Una vista al verdadero mundo.
Todo era tal y como lo imaginaba. Había tanto que ver, tanto que conocer, tanque que explorar y tan poco tiempo para ello. Rudy estaba tan anonadado observando todo ahí adentro con lujo de detalle que ni siquiera se había percatado de que su padre le estaba hablando.
Hijo –pronunció mientras le tocaba el hombro– Mi oficina está por acá –acotó mientras le dirigía a través de esos inmensos pasillos.
Caminaron por gigantescas salas, subieron por unas relucientes escalaras hasta que llegaron a una puerta de madera bastante elegante en la que se podría leer el nombre del país al que pertenecía esa habitación.
Austria –murmuró mientras su padre abría el cerrojo de la puerta con una llave y lo dejaba entrar.
Adentro todo era muy espacioso, el piso estaba tapizado y la habitación era del color más oscuro de la madera. La habitación estaba llena de repisas con libros antiguos, registro y carpetas de suma importancia, y al fondo había un escritorio con un gran sillón y con varios papeles sobre él.
Que espacioso –murmuró el chico mientras observaba todo.
Aquí puedes dejar tus cosas –murmuró su padre mostrándole unos sillones aledaños para que dejara su bolso.
El chico entusiasmado no demoro en dejar sus pertenencias allí para seguir inspeccionando el lugar. Pero antes de dirigir su mirada a otro rumbo, se percató que al lado de los sillones había otra puerta, la cual estaba cerrada.
¿A dónde lleva esa puerta? –se apresuró en preguntar el chico.
Esta –dijo su padre abriéndola– es una sala en las que se hacen "reuniones de estado". Aquí se trataban todos los asuntos que tienen que ver con el país en general –mencionó mientras dejaba entrar a su hijo.
Era una sala muy espaciosa, con una gran mesa en forma ovalada, con varias sillas dispuestas a su alrededor. En cada puesto habían pequeñas placas en las que se podían leer los nombres de los estados de Austria, pero se notaba que no los habían usado en muchos años, ya que estos estaban muy empolvados. Algo extraño, siendo que Rudy sabía que su padre tenía una fijación con el aseo en general.
¿Dónde están los demás? –preguntó Rudy refiriéndose a aquellos que representaban a los estados de Austria y que evidentemente no venían hace un buen rato.
No lo sé con certeza. Han pasado muchas cosas durante estas últimas décadas, y la verdad es que a muchos les he perdido el rastro. Si es que se puede decir de esa manera –respondió dejando a su hijo con cierto grado de incertidumbre.
Sabía que eso no era cierto. Pero también sabía que su padre no le hablaría nada al respecto, ya que solía ser muy reservado en cuanto a ese tipo de temas trataba.
Ahora –dijo su padre haciéndole salir de la habitación– Necesito decirte un par de cosas y aclarar ciertos puntos antes de que te integres de manera formal a la unión europea.
Está bien… –dijo Rudy mientras oía a su padre.
Este lugar no es como tu instituto, aquí no tienes amigos, y quien dice serlo es un gran mentiroso. Por lo que no quiero que andes por ahí armando alboroto con cualquier nación, sub nación o estado que conozcas ¿Comprendes? –dijo mirándolo fijamente.
Ja papa…
Por otro lado, hay ciertas reglas que nunca debes romper y que necesito que cumplas a toda costa –mencionó haciendo que su hijo se sintiera como un niño pequeño de nuevo– Quiero que siempre seas sincero conmigo y me digas con quien te juntas. No quiero que te veas a solas con alguien sin mi permiso. Y nunca, nunca, nunca le des información a otra nación sobre lo que ambos hacemos aquí, por mucho que te lo insista ¿De acuerdo? –preguntó lo más serio posible.
Si papá, me quedo claro –respondió con tono de niño bueno– ¿Ahora puedo salir?
Sí, pero antes una última cosa hijo –dijo haciendo que éste se pusiera atento– Hay dos naciones con las que te voy a prohibir hablar…
Claro… –murmuró Rudy un tanto confundido.
No quiero verte nunca cerca de Alemania o Rusia. No quiero que hables con ellos o te acerques a ellos, ni a alguno de sus estados. Jamás. ¿Me lo prometes? –preguntó su padre.
Por supuesto papá… Te lo prometo.
