Segundo capi arriba!!!! ^^
Este se lo dedico a Daina-chan porque ES SU CUMPLEAÑOS!!!!! (y te aviso que pienso subir tu regalo luego, pero si atentas contra mi ya no habrá nada, así que tu escoges!!! ¬¬)
El tópico en esta ocasión es "Instinto maternal" XD
DISCLAIMER: Ni Hetalia ni sus personajes me pertenecen son propiedad de Hidekaz Himaruya. ****************
La primera vez que Tino vio a Sealand -Peter Kirkland- pensó: primero, en lo parecido que era a Inglaterra, y segundo, que se trataba de un niño alegre, travieso y lleno de energía. Y al escuchar el saludo de la pequeña nación terminó por comprobar que estaba en lo correcto.
-¡Hola! Soy el Poderoso Imperio de Sealand, que algún día le pateará el trasero al idiota de Inglaterra, pero puedes llamarme Sea-kun. Por favor trátame bien ¿Y tú quién eres?
El niño sostenía una pequeña maleta y lo observaba con sus ojos verdes llenos de curiosidad y sus grandes cejas alzadas. Suecia estaba a su lado. La representación de Finlandia sonrió y se disponía a presentarse apropiadamente cuando alguien lo interrumpió.
-Él es F'nlandia, T'no- lo señaló y el aludido se sonrojó de manera anticipada al adivinar el siguiente comentario- Es mi e'posa.
-¡Su-san!
-Y a p'rtir de 'hora s'rá tu m'dre.
-¡Su-san!-le gritó más avergonzado que antes y luego se cubrió el rostro con las manos, ignorando la mirada perpleja de su nuevo hijo. ¿Por qué Berwald siempre tenía que escoger el momento menos oportuno para decir esas tan vergonzosas?
-¿Mamá?-lo apuntó con su dedo índice y el sueco asintió- ¿Seguro?-volvió a asentir. Tino se quedó inmóvil mientras el pequeño lo observaba de arriba a abajo. Al final se limitó a encogerse de hombros en lo que parecía ser un gesto de aceptación, aunque todavía no se veía del todo conforme con la idea.
Tras esa incómoda presentación, el finlandés agradeció inmensamente cuando Hana-Tamago se acercó a olfatear al recién llegado.
-¡Un perrito!-exclamó alegremente Sealand y alzó al animalito, que aprovechó para lamerle el rostro, como dándole la bienvenida.
Aprovechando la pequeña distracción, Finlandia les recordó que la comida ya estaba lista y se enfriaría pronto, por lo que les insistió que pasaran al comedor para disfrutar de la que sería su primera cena en familia.
Por suerte nadie parecía querer recordar ni mencionar el desafortunado incidente anterior. Sealand estaba demasiado ocupado comentándoles a los mayores cómo a pesar de ser tan pequeño su corazón era cien veces más grande que el de todas las naciones del mundo juntas, sus planes para convertirse en una gran nación reconocida por todos (y más poderosa que el idiota Inglaterra) y que si sus nuevos "padres" eran buenos y amables con él, con gusto estaría dispuesto a darles un lugar importante en su gran imperio.
-Y por eso es que tienen que apoyar a Sea-kun-sentenció el niño centrando su atención en comer su cena a medio terminar.
Tino había escuchado todo su discurso sin dejar de sonreír ni un instante, Suecia también lo había imitado, si bien en su caso no era tan evidente su alegría.
Observó que Sealand se había manchado ambas mejillas y la nariz con el betún del pastel que acababa de servir de postre y Suecia se apresuró a limpiarle el rostro con una servilleta. El niño nunca se alarmó ni se sobresaltó. Pronunció un rápido "gracias, papá" que hizo que el sueco se ruborizara débilmente y siguió disfrutando de su postre. El finlandés se maravilló del hecho que el pequeño Peter no se hubiera mostrado temeroso de Berwald ni una sola vez, en contraste con él, dado que le había tomado un tiempo bastante considerable dejar de tenerle miedo. Finalmente se levantó y empezó a recoger los platos de la mesa.
-Gracias por la cena, mamá-le dijo Sealand. Finlandia se detuvo en seco, mientras que Suecia mantuvo su expresión normal, tomando aquel comentario como algo perfectamente natural.
-¿Mamá?-le dirigió una sonrisa algo forzada- Pero Sea-kun, yo no soy…
-Pero papá me dijo que te llamara así-se justificó. El sueco sintió la mirada de resentimiento de su esposa y luego de sentir un escalofrío, optó por terminar de llevar los platos sucios a la cocina.
"Me la vas a pagar…"pensó el pequeño rubio al verlo alejarse. Tal vez hubiera aceptado (o más bien resignado a) el hecho de ser llamado "esposa". Pero, ¿por qué Berwald había tenido que ponerlo a él como la mamá? ¿Qué le costaba pedirle al niño que lo llamara papá también? Definitivamente tendría que hablar con Sealand antes que se le hiciera costumbre.
