Y aquí inicia nuestro viaje...

Advertencia del capítulo: Pequeño lemmon


UN VIAJE HACIA LA VIDA:

CAPÍTULO 1

Se levantó temprano, durante un instante permaneció en su cama, mirando hacia el techo y sin pensar en nada en particular, dejando su mente volar y su cuerpo relajarse, hasta que la conciencia se fue abriendo paso en su cabeza; tenía que presentar el informe a su padre esa mañana, tenía que empezar con las proyecciones de otra empresa que tenía asignada esa misma tarde, y en la noche, ¡Oh, cuánto daría por descansar en la noche!, pero no, en la noche tenía una fiesta en casa de los Nott. Casi había olvidado aquello, aunque seguramente su secretaria, su esposa y su madre, se encargarían de recordárselo. ¿Para qué necesitaba manejar una agenda mágica y tener tan buena memoria si tenía tanta gente alrededor recordándole a cada instante qué era lo que tenía qué hacer?

Se puso en pie de un salto y rápidamente empezó su rutina diaria. Tras bañarse y vestirse, salió de su habitación, el sonido de los platos siendo dejados sobre la mesa y las risas de su madre y Katrina le llegaron desde unos metros antes de entrar al comedor. Antes de entrar miró su reflejo en un enorme espejo de pie que había en el medio del pasillo y pasó los dedos entre su cabello rubio. Tal vez debería cortarlo pronto. Miró hacia su maletín, donde guardaba las pociones, había puesto también el cuaderno; por regla general nadie entraba nunca a su habitación, ni sus cosas eran revisadas, pero no se arriesgaría a que por algún motivo ese cuaderno cayera en las manos equivocadas, después de todo habían cosas allí que eran demasiado personales y privadas.

—Buenos días —saludó con educación, deteniéndose junto a su madre y dándole un beso en la frente.

—Hola, cariño —contestó la mujer con una sonrisa mientras le daba una palmada en el brazo.

—Buenos días —repitió el saludo hacia Katrina, dándole un beso en la mejilla, antes de ocupar su lugar en el otro lado de la mesa.

—Hola, cariño —contestó Katrina, mirándolo fijamente por un instante antes de retomar la atención a su taza de café —¿Qué tal el trabajo? Anoche no llegaste a cenar tampoco.

—He estado ocupado, es época de informes, lo sabes —respondió Draco mientras un elfo se encargaba de llenar su taza de humeante y oloroso café.

—Vamos, Katrina, bien sabes cómo son los hombres, viven en el trabajo —comentó Narcissa, mirando a su nuera. Draco sabía que su madre detestaba que ella lo cuestionara acerca de sus retrasos o inasistencias a la cena y mucho más delante de los demás.

—Claro —Katrina sonrió educadamente —, aunque supongo que te veremos en la cena que dan hoy la familia Nott. Es muy importante asistir, tu padre lo dijo.

—Sí —Draco miró hacia el plato de tostadas y recordó que la noche anterior tampoco había comido mucho, no podía dejar de alimentarse por más que su cuerpo no le pidiera comida. —Hablando de mi padre, ¿dónde se encuentra él?

—En la oficina, querido, como siempre —contestó Narcissa, ganándole la palabra a Katrina —, hoy es un día importante porque tiene varias juntas.

—Verdaderamente es importante —suspiró Draco, dándole una mordida a su tostada con mermelada, pensó pasar del resto del desayuno.

Pronto ambas mujeres se concentraron en una conversación acerca de la chica con la que Nott se casaría pronto, Draco no la había conocido en persona, pero sabía que se trataba de la hija de un magnate americano. No era lo ideal en cuanto a matrimonios se trataba, pues no pertenecía a la alta sociedad europea y su familia era considerada de una clase inferior por sólo tener un par de generaciones dotadas de fortuna, sin embargo, la familia de Nott tampoco estaba en el auge de antaño, y no podía rechazar ninguna posibilidad.

Llegó a la oficina por vía flú, no tenía tanto tiempo para dar un paseo, como generalmente hacía. En cuanto llegó su secretaria: Lucrecia, una mujer mayor y bastante seria y estricta, le entregó la correspondencia y una gran cantidad de diarios, los de mayor circulación en Europa. Agradeció todo con un gesto de cabeza y luego se metió a su oficina. Dejó todo de cualquier manera sobre la mesa, y tomó el informe que tenía que presentar. El reloj indicaba quince minutos para las diez de la mañana. Sin querer demorarse partió hacia la oficina de su padre, la que ocupaba el último piso de aquel edificio de quince pisos. Dejó indicado a su secretaria que probablemente no volvería hasta después del almuerzo y tomó el elevador, con el informe en una mano y el maletín en otra.

Entrar a la oficina de su padre, ya fuera en casa, o en el edificio de la corporación, siempre era algo memorable, nadie que no tuviera algo importante que hacer entraba allí, y menos sin previa cita. Incluso estaba seguro que, al igual que Katrina a su propia oficina, su madre nunca había ido siquiera de visita.

Eloísa, la secretaria de su padre lo saludó con amabilidad, mientras lo invitaba a sentarse y esperar a que dieran la autorización para su ingreso. Draco se dejó caer con la espalda recta en uno de los cómodos sillones de la antesala, alrededor las paredes eran blancas, extremadamente blancas, sin ningún tipo de adorno o cuadro. Sólo el escritorio de Eloísa estaba al fondo, una mancha marrón en medio de tanto blanco. Inclinó un poco la cabeza, percibiendo algunos puntos oscuros en las paredes, se preguntó qué era lo que podría haber pasado allí. Tardó un par de segundos en darse cuenta de que no se trataban de puntos, sino de manchas, manchas producto de su mente. Agitó la cabeza un poco y sopesó el tomar alguna poción. El sonido de un intercomunicador, con la rígida voz de su padre indicando que podía entrar, lo sacó de sus cavilaciones.

