CAP2: La fiesta
Hikari había llamado al rubio el martes, la semana había pasado lenta pero al fin había llegado el codiciado sábado. La fiesta de Kari había comenzado y el pequeño Takeru esperaba, junto a su madre, en la puerta de la vivienda Yagami, a que alguien les abriese la puerta.
T.K. estaba nervioso, hacía tiempo que no veía a su amiga. Quería estar impecable en su reencuentro, había peinado su cabello a conciencia y se había vestido con ropas que antes habían pertenecido a Yamato, pero que estaban cómo nuevas. Al parecer de T.K. (y del resto del mundo), Yamato tenía un look de "molón" o "chulito", algo que en realidad no encajaba mucho con su hermano pequeño.
Las ropas se trataban de un pantalón azul oscuro por las rodillas, unos tenis del mismo color y una sudadera beis sin mangas. Sin embargo el pequeño puso una camiseta de manga corta por debajo de la sudadera, dándole un estilo más "T.K."
La señora Yagami abrió la puerta e invitó al pequeño a entrar. T.K. tragó saliva y busco entre la multitud de niños a la castaña. A su vez, ambas madres mantenían una corta conversación, aún en la puerta.
Finalmente fue Hikari quien vio a Takeru antes que él a ella. La muchacha se acercó sonriente al joven rubio y este se ruborizó al ver tan guapa a la niña. Kari llevaba un lindo lazo rosa en el pelo, a juego con un vestido sin mangas del mismo color con volantes, una chaqueta blanca y unos zapatos negros
-F-felicidades- dijo el rubio entregándole el regalo. La muchacha lo abrió entusiasmada y se encontró con un bello joyero rosa.
-Oh, T.K., me encanta
-Y eso no es todo, ábrelo- dijo y la muchacha obedeció. EL joyero comenzó a emitir una linda melodía, las 4 estaciones, de Vivaldi, pero no era esa la razón por la que el rubio le había mandado abrirlo, dentro había un collar con una linda flor de plata que tenía una piedra rosada en el medio.
-Lo he elegido yo, ¿Te gusta?
-¡Me encanta! ¡Muchas gracias T.K.!- pronunció la pequeña dándole un beso en la mejilla, haciendo que el chico se quedase ruborizado.
Antes de que T.K. tuviese tiempo a reaccionar, Hikari salió corriendo a enseñarles el regalo a sus amigas. El rubio, a su vez, permaneció inmóvil con las mejillas rojas, pero de repente un chico moreno, con cierto parecido a Tai, se acercó a él.
-¿Y tú quién eres? ¿Por qué mi novia te ha dado un beso en la mejilla?- preguntaba el pequeño, mosqueado
-¿Novia? ¿Kari es tú novia?
-Sí, y ahora contéstame, ¿tú quién eres?
-Me llamo Takeru, Takeru Takaishi, pero puedes llamarme T.K.
-Yo soy Daisuke Motomiya, mis amigos me llaman Davis, pero llámame Daisuke, tú y yo no vamos a ser amigos.
-¿Y por qué no?
-Porque has besado a mi novia
-Pero… yo no sabía que ella tenía novio…
-Bueno… ella en realidad tampoco lo sabe
-¿Eh?
-Somos novios, pero ella aún no lo sabe- dice todo serio pero T.K. no puede evitar reírse creyendo que está bromeando. Davis se enfurece y le da una patada al rubio. T.K. quiere llorar, pero no va a hacerlo delante de Hikari, desde que la conoció se ha volcado en demostrarle que él es fuerte, y eso no va a cambiar por culpa de un niñato que se engaña a sí mismo, por lo que T.K. le devuelve la patada y comienzan a pelear.
Tai, que aunque no quería estar presente en una fiesta cursi de niñas y se había encerrado en su habitación para evitarlo, había salido un momento a coger una bolsa de patatas fritas para matar el hambre, y al verles fue rápidamente a detener la pelea. Fue en esto que Hikari también se percató del enfrentamiento y una expresión de disgusto se dibujó en su rostro.
-¡Basta!- ordena el chico de cabellos rebelde mientras separaba a los pequeños
-¡Él ha empezado!- acusa Davis
-¡No es cierto!- protesta T.K.
-Me da igual quién haya empezado, pero más os vale que no se repita. Tenéis suerte de que mi madre no os haya visto o estaríais en problemas, ambos me caéis bien y no diré nada, pero que no se repita, ¿De acuerdo?
-De acuerdo- contestan ambos niños, cabizbajos y al unísono.
Davis rápidamente se acercó a sus amigos a contarle su versión de lo ocurrido, que para nada tenía que ver con la realidad, y dejaba en mal lugar al pobre rubio. La mentira se difundió rápidamente por la fiesta y ya nadie se molestaba en conocer al pequeño.
T.K. se sentó en un sofá, apartado del resto, y contuvo las lágrimas que le provocaban ese sentimiento de soledad.
-¿No te lo estás pasando bien?- preguntó la Yagami sentándose a su lado
-No mucho...
-¿Por qué?
-Porque... tus amigos ni me hablan
-Pero yo si te hablo- respondió la muchacha sonriendo- así que tranquilo, que no voy a dejar que haya ni una sola cara triste en mi fiesta
-Yo...
-¡Sonríe!- ordenó la muchacha
-No tengo muchas ganas...
-¡Ya sé!- dijo la niña y acto seguido fue corriendo a su cuarto a coger una cosa, una varita rosa con una estrella de brillantes, y una vez la tuvo en su mano volvió junto al rubio.
-¿Qué es eso?
-Una varita- contesto la muchacha riendo
-¿Y para que sirve?
-Para hacer magia
-¿Magia?
-Sí, mira: Sapos, lagartos y serpientes que el bello rubio enseñe los dientes- pronuncio la muchacha tocando la punta de la nariz de Takeru con su varita, y Takeru sonrió con el fin de complacer a su amiga- ¿Ves? ¡Sabía que funcionaría! Ahora estás mucho mejor, cuando estás triste estás más feo.
-¿Más feo? ¿Crees que soy feo? Eres mala
-No me refería a eso, no eres feo, eres muy guapo. ¿Sabes una cosa? Me encantan los ojos azules
-Y a mi los rubís
-¡Anda, los míos son color rubís!- exclamó la pequeña
-Lo sé, y son muy bonitos
-Gracias
-De nada- dijo y se hizo el silencio. La castaña permanecía pensativa hasta que finalmente unas palabras salieron de su boca
-¿Sabes? Haríamos una gran pareja
-¿Pareja?
-Sí
-¿Cómo que pareja?
-Sí, cómo mi mamá y mi papá. Tendríamos unos hijos muy guapos
-¿Ah sí?
-Claro, yo soy muy guapa y tú eres muy guapo- declaró la pequeña cruzando los brazos
-Cuánto ego- dijo el rubio riendo
-¿Y no es cierto?
-Sí es cierto
-¿Entonces?
-¿Entonces qué?
-¿Quieres ser mi novio Takeru Takaishi?
-¡Claro!
-¿Y cuando seamos grandes nos casaremos y tendremos hijos preciosos?
-Por supuesto
-¡Entonces ya es oficial!
-Sí... ¿pero que hacen los novios?
-Pues... se dan besos
-¿Besos?
-Sí, en la boca
-Puaj, que asco- respondió haciendo una mueca
-Ya. Mmmm, también se hacen regalos
-¿Entonces tengo que regalarte algo?
-Deberías
-¿Y tú a mi que me vas a regalar?
-Otro de estos- respondió la pequeña dándole un beso en la mejilla y salió corriendo sonriente hacia la cocina.
