Sakura Card Captors y sus personajes no me pertenecen, solo la historia.

Obsesión Comprada

Cap. 2 Pequeños Cambios

Algo me ha estado preocupando últimamente.

Creo que la expresión mas correcta seria alguien.

He notado que desde hace unos días cierta pelinegra motivo de mi atención se ve algo ausente, y no me refiero ausente a mi, eso es normal, me refiero a ausente a todo y todos.

El primer día que lo note llego algo tarde a clases y entro con la cabeza gacha bajo la mirada severa del profesor, en primera instancia pensé que estaba avergonzada de llegar tarde, es decir, a cualquiera pueden pegárseles las sabanas, aunque esta era la primera vez que le pasaba a ella.

La observe sentarse, no levanto la vista ni una vez, su uniforme seguía pulcramente arreglado, pero algo había cambiado en su indumentaria.

Su cabello.

Era un cambio casi imperceptible, pero normalmente llevaba el cabello sujeto en una vincha o trenzado o sujeto con un gancho o atado pulcramente en una cola ya sea alta o baja, sin embargo esta vez nada sujetaba su cabello, lo había dejado caer libremente, si bien se veía limpio y cepillado estaba… diferente.

Lo se, lo se, la observo demasiado.

No podía decir que se le viera mal, es mas me imaginaba que verla un poco mas despeinada le daría cierto aire desenfrenado y salvaje, sobre todo si estaba sobre una cama y debajo de mi, pero dejando de lado mis recurrentes fantasías con ella, algo me preocupaba.

Llámenme absurdo, tal ves se levanto esta mañana pensando "voy a llevar el cabello suelto" y ya, tal vez no había ningún otro misterio, pero algo en su aire había cambiado, cierta imagen de… como describirlo? Improvisación? Descuido? De pronto pensé que había salido demasiado apurada de su casa y no tuvo tiempo de arreglarse el cabello.

Por que de pronto estoy tan obsesionado por como llevaba el cabello esa mañana? Es un detalle casi insignificante que de seguro nadie mas notaria pero algo me decía, una maldita corazonada, me decía que algo no iba bien.

Y vaya que me devanaba el cerebro pensando que era.

Cuando el profesor nos dio la espalda para mirar a la pizarra note como la castaña estiro su brazo y toco con suavidad la blanca mano de Tomoyo, solo veía el perfil de la castaña, pero vi un gesto interrogante y preocupado.

Tomoyo se revolvió un poco en su asiento antes de voltear a mirarla.

Algo definitivamente no… estaba… bien.

Su normalmente blanca piel ese día no solo carecía de aquel saludable rubor natural que habitualmente cubría sus mejillas, si no además unas notorias ojeras grises habían decidido tomar posesión de sus ojos robándole aquel magnifico brillo que tanto me deleitaba en ver.

Otro chico, tal ves hubiera llegado a la conclusión que estaba enferma, otro chico que tal vez no estuviera tan obsesionado con una sola persona y se hubiera empeñado en observarla todos los días todo el día durante los últimos años con la finalidad de no perderse ningún detalle y así poder recrearla en su mente todas las noches y ratos libres, de pronto caí en cuenta que mi vida se resumía en el tiempo que pasaba observándola versus el tiempo que la imaginaba cuando estaba lejos de mi vista.

Patético, algo pervertido también, si la pobre muchacha supiera tan solo la mitad de lo que imaginaba probablemente llamaría a la policía, o a un psiquiatra y además pediría una orden de restricción de varios kilómetros a la redonda.

Pero no, ella no sabia cuanto la había observado mucho menos cuanto tiempo la pasaba imaginando, y tampoco sabia que fácilmente podía diferenciar su estado actual con un simple resfrío.

Tomoyo miro por unos segundos a Sakura y forzó una sonrisa triste que me dejo seriamente preocupado, esa no era la sonrisa típica de mi Tomoyo, alegre, libre y despreocupada, no, algo mas oscuro y melancolico había en su lugar, le hizo un gesto de hablar luego y la castaña asintió para voltear hacia la pizarra, Tomoyo parpadeo una ves y volteo a mirarme.

Esta ves no era una mirada distraída como todos los días que de "casualidad" se topaba con mi mirada al voltear, no, volteo a clavarme la mirada y puede sonar ridículo es decir, yo, el chico mas popular de la escuela, con muchos amigos, con muchas conquistas, el mas sociable y admirado, me sentí particularmente nervioso bajo esa mirada.

Aquellas hermosas gemas violetas que antes brillaban cristalinas ahora se veían opacas y muertas, odie verla así.

Y peor aun, temí no volver a ver brillar esa mirada.