La oficina de su padre contrastaba con la antesala, tres de las cuatro paredes eran ventanales opacos que le permitían ver toda la ciudad de Trowbridge, ellos se encontraban casi en el centro de la misma, aunque gracias a los hechizos de seguridad eran invisibles ante los muggles. A uno de los lados se encontraba el gran escritorio de su padre, y, aunque Draco sabía que realmente era gigante, parecía pequeño en medio de todo el espacio vacío.

—Buenos días, hijo. Extrañé no verte ayer en la cena. ¿Mucho trabajo?

—Buenos días, padre —saludó rápidamente Draco, caminando por la alfombrada oficina hasta llegar al escritorio y estrechar la mano de su progenitor —, algo así. Nada que no se pueda solucionar.

—Que bien, me alegra escuchar eso. Siéntate, creo que debemos empezar, a las dos tengo una junta con unos inversionistas rusos. Ya sabes que no me gusta llegar tarde a las reuniones o dejarlas inconclusas.

—Por supuesto —asintió Draco rápidamente, mientras dejaba una de las copias del informe sobre el escritorio de su padre.

Durante las siguientes tres horas Draco se dedicó a explicarle a su padre cada uno de los puntos tratados durante el manejo de aquella empresa en el año anterior, también de mostrar las proyecciones de los últimos años y demostrar la forma en que esta empresa las había superado, así como las nuevas proyecciones, mucho más ambiciosas ahora.

Lucius interrumpía regularmente, haciendo preguntas y buscando errores o defectos a sus informes, pero Draco, que ya había pasado por eso muchas veces, estaba listo para cualquier argumento de su padre.

—Sigo pensando que algunas medidas serán demasiado arriesgadas —suspiró Lucius, cerrando por fin el informe y dejándose caer sobre la silla de cuero oscuro.

—Estoy seguro de que así parece, pero son riesgos que hay que tomar. Y no son tan elevados. Esta empresa estaba a punto de quebrar hace dos años, ahora está en auge, es necesario llevarla hasta lo más alto.

—Supongo que dentro de un año podremos ver los resultados que planteas. Honestamente espero que sean acorde a lo que has proyectado.

Draco abrió la boca para contestar, pero se dio cuenta que en un año, cuando esa empresa alcanzara la importancia que él había predicho, no estaría más en este mundo.

—¿No estás de acuerdo conmigo? —preguntó Lucius frunciendo el ceño.

—Por supuesto, lo siento. En un año se podrán ver los primeros resultados y verás que estamos en lo correcto.

—Bien, bien… —Lucius dio una mirada al reloj de pared que colgaba cerca de la puerta y asintió —, antes de dar por concluida la reunión, quisiera que hablemos de algo más.

Draco palideció ligeramente, había estado seguro ya de que todo había acabado y que pronto podría volver a su oficina, no estaba preparado para ningún otro tema.

—Sí, padre, dime —contestó con educación mientras guardaba su copia del informe en el maletín, sus dedos acariciaron apenas la tapa oscura del cuaderno que tenía oculto.

—Cuando decidimos que había llegado el momento de casarte, estuvimos de acuerdo contigo en que no era necesario que Katrina y tú compartieran una habitación, más aún considerando que aquello había sido un acuerdo entre ambos. Pensamos que necesitaban tiempo para adaptarse, no todos se pueden acostumbrar rápidamente a compartir un espacio tan íntimo con otra persona, sin embargo, ha pasado ya poco más de un año y creo que es necesario que terminen de adaptarse. En algún momento tendrán que tener un heredero y eso no es algo que se hace con una puerta de por medio.

Draco sintió que sus mejillas empezaban a arder, no les había dicho a sus padres nada respecto a sus gustos, habían informado que por lo pronto, tras la boda, preferirían tener habitaciones separadas, lo habían denominado un tiempo de adaptación, pero era lógico que tras tanto tiempo sus padres empezaran a hacer preguntas.

—Katrina es una muchacha guapa, y muy amable además —continuó Lucius, apoyando las manos sobre el escritorio y entrelazando los dedos de ambas manos —, comprendo que no siempre uno tiene lo que quiere, pero bien sabes que el tema del matrimonio no deja de ser un negocio más, y algunas veces hay que hacer pequeños sacrificios para ver resultados adecuados, en este caso un heredero.

—Eso… —Draco tomó una bocanada de aire, algunas veces su padre lograba infundirle un terrible pánico —, no es el momento.

—Tienes veintiún años, ¿cuándo será el momento?

—Aún es demasiado pronto, lo tengo planeado para más adelante, para dentro de unos tres años aún —mintió, sabía que seguramente el cuaderno le indicaría que lo hiciera inmediatamente, antes de caer completamente enfermo, antes de…

—¿Demasiado pronto? —Lucius soltó una carcajada —Cuando tenía veintiún años tu ya habías nacido.

—Lo sé, pero siento que no es el momento, ahora no es necesario apresurarse, prefiero seguir dedicándome al trabajo y luego ver lo del niño.

Lucius le dio una mirada penetrante, como las que le daba cuando lo iba a criticar, cuando le iba a demostrar lo equivocado que estaba y lo vergonzoso que eso era.

—¿Hay algo más que quieras comunicarnos? ¿Algún problema que te impida compartir habitación con Katrina y por ende, darnos un heredero?

Draco se pasó la lengua por el labio inferior rápidamente, sintiendo su boca demasiado seca. Luego de un instante se animó a contestar.

