2. Aclaraciones
Cuando George llegó a la mansión de chicago, se sorprendió de lo que allí sucedía, ¡Pero qué demonios pensaba Elroy! ¡A William no le iba a gustar nada! Llevó a Candy inmediatamente a Lakewood, después de todo, las cosas iban a ser más rápido de lo planeado.
En la habitación de los retratos, donde Candy nerviosamente esperaba encontrar al famoso tío abuelo, encontró a la persona que menos hubiera imaginado pero también a la que más había buscado: Albert, "su Albert"; salieron hacia aquél sitio en el que se habían encontrado hace ya muchos años: la casita del bosque.
Él, que siempre de una manera u otra había estado para ella, como su amigo: salvándole la vida en aquella cascada, consolándola por Anthony incluso sobre su propio dolor, y también por aquel corazón destrozado por Terry; o como el hombre que la había adoptado: rescatándola de ir a México, brindándole una familia, una educación e incluso fomentando sus travesuras, como aquellos disfraces que le envió para el festival de mayo. Siempre había estado ahí, como un ángel, exactamente de misma forma que él la veía a ella, como un ángel que había llegado a su vida para salvarlo, para ayudarlo a encontrarse a sí mismo, alimentándolo, cuidándolo, ocupándose de él y llenándolo de detalles y amor, sí, de un amor fraternal, con ella se había sentido seguro, y por primera vez en mucho tiempo, en casa; por esas mismas razones era exactamente que no podía decirle lo mucho que la amaba, sabía muy bien que su corazón pertenecía a alguien más. Y por supuesto ¡no permitiría que la casaran con Neal! ¡La tía se había vuelto completamente chiflada! Eso lo arreglaría cuanto antes, así tuviera que llevarse él mismo a su sobrino a la mismísima China.
-Candy, necesito preguntarte ¿Qué sucedió en Rockstown?
-¡Oh, miserable tramposo!¡Cómo si no lo supieras! ¡Me llevé el peor fiasco de mi vida! Esperaba encontrar a mi compañero, a mi confidente, y ¡No estabas ahí!
-Pero debes saber porqué lo hice…
-¡Oh sí! ¡Porque resultaste ser más maquiavélico que la tía abuela!- dijo levantando su nariz, y dejando al rubio atónito-
-¡Pequeña! Yo quería…
-Conozco perfectamente cuáles fueron tus intenciones, ví a Terry… Lo vi actuando en un teatro de mala muerte y completamente ebrio… Fue una decepción muy grande ¿Sabes? Yo renuncié a él sabiendo que se quedaba en su ámbito, en su gran amor: el teatro, era una gran promesa, lo decían todos los diarios; sin embargo, llevó su carrera a la ruina, ¡Abandonó a Susana! Por quien supuestamente nos separamos, y el "gran honor de caballero inglés" del que tanto presumía se fué por la borda, y con ello, su promesa de ser feliz… Ese no es el Terry que conocí, ni del que me enamoré; ya de estudiantes intenté ayudarlo con esos vicios, pero a estas alturas, no podría hacerlo…
-¡Candy!
-Es la verdad Albert, yo fui a ese pueblo buscándote a ti, y jamás imaginé encontrarlo a él en tales circunstancias
-¿Es que acaso ya no lo amas?
-Siempre lo querré, mi rebelde, tengo tantos recuerdos bellos de él; tan incomprendido que sus actos rayaban en la amargura, grosero, malcriado y a la vez tan dulce como para tocar toda una noche para mi a manera de despedida, la primera de varias, tan lleno de sueños… Sin embargo, aquél día nevado, supe que era el último adiós.-
Albert la miraba asombrado, George siempre mencionó que la veía pensativa y taciturna en los meses en que regresó a sus obligaciones, dejándola sola; siempre pensó que era por Terry, que ya no había ante quien fingir su tristeza.
-Albert, por favor no me veas así, creéme que he pensado mucho en él, y lo nuestro no era un amor del tipo "felices por siempre", cuando fui a N.Y. Terry se portó frío y distante, ni siquiera me abrazó, él ya había tomado una decisión antes de que yo llegara. Cuando lo dejé, prometí a Susana no buscarlo jamás, ¡Pero él tampoco lo hizo! Yo fui siempre sincera con él, le conté que vivía contigo a pesar de que me aconsejaron que no lo hiciera, él en cambio, no confió en mí, tuve que enterarme por terceras personas lo que había sucedido, pensándolo bien, tal vez las cosas siempre fueron así conTerryl, recuerdo que me defendió muchas veces de las groserías de Neal, pero no de las de él mismo jajaja, la primera vez que robo un beso, lo abofeteé por abusivo
-¿Lo golpeaste por un beso?
