Subasta

Disclaimer: Los personajes y la historia base, es decir, el mundo de Harry Potter, no me pertenecen, lo único que es de mi propiedad en todo esto, es la trama en la que se desarrolla el fic.

Pareja: Harry/Draco.

Tiempo: Futuro.

Género: Romance.

Resumen: Draco Malfoy, tras haber perdido toda su fortuna después de la guerra, se ve obligado a tomar una medida desesperada para ganar dinero: subastarse en un centro de solteros acaudalados.

Las cosas no parecían marchar tan mal, hasta el momento en que vio la mano levantada de su antiguo rival de colegio, Harry Potter, ofreciendo una suma de diez mil galones por su persona.

¿Qué planes tendrá Harry para Draco?

Autora: Aleiram

Subasta

"Dejar de ser"

─ He dicho que te quites la ropa. No volveré a repetirlo.

Si Potter le hubiese dicho aquello tres años atrás, Draco le habría respondido con un irreversible Avada Kedavra, luego de haberle roto la cabeza a patadas. Lamentablemente, el chico dorado había esperado hasta entonces para decírselo, cuando él no podía hacer nada, excepto curvar una ceja y fruncir los labios con desprecio. ¿Desde cuándo Potter actuaba de manera tan libidinosa? Que él recordara, el Gryffindor no había sido exactamente un casanova en el pasado, y hasta donde sabía, en la actualidad, la única mujer con quien se lo había visto, era la hermana menor de Weasley

─ Vete-al-diablo –siseó entre dientes, obsequiándole una de sus características miradas de superioridad. De pequeño, Lucius le había enseñado que no había mejor manera de intimidar a la gente, que echándole una buena mirada: "Las miradas lo dicen todo, Draco"; pero dudaba mucho que esa regla funcionase con Potter.

Harry dejó escapar una risita nada santa, y la ceja rubia de Malfoy volvió a elevarse. Era un hábito que había adquirido de su padre. ¿De qué estaría riéndose el Gryffindor? Su comentario anterior no había sido precisamente encantador como para causarle gracia. En momentos como ese, se arrepentía de no haber contraído matrimonio con Astoria Greengrass; de haberlo hecho, no estaría pasando por aquella situación, ya que la familia de la joven se encontraba en una buena posición economía, cosa que habría bastado para sacar a su familia de la pobreza. Pero cómo casarse con ella, si tres meses antes de que se anunciara su compromiso, había descubierto que la bastarda tenía un enamoramiento con un muggle. Sin duda alguna, la soltería le había parecido mucho mejor que convertirse en el marido de una traidora a la sangre; Además, a él le gustaba vivir solo, saborear la libertad de ser capaz de hacer lo que quisiera cuando quisiera sin necesidad de consultar con nadie sobre sus proyectos para la noche. Ser soltero definitivamente tenía sus recompensas.

Pero, concedió, tenía también sus inconvenientes.

La soledad era el más grande de ellos. Montones y montones de noches solitarias pasadas contemplando la almohada vacía al lado de la suya en la enorme cama, fantaseando acerca de enamorarse, fantaseando sobre situaciones sexuales escabrosas en las que nunca se encontraría de una manera realista. Él era un hombre normal después de todo. Tenía necesidades. Pero en su mayoría, suspiró, en su mayor parte solo fantaseaba con obtener compañía. Estaba harto de estar solo.

Sin embargo, se recordó a sí mismo alzando la barbilla, no estaba totalmente carente de compañía, solo carente de compañía femenina. Sus padres vivían con él y ellos lograban que sus días fueran mucho más llevaderos. Había ocasiones en las que llegaba a casa sintiéndose una basura, una completa escoria con deseos suicidas, pero su madre le recordaba quién era, y le repetía una y mil veces que los Malfoy no bajaban los brazos sin antes dar una buena batalla. Su padre, en cambio, le decía que pronto llegaría el momento en que el apellido Malfoy volvería a estar en la cima. Draco sabía que Lucius aún guardaba la esperanza de que él se casara con la hija de algún mago importante y se hiciera de su fortuna, pero también era consiente de que aquello no era más que un sueño; ningún mago importante en la actualidad permitiría que su hija contrajera matrimonio con el hijo de un mortifago, con un cobarde como Draco Malfoy; y si los Greengrass habían aceptado que Astoria lo hiciera, había sido únicamente por la deshonra en la que ella había caído después de ser descubierta con ese muggle.

