Waazzaaaa!!
He aquí el segundo vicio de estos treinta que planeo terminar antes de año nuevo ( hahahahahahahaha ). Este no tiene nada que ver con el anterior, o quizá sí, pero no lo creo, ya después lo averiguaremos, de entrada, no están juntos, sólo son parte de la misma cosa que no es una historia lineal. Osea que son como dos fan fics por separado, pero en la misma publicación, como esos cuentos en los que vienen varias historias, como el "Right After Sunset" del señor King que salió el martes pasado a la venta.
Enjoy.
Sumisión
(Reto dos)
Empujó lentamente la puerta de la mazmorra donde impartiría su clase.
Donde la vería a ella.
Al entrar en el aula oscura paseó la mirada por todos los alumnos que estaban dentro de ella. La división en el grupo era completamente apreciable, de un lado los de Slytherin y por el otro los de Gryffindor, estos últimos con cara de susto, clavando sus pequeños y aterrados ojos en la mesa frente a ellos, imaginando el sin fin de tormentos que, por supuesto, él no impondría a menos de que ellos se los buscaran.
La mirada en sus rostros le agradaba.
Le temían, todos y cada uno de ellos. En cuanto él señalase a uno de ellos, ese pobre desdichado de inmediato se estremecería de pies a cabeza. Todos excepto ella.
Ella a quien no le importaba sobresalir en esa clase. Ella a quien se le podía preguntar cualquier cosa y la única manera de castigarla era diciéndole que lo que decía era un simple y vacua cita textual del libro en el que lo había leído. Eso no era aprender, eso era memorizar.
Y la diferencia entre una y la otra era abismal.
Seguramente ella lo sabía y no le importaba. ¿Acaso era esa la forma en la que intentaba oponerse a su ley, a sus mandatos, a su autoridad absoluta dentro del aula de clases? ¿Era eso?
Y ahí estaba otra vez ese sentimiento aflorando en cuanto sus ojos negros se clavaron en los castaños, despiertos, astutos de ella. Como los de un felino acechando a su presa, poniendo sus sentidos en el entorno y dejando la visión únicamente para el almuerzo.
Su mirada era retadora, enmarcada por la cabellera rebelde que la rodeaba, y sonreía. ¡La muy descarada se atrevía a sonreír!
Snape se detuvo antes de llegar al escritorio. No podía soportarlo más, algo debía de hacer respecto a esa niña de los ojos castaños y el cabello alborotado.
- Señorita Granger -musitó en un susurro casi inaudible que terminó por silenciar las voces dentro de la mazmorra. Los alumnos de Slytherin dibujaron burlonas sonrisas en sus rostros mientras se giraban todos al mismo tiempo para mirar a la aludida-. Salga al pasillo, tengo que...
- ¡No! -replicó ella interrumpiéndolo.
¿Cómo se atrevía?
- ¿Perdón? -Exclamó Severus intentando sonar lo más calmado posible.
- Dije que no, ¿acaso está sordo? -replicó la chica con un excesivo aire de suficiencia y desdén-. Sal tú del aula, quiero platicar contigo.
¡Le había perdido el respeto! Se dirigía a él como si de uno de sus semejantes se tratara. Severus debía de reprimir y disciplinar esa conducta tan escandalizadora de inmediato.
- ¡Diez puntos menos para Gryffindor! -Espetó con esa sonrisa de complacencia que tanto aterrorizaba a los de Gryffindor. Sin embargo todos ellos tenían sonrisas coquetas en sus labios.
- ¿Sólo diez? -Cuestionó Granger con una carcajada burlona-. Anda Sevye, sé que puedes hacerlo mejor que eso.
La rabia bullía en el interior de Severus, sin darse cuenta había extraído su varita de la túnica y apuntaba con ella a la maldita de Hermione.
- Salga ahora, Granger -ordenó con un susurro furioso, de ninguna manera permitiría que aquella estúpida le faltara el respeto de aquella forma. Por supuesto que no.