—El que Katrina y yo no compartamos habitación no significa que no… —se removió un poco inquieto sobre su silla, normalmente tenía la sensación de que cualquier mentira que intentara frente a su padre, fallaría miserablemente —no significa que no hayamos consumado el matrimonio, es simplemente que nos gusta dormir separados, tener cierta privacidad. El heredero… si dentro de tres años te parece mucho tiempo, tal vez podríamos replantearlo… tengo que hablar con ella y…

—Deberías ser consciente de que tu deber no sólo es hacer que las empresas ganen más oro, que también tienes una obligación con tu familia, y esa es tener un niño. Tal vez sea muy pronto, lo reconozco, ninguno de tus amigos lo ha hecho aún, pero tres años me parece un exceso.

—Sí, padre, por supuesto que sé que tengo una obligación con la familia —contestó Draco, había escuchado aquello muchas veces, aquellas palabras habían resonado en su cabeza cientos de veces, sobre todo cuando era más joven, cuando estaba en la escuela y descubrió que las chicas no eran exactamente lo que le gustaban, o cuando había tenido algunos encuentros amorosos en New York, esas palabras nunca abandonaban su cabeza.

—Eso es todo. Supongo que nos veremos esta noche en la fiesta de Nott.

—Sí, padre —asintió Draco poniéndose en pie y tomando su maletín del piso —, buenas tardes.

Lucius hizo un gesto de despedida con la cabeza y retomó su trabajo, mientras Draco cruzaba la oficina y seguía de largo por la antesala, apenas dirigiendo unas palabras de despedida a Eloísa, cuando llegó a su oficina le dijo a Lucrecia que se podía ir ya a almorzar, y se encerró.

Tomó un par de pociones, las indicadas para esa hora, y luego sacó el cuaderno negro nuevamente; muchas cosas se habían movido de sitio durante ese tiempo: en la entrada que se anunciaba el nacimiento de un heredero la fecha había sido adelantada para diez meses después, dándole un mes de espacio para seguramente intentarlo, considerando las posibilidades de que no ocurriera con sólo tratar una vez.

Retrocedió hacia la primera página donde, enojado, había escrito que vería el mundo, que se dedicaría a viajar y ver todo lo que sus padres no le dejaron ver por estar estudiando, o en guerra… algunas veces había pensado que podría hacer ese viaje luego, tal vez en unos años, cuando tuviera un hijo y más control sobre las empresas, que incluso podría tomarse unos meses para realizarlo. Pero ya no había tiempo, el tiempo se estaba agotando.

El cuaderno no había planificado nada además del nacimiento del heredero, ni siquiera la compra de la nueva empresa que estaba investigando y que aún no había presentado a su padre, nada más que darle a la familia un descendiente que pudiera ocupar su lugar, que pudiera ser criado para llevar adelante la enorme corporación y que transmitiera todas sus creencias y costumbres.

Se pasó mucho rato más observando la página donde decía que debía nacer un heredero.

*O*O*O*

A las ocho de la noche, tal como era lo adecuado, Draco entraba tomando el brazo de Katrina a la mansión Nott, al otro lado de Inglaterra; habían usado un traslador que la familia había enviado a cada uno de los invitados, y rápidamente se sumergieron en el enorme salón de fiesta, decorado en esta ocasión de blanco, con grandes mesas para los invitados, y una banda de música tocando al fondo y sobre una tarima.

—Les ha quedado muy lindo, ¿no crees? —le preguntó Katrina mientras trataba de llamar su atención. Draco asintió, observándola por un momento, ella tenía el cabello castaño oscuro y lacio, que caía sobre sus hombros desnudos, su piel pálida contrastaba perfectamente con el escotado vestido negro, que llegaba hasta los tobillos. En el cuello lucía una gargantilla de diamantes, una muy fina que él recordaba haberle regalado el día de su boda.

—Así es —contestó por fin, guiándola hacia la mesa en la que estaban ubicados, conforme avanzaban algunos otros invitados se acercaban a saludarlos de manera amable –amable e hipócrita— pensó Draco, mientras sonreía a Malcom Grey, encargado del área de finanzas del Ministerio, y su esposa.

—Tal vez luego de la cena de apetezca bailar —le dijo ella con una sonrisa coqueta mientras se sentaban a la mesa.

—Puede ser —aceptó Draco, uno de los mozos se acercó a ellos y rellenó su copa con vino blanco, al igual que la de Katrina.

—Me pregunto si Pansy y su esposo demorarán mucho más en llegar —preguntó ella luego de darle un sorbo a su copa y mirando alrededor.

Draco no respondió, seguía sopesando sus posibilidades: embarazar a Katrina para dejarles un heredero antes de su muerte era lo correcto, lo que se suponía debía hacer. Aunque sabía que no sería justo hacerlo sin informarle todo antes, sin explicarle que ese niño tendría que ser criado sólo por ella, y no que temiera por el tema económico, aquello no le preocupaba, pero sí quién sería el encargado de enseñarle todas aquellas cosas que su padre le había enseñado a él. Honestamente nunca se había planteado el criar a un niño, lo tenía como una idea muy lejana, que, llegado el momento, pensaría, pero ahora, que al parecer era imposible postergarla, empezaba a preguntarse si le gustaría que su hijo fuera criado de la misma manera que él fue criado, se cuestionaba acerca del tipo de padre que sería, ¿estricto como Lucius?, o todo lo contrario, dejando a su hijo libre de hacer lo que se le plazca… Probablemente lo intentaría, aunque su padre le haría ver lo errado de su forma de educar.

—Estás muy callado esta noche… a decir verdad, desde hace días que te noto así —comentó ella, fijando sus castaños ojos en él. Draco se removió un poco y le dio un sorbo más a su copa de vino.

—Es el trabajo, he estado demasiado ocupado.

—Pero no cenar durante días… sin contar que el otro día hasta te desmayaste, lo cual fue realmente preocupante, tal vez se deba justamente a que no cenas y…

—Y esas son cosas que no discutiremos aquí —la cortó Draco mientras se ponía en pie para saludar a su amigo Blaise.

—Hola, hola, parejita, ¿qué tal están? —saludó el chico con aquel tono tan inapropiado que tenía.