Hizo una mueca, preguntándose, no por primera vez, si se había convertido por descuido, en un pesimista. Sí, en efecto, así había sido.

─ Escucha Malfoy –dijo de pronto, Potter, comenzando a aflojar el nudo de la corbata de su traje. Había asistido a la subasta muy bien vestido; llevaba un smoking color caoba muy refinado, ornamentado con un carísimo reloj pulsera de oro –, no pagué diez mil galeones para traerte de visita a mi casa, así que o te desnudas tú por las buenas, o te desnudo yo por las malas, decide –. Su oscura mirada vagó metódicamente a lo largo del cuerpo de Draco, comenzando en sus piernas, avanzando lentamente hasta su entrepierna, donde se demoró, y subiendo luego más arriba, a su rostro. -¿Qué me dices?

¿Qué iba a decir? Draco gesticuló ¿Cómo demonios, se le ocurría a Potter preguntarle aquello? ¿Acaso no era obvia su respuesta? De pronto sentía como si acabase de despertar de una pesadilla, o mejor dicho, dentro de una, y Potter era su verdugo.

Sus dientes se apretaron, listos para dar una respuesta, pero antes de que pudiera decir nada, el Gryffindor se le adelantó:

─ Estoy esperando, Malfoy. La paciencia es una virtud, pero no abuses de ella.

─ ¿Te has vuelto loco, Potter? ¿Acaso la guerra te ha dejado más chalado de lo que estabas?

La sonrisa que adornaba el rostro de Harry en ese momento, se evaporó lentamente hasta quedar convertida en una mueca torcida de molestia.

Harry había pasado los últimos tres años de su vida ayudando a Hermione en una institución para victimas de guerra, colaborando con el ministerio para atrapar mortifagos prófugos; yendo y viniendo de un lado a otro, dando entrevistas y donando dinero y tiempo a organizaciones similares a la que sus amigos y miembros de la orden del fénix habían construido para albergar a afectados en la batalla fina. Había perdido su juventud estando al servicio de la sociedad mágica, había perdido su niñez, y nadie parecía recordar eso, sí no todo lo contrario, porque cuando por fin buscaba liberarse de las ataduras y ser él mismo, lo tachaban de ermitaño y de loco. Estaba cansado del statu quo en el que se había visto involucrado desde pequeño, cansado de llevar una existencia aburrida y complaciente para con todos menos consigo mismo. Era hora que dejara de pensar por un momento en los otros y pensara un poco más en él. Quería poder divertirse como cualquier persona normal, tener relaciones sexuales hasta el cansancio, poder vivir; ya no quería seguir siendo el niño inocente, ya no quería seguir siendo el huérfano, quería formar una familia y ser feliz.

Quería por una vez —solo una vez— hacer algo salvaje y loco, algo completamente ajeno al carácter de Harry Potter. Algo descarado y lo suficientemente imprudente para darle una vida de recuerdos que pudiera abrazar cerca de su corazón siempre que estuviera de humor para ponerse sentimental respecto a los días rebeldes que pudieron haber sido y que no fueron por azares del destino. Ya era un adulto, pronto comenzaría a envejecer, ¿y qué tendría para recordar en su vejez? ¿A Voldemort? Porque dijeran lo que dijeran, todas sus aventuras habían girado alrededor de Tom Riddle. Siempre había hecho las cosas correctas, siempre había sido el niño bueno, un tanto desobediente eso sí, pero bueno al fin; había vivido para el mundo y no para él.

Suspiró. Estaba enfermo, enfermo de buscar qué ser, aparte de ser un héroe. Ningún hombre de veinticinco años necesita conformarse con las expectativas de otros cuando esas expectativas no son las suyas propias. O, más en concreto, ningún hombre de veinticinco años debería conformarse con las expectativas del mundo cuando esas expectativas no son las suyas propias.

Mordisqueó su labio inferior mientras sus ojos verdes volvían a pasearse por el rubio que tenía enfrente. Malfoy era lo que había estado buscando. Al principio, después de que Narcisa le pidiera, por favor, que ayudara y sacara a Draco de esa subasta, él lo había hecho de corazón, no importándole recibir ninguna recompensa por ello. Pero luego, una vez hubo visto a Malfoy, recordando entonces sus días de escuela, cuando en lugar de estar salvando al mundo pudo estar besando a una linda chica, decidió que San Potter, como el rubio acostumbraba a llamarle en Hogwarts, había llegado a su fin.