Muy bien, puedes irte entonces –dijo dándole una sonrisa, lo cual le daba a su hijo el pase para salir a recorrer ese inmenso lugar– Eso si –dijo deteniendo a Rudy justo en la puerta– Recuerda que la G8 será dentro de una hora en el salón principal, así que por favor se puntual.
¡Si papá! –dijo saliendo de allí para al fin recorrer ese lugar.
Todo era tan grande, espacioso, llenó de pinturas antiguas que retrataban hechos históricos y objetos que se notaban que eran casi una reliquia en forma de adorno. Pero de todo lo que vio algo lo dejo pensativo. Era una foto enmarcada en medio de la habitación, la cual tenía por nombre "Alzando la bandera en Iwo Jima". La miro por un rato y se preguntó ¿cómo se vería estados unidos?
¿Es una foto icónica no crees? –preguntó en ingles un joven parándose al lado suyo.
Si eso creo… –murmuró Rudy también en ingles observándole fijamente.
La verdad era que nunca antes había hablado con alguien en serio en inglés, pero sabía manejarse en él ya que desde muy pequeño que su padre le había contratado un profesor para que aprendiera esa lengua para que lo hablara de manera fluida, ya que podría servirle en algún momento.
Pero como estaba un poco nervioso en esos instantes, no sabía que otra palabra conjugar para seguir hablando con aquel joven, haciendo que este riera un poco y se presentara para que no hubiera un silencio tenso.
Disculpa, me llamo Luka –dijo dándole la mano.
Rudy –respondió el chico igual de perdido.
Dime Rudy, ¿eres nuevo acaso?, porque no te había visto antes por aquí.
Si –murmuró– He venido con mi padre.
¡Ah! Eres hijo de nación –dijo este haciendo que Rudy asintiera.
Mi padre es Austria –se apresuró en decir Rudy mientras le mostraba al joven las banderas bordadas en su chaqueta.
Y tu madre es Hungría –mencionó el chico anteponiéndose a lo que Rudy iba a decir.
Así es –dijo Rudy dándole una sonrisa– ¿Y tú? –preguntó emocionado– ¿A qué nación perteneces?
Luxemburgo –mencionó dándole también una sonrisa– ¿Te gustaría que te hiciera un recorrido por el lugar Rudy? –preguntó de manera amable haciendo que este se emocionara.
¡Claro! –respondió emocionado mientras comenzaba a seguirlo a través de los pasillos del lugar.
Pasaron por grandes salones, con estatuas renacentistas, otras que tenían grandes aparatajes de vidrio que contenían espadas medievales, otras con trajes militares, e inclusive habían muchas armas antiguas, y por cada lugar y objeto que pasaban, Luka le mencionaba los hechos históricos que habían detrás de todos estos objetos, hablándole de las proezas de las naciones al apoderarse de reinados, sucumbir bajo las guerras e incluso cometer errores tan garrafales que hicieron que la historia sea tal y como la conocemos. Llena de historias desgarradoras, que a su paso llevan muerte y desolación.
Algo que dejo un tanto afectado a Rudy, ya que su imagen de mundo perfecto con naciones perfectas se estaba desmoronando con cada palabra que Luxemburgo decía.
¿Te encuentras bien? –preguntó de pronto Luka al ver que el chico se veía un tanto decaído.
Si, es solo que no espere que las naciones pudieran hacer estas cosas –mencionó con cierto grado de frustración.
Lo dices como si las naciones fuéramos intocables –mencionó haciendo que el chico lo mirara– No somos todo lo que piensas, no somos perfectos y eso se puede ver claramente en la historia de cada uno de nosotros. Somos más parecidos a los humanos comunes y corrientes de lo que crees. Y es eso lo que hizo que la historia fuera tal y como la conoces. Si fuéramos solo perfección, esta es la hora que tendríamos el mundo hecho una utopía. Pero no es así. Hay errores que no se pueden evitar, y eso es algo que comprenderás el día que asumas una responsabilidad de estado, o en el mejor de los casos, como nación. Ya que cuando estás ahí es cuando te das cuenta de que cada una de tus decisiones pesan más de lo que crees, y eso les ha costado muy caro a muchas naciones.
Una respuesta que dejo un tanto pensativo a Rudy, haciendo que se preguntara que tipo de errores habían cometido sus padres a lo largo de su historia.