Katrina, que no simpatizaba con el chico, hizo un mohín mientras inclinaba la cabeza en señal de saludo. Draco le tendió la mano a su ex compañero de escuela y éste se sentó a su lado.

—¿Qué tal la vida? —preguntó Blaise luego de que un mozo rellenara su copa también.

—Perfecto, ¿tú? No te has dejado ver mucho estás semanas.

—Pero, Draco, si me he dejado ver, sólo que no por los sitios por los que tú te dejas ver —aclaró el chico con una sonrisa pícara. Draco, pese a que Blaise era uno de sus amigos más cercanos, no le había dicho nunca que era gay, y muchas veces sospechaba que él lo sabía.

—Me imagino por cuales lugares has estado andando —sonrió Draco a pesar de todo,

Mientras Katrina se ponía en pie y declaraba que debía ir a los servicios, llegaron Pansy y su esposo, un italiano al que casi nunca le entendían nada de lo que decía cuando hablaba en inglés; Goyle y su novia, Pierina Carrigan; Crabbe apareció junto a su flamante esposa: Bonnie Law.

Como ocurría siempre, las chicas se dedicaron a parlotear acerca de chismes y modas mientras ellos disfrutaban del vino y de sólo escucharlas, a lo lejos vio a sus padres, conversando animadamente con los padres de Nott. Con una inclinación de cabeza se saludaron a la distancia.

Luego de la llegada de su amigo Nott y su prometida, una chica bajita y rubia, con cara redonda y ojos claros, la cena inició.

—Al menos parece amable —comentó Blaise a la hora de los postres, mientras señalaba con la cabeza a la pareja, que ahora iba de mesa en mesa saludando y agradeciendo la asistencia.

—Su abuelo hizo una fortuna en América, es uno de los hombres más ricos de Estados Unidos, ahora su intención es iniciar negocios en Europa. He estudiado sus negocios, tienen mucho futuro. —informó rápidamente Draco, recordando el nombre de la lista de candidatas para desposarse, aunque al no provenir de una familia antigua, por más oro que tuvieran, lo había desanimado.

—Ya, que no he preguntado si es que tiene o no oro —se quejó Blaise mientras Crabbe negaba con la cabeza.

—Pero es importante saber a qué se dedica su familia —intervino el chico, hablando con voz suave y lenta.

—Así es —convino Draco.

—Ya, pero es que… —Blaise negó con la cabeza y lució, por un instante, derrotado, antes de ampliar la sonrisa cuando Theo se les acercó junto a su prometida: Geraldine Jupp.

Draco sabía cuál era el problema de Blaise, él, al contrario de sus demás amigos, no había crecido con un padre o con una tradición que seguir, simplemente no tenía la obligación de casarse, su madre le había dicho que era libre de hacer lo que quisiera, y siempre estaba protestando por los caminos que los demás seguían. Incluso, Draco recordaba, la noche antes de su boda con Katrina, él había aparecido en la Mansión, exigiendo verlo, para luego intentar convencerlo de no tirar su vida por la borda.

Luego de saludar a los nuevos casi esposos e intercambiar algunos comentarios más, la pareja se despidió, dejándolos solos nuevamente, en la pista de baile ya algunos bailaban y Draco sentía la mirada de Katrina sobre él, prácticamente implorando para que la sacara a bailar. Pero él la ignoró por un momento más, mientras escuchaba la conversación de Goyle, Crabbe y Blaise acerca del último partido de Quidditch al que habían asistido, donde Weasley, la hermana menor de todo ese grupo de pelirrojos, había hecho una excelente maniobra para alcanzar la snitch. Draco se sintió algo confundido, llevaba mucho tiempo sin pensar en ese grupo, en los Weasley, en Longbottom, e incluso en Potter, es más, no recordaba haber sabido mucho más de él tras la guerra, tras haber por fin vencido al Lord.

La conversación dejó de parecerle interesante, mientras ellos continuaban hablando de aquel partido y, algo resignado, invitó a su esposa a bailar.

Para cuando la hora de partir había llegado, Draco se había enfrascado en una conversación bastante animada con Theo, que había dejado a su novia por algún lado, y Blaise, acerca de los planes de éste último para la siguiente semana, cuando partiría hacia África por al menos unos seis meses, planeaba recorrer el continente y ni siquiera sabía cuándo podría escribirles nuevamente.

—Deberíamos hacer una fiesta de despedida —propuso Theo.

—¿Una fiesta? —Blaise soltó una carcajada —Ustedes no saben lo que es hacer una fiesta, sólo reuniones estiradas y aburridas.

—Oh, vamos —bufó Theo —, no me dirás que no te estás divirtiendo.

—Podría encontrar otras formas de divertirme —dijo, guiñándole un ojo a Draco, que pensó que tal vez su amigo se había pasado de copas, pues nunca lo había visto actuar de esa manera, tal vez se debía a que pronto se marcharía, y estaba con ganas de molestar.

—Deberíamos, al menos, ir a tomar un trago —opinó Draco, mientras en una mano sostenía un vaso de Fire Whisky, y los dedos le quemaban por ir a buscar un cigarro, aunque claro, aquello no era apropiado en ese lugar.

—¿Ves? Draco sí que piensa un poco más —río Blaise, pasando un brazo sobre el hombro de Draco y sonriendo ampliamente.

—De acuerdo, no sería mala idea, después de todo… —Theo se interrumpió y levantó las cejas, señalando a algo detrás de Draco y Blaise, los dos voltearon a la vez para darse cuenta de que no era algo, sino alguien lo que había detrás.

—Draco, querido, tus padres ya desean marcharse —dijo Katrina, mirando con algo de recelo al brazo que Blaise aún tenía sobre su hombro. Draco dio una mirada al fondo del salón, sus padres parecían despedirse de los señores Nott.