Un bostezo llamó su atención. Peter cabeceaba y se tallaba los ojos. Había tenido suficientes emociones por un día y se encontraba muy cansado.
-¿Puedes llevarlo a su habitación, Su-san?-el otro asintió y cargó a su hijo, quien no tardó en acomodarse en sus brazos y caer dormido.
Tino sonrió con esa imagen. Definitivamente Berwald estaba más que metido en su papel de padre. Podría esperar un día más antes de hablar con Peter.
-…-
Pasaba ya la medianoche cuando el finlandés se despertó. Usualmente tenía el sueño bastante ligero y el menor ruido era suficiente para despertarlo. Sólo que había un problema…
Se incorporó ligeramente y esperó. Nada. Todo estaba en completo silencio, y sin embargo sentía que algo estaba mal.
Comprobó que Berwald dormía a su lado, así que decidió imitarlo y cerró los ojos, esperando que el sueño lo venciera pronto, pero eso no pasó. Su ansiedad no desaparecía. Tras unos minutos que le parecieron eternos se puso de pie. No creyó conveniente despertar a Su-san, puesto que si algo realmente serio hubiera pasado, habría sido el primero en levantarse.
Abrió la puerta con cuidado de no hacer ningún ruido y salió del cuarto, todavía preguntándose por la causa de su súbita inquietud. Pensó en su mascota, pero descartó la posibilidad casi de inmediato. Hana-Tamago solía subir hasta su habitación cuando algo le molestaba durante la noche, y al no haberlo visto ahí entonces debía de estar bien, ¿cierto?
Miró a su alrededor. El pasillo estaba completamente en tinieblas. Involuntariamente recordó la primera noche que pasó en casa de Su-san y lo asustado que había estado a pesar de los intentos del otro por reconfortarlo. ¿Cómo lo estaría pasando Peter?
Se dirigió al cuarto que le habían asignado al nuevo miembro de su familia. Era sólo temporal, hasta que terminaran de ordenar su habitación oficial. La puerta estaba abierta, así que simplemente entró, en todo momento cuidando no hacer nada que pudiera despertarlo. Pero pronto comprendió que su cautela y sigilo eran inútiles.
-¿Peter?-alcanzó a divisar la cabecita rubia entre las cobijas, que no tardó en intentar ocultarse al oír su nombre. Estaba despierto- ¿Peter, estás bien?-un par de ojos verdes lo observaron con algo de temor y Tino se sentó a su lado- ¿Qué pasó, tuviste una pesadilla?
-Sea-kun es muy valiente para dejar que algo así lo asuste.
Por su tono de voz era obvio que estaba mintiendo. Claro que estaba asustado, y si había tenido un mal sueño seguramente se había espantado todavía más al ver que se encontraba en un lugar desconocido. Y a pesar de eso, intentaba hacerse el valiente.
-Claro que no-dijo el mayor siguiéndole la corriente- Una grande y poderosa nación como tú no se asusta con esas cosas, ¿verdad?-el niño asintió enérgicamente- Pero…um…como no tengo sueño, ¿Qué te parece si me quedo aquí hasta que te vuelvas a dormir? A menos que quieras que me vaya.
-¡No…! Digo…es sólo por si acaso, no es que Sea-kun esté asustado o algo así-agregó en voz baja.
Finlandia le sonrió y lo arropó con cariño. Sealand, ya más tranquilo, intentó reprimir inútilmente un bostezo. Tras unos instantes sus ojos empezaron a cerrarse.
-¿Sabes qué?-habló el pequeño tras otro largo bostezo- Al principio no estaba seguro, pero…ahora creo que eres una buena mamá.
Tino sintió como un ligero rubor cubrió sus mejillas en cuanto escuchó el comentario del niño. Pensó en algo que contestarle, pero no se le ocurrió nada y además la pequeña nación ya estaba profundamente dormida, con una sonrisa adornando su rostro infantil. Dejó escapar un suspiro y le acarició la cabeza. Tal vez debería quedarse un poco más, sólo para asegurarse que no tuviera otra pesadilla.
En su mente se formó la palabra mamá, que sonaba tan dulce cuando era Sealand quien la pronunciaba, casi tanto como cuando Su-san lo llamaba esposa…
Se volvió de golpe para descubrir a Suecia parado junto a la puerta, esbozando una pequeña sonrisa.
Su rubor se intensificó y centró su atención en el pequeño rubio que dormía plácidamente. Berwald se acercó y le puso una mano en el hombro.
-Te d'je que s'rías una b'ena m'dre.
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Que tal??? Instinto maternal, algo q según mi maestro de psicología y el de forense todas las madres tienen, supongo q eso incluye a Finlandia XDDD
Ya saben, acepto sugerencias, así q cualquier comentario al respecto no duden en dejarme un review, ok?? ^^