─ Sí, Malfoy –. Respondió al fin, mirándole a los ojos–, estoy loco… ahora quítate la ropa.

─ ¿Qué piensas que soy, Potter? ¿Tu puta? –arremetió el rubio en un tono remilgado, mientras se cruzaba de brazos.

─ Quítate la ropa –repitió el moreno, cortante y con expresión seria.

Los labios de Draco se fruncieron. Por muy necesitado que estuviera, no iba a someterse a Potter.

El Gryffindor no lucía nada mal. Definitivamente, su apariencia había mejorado en un cien por ciento desde la última vez que le viera, en aquella reunión, acompañado por la pequeña comadreja; pero lo que había ganado de belleza física, lo había perdido de cordura; no que antes hubiera sido muy vivaz, pero por lo menos no era la locura personificada como ahora. Pensó con los labios aún fruncidos. De todas formas, ese no era el problema; el problema era que por muy guapo que fuera, seguía siendo Potter; el maldito niño que vivió; el cuatro ojos; San Potter. Quizá si no se tratara del héroe mágico, no habría tenido problema en echarse un polvo con él, porque a decir verdad, no tenía preferencias por ninguno de los dos sexos, tanto hombres como mujeres le gustaban de igual manera. Pero, volviendo al tema, Potter no era ni hombre ni mujer, era Potter, sólo Potter; El maldito Potter; Potter, Potter, Potter ¡Cómo odiaba ese apellido!

─ Malfoy te advierto, que si no te quitas la ropa en exactamente –miró su reloj pulsera –, cinco minutos, lo haré yo por ti, y la experiencia no será nada agradable.

¡Cómo si pudiera ser de otra manera! –pensó malhumoradamente el rubio. Ninguna experiencia que involucrara a Potter y a él desnudo, podía resultar agradable en ningún sentido; especialmente si el moreno adoptaba esa actitud mandona y soberbia que tenía en esos momentos.

Cerrando los ojos brevemente y tomando un aliento estabilizador, dijo:

─ Ni yo voy a desnudarme, Potter; ni tú lo harás por mí.

─ No entiendo porqué haces de todo un drama, Malfoy. Si no estabas dispuesto a pasar por esto, para qué demonios te metiste en esa subasta ¿Qué pensabas que harían contigo cuando te compraran? ¿Invitarte a jugar quidditch? De no haber sido yo, cualquier otra persona habría puesto un precio por ti ¿y que hubieras hecho entonces? ¿Un berrinche? ¿Te habrías negado, también? No es tan complicado lo que tienes que hacer; sólo debes cerrar la boca, abrirte de piernas, y dejar que te tome.

Nervioso y sintiendo todo sorprendentemente vertiginoso, Draco tragó con fuerza el nudo que tenía en la garganta mientras apretaba con energía los puños. Lamentaba no tener su varita a mano, de lo contrario, Potter ya estaría carbonizado. Seguramente el maldito debía estar pensando que por ya no tener dinero y ser uno más del montón, le sería muy fácil llevárselo a la cama, pero él le demostraría que aquello no era así; antes muerto que acostarse con Potter.

─ Eres un cabrón, Potter –dijo, sacando fuerzas de lo más profundo de su ser para no demostrar lo afectado que se encontraba con todo aquello – No sé lo que pretendes con todo esto, pero sea lo que sea, no te saldrás con la tuya. Al parecer la mala costumbre de hacer todo lo que se te venía en gana en Hogwarts, no se te ha esfumado; sigues siendo un maldito arrogante, pensando que todo el mundo debe hincarse a tus pies por ser Harry Potter.

Harry dejó escapar una risita divertida. Malfoy no había cambiado nada; y eso era estúpidamente bueno. Muchos decían que el rubio se había vuelto más humilde y maduro, pero viéndolo proceder de aquella forma, todo ese supuesto cambio no parecía ser más que una nueva mascara de Draco Malfoy para encubrir sus problemas.