—Está bien, diles que los veré en casa —contestó al fin, dándole un sorbo más a su copa de Whisky, sintió como el licor le quemaba la garganta y recordó que llevaba mucho tiempo sin tomar más que un par de tragos de cortesía en alguna reunión, debía medirse con el alcohol, él nunca se había emborrachado en ninguna de esas fiestas y esa no sería la primera vez.

—Pero pensé que tal vez nosotros…

—Oh, lo siento ¿Ya estás cansada? —preguntó, desembarazándose por fin de Blaise y caminando hacia ella, para conversar de manera más privada.

—Sí, preferiría volver a casa ya —contestó ella con una sonrisa.

Draco miró a sus amigos una vez más y luego a su mujer, pensando en que realmente quería quedarse, no haría nada en la Mansión, y al día siguiente podría llegar un poco más tarde a la oficina. Después de todo, era uno de los jefes y se podía dar esas libertades.

—De acuerdo, ve con ellos, no hay problema, yo regresaré más tarde.

Katrina abrió los ojos, luciendo asombrada, luego se acercó un poco más a Draco y cuando habló lo hizo con un susurro:

—No es correcto que me vaya sola, ¿qué van a decir los demás?

—Pues, nada, creo —frunció el ceño Draco, mirando alrededor, nadie les prestaba atención realmente —, además, no te vas sola, te vas con mis padres.

—Pero, Draco…

—De acuerdo —suspiró Draco —¿prefieres que te acompañe hasta la Mansión y luego vuelva solo?

—No… eso no —Katrina lo miró, parecía a punto de enfadarse, aunque Draco nunca la había visto enojada antes —, está bien, tienes razón, nos vemos en casa —claudicó finalmente, se acercó a él y le dio un beso en la mejilla antes de darse la vuelta y reunirse con los señores Malfoy, que parecieron algo contrariados por la forma en que regresarían. Draco fue muy cuidadoso en darles la espalda y fingir completa ignorancia mientras suponía, ella les explicaba que él se quedaría un rato más con sus amigos.

—Ya se ha ido —informó Blaise luego de un momento más, con una sonrisa burlona.

—Entonces —continuó Theo, quien sabía que a Draco no le gustaba que lo molestasen mucho, y lo mejor era detener a Blaise y sus bromas —, estábamos hablando de ir a tomar un trago para despedir a Blaise.

—Cierto, cierto —confirmó Blaise, sonriendo —, aunque podríamos ir a hacer lo mismo ahora.

—¿Ahora? —preguntó extrañado Draco.

—Claro, esta pseudo-fiesta ha terminado, y todos se están yendo, podemos desaparecernos y nadie dirá nada; conozco un sitio en Poole donde podemos beber algo.

Ambos parecieron dudar durante un momento, la sonrisa burlona de Blaise se amplió, retándolos, hasta que finalmente ambos asintieron y se dejaron arrastrar hasta uno de los jardines, para salir por la puerta trasera de la mansión y poder aparecerse en el lugar que su amigo les quería mostrar.

*O*O*O*

Por un momento Draco estuvo preocupado de que el lugar al que Blaise los quisiera llevar fuera uno de esos sitios muggles llenos de mujeres desnudas bailando, ya lo había hecho una vez, aunque en esa oportunidad todos se habían, luego de algunas protestas, divertido bastante. Todos menos él, que no encontraba atractiva a una mujer cubierta de escarcha, bailando sobre una tarima, aunque, por el bien de su reputación, había sabido fingir muy bien que sí encontraba todo aquello interesante.

Esta vez, sin embargo, aparecieron en una oscura calle, a unos cuantos metros se podía ver un bar, aparentemente muggle, en la parte de afuera tenía un letrero en madera, que decía: "Big Men".

El interior era agradable, con sus paredes de madera y sus medias luces, se sentaron en una de las mesas más cercanas a la puerta y pronto Blaise ordenó vodka para todos.

El tiempo pasó mucho más a prisa de lo que había pensado, mientras compartían historias de la escuela, que ahora parecía tan lejana, de cuando habían ido a New York a visitar a Draco, o de lo que Blaise pretendía encontrar viajando por África.

Pese a haber pensado en no emborracharse, para la cuarta copa de vodka Draco sentía esa modorra propia del alcohol, esa que lo invitaba a cerrar los ojos y dejarse llevar por el sueño, luchó contra sus propios deseos y trató de prestar atención nuevamente a sus amigos, entonces se dio cuenta de que Theo estaba apoyado sobre la mesa, indiscutiblemente, dormido.

—Oh, pobre, no aguanta nada —se burló Blaise, aún en la neblina de la casi borrachera, Draco podía ver que su amigo tampoco estaba completamente coherente.

—Pues… debemos llevarlo a su casa, es demasiado tarde.

—No creo estar en condiciones de aparecerlo —respondió Blaise mirándolo fijamente, algo en su mirada hizo que su interior se estremeciera. Negó con la cabeza, tratando de alejar esos pensamientos inapropiados y miró nuevamente hacia Theo, buscando una solución.

—¿No tienes un traslador? —preguntó al fin.

—Sí, a mi departamento…

—¿A cuál de ellos? —Blaise parecía tener cierta adicción por comprar departamentos, los cuales usaba según se le antojaba, un día lo podías encontrar en Londres, al siguiente en Plymouth y luego… quién sabe en dónde.

—Uno que acabo de comprar aquí, aunque te digo que lo mejor será caminar hasta allá, está a solo unas cuantas calles.

—¿No sería más fácil aparecer allí y luego usar la red flú para llegar a casa? —preguntó Draco, sentía su lengua enredarse y esperaba haberse dejado entender.

—Probablemente terminaría vomitando, si es que doy tantas vueltas —admitió Blaise adelantándose un poco más sobre la mesa y acercándose a Draco —, tú tampoco estás tan bien que digamos… no quiero a nadie vomitando en mi piso nuevo.