-Sí, pero no te conduelas tanto de él, pues también lo hizo
-¿Te pegó?
-Sé defenderme. Albert, amé a Terry, pero fue un amo juvenil, inmaduro e ingenuo; tal como lo éramos él y yo en ese tiempo. Cuando nos enfrentamos al mundo real, adulto y cada quien con sus anhelos, simplemente no pudimos estar juntos, tal vez parecía que el destino se empeñaba en alejarnos, pero en realidad ninguno de los dos estuvo dispuesto a luchar por el otro. Lamento mucho la situación por la que pasa, pero confío que su madre sabrá impulsarlo a recuperar su camino, ¡El amor de una madre, lo puede todo!-
Albert se hallaba desconcertado, Candy hablaba con una madurez admirable, al mismo tiempo no concebía que Terry hubiera podido golpear a su pequeña, si hubiese sabido de aquello, lo hubiera noqueado en aquella cantina, no le hubiera propinado unos cuantos puñetazos para hacerlo reaccionar; ni siquiera Tom que era como su hermano y que jugaba brusco con Candy, a quien ella siempre golpeaba se había atrevido a lastimarla, ella misma le contó que él no podría pegarle a una chica ¡Arghhh maldita sea Albert, contrólate! Candy tiene razón, en ese tiempo eran solo unos chicos inmaduros… y ahora, ella era toda una mujer… Una hermosísima mujer ¡Albert, concéntrate, ya estás peor de inmaduro!
Decidieron que Candy se quedaría esa noche en la mansión, así que cenarían juntos, mientras George ya se había ido a dormir, después de todo, el pobre hombre había realizado dos viajes sin descanso de ida y vuelta a Chicago.
-Pequeña, -dijo mientras cenaban- quiero pedirte que me acompañes a la "presentación oficial del patriarca"
-Albert, no creo que a la tía abuela le guste la idea
-Eres una Andry, pero no es por obligación, me haría muy feliz que estés ahí, conmigo, además nunca hemos ido juntos a ningún baile, ¿Acaso tienes miedo de que te pise?
-Sabes que haría cualquier cosa que me pidieras, ¡Te debo tanto! Y no jovencito, el que debería temer por algunos pisotones eres tú, podrías preguntarle a Archie- dijo estallando en carcajadas-
-Muy bien, pues tenemos un plan, y de la tía yo me ocupo, sin embargo, me preocupa un poco el asunto de Neal, que te parecería ir unos días al hogar de Pony, y piensas en tu futuro, yo me ocuparé de que el veto en los hospitales te sea retirado, habría querido hacerlo hace mucho, pero no podía aún. Yo, luego del evento estaré solo unos días por aquí, ya que saldré de viaje
-¿Y la guerra?- dijo Candy asustada-
-No te preocupes pequeña, iré a Sudamérica, y nos escribiremos como antes, incluso mucho más ¿Cierto?
-Síiii, claro
-Así que retomando el tema, bailarás conmigo toda la noche –dijo coquetamente- pues pasará un tiempo antes de volver a vernos
-Pero al menos sabré dónde está el mago
-¿El mago? ¿De qué hablas Candy?
-¡Pues de ti! Señor "aparezco y desaparezco a mi antojo" – dijo riéndose estruendosamente-
-Pequeña –haciendo un puchero- lo siento tanto, pero el secreto de los Andry no me pertenecía
-Lo entiendo Albert, oye… y… ¿Cómo debería dirigirme a ti en esa fiesta? ¿Señor Andry? ¿Sir William? ¿Padre..?
-¡Candy! –tosió Albert atragantándose con el vino que tomaba- Por favor, trátame como siempre, soy exactamente la misma persona y la relación que existe entre nosotros no es de la incumbencia de nadie. Soy un tutor, así que jamás, óyeme bien: jamás me veas como a un padre que además no soy tan viejo
-¡Cómo! –respiro aliviadísima- Pero si eres el tío abuelo debes ser viejísimo, eso es lo que se rumora por ahí, solo que te conservas muy bien –sonrió pícara-
Albert entrecerrando los ojos le dijo:
-Candy, sabes perfectamente que te llevo menos de 8 años –ambos estallaron en carcajadas-
-¡Huy que susceptible tío abuelo! Creo que se ponen sensibles con la edad
-Ashi esh, no hagas enojar a eshte anciano o conocerás su lado cascarrabias y tendrá de darte unas nalgadas
Candy se sonrojó al instante y Albert se imaginó tocándole el trasero, por lo que inmediatamente aclaró:
-Perdón pequeña, era una broma de un inocente viejecito
-Sí claro Albert, no te preocupes –dijo la rubia con las mejillas ardiendo-