Baje la mirada en el instante que ella clavo sus ojos, por primera vez avergonzado de mi escrutinio, rogando que no se hubiera percatado de mi nerviosismo, note de reojo que se quedo mirándome unos segundos mas, tal vez esperando que volviera a enfrentar su mirada, pero no tenia las agallas para hacerlo, me sentía como un niño atrapado haciendo una travesura y no quería ser censurado por aquella mirada.

Tomoyo volvió su rostro hacia la pizarra y con la espalda rígida, no volteo otra vez en toda la clase.

En verdad no sabia si agradecerlo o maldecirlo, aquella chica ocupaba todos mis pensamientos, en su mayoría nada castos, pero nunca había llegado al punto de sentirme preocupado por ella, en realidad nunca había tenido motivos para ello.

Me deleitaba mirándola e imaginándola en distintas situaciones la mayor parte del tiempo, sin embargo todas aquellas situaciones eran bastante eróticas y tal ves algo retorcidas, resultaba ser un entretenimiento muy habitual para mi, como una especie de historieta subida de tono a la que solo yo tenia acceso.

Un entretenimiento nada mas me dije a mi mismo muchas veces, es algo puramente carnal y superficial, acaso algunos no miran porno para entretenerse? Pues yo hago lo mismo solo que en mi mente.

Absolutamente ingenuo, la preocupación que sentí ese día por ella no tenia nada de carnal ni tenia mucho que ver con mi entretenimiento personal, no estaba muy seguro de donde había salido pero para mi salud mental tampoco quería saberlo.

Esta vez en el receso no tuve ganas de ir a la azotea, me excuse diciendo que ese día para variar tenia hambre, así que me dirigí con mi ineludible grupo de compañeros mas allegados al patio de la escuela.

Si lo pensaba nunca había solicitado aquella escolta personal, tampoco recordaba en que momento la había adquirido pero ahora que la tenia era muy difícil deshacerme de ellos.

Kaho, habitualmente colgada de mi brazo, platicaba con Emiko, una despampanante rubia tan plástica como ella misma, mientras "casualmente" presionaba uno de sus abundantes pechos contra mi brazo.

Preferí ignorarlo al igual que su insulsa conversación, a mi otro lado estaba Kenzo hablándome del siguiente partido de football que tendríamos, el era el capitán y yo estaba en su equipo, no era que no me interesara lo que decía, sin embargo en ese momento mi mente y mirada estaba en cierta pelinegra que caminaba un poco mas adelante al lado de una castaña.

Shaoran, mi mejor amigo estaba caminando detrás mío, en silencio como siempre, no puedo decir que le agradara pertenecer a "un grupo", sin embargo no se quejaba, era mas bien indiferente a todo y todos, no forzaba sonrisas, no fingía atender a alguien si no le interesaban, a veces envidiaba su honesta transparencia.

Su prima, Meiling, tan observadora como el, permanecía a su lado prestándole mas atención a su celular que al grupo, si bien era una chica muy hermosa parecía no encajar mucho con las chicas que tenia a mi lado en ese momento, me agradaba platicar con ella, tenia un temperamento muy fuerte y decidido la seguridad le brotaba por los poros y vaya que se daba su lugar, estoy seguro que ningún chico jamás se atrevería a tomarla como un juego, al menos no si quería conservar su hombría.

Nos sentamos los 6 en una de las bancas que tenia una vez mas el ángulo perfecto para poder admirar a mi antojo a la pelinegra sentada en el césped bajo el árbol.

Y me arrepentí inmediatamente de mirar hacia el árbol pues la escena hizo que se me contraiga el estomago.

Tomoyo, mi hermosa y dulce niña motivo de mis sueños mas impuros estaba llorando desconsoladamente en el hombro de la castaña.

Maldición

Agache la cabeza nuevamente, un inexplicable sentimiento de angustia me embargo, de pronto el hambre se me había ido por completo, mire mi almuerzo con asco.

Un ligero tope en el pie me hizo levantar la mirada de inmediato, me tope con un par de ojos ámbar que me escudriñaron inquisitivamente, el castaño se limito a levantar una ceja a modo de pregunta.

Si algo podía agradecer del castaño era su discreción, en todos los años que llevaba conociéndolo siempre sabia que podía contar con el y que pasara lo que pasara se quedaría entre nosotros.

Era evidente que el había sido el único que había notado mi cambio de actitud y, como buen amigo decidió dejarlo así entre los dos.

Negué ligeramente con la cabeza para que lo dejara así y el asintió centrando inmediatamente su atención en su almuerzo.

Agradecí mentalmente tener un amigo así y volví a desviar mi atención a la pelinegra que ahora hablaba entre sollozos con la castaña y a juzgar por la expresión de la castaña no era nada bueno.

Pero no se me escapo un detalle, la castaña ya sabia que había pasado.