El recorrido ya había terminado y Luka lo había dejado en el mismo punto en el que iniciaron su marcha por toda la institución. Pero antes que se fuera Rudy necesitaba sacar un par de dudas que tenía en su interior.
¿Cuál es la nación que ha cometido su peor error? –preguntó Rudy sin dejar de mirar la foto que pertenecía a la segunda guerra mundial.
Supongo que el ejemplo que más tenemos a mano –murmuró éste refiriéndose a la foto más icónica de la historia, que además tenían frente a ellos– sería el de Alemania –dijo suspirando– Con todo lo que paso con la segunda guerra mundial, hay naciones que hasta el día de hoy no pueden ver a la cara a Ludwig.
¿En serio…? –preguntó el chico aún más intrigado– ¿Por qué…?
Porque es un asesino –dijo de manera seca haciendo que Rudy tragara saliva.
El caso es que Rudy recordaba muy bien las clases de historia en su colegio, y sabía que Alemania había cometido muchas imprudencias durante la segunda guerra mundial, e intuía que por esa misma razón su padre le había prohibido hablar con él, o alguno de sus estados. Porque ellos eran…
Oye Rudy –dijo de pronto Luka interrumpiendo sus pensamientos– Ya va a comenzar la G8. ¿Vas a ir? –preguntó haciendo que el chico viera rápidamente la hora en su celular.
¡La G8! –exclamó el chico viendo que ya se la había hecho tarde– Disculpa Luka pero tengo que ir con mi papá.
¿Nos vemos allá? –preguntó con una sonrisa sincera
Claro –dijo mientras se alejaba de manera rápida de él– ¡Y muchas gracias por el recorrido!
Se le había hecho tarde. Sabía que su padre lo regañaría por llegar atrasado a la G8, siendo que él le dijo que fuera puntual. Se llegaba a imaginar incluso la manera en la que lo iba a retar. Se estaba pasando tantas películas en su cabeza acerca de eso que ni siquiera se daba cuenta porque pasillo andaba. Hasta que, en un intento por encontrar el salón principal, terminó chocando con alguien, provocando que este resbalara y que callera al piso, y junto con él, su celular el cual llevaba en la mano.
Lo siento –murmuró en alemán.
¿Hablas alemán? –preguntó la persona con la que había chocado.
Ja… –murmuró el chico poniéndose solo de pie, ya que intuía que aquella persona no era de esas que ayudaban a otras.
¿Qué haces por estos lugares? –preguntó aquel hombre con voz grave haciendo que Rudy le corriera un frio extraño por la espalda– ¿Estás perdido? –mencionó sin ninguna expresión en su rostro.
Yo… –dijo con el habla entre cortada– Estoy buscando la sala en la que se hará la G8 señor.
¿Señor? –dijo haciendo que Rudy se alejara un poco– Hace mucho que nadie era tan respetuoso conmigo. Es eso, o es que me estoy poniendo viejo –dijo para sí mismo.
¿Sabe dónde está la G8? –volvió a insistir Rudy al ver que aquella persona no le daba una respuesta clara.
Niño estas más perdido de lo que crees –respondió– La G8 está hacia allá –dijo extendiendo su brazo izquierdo mostrándole el camino correcto.
Acto en el que Rudy pudo ver el bordado de su brazo. Tenía la bandera de Alemania bordada sobre su hombro, y un poco más abajo tenía bordado una insignia, la cual le daba a entender que la persona que tenía frente a él pertenecía a alguno de los estados de Alemania.
Yo, me tengo que ir… –dijo con el habla cortada mientras salía corriendo lo más rápido posible de allí.
Algo dentro de él hacía que le diera mala espina ese tipo, pero no sabía exactamente qué. A lo lejos escucho que este lo llamó, pero era tal su incertidumbre al no saber lo que le podría hacer, que prefirió seguir corriendo para llegar luego al punto de encuentro con su padre.
No demoró mucho en llegar y una vez estuvo en el lugar, ahí estaba su padre para poderlo regañar.
Y después del sermón que le dio se decidieron a entrar para poder ver la reunión.
Era un salón gigantesco, en el que tuvieron que subir a una especie de segundo piso para ver a las potencias mundiales desde arriba.
