Bien, parece que esta historia va a continuar gracias a sus reviews y su interés… qué alegría que les gustó. Y qué mejor forma de empezar el año que con una actualización. Porfa sigan dejándome sus opiniones. Hablo por mí y por otras fickers, necesitamos su interés y sus comentarios para inspirarnos a escribir.
El fragmento de la canción pertenece a su autor, Alejandro Sanz. Está aquí porque con las dos canciones que he citado, inspiró este fic.

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Albert escuchaba algo de música, a las afueras del Café Plaza, mientras esperaba a que llegara Annie. Esa mañana en la escuela, ella le había pedido que se reunieran en ese lugar porque necesitaba su ayuda para conseguir el regalo de graduación para Archie, su novio desde hacía un par de años.

Cuando Albert estuvo a punto de entrar al café, se dio cuenta de que ese mismo lugar había elegido Candy para reunirse con Terry. Candy le había contado que su exnovio le había pedido verse para charlar esa tarde, pero encontrarlos allí había sido mera coincidencia.

Albert había preferido no importunar a Candy y esperar por Annie afuera. Cierto era que le causaba bastante curiosidad saber qué intenciones tenía Terry, y que tenía una buena oportunidad de espiar, pero hizo acopio de toda su fuerza de voluntad y, para obligarse a pensar en otra cosa, se concentró en la letra de la canción que estaba escuchando.

"Mi habitación en silencio está
Templado el aire y yo, que pienso en soledad
Locamente enamorado, locamente enamorado
No sé que es lo que me pasa
Pero solo puedo pensar en ti
Locamente enamorado, locamente enamorado, sí.
Todo irá bien, ya verás, me digo porque quiero estar
Convencido.

Son tan fuertes tus miradas
Elegantes y estudiadas
Yo soy sólo un adolescente, pero entraré en tu mente
Pisando fuerte, pisando fuerte."

Albert soltó una carcajada involuntaria con estas últimas frases. Había dado por casualidad con esa vieja canción y nunca antes había puesto atención a la letra, que quedaba como anillo al dedo con su peculiar situación.

-Estoy locamente enamorado -dijo en voz baja y negó con la cabeza, totalmente sumido en sus propios pensamientos.

Así lo encontró Annie, que tuvo que dar una palmadita en el hombro de Albert para que notara su presencia.

-¡Hola, Albert! Ya estoy aquí, ¿vamos dentro?

Albert se sacó los auriculares y saludó a Annie.

-Mejor elige otro lugar, es que… hay alguien ahí que no quiero saludar.

-¿Ah, sí? ¿Quién? -dijo Annie echando un vistazo a través de los ventanales- ¡Oh, mira! Ahí está la profesora Candy. ¿Con quién está, es su novio?

-¡No! -dijo Albert con demasiado énfasis- Su exnovio, es su exnovio.

-¿Cómo lo sabes?

-Eso no importa ahora -dijo Albert, pasándose una mano por el rubísimo cabello-. Dime, ¿a dónde prefieres ir?

-Ahora que lo pienso, es mejor que vayamos a otro sitio, aquí hay demasiada gente.

Mientras Annie decidía qué lugar sería el apropiado para la conversación confidencial que tendrían, Albert notó que Terry salía por la puerta del café, se detenía un momento para sacar algo de su bolsillo y luego reemprendía la marcha sin prestar atención a Albert y Annie.

-Ya sé a dónde quiero ir -dijo Annie, finalmente.

Albert pensó que Candy no tardaría en salir también y era preferible que no lo viera allí, así que tomó a Annie por el codo y la apresuró, diciendo:

-Muy bien, Annie, me lo cuentas en el camino, vamos en mi auto.

Para sorpresa de Albert, Annie lo guió hasta un rancho a las afueras de Chicago. Era un lugar abierto al público, aunque casi desierto entre semana, con un jardín acondicionado para eventos sociales. Albert aparcó el auto junto a la casa principal, tras la cual se extendía una explanada de pasto recién cortado, rodeada por una arboleda. Los dos jóvenes caminaron hacia el jardín. La orilla de la explanada tenía varios arcos de madera pintada de blanco, con enredaderas florales. En una de las esquinas, había una pérgola grande, también en color blanco, rodeada de rosales.

-¡Qué lindo jardín! ¿Piensas hacer un pic-nic para Archie?

-No exactamente. Mira bien a tu alrededor.

Al poner un poco de atención, Albert descubrió que tras la arboleda había pequeñas cabañas, bien separadas unas de otras. Luego miró con curiosidad a Annie.

-El regalo es también para mí -dijo ella, con la mirada clavada en el piso- Quiero alquilar una de las cabañas para el día después de la graduación y necesito que me ayudes con eso. Mi padre revisa todos mis estados de cuenta, así que no puedo usar mi tarjeta de crédito para hacer la reservación. He traído el efectivo, pero no me atrevo a pararme en el mostrador.

Annie saco de su bolso un sobre con dinero, que puso en las manos de un muy desconcertado Albert.

-¿Quieres alquilar una cabaña? -repitió Albert, más para asimilar el tipo de regalo que Annie estaba contemplando que por otra razón- No imaginaba que Archie y tú habían llegado tan lejos en su relación.

-No es así. No todavía.

Albert miró el sobre de dinero en sus manos y, tras unos momentos de silencio, le dijo a Annie:

-Antes de que gastes tu dinero, ¿no has pensado que Archie tal vez esté preparando un regalo similar?

-De verdad no lo creo.

-Bueno… es que, si han hablado sobre el asunto, seguramente él…

-Él no tiene idea de lo que estoy planeando.

-¡¿Qué dices?! Annie, en verdad creo que deberías hablar con Archie de esto antes de venir aquí…

-¿Crees que me rechazará? -preguntó con ojos llenos de angustia.

-No, no… eso sería muy poco probable. Lo que quiero decir… bueno, si yo estuviera en su lugar, me gustaría estar preparado para la ocasión.

-Si debo hablar demasiado sobre el asunto, acabaré acobardándome. Y, créeme, Archie no hablaría de otra cosa.

-Annie, no es algo que debas tomar a la ligera. Si no te sientes segura, tal vez no ha llegado el momento.

-¿Vas a ayudarme o no? -preguntó Annie con impaciencia.

Albert pensó más en Archie que en sí mismo, no sería capaz de arruinarle un regalo como ese, aunque Archie probablemente se desmayaría, a partes iguales a causa de la alegría y de la impresión.

-Desde luego que te ayudaré -dijo Albert con tono resignado y comenzó a caminar rumbo a la recepción-. Será mejor que usemos un nombre falso para la reservación.

-Albert, espera… Antes debes jurarme que no le dirás nada a Archie.

-Annie…

-¿Lo juras?

En vez de contestar, Albert se colocó sus lentes ámbar tipo aviador que tan bien quedaban con su rostro alargado, antes de darle la espalda a Annie y caminar hacia su auto.

Annie le dio alcance enseguida y se puso delante de él con aspecto suplicante.

-Albert, por favor…

Él se detuvo y se puso una mano sobre el pecho.

-Está bien, lo juro. Quédate tranquila.

Albert pensó que su mente iba a estallar algún día debido a tantos secretos.