Pasaron un par de días mas, Tomoyo no volvió a llegar tarde pero la notaba cada vez mas cansada y pálida incluso sus ojeras estaban algo mas pronunciadas, las mejillas comenzaban a hundírsele y es que tal vez era mi imaginación pero en 4 días juraría que había perdido algunos kilos.

De pronto ya no era divertido pensar en ella ni imaginármela pues todas las escenas eróticas en las que antes me recreaba mentalmente habían sido reemplazadas por abrumante y densa preocupación y por si no fuera suficiente mi imaginación termino por hacerme la ultima broma logrando que cree los escenarios mentales mas macabros como respuesta a mi interrogante de que rayos pasaba con Tomoyo.

Estaba comenzando a odiar a mi propia imaginación que esta vez que jugaba en contra.

Pero nada se podía igualar a la incertidumbre que en este momento se había depositado en mis entrañas, era ya la segunda hora de clases y Tomoyo no aparecía.

Maldije una y otra vez a mi sádica imaginación que se regodeaba en mi sufrimiento al otorgarme los peores escenario posibles que causaran que la pelinegra no llegara a clases.

Me vi invadido de una inexplicable e incomoda ansiedad, no podía dejar de mirar el reloj de pared, la puerta y su asiento de manera simultanea, incluso esperando lo peor temía la llamada de algún coordinador indicándole a nuestro profesor que algo malo le había pasado a nuestra compañera.

Maldita sea deja de pensar en eso.

Sentí transcurrir de manera casi agónica los minutos hasta el receso, mi mente estaba trabajando a mil por hora y mis nervios estaban de punta, note que la castaña tampoco la estaba pasando mucho mejor.

Ella lo sabia y yo tenia que quitarme esa ansiedad antes de perder la cordura.

La campana del receso sonó sobresaltándome, era irónico, para lo pendiente que estaba de la hora no me había dado cuenta del fin del curso.

-todo esta bien?- pregunto la pelirroja a mi lado con un sincero gesto de preocupación que en realidad me asombro, no la sabia capaz de expresar algo sincero con sus tan estudiadas expresiones, me sentí inmediatamente culpable por aquel pensamiento, ella estaba sinceramente preocupada por mi.

-si, descuida- le sonreí ella acaricio mi mejilla evidentemente no creyendo que estaba bien.

-te noto tenso, hay algo que pueda hacer por ti?- juraría que lo ultimo lo dijo con un tono ligeramente sugestivo pero estaba tan aturdido que decidí ignorarlo.

Suspire.

-lo dudo- algo brillo en su mirada y una sonrisa juguetona surco su rostro.

-oh, yo creo que si- me desconcertó por un momento tanto su tono como su sonrisa, evidentemente no estaba en mis cabales.

Me tomo de la mano y de un tirón me arrastro por la escuela esta vez hacia la parte trasera del gimnasio, un pequeño y descuidado deposito en el que guardaban todos los toldos para la nieve que durante los meses de verano yacían olvidados, abrió la puerta y me empujo hacia adentro cayendo de espaldas en algo suave, cerro la puerta tras ella.

Era una pequeña cabañita de madera hecha de material prefabricado, tenia pequeñas ventanitas altas por donde se filtraba escaza luz dándole escaza iluminación y sin embargo la suficiente para ver como Kaho se inclinaba hacia adelante sobre mi entrepierna.

-Kaho…- quise detenerla pero ella poso uno de sus dedos sobre mis labio callandome.

-shhh… tranquilo, déjame relajarte- dijo antes de depositar un suave y prolongado beso que logro calmarme ligeramente y hacer que deje de resistirme, sin separar sus labios de mi boca soltó mi cinturón y bajo mi cremallera, aquel sonido característico me trajo de vuelta a la realidad y rompí el beso.

Kaho me regalo una sonrisa depredadora mientras metía una mano dentro de mi ropa interior, y no pude reprimir un jadeo cuando alcanzo su objetivo, no separo su mirada de mis ojos mientras comenzaba a acariciar mi miembro.

Tire la cabeza hacia atrás y cerré los ojos, había estado demasiado ansioso y tenso toda la semana como para permitirme un poco de placer, y sentir las suaves manos de Kaho acariciando mi polla de arriba a abajo era estar en el cielo, no sabia cuanto había extrañado el sexo hasta ese momento.

Sin embargo esta vez tenia miedo de pensar en Tomoyo y que se me volviera a instalar en el estomago aquella terrible preocupación.

Claro, yo tenia el temor, mi subconsciente simplemente no le hacia caso.

Mientras las hábiles manos de Kaho se concentraban en frotar de manera circular la punta de mi polla haciéndome estremecerme en cada toque, me aventure a echarle un pequeño vistazo y como lo temía, unos exóticos ojos violetas me miraban excitados.