Desde allí, y con mucho entusiasmo pudo ver como las 8 naciones entraban por la planta baja de la habitación. El primero en entrar fue un hombre grande y corpulento, que usaba un abrigo negro y una bufanda blanca que le colgaba del cuello. Su cabello era blanco como la nieve y tenía plasmado en su rostro una sonrisa que se notaba que no era muy propia de él. Por detrás le seguía el paso un hombre rubio, con el cabello un tanto largo, lo suficiente como para que le llegara al hombro. Vestía de manera elegante y se notaba que estaba despistado al momento de entrar a la reunión.
El que acaba de entrar es Rusia –murmuró su padre– Y el que le sigue es Francia.
No mucho rato después entró un hombre alto, rubio y de ojos azules, el cual vestía bastante formal. Se notaba que era una persona seria y tenía cara de pocos amigos. Detrás de él (y sin prestar atención a quien tenía adelante), apresuraba el paso un chico de cabello castaño rojizo, el cual le hizo el quite a aquél que caminaba frente a él, y no muy alejado le seguía el paso un hombre joven, de estatura mediana, cabello negro y ojos rasgados.
Los que pasaron son Alemania, Italia del sur y Japón respectivamente –mencionó Austria.
¿Italia del sur? –preguntó Rudy.
Si, anteriormente quien estaba a cargo de su país era Italia del Norte, pero por ciertos asuntos ocurridos décadas atrás, este no se presenta más a las reuniones mundiales. Ni siquiera lo he visto por aquí para el trabajo que le corresponde como nación. Es por eso que quien se hace cargo de esto es su hermano, Lovino –respondió su padre haciendo que Rudy se preguntara por qué Italia ya no ejercía más su trabajo y dejo a cargo a su hermano.
Finalmente entraron dos jóvenes casi de la misma estatura. Ambos llevaban lentes, pero uno de ellos poseía el cabello más largo que el otro.
El de la derecha es Estados Unidos y el de la Izquierda es Canadá –se apresuró a decir Austria
Una vez estando todos adentro, se apresuraron a tomar sus respectivos asientos frente a una gran mesa de madera, esperando la llegada del anfitrión que comenzaría con la charla.
¿A quién esperan? –preguntó el chico a su padre.
A Inglaterra, él es quien da inicio a la reunión.
No acabó de decir esto, cuando lo vio entrar. Era un tipo de mediana estatura, de cabello rubio y ojos verdes, muy bien vestido, y que llevaba entre sus manos los documentos para aquella reunión.
Muy bien –dijo Inglaterra con una excelente pronunciación del inglés –ya que los veo a todos acomodados en sus puestos es hora de comenzar.
Los puntos a tratar eran simples. Comenzaron con economía, siguieron con tratados de libre comercio y por último un tema que a todos les ponía tenso. La guerra de medio oriente y la manera de "solucionarlo".
¿Por qué no le preguntamos al señor de la libertad como acabar con esa guerra con su dote de democracia disfrazada en forma de bomba? –pronunció Rusia de manera sarcástica.
Mira quien lo dice –se apresuró a decir Norte América– Hasta donde yo sé eres tú quien ha interferido más en esas tierras que todos nosotros aquí juntos Iván, así que, ¿por qué no te dejas de jugar y das una respuesta realista?
¿Tan realista como la libertad que ofreces? –respondió Iván sin inmutarse.
Te las estas buscando Iván –dijo Norte América con una sonrisa sínica en su cara– Y no es bonito cuando me enojo.
¿Qué vas a hacer niño? –preguntó el ruso– ¿Traer tu infantería? –dijo mirándole a la cara– Porque puedo darte pelea cuando quieras… –musito instándole a pelear.
Algo que produjo un silencio tenso en el salón. Todos sabían que Rusia y Norte América tenían una mala relación, y hacía falta solo un par de palabras para que estos se pusieran a pelear.
Ambos, ¡ya basta! –exclamó Inglaterra haciéndoles bajar las revoluciones– ¡Tenemos muchos problemas en la actualidad como para que ustedes quieran comenzar otra guerra fría! –dictaminó haciendo que todos allí lo vieran fijo.
Es cosa de todas las reuniones que alguno se ponga a pelear por cosas que ya pasaron –murmuró el italiano haciendo que Inglaterra frunciera el ceño.
Lo dices como si fueras la persona más apacible de esta mesa –comentó el francés.
¿Y a ti que te pasa bastardo? –respondió enojado el italiano– Si aquí el de peor genio el alemán –dijo en modo de burla.