Pero Hermione no se movió. Miró de pies a cabeza a Severus y su sonrisa se ensanchó aún más.
- Apuesto todo el dinero de Gringotts que esa varita en su mano es por lo menos diez veces más grande que la varita dentro de su ropa interior.
Severus no supo que hacer, el comentario le causaba un poco de risa, sobre todo por la osadía de aquella pequeña estúpida, pero lo estaba ofendiendo, ¿cómo era que se atrevía? ¿Y por qué sus estúpidos compañeros se burlaban?, el que mandaba allí era él, el que llevaba la batuta allí era él. ¡Él era quien usaba los pantalones en ese violento matrimonio entre alumnos y maestro!
- ¿Está seguro? -inquirió Granger con una sonrisa pícara mirando las piernas desnudas de Snape, flacas y velludas, cubiertas únicamente por unos calzoncillos repletos de corazones rojos y pequeños. Sus tobillos flacos también eran cubiertos por un par de calcetines viejos que en su juventud podrían jactarse de su brillante color rojo, pero que ahora, por el paso del tiempo, las lavadas y el percudido sólo llegaban a un rosa pálido.
La carcajada fue general y se extendió como el cáncer en un cuerpo que no es sometido al tratamiento. Imparable.
- ¡Silencio! -Rugió Severus con lo que consiguió aumentar las risas de todos los alumnos. Enfurecido clavó la mirada en la castaña que había comenzado con aquello. Levantó la varita y murmuró:- Sectumsempra
En el rostro de Granger aparecieron grandes grietas por las que comenzó a brotar sangre, la chica cubrió con sus manos su rostro lastimado y al poco la sangre se coló por entre sus dedos. Los chillidos de la niña eran ensordecedores, pero no tanto como la carcajada que no se apagaba. Severus contempló con júbilo el líquido rojo que brotaba a través de las manos de su odiosa alumna. Se acercó dos pasos y tomó la muñeca de Granger para apartar las manos y contemplar lo que había hecho.
Granger se ocultaba para no dejar que Severus mirara su rostro contraído por su carcajada. Sus manos estaban manchadas de un líquido rojo que no era su sangre, sino uno de los inventos de los hermanos Weasley.
- ¿Y qué pensabas? -Preguntó Hermione, el monstruo Granger.
Severus trastabilló dos pasos hacia atrás, intentando alejarse de ella, no quería verla, no quería saber nada de ella, no quería conocerla, no quería estar cerca, no quería nada de ella ni con ella.
- Eso es imposible Sevye
- ¡No me llames Sevye, ya no soy un niño! -Chilló Severus, pero Granger lo ignoró.
- Ahora estoy aquí y me quedaré aquí, contigo, Sevye, para siempre. Serás mi sombra, serás mi esclavo, serás lo que yo quiera cuando yo lo quiera. Si yo digo rana ahí mismo tú saltas. Cualquier capricho que yo tenga, Sevye, tú te encargarás de concedérmelo... ¡ahora me perteneces!
- ¡NOOO! -Gritó Snape mientras caía por el borde de la cama. Estaba empapado en sudor y su respiración era agitada. Aunque había despertado veía las joyas castañas delante de él, mirándolo, acechándolo, acosándolo. Leyendo sus pensamientos y sacando lo peor de su niñez
(Sevyeee)
lo peor de su pasado.
Se puso de pie para refrescarse el rostro en el lavabo. Se miró al espejo y en su cara vio la evidencia de que había pasado una mala noche.
Sólo un sueño, se dijo, fue tan sólo un maldito sueño, nada más que eso. Intentó convencerse, pero la voz susurrando detrás de él apartó sus convicciones de un empujón.
¿Estás seguro, Sevyeee?
25/10/08
''Dedicado especialmente a la maldita de Zely''
«-( H.S )-»™