Maldición

Lo razonable hubiera sido que pare ahí, no obstante había extrañado tanto esos ojos en el día no dude en tirarla hacia mi y darle un desesperado beso.

Sentí sus delicados labios sobre los míos y me deleite en saborearlos, con una mano tras su nuca la apreté mas contra mi profundizando el beso, pase mi lengua sobre sus labios haciéndome espacio entre ellos para explorarla con mi lengua, me fue inevitable gemir entre sus labios mientras sentía como mi polla comenzaba a hincharse entre sus dedos.

Me separe de ella lentamente mirando con satisfacción sus labios ligeramente hinchados y húmedos. Me sonrió con picardía y bajo sus cara hasta mi polla, sentir aquellos tiernos labios contra mi polla fue suficiente para robarme la cordura.

Comenzó centrándose en la hinchada cabeza de mi polla, repasando con su cálida lengua alrededor de todo su eje una y otra vez, la punta cada vez estaba mas grande, rojo y brillante ansioso por ser tomado con mar fuerza. Luego de unos minutos de saborearme en la punta comenzó a pasar la lengua a todo lo largo dándome un cálido y húmedo placer que se incrementaba con cada lamida, contenta con cubrir cada milímetro de mi polla con su saliva, metió toda mi hombría en su boca y me vi estremecerme de placer al sentir la punta de mi polla chocando con su garganta. Subió y bajo la cabeza con mi polla en su boca una y otra vez mientras sostenía su violeta mirada sobre mis azules ojos, se le veía particularmente sexy con el cabello negro cayendo a los lados de su rostro enmarcándolo.

Verla con mi polla en su boca mirándome de esa manera tan retadora me regalo un golpe de lujuriosa necesidad que no pude ni quise contener que termino de incinerar mi ultima gota de lucidez.

En un movimiento ligeramente agresivo me voltee boca abajo cuidando de mantener aquella cabeza ébano clavada a mi polla esta vez debajo de mi entrepierna y colocándome ligeramente mas abajo comencé a follarla por la boca con lujuria desenfrenada, poco me importo si mis embestidas eran demasiado duras para su boca, tampoco me detuve a pensar que estaba empujando mi polla demasiado profundo en su garganta y que la podía estar asfixiando, sentir como me tomaba completamente con su boca era todo lo que me importaba en aquel momento, el roce de sus amígalas y lengua contra la punta de mi polla era tan adictivo que me esmere en empujar cada vez mas al fondo cada vez que la metía, quería que se la trague toda, llegar a su garganta si era posible, incremente mi ritmo con mas rudeza en mis embestidas ignorando si protestaba o no el placer era demasiado para detenerme hasta que comencé a sentir mi polla pesada y demasiado apretada, mi cuerpo se puso tenso y clave mi polla lo mas profundo posible en su garganta mientras me corría dentro de ella, me quede quieto sintiéndome temblar por el orgasmo y cubrirme de una ligera capa de sudor mientras ella se estremecía ligeramente probablemente por falta de aire, me permití derramar la ultima gota de mi semilla antes de sacar mi polla de su garganta y echarme hacia un lado de ella extremadamente relajado.

Kaho tenia razón, necesitaba relajarse.

La escucho toser y jadear con desesperación, su rostro estaba ligeramente morado y algunas lagrimas habían hecho que se le corra el maquillaje, me miro con algo de reproche mientras lograba reestablecer su respiración y le devolví una sonrisa inocente sintiéndome ligeramente culpable, luego le compraría algo bonito para compensarla, siempre funcionaba, Kaho era una chica simple.

Si, se lo compraría luego de averiguar que diantres había pasado con la pelinegra, aquellos segundos recostado sobre los toldos luego de la mamada le habían servido para reflexionar y tomar una decisión, no podía seguir con aquella incertidumbre, necesitaba saber que le había pasado.

Y casualmente cierto castaño lo podía ayudar en ello.

Notas de autora:

Hola a todos! Este es el segundo capitulo de mi fic Obsesiones compradas, fue un poco mas largo y tiene mucho dialogo interno y pensamientos personales, recién vamos a ver a nuestro protagonista interactuar un poco mas con el resto de las personas a partir del próximo capitulo. Quiero disculparme por las posibles faltas ortográficas y agradecer a los que lo estén leyendo y sus reviews, bueno en realidad solo tengo uno (eternamente agradecida Sakurita-Rock, me emocione hasta el tuétano cuando leí tu review) y es que antes de publicar algo no me había percatado de lo importante que son los review para el escritor y de cuanto uno los ansia, así que por favor no duden en escribirme sus opiniones y sugerencias, me despido, besos!

A.D.