─ Lo único que pretendo, Malfoy, es tener sexo salvaje contigo durante toda la noche, nada más; y en cuanto a eso de que sigo siendo un ¿Cómo fue que me llamaste? ¿Maldito arrogante?; creo que te has equivocado y has hecho alarde de tus cualidades, no de las mías. Que yo recuerde, quien solía pavonearse día y noche por el castillo, creyéndose el rey del mundo, eras tú.

Los latidos del corazón de Draco, se aceleraron tan dramáticamente que se preguntó ociosamente durante un histérico momento si saldría golpeando de su pecho. Había dejado de escuchar el discurso de Potter, una vez que éste mocionara lo de tener sexo salvaje toda la noche. Sus fosas nasales llamearon y sintió terribles deseos de arrojarse por la ventana.

Sus ojos se estrecharon en finas rendijas, en un intento burdo de intimidar a Potter, mientras que sus puños se apretaron aún más, si es que eso era posible.

─ Eres un enfermo, Potter.

─ ¿Lo soy? –rió Harry, sin pasarle más importancia de la debida a los secos comentarios del rubio. Se llevó un dedo al mentón, fingiendo pensar la respuesta que daría–Sí, creo que lo soy ¿Ahora vas a desvestirte o seguirás insultándome?

─ Ni lo uno ni lo otro, Potter; me largo de aquí.

Draco avanzó a paso rápido hacía la puerta, pero se vio interrumpió por un agarre en su brazo. Potter le había sujetado, obligándolo a voltearse.

─ Si yo fuera tú, no haría eso –dijo el moreno, suministrando un poco de fuerza al agarre.

Draco miró primero su brazo, sujeto por la mano de Potter, y luego la cara del Gryffindor.─ A mí no me tocas, imbécil –gruño con furia, dándole un empujón para poder liberarse.

─ Valla Malfoy, no sabía que te iba la fuerza bruta -. Se burló Harry, mientras se arreglaba el traje - No hacía falta empujarme ¿Sabes?; Habría bastado con un simple "suéltame"

Draco se puso rígido y su barbilla se alzó como siempre tendía a hacer cuando se sentía a la defensiva –Nunca más vuelvas a ponerme un dedo encima –amenazó con la voz en un hilo.

Harry rió, disimuladamente, y luego, tras carraspear un poco, dijo:

─ Deberías estarme agradecido; de haber salido por esa puerta, me habría visto en la obligación de denunciarte por incumplimiento de contrato.

Malfoy frunció el ceño ¿De qué demonios hablaba Potter?

─ No me mires así, Draco –dijo el moreno, inocentemente.

─ No me llames Draco –. Advirtió el rubio.

─ ¿Por qué? ¿Acaso no te llamas Draco?

─ ¡Porqué no quiero que me llames así! –Ladró Malfoy, con ímpetu.

─ Haberlo dicho antes… Draco -. A Harry le divertía enfadar al rubio. Era cómico verlo ponerse colorado hasta las orejas por retención de rabia.

Se mordisqueó el labio inferior, con sus ojos verdes dilatados, en un esfuerzo vago por contener la risa que pujaba por salir.

En tanto, Draco Suspiró, masajeándose distraídamente las sienes, mientras esperaba a que Potter dijera lo que tenía que decir para poder marcharse de ese lugar.

En años anteriores, jamás se habría quedado a esperar al Gryffindor, pero ahora, algo le decía que no tenía más opción.

─ ¿Estás esperando algo, Malfoy? –Preguntó Harry, como quien no quiere la cosa -¿No te ibas?

─ ¿Me crees imbécil, Potter? Dijiste que me denunciarías si cruzaba esa puerta; no te daré en el gusto. Ahora podría decirme a qué te referías con eso de "incumplimiento de contrato".

─ Ah, eso… -Rió Harry, tratando de sonar casual –, pues es simple, tú firmaste un contrato con la gente de la subasta ¿verdad?, bueno, en caso de no cumplir con las condiciones del lugar, por contrato, estás obligado a resarcir a tu comprador el dinero que gasto en ti. Acéptalo, Draco; tendrás que pasar los próximos cinco días a mi servicio, te guste o no; a menos que cuentes con diez mil galeones para compensarme.