—Oh… —Draco arrugó la nariz, imaginando la escena y admitiendo que efectivamente, eso no sería muy agradable. —Supongo que la red flú es más sencilla y…

—Es un departamento muggle, no tiene red flú —aclaró Blaise, poniéndose en pie y haciendo una señal al mozo, que rápidamente se acercó a ellos.

—¿Señor?

—Anda, ayúdanos a ponerlo en pie para llevarlo a casa.

—Por supuesto —asintió el mozo, dejando a un lado la bandeja que traía entre las manos y jalando a Theo para ponerlo en pie. Luego de un instante, Draco reaccionó y se puso en pie, sintiendo como el piso se movía a su alrededor.

—Oh, vamos Draco, no me digas que te tengo que cargar a ti también —reprochó Blaise medio en broma, Draco negó con la cabeza, tomando una bocanada de aire y sintiéndose un poco mejor.

Cuando salieron a la calle, el viento helado de la madrugada lo golpeó en la cara, haciéndolo sentirse un poco mareado, cerró los ojos un instante, tratando de calmarse, mientras el cuerpo de Theo parecía pesar más de lo que debería pesar.

—Es por este lado —indicó Blaise, jalando a Theo, y con él a Draco, hacia un lado de la avenida, avanzaron un par de calles, jadeando silenciosamente por el esfuerzo, torcieron por una calle bastante iluminada y se detuvieron delante de un edifico que parecía antiguo y remodelado.

—Vaya… —Draco tomó una bocanada de aire mientras soportaba el peso completo de su amigo para que Blaise pudiera abrir la puerta del edificio.

—Está muy pesado, lo sé —contestó Blaise, empujando la puerta con el pie y apoyando el cuerpo de Theo en uno de sus hombros, los tres avanzaron por el silencioso y vacío vestíbulo hasta un pequeño ascensor.

Sólo allí dejaron apoyado el cuerpo de Theo sobre la pared y respiraron aliviados.

—¿No podemos levitarlo desde aquí? —preguntó Draco, mirando a su amigo, que seguía profundamente dormido.

—Si lo haces tú no me molesta, aunque ya sabes lo que dicen de hacer magia bajo los efectos de alcohol.

—Sí —suspiró Draco, frustrado —, que los resultados no son nunca los adecuados.

Una campanilla les indicó que ya habían llegado al tercer piso, y con resignación volvieron a cargar a Theo, caminando hasta el final del pasillo, donde una puerta blanca anunciaba la letra "A"

Entraron a tropezones y lanzaron el cuerpo de su amigo hacia el sofá, el único que había en la vacía sala. Inmediatamente Blaise encendió las luces y Draco pudo ver mejor el lugar, lucía limpio, pero sin ningún adorno o mueble además del sofá y una lámpara de pie.

—Vamos, él se quedará durmiendo por lo menos hasta mañana —le dijo Blaise, jalando de un brazo a Draco hacia el pasillo del fondo.

—Blaise —susurró Draco, no encontrando extraño que su amigo lo llevase hasta la única puerta del pasillo —, ¡no pagamos la cuenta! —exclamó, cayendo en cuenta de ello recién.

—Oh, no importa, tengo crédito allí.

—¿Cómo? —Draco se sorprendió por la declaración de su amigo, mientras éste abría la puerta y dejaba ver una habitación, dentro había una gran cama y una cómoda, además de dos puertas blancas, una a cada lado. —¿Esta es tu habitación? ¿No tienes una de invitados o algo así?

—No, no tengo, es un lugar pequeño —comentó Blaise mientras se desprendía de la corbata, un auto pasó a lo lejos y el sonido llegó hasta ellos, iluminando un poco más la oscura piel de Blaise, que ya se estaba abriendo la camisa.

—Pero… ¿Dónde voy a dormir yo? —preguntó Draco extrañado, maldiciendo que el alcohol hiciera que su voz sonara tambaleante e insegura.

—En la cama, por supuesto, ambos dormiremos allí.

Draco sintió como sus mejillas comenzaban a quemar un poco mientras observaba la enorme cama.

—¿Por qué tienes crédito en el bar? —preguntó para romper el silencio y hacer algo más que observar a su amigo quitarse los pantalones. Vio sus músculos marcados, sus piernas fuertes y oscuras, su abdomen y su pecho, y algo se agitó nuevamente en su interior. Atribuyó eso a llevar demasiado tiempo sin tener sexo y trató de quitarle importancia.

—Lo compré hace unos meses —explicó el chico, quedando al fin sólo en ropa interior, de color celeste, y caminando hacia Draco.

—Ah —susurró Draco, retrocediendo un par de pasos.

—¿Dormirás vestido? —preguntó Blaise, sonriendo un poco y en lugar de seguir acercándose a él, caminando hacia la cama y tirando los cobertores al piso.

—Pues… no… claro que no —contestó rápidamente Draco, caminó hacia el lado opuesto de la cama y se sentó en ella, desprendiéndose de los zapatos y los calcetines, presintiendo que aquello era un error.

—Vamos, no es como si nunca te hubiera visto desnudo —comentó Blaise, Draco sintió como la cama se hundía un poco y tomó una bocanada de aire.

—¿Por qué compraste un bar? No es un gran negocio, si querías invertir en algo me hubieras avisado y yo hubiera podido darte algunos consejos —dijo Draco, quitándose la corbata y la camisa, y luego poniéndose en pie para desprenderse de los pantalones, sin voltear a ver a su amigo.

—Porque es divertido… no lo sé, he pensado que en algunos años me gustaría atender un lugar como ese… algo así.

Draco volteó finalmente hacia su amigo, mirándolo preocupado.

—¿Atender un bar? Eso es… no se ve bien, podrías hacer otras cosas.

—Ya veré, al fin encontrare qué me haga feliz —susurró palmeando sobre el colchón, e indicándole a Draco que se tendiera junto a él.