Lovino, créeme que hoy no quieres meterte conmigo –se apresuró a decir el alemán haciendo que el italiano pusiera cara de preocupado.
¿Podríamos seguir con la reunión? –preguntó Canadá sin que nadie lo tomara mucho en cuenta.
Yo creo que sería bueno que habláramos de las cosas que hace mucho queremos evitar –siguió diciendo Norte América– para así dejar en claro ciertas cosas y no volvamos a tener este tipo de discusiones en las reuniones mundiales –prosiguió queriendo denotar madurez– ¿No lo crees así Alemania? –preguntó arqueando una ceja.
Alemania sabía a lo que se refería con eso, pero prefirió quedarse callado, y al menos esa vez no dar su opinión al respecto.
Alfred –dijo Inglaterra– basta.
Como dijo mi abuelo –acotó de pronto el italiano– Pan y circo.
Comentario que hizo que todos se le quedaran mirando
¿He dicho acaso alguna mentira? –preguntó desentendido.
Solo terminemos con esto –comentó Inglaterra para dar culmino a la reunión.
Después de esa trivial pelea entre naciones, todos trataron de seguir con los últimos puntos del tema a tratar para finalmente dar culmino a la G8.
Todos se retiraron sin mucho ánimo, y en cuanto salieron de la sala, Rudy y su padre se dispusieron a buscar sus cosas para irse a casa.
Ese día había sido un tanto extraño. Las cosas fueron un tanto más extravagantes de lo que Rudy había imaginado. Las Naciones eran más peculiares de lo que pensó, y al parecer tenían más discusiones de las que él tenía con sus compañeros el instituto. Pero aun así se quedó pensativo.
En el tiempo que les demoró llegar a casa, Rudy se la pasó pensando las razones por las cuales Norte América quería que "aclararan" cosas pasadas. Todo daba a entender que todos allí se tenían más recelo de lo que se imaginaban.
Por otro lado, pensaba en lo que Luxemburgo le había comentado. Sobre los errores de las naciones y sobre los actos con los que tenían que cargar. Y eso le hacía recordar al tipo con el que chocó camino a la reunión. Era un estado Alemán, y algo en él le daba mala espina.
Estaba pensando en eso cuando quiso sacar su celular para escuchar un poco de música de camino a casa, pero su sorpresa fue grande cuando no lo encontró ni en sus bolsillos ni en su bolso.
Hasta que recordó lo que había pasado. Cuando chocó con el Alemán, tiró su celular al piso, el cual olvido recoger. Y es más, era bastante probable que el Alemán lo estuviera llamando en el pasillo para devolvérselo, pero por el miedo que éste le provocó, Rudy no se devolvió a ver qué es lo que éste quería.
Había sido un idiota.
¿Te ocurre algo hijo? –preguntó Austria al ver la cara de Rudy.
Nada, es solo que… –dijo pensando en lo que le iba a decir.
Sabía que si le decía que había perdido su celular y que ahora estaba en manos de un alemán, este lo iba a regañar, ya que él sabía que su padre le prohibió hablar con alguno de ellos. Y aun peor, sabía que por esto su castigo podría ser no volver a ir al lugar donde trabajaban las naciones. Algo que lo dejo pensando si realmente valía la pena decírselo…
Es solo que –volvió a pronunciar Rudy– Me preguntaba cuándo podría volver a ir contigo a tu trabajo –preguntó mirando el suelo.
Si tienes tiempo, puedes ir después de clases a acompañarme un rato –mencionó su padre– A menos que quieras esperar a que salgas de vacaciones para acompañarme durante todo el día.
"¿Esperar hasta las vacaciones?" Pregunto Ruy para sus adentros. Aún faltaba casi un mes para eso, y él sabía que no iba a sobrevivir todo ese tiempo sin su celular.
Después de clases está bien para mí –dijo Rudy dándole a su padre una sonrisa.
Algo que dejo contento a su Padre, ya que sabía que a él le agradaba andar con su hijo.
Al llegar a casa, Rudy saludo con emoción a su madre, ya que había sido un largo día y necesitaba un abrazo, y luego de comer algo se dirigió a su habitación para así darse finalmente un descanso. Había tenido un día largo y necesitaba un par de horas de sueño, ya que al día siguiente tendría que pensar que es lo que tendría que hacer para poder recuperar su celular de las manos de un estado alemán sin que su padre se diera cuenta de ello.
