice en un día lo que podía haber hecho en todo el fin de semana. Era sábado, un sábado que a cualquier persona le encantaría, cálido y soleado, pero para mí había resultado ser un día horrible.
Hacia las once de la noche se me abrió el apetito, pero no podía vivir sólo de chocolate, necesitaba beber algo y quizás tomar una pieza de fruta. Además, me estaba agobiando demasiado en aquella celda. No dejaba de pensar una y otra vez en lo mismo, así que cogí mi chaqueta de piel negra, el móvil, un par de chocolatinas y mi llave y, tras armarme de valor, salí.
No me topé con nadie fuera. Me sentía extraña. Las cuatro puertas estaban dispuesta de forma circular alrededor de una espacio vacío. 1,2,3 y 4. Sentí como si al estar allí tuviera que elegir una puerta, la única correcta y desde ese momento estuve segura de que siempre sentiría esa sensación de duda al quedarme allí de pie, en esa entrada.
Bajé con cuidado por las escaleras de caracol, tratando no volver a tropezar y después fue escaleras abajo hasta llegar al tercer piso. Desde ahí crucé la galería que conectaba la torre de cuartos de las chicas con el resto del colegio y no tardé demasiado en escuchar música.
"Primera noche, primera fiesta"
Traté de ir en sentido contrario a la música, no me apetecía cruzarme con nadie. Sólo quería caminar, disfrutar poco a poco del chocolate y, con un poco se suerte, encontrar la cocina abierta. Caminé durante un buen rato por los pasillos hasta ceder y declararme oficialmente perdida. Pensé en rehacer mis pasos, pero todos los pasillos eran iguales y no serviría de nada, así que me deslicé contra una pared hasta quedar sentada en el suelo y me encogí como un ovillo. Parecía realmente retraída, pero me daba igual. Estaba exhausta y preocupada, estaba enloqueciendo y no tenía cerca a mi psiquiatra para que racionalizara la situación.
No, no podía ser. De repente las caras de mi sueño cobraban vida. Algunos me hipnotizaba, otros se colaban en mi espejo... me mareaba, sentía dolor y veía cosas que no estaban, que no pasaban. Dios, sólo llevaba un día allí y ya NECESITABA salir corriendo.
Tras un rato de soledad escuché unos pasos acercándose rápidamente. Con un poco de suerte pasarían de largo y yo seguiría siendo sólo un rumor. Ojalá hubiera tenido suerte pero, por alguna razón, desde que me bajé del coche, estaba marcada por el desastre... si no lo estaba ya desde antes.
-Vaya- dijo una voz femenina muy aguda desde no muy lejos- Tú eres la chica nueva.- Bravo.
Levanté la vista y me quedé helada. Era la rubia, la chica rubia de ojos saltones que me cruzara al salir del salón antes de enloquecer y correr hasta desmayarme. La chica de mis sueños. Esperé un flash, pero no llegó. Pensé que si la ignoraba desaparecería, pero sólo se acercó a insistirme.
-Todo el mundo hablaba hoy de ti ¿Te desmayaste? ¡Vaya! Yo me desmayé una vez, me puse a girar sobre mi misma hasta que me mareé y tuve que parar y entonces ¡plaff!- Hablaba tan rápido que sus palabras se pegaban unas con otras ¿Por qué no se callaba?- Me diste miedo ¿sabes? Cuando me miraste con esa cara de miedo y luego saliste corriendo fuera...
-Calla, por Dios- dije cuando me harté de escucharla.- Tu voz es muy molesta.
-Lo siento... es que a veces hablo demasiado, todo el mundo lo sabes, pero ahora que estás aquí me dejarán todos en paz...
-¿Ahora yo soy la rara, no?-eso no me consolaba.
-Sí, más o menos. Pero ignóralos a todos, son unos idiotas.
-Me llega con que no sean tan pesados como tú- ella rió, tomándose mi comentario a broma.
-Me llamo Rose, Rosalie Hale ¿Y tú?- No dije nada, seguro que ya me habían puesto un mote cruel como 'desquiciada' o 'suicida' o algo por el estilo.-¿Por qué saliste corriendo cuando me viste? No soy tan fea...
-No fue por ti, estaba algo mareada y desorientada... Siento haberme chocado contigo y con la morena ¿vale?
-¿Qué morena?
-La paliducha de ojos negros- la de mi espejo, la que daba un miedo horroroso.
-No, no, no. Te chocaste conmigo, te diste la vuelta y te paraste un instante... y luego saliste corriendo- ¿Qué? No, imposible ¿qué? Pero estaba allí, como en el espejo, me preguntó si estaba bien y... luego el rayo blanco.
