Ay Dios, acá va otro para pagar por el primero que fue demasiado corto.

¡Goldie empieza aquí la historia! Es obvia mi emoción, ese niño es mi favorito. Pero bueno, acá les dejo con el capi, espero les guste.


1.- El nuevo cónsul de Dalmasca.

"Una, dos, tres…"

Con calma contaba mentalmente las ratas había matado ese día, frunciendo los labios al seguir aumentando el número. Él no recordaba haber matado tantas, pero era mejor acabar su entrenamiento rápido e ir a la ciudad en busca de su amiga.

Tallándose la sien, juntó el montón de ratas muertas en un costado, haciendo memoria de deshacerse luego de ellas o buscar cual mercante podría comprárselas. Aunque se burlaran de él y le llamaran apodos, prefería eso a que las ratas se apoderaran de su hogar.

O como fuese pudiese llamar la zona subterránea de Rabanastre, era su hogar de una u otra manera a pesar de la falta de dignidad.

Y eso era lo más frustrante de todo. Amaba a Rabanastre, era la ciudad donde sus padres y su hermano habían vivido; ellos habían peleado por proteger la capital del reino, pero era obvio no había servido para nada y ahora lo que alguna vez había sido una ciudad orgullosa se había vuelto en un perro faldero del Imperio.

No podían hacer nada peor aún, y eso se notaba en las calles donde los mercantes que vivían en la parte superior de la ciudad no estaban ni un poco mejor que los de la zona subterránea. Siendo abusados por los guardias imperiales para simplemente quitarles o su dinero o su mercancía… o ambas en lo que veía en ese momento.

Cerrando los puños, solo inhaló despacio mientras trataba de ignorar a aquellos hombres en armadura negra gritar a aquel anciano que trataba de bajar el precio lo más podía y evitar problemas, pero cuando a ceros llegó, Gold rechinó los dientes enfurecido al saber a lo que la gente tenía que llegar.

Bajar la cabeza y evitar los problemas pudiesen ellos meterlos, era ridículo. ¿Cómo era que nadie se había levantado contra ellos? Todos en Rabanastre odiaban aquella ocupación, pero al parecer temían demasiado como para poder hacer algo al respecto.

Excepto él, yendo directo a chocar contra aquellos imperiales y disculparse en voz baja para seguir corriendo, escondiéndose a calles lejanas de donde aquellos dos hombres.

La bolsa con dinero en sus manos había sido un pequeño karma para ellos, contando las monedas de oro había dentro del saquillo robado.

— ¡GOLD!- escuchó un grito, brincando en su sitio para abrazarse al monedero y buscar a su alrededor, perdiendo el color del rostro al ver a una muchacha de cabello azul y coletas acercarse a él, —Dámela- ordenó mientras alzaba su mano hacía él, esperando paciente.

— ¿Disculpa? ¿De qué hablas?- preguntó, escondiendo la bolsa en el sash llevaba, —esto me lo gané con mi propio esfuerzo, Crystal

—…tomarlo y salir corriendo no cuenta como esfuerzo- se quejó, desistiendo para tallarse la frente con frustración.

Podría ella quejarse cuanto quisiera, pero sabía parte de ese dinero iría a parar a la comida de ambos.

—Debes dejar de robar- murmuró su amiga, él girando los ojos al saber a dónde terminaría aquel comentario, —puedo pedirle a Elm te de trabajo en la tienda junto conmigo y no solo hacer unos cuantos favores, así no…

—Volverías a robar y tendrías una vida lejos del crimen pero aburrida como la mía- le interrumpió, sujetándose la barbilla para fingir el estar interesado en aquel ofrecimiento para acabar por reír al verla inflar las mejillas, — ¡No es lo mío! ¡Tú sabes no es para nada lo mío!

— ¡Te atraparan un día!- se quejó, sujetando con fuerza a la canasta llevaba consigo. Seguramente más trabajos para aquel hombre, —Un día te atraparan e iras a la cárcel… no quiero terminar sola de nuevo…- agregó, su voz bajando de tono hasta acabar en un susurró. Él sabía muy bien lo poco le gustaba a ella admitirlo, pero a pesar de ser no solo ellos, sino unos huérfanos más pequeños de los que cuidaban y Elm quien trataba de protegerles, le destrozaría volver a estar sola.

A fin de cuentas, Gold era lo ultimo quedaba de la familia de Crystal, habiendo muerto sus padres en la ocupación, solo se tenían el uno al otro en la zona subterránea de Rabanastre.

—Vamos Crys, ¿Cuándo han estado siquiera cerca de atraparme?- preguntó entre risas, tratando de subir el ánimo de su amiga. Se lo debía después de preocuparla tanto. —Los Imperiales son demasiado idiotas, notan después de horas que su dinero ya no lo llevan encima, además