Draco se mordió el labio inferior por un momento, recordándose que se trataba de un amigo, de Blaise, con el que había estudiado, con el que había compartido habitación; el que lo había visitado en New York varias veces, el que le había escrito durante la guerra, que definitivamente aquello no era coqueteo, simplemente era la forma de ser de él.

Se tendió a su lado y por un largo momento ninguno dijo nada, Draco miraba hacia el techo, pese a la gran cantidad de alcohol en su organismo y a haber sentido algo de sueño cuando estaban por abandonar el bar, ahora se sentía extrañamente lúcido, lo cual lo hacía pensar, y tensarse por aquellos pensamientos.

Tal vez Blaise sería alguien que lo entendería, que le daría un buen consejo, que le daría las luces con respecto a qué hacer ahora, ahora que ya no tenía ningún maravilloso futuro. Al menos sería un mejor consejo que el cuaderno o sus padres.

—Blaise —susurró, esperando que su amigo no se hubiera quedado dormido.

—¿Sí? —preguntó el chico, Draco fue consciente de su cuerpo y su piel caliente, y una nueva oleada de deseo lo invadió, pero la reprimió, tratando de concentrarse en lo que quería preguntar realmente.

—Si alguien te dijera que… que morirás muy pronto…

—¿Morir? ¿Alguien te ha amenazado, Draco? —interrumpió el chico, con voz alarmada.

—No, no —negó Draco, girando a mirarlo por un momento, sus ojos verdes claros lo miraban fijamente, aunque parecieron relajarse por la negativa de Draco —, me refiero a que si por alguna razón tú supieras que vas a morir, no sé, en un mes, o mañana… ¿Qué es lo que harías? ¿Tratarías de cumplir con todo lo que se te ha encargado? ¿Esperarías tranquilamente hasta que el momento llegara…? No sé…

Draco suspiró y se encogió de hombros, mirando hacia el techo nuevamente y sintiéndose impotente por no poder explicarse mejor, pero tampoco quería decirle a nadie sobre eso, no aún al menos.

—¿Si me dieran la fecha de mi muerte, dices?

—Sí —Draco giró el rostro para poder ver a su amigo nuevamente, encontró algo perturbador que estuviera más cerca de lo que había pensado, sin embargo, no apartó el rostro ni se movió. Blaise le dio una mirada más intensa aún, la más intensa que le había dado nunca, y se puso de costado, pegándose más a su cuerpo. Draco se empezó a tensar más, sintiendo como su amigo se acercaba lentamente, hasta que sus rostros estuvieron a solo unos centímetros.

—¿Blaise? —preguntó con algo de timidez.

—Vivir —respondió el chico al fin, pasó la lengua por su labio inferior lentamente, mirándolo, ahora Draco lo tenía bastante claro, con deseo.

—Blaise —susurró nuevamente Draco, no muy seguro de qué hacer.

—Vivir —repitió Blaise —Viviría lo más que pudiera, hasta que el momento llegara, si se tratase de un solo día… —su rostro se acercó más aún, hablando ahora en susurros; Draco pudo sentir su cálido aliento, mezclado con el olor a alcohol —, le sacaría el mayor provecho posible, haría todo lo que se me viniera en gana… —y entonces el beso fue inminente, Draco no opuso resistencia alguna, ni siquiera pensó en que se trataba de su amigo de la escuela o un miembro de la sociedad a la que pertenecía, alguien que podía delatarlo o hundirlo, simplemente se dejó llevar; con una mano lo sujetó de la nuca para evitar que se alejara, mientras hacía la fuerza necesaria para empujarlo sobre la cama y colocarse encima. La lengua de Blaise se sentía experta y segura, mientras invadía su boca y jugueteaba en el interior, un pequeño gemido escapó de su garganta cuando Blaise le mordió el labio inferior.

Agitado y ansioso, Draco levantó un poco el rostro, para ver a su amigo, su rostro y su piel brillaban aún en la oscuridad, su cuerpo fuerte y marcado parecía más tenso y una dura erección se notaba ya contra sus caderas.

—¿Qué es lo que estás haciendo? —preguntó, no muy seguro de si la pregunta era para su amigo o para él mismo, repartiendo pequeños besos en la mejilla y el cuello.

—Haciendo lo que deseo hacer. Tú también lo deseas… yo lo sé —gimoteó Blaise cuando Draco lo mordió en la unión del cuello y el hombro, arqueándose un poco.

—Yo no…

—Yo lo sé… desde hace mucho —confesó su amigo, mientras con sus manos le presionaba la espalda, obligándolo a pegarse más a su cuerpo, a que sus pieles, calientes y deseosas, se tocaran por completo.

—Oh… —Draco gimió ante la sensación de su erección, aún debajo de la ropa interior, frotándose contra la de él. —No… no se lo puedes decir a nadie y…

—No lo haré —aceptó Blaise mientras su mano abandonaba la espalda y buscaba en frente bajar la ropa interior de Draco.

Y entonces Draco dejó de pensar, se elevó lo suficiente para que Blaise bajara un poco su ropa interior e hizo lo mismo con la de él, viendo por primera vez el miembro erecto de su amigo. Ambos comenzaron a acariciarse con rapidez y desesperación, acallando sus gemidos con los besos y mordidas, tratando de tocar toda la piel a su disposición, hasta que todo se volvió insuficiente. Blaise se apartó de él sólo el momento justo para sacar expertamente de la mesa de noche un frasco de lubricante y un preservativo y pasárselos a Draco.

Draco contuvo su cuestionamiento acerca de si es que Blaise se había estado acostando con muggles en esa cama, y rápidamente volteó a su amigo y untó lubricante en su entrada, mordió el empaque del condón y se lo puso, mientras Blaise se agitaba debajo suyo, gimiendo y levantando más y más las caderas.