Draco quedó silenciosamente de pie al lado de Harry, intentado procesar las palabras del Gryffindor ¿En qué diablos había estado pensado al aceptar convertirse en un sumiso esclavo sexual durante cinco días? Sus antepasados debían estar revolcándose en sus tumbas. Por un momento, había albergado la esperanza de que el Gryffindor no estuviera al tanto de ello, pero ahora, todas sus ilusiones habían quedado hechas tiras. En otras palabras, Draco acababa de perder toda oportunidad de escapar de las garras de Potter sin caer en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo.

Suspiró. Quizá fuera mejor dejar de luchar y entregarse a los mandatos del moreno de una vez por todas; después de todo, él lo tenía en su poder ahora.

Dando un breve vistazo alrededor de la recamara, se preguntó distraídamente si Potter habría tenido planeado aquello desde un principio. Haber pagado una suma tan grande como lo eran diez mil galeones, debía tener un motivo oculto; estaba seguro de que lo había hecho para acorralarlo, ya que era obvio que el rubio no podría pagar semejante cantidad de dinero, en caso de no cumplir con el contrato.

─Malfoy, lamento interrumpir tu ardua sesión de pensamientos, pero empiezo a perder la paciencia –dijo Harry, caminando hasta otro sector de la habitación, donde una pequeña alacena de madera descansaba. Sacó del interior de la alacena, una botella de bourbon y dos vasos –Si vas a desnudarte, hazlo de una vez, o déjame hacerlo a mí –añadió mientras servia la bebida. –Toma –. Le extendió uno de los vasos.

Draco aceptó el ofrecimiento, y se tomó el bourbon de un solo trago. Esperaba que aquello entumeciera su cerebro para que de esa manera, dejara de pensar en lo que tendría que hacer estando a cargo de Potter. Era una bebida rara; no sabia igual que el whisky de fuego, pero era fuerte; aunque no lo suficiente para adormecerlo, se lamentó.

─ Estoy ansioso por ver lo que hay debajo de esa túnica –Harry elevó el pequeño vaso, disponiéndose a beber de él mientras lo estudiaba. Una extraña sonrisa, adornando su rostro –No quiero ser grosero; pero debes comprender que follar con un Malfoy no es algo a lo que esté acostumbrado.

Por la mente de Draco pasaron cientos de comentarios poco refinados de los que podría haber hecho uso; pero ninguno resultaba ser lo suficientemente mordaz como para hacer cambiar de opinión al Gryffindor. Su frente se arrugó. Había perdido el toque. Antes, habría tenido mil y un cosas que decirle a ese cabrón; pero ahora lo único en que podía pensar, era en que no tenía diez mil galones para devolverle al héroe su aporte.

─… No es más que un juego ¿No te parece?

Harry había estado hablando sobre el mundo y sus reglas. Había intentado incluir al rubio en su plan de dejar de ser; pero por la cara que éste tenía, comenzaba a dudar de que hubiese escuchado algo de lo dicho.

─ ¿Eh? – Efectivamente, Draco no había escuchado absolutamente nada -¿Dijiste algo?

—No importa —dijo el moreno con un suspiro que sonó casi trágico, y que dejó a Draco sintiéndose decididamente confundido. Harry bajó el vaso de bourbon y caminó lentamente hacia él –estoy acostumbrado a que la gente no escuche nada de lo que digo.

Draco iba a decir algo, pero Potter se le adelantó.

─ La cena se servirá a las once –murmuró caminando hasta la puerta –no llegues tarde; o no comerás –finalizó, saliendo de la habitación si dar tiempo a Malfoy de decir o hacer nada.

El rubio se precipitó hacía la puerta y le dio una fuerte patada, que seguramente Potter alcanzó a escuchar.

¡Maldito y mil veces maldito Potter! profirió en silencio. Seguro estará esperando muy cómodamente a que yo baje ¿y todo para qué? Para lucir conmigo sus comodidades, demostrarme el poder que tiene ahora. Pero se va a quedar con las ganas, porque no pienso bajar. Si el cretino piensa que puede someterme, no conoce a Draco Malfoy.

Ordenándose contener sus meditaciones, abrió la puerta y salio de la recamara sin tener idea adónde dirigirse; pero quedarse allí dentro, encerrado, no era una opción. Si Potter quería tenerlo, tendría que esforzarse mucho, porque él no se lo dejaría nada fácil.

***

Muchísimas gracias por sus firmas y por leer.

Abrazos y Besos

Aleiram