Salí corriendo. Me levanté rápidamente y salí corriendo ignorando completamente a Amelia. Corrí, sin saber a dónde iba, rápido, rápido... no respiraba, no veía a dónde iba. Sólo corría.
Cuando no pude más paré. Sentí una fuerte presión en el pecho, no lograba coger aire, como si la entrada a mis pulmones estuviera cerrada. Quemaba y dolía y mis nervios iban en aumento. Y entonces escuché una voz, una voz totalmente incoherente.
Sola... Estoy sola... otra vez, ha ocurrido otra vez. Quiero que pare, quiero hacerlo parar... será esta noche ¡esta noche! Isabella... ¡Bella!...
El susurró se hizo cada vez más fuerte, yo me pegué a uno de los muros, tanteando en la oscuridad, tratando de volver a correr hasta que ... ¡Bella! Me di la vuelta y me topé de frente con una silueta irreconocible. Chillé y di manotazos al aire, nerviosa. Me sujetaron con fuerza por las muñecas y trataron de hacerme parar. Tenía miedo, estaba aterrorizada.
-Tranquila, tranquila ¡Párate!- dijo una voz masculina.
-¡Suéltame!- chille
-Baja la voz, por favor, y te soltaré... respira- Odiaba que me dijeran que respirara, si pudiera hacerlo con normalidad, lo haría. Poco a poco me calmé, pero él no me soltó, por mucho que yo forcejeara.
-¡Suelta!- dije enfadada, tirando con todas mis fuerzas. Al fin me soltó y yo escudriñé en la oscuridad para ver quien era. Pero lo único que reconocí no me gustó.
Grandes, brillantes y verdes como esmeraldas. Mis ojos se acostumbraron a las sombras y pude distinguir con dificultad su cabello dorado claro y sus facciones perfectas y angulosas. No supe que decir, quizás si me daba la vuelta y me iba, él me dejaría en paz... pero no.
Me agarró del brazo para detenerme, pero no hizo demasiada fuerza. Su mano parecía más segura ahora que la primera vez, cuando salió tras de mi en la reunión. Me di la vuelta pero no le miré. Sentí como sus ojos se clavaban en mí, cómo cuando sabes que alguien te mira desde lejos y no quieres girarte o levantar la vista para no cruzar tu mirada con la suya.
-Te he dado un buen susto ¿eh?- dijo con tono jovial- Lo siento, no era lo que pretendía. Soy Edward Cullen.- No me presenté, a esas alturas yo era la 'Desquiciada de Greenwood', seguro. -Di algo, sé que no eres muda- no, claro que no, me había escuchado decir joder.
-...- alcé al fin la mirada- Suéltame- dijo alto y claro, sonando tan fría que me sorprendí a mi misma. Cullen me soltó enseguida, algo sorprendido. Me miró con esa estúpida mueca de tristeza, como diciéndome 'Me ha molestado' y no pude evitar sentirme culpable y tratar de arreglarlo... odiaba mi carácter.- Soy Bella.- él me sonrió.
-Isabella,perdon Bella... la chica nueva-rezaba porque novata fuera lo único que me llamaran, pero no sería así.- ¿Seguro que no te conozco? Porque es como si ya te hubiera visto antes... los chicos piensan que intento ligar contigo, pero en este caso es cierto.
1- Me sorprendió tanta sinceridad de golpe.
2-¿De verdad utilizaba eso de '¿Nos hemos visto antes?' para ligar?
-Ya bueno... pues no, no nos conocemos- mentí y me dolió hacerlo. Le conocía, le conocía de mis sueños. Conocía su dolor, su sufrimiento, conocía cada detalle de su perfecto rostro... pero mentí.
-¿A dónde ibas?- fijó sus ojos en mis antebrazos, a pesar de estar cubiertos por las mangas de mi cazadora.
-¡Córtate un poco!
-Perdona- quise imaginar que había logrado sonrojarlo, pero daba lo mismo.- Esto... ¿a dónde?
-A mi celda- mi boca dijo eso, pero mi estómago no. Rugió, hambriento y me fastidió la excusa.
-Claro... pero creo que tu cuerpo te pide algo de comer. Puedo guiarte hasta la cocina y...
-Guíate tú solo- dije dándome la vuelta. Volvería como fuera a mi cuarto, sola, y dejarí atrás las paranoias.
Aceleré el paso ignorando mi nombre. Él me llamaba, sabía quien era y quería que me quedara, pero yo no. Yo quería irme, desaparecer. Esa noche tendría que tomarme algo para poder dormir... felices pesadilla
Lo primero ,es lo primero gracias a los dos reviews espero no fallarles gracias y espero le digan a mas gente y les gustee.
Besote bay