Todo fue rápido, demasiado rápido, debía reconocer Draco, pero lo cierto era que llevaba semanas sin pensar siquiera en el sexo; desde que se había enterado que estaba sentenciado a muerte había alejado de su mente todo aquello, reemplazándolo con cosas, según él, más importantes, como el trabajo, la familia… un heredero.

Cuando todo terminó, ambos se dejaron caer sobre la cama, de espaldas, sus piernas y brazos rozándose, mientras respiraban agitadamente.

—A veces quisiera que entendieras —comenzó a decir Blaise —, que existe un mundo más allá del pequeño universo en el que vives… que hay demasiado que ver como para que te estés preocupando del oro y de lo que los demás dirán.

—¿Hace cuanto lo sabías? —preguntó Draco, no queriendo escuchar aquel discurso nuevamente.

—Desde que fui a New York la última vez, ¿recuerdas que aparecí una noche antes de lo esperado?

—Ajá.

—Ese día vi a un chico salir del lugar en el que te quedabas, para entonces ya tenía algunas dudas, y no soy tan tonto como para no saber qué era lo que habían estado haciendo, sobre todo por la forma como te encontré.

—Ah… Jasón —masculló Draco. Jasón era un chico con el que se había estado saliendo en New York, era mago, estudiante también de la Escuela de finanzas, al final Jasón lo había dejado porque Draco le había dicho que jamás admitiría que era gay y que en unos cuantos meses se tendría que casar. La separación le había dolido, era cierto, pero no lo suficiente como para dejar todo e ir tras él. Se preguntó qué sería de la vida del chico, después de más de dos años que no lo veía.

—Ese… era guapo —Blaise se apoyó sobre un codo y elevó la cabeza lo suficiente para verlo a la cara.

—Algo guapo —reconoció Draco, encogiéndose de hombros y desviando la mirada.

—Sí me dijeran que voy a morir mañana, haría exactamente lo mismo que hago cada día —dijo entonces Blaise, cambiando completamente de tono y acercándose más a él —, viviría, simplemente eso, al fin y al cabo, es mi vida y cuando muera seré yo el que se arrepentirá de no haber hecho determinadas cosas, no mis padres, mis amigos, o la sociedad.

Draco sintió algo pesado en su pecho, tras las palabras de su amigo y no supo qué contestar a aquello.

Blaise se inclinó hacia él y le dio un beso más, antes de dejarse caer a su lado.

—Tú… ¿Por qué hoy has…?

—Porque me gustas, siempre lo has hecho —admitió Blaise —, no que esté enamorado de ti, no te asustes —soltó una pequeña carcajada que, de alguna manera, relajó un poco más a Draco —, es más, ni siquiera soy sólo gay, me gustan tanto las chicas como los chicos —aquello le aclaró a Draco el porqué lo había visto con más de una chica en el pasado, y no de la manera inocente que él y Katrina se comportaban —; pero en unos días me iré de aquí y no sé cuándo volveré, y no quise hacerlo sin haber intentado… —suspiró profundamente y se sentó a jalar los cobertores que estaban aún en el suelo —, me alegra de haberlo hecho —concluyó.

Draco asintió, se abrigó bajo los cobertores y se pegó más al cuerpo caliente de su amigo.

—A mí también me alegra que lo hayas hecho —admitió, y aquello era cierto.

Cerró los ojos y pronto el cansancio hizo que se quedara profundamente dormido.

*O*O*O*

Abrió los ojos cuando la luz del día ya inundaba la habitación, por un instante se sintió fuera de lugar y confuso, entonces Blaise, aún dormido, se giró un poco, dejando ver su rostro relajado, y los recuerdos llegaron a él.

Su corazón empezó a latir con fuerza, recordando que se había acostado con él y que probablemente Theo seguía aún durmiendo en la sala, en el único sofá que había.

Se puso en pie con prisa, empezando a sudar y a sentir un dolor de cabeza diferente al que normalmente tenía, sus manos temblaban mientras se ponía los pantalones y la camisa, cuando se agachó para ponerse los zapatos, la habitación tembló un poco y tuvo que sujetarse de la cama para no caer.

Entonces Blaise gimoteó un poco y se removió nuevamente, y Draco se quedó observándolo un momento; recordando ya no solamente lo que habían hecho, sino también lo que se habían dicho: él se iría de viaje en unos días, y no sabía cuándo volvería, lo que Blaise no sabía era que lo más probable sería que cuando volviese él ya no estaría allí, que ya no existiría más, que…

Él iba a morir, en menos de un año, en tan sólo unos meses, iba a morir y por primera vez, desde que el medimago se lo dijo, empezó a sentir pánico.

Voy a morir, se dijo mientras se alejaba lentamente de la cama, observando el cuerpo desnudo de su amigo.

Voy a morir… no estaré en un año aquí, quizá ni siquiera en ocho meses…

La realidad lo golpeó con fuerza. Tenía el tiempo contado. No había nada que hacer, eso había dicho el medimago, que no había salvación, que todo estaba perdido.

Entonces salió corriendo de la habitación, pasó de largo por la sala donde, efectivamente, Theo seguía durmiendo, y salió al pasillo, no usó el ascensor, sino las escaleras, bajándolas de dos en dos y sujetándose de la baranda, hasta que llegó al vestíbulo, que seguía desierto. Corrió hacia la calle, temblando y sin saber exactamente qué hacer o hacia dónde dirigirse, con sólo una verdad retumbando en sus oídos:

"Voy a morir".

*O*O*O*


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Aquí en Lima el invierno ha empezado y me estoy congelando... Para los que están en invierno también, abríguense y no se descuiden, acabo de pasar por un feo resfriado y realmente vale la pena tomar precauciones para evitarlo.

Un beso para todos y que tengan una linda semana, nos leemos el lunes que viene...

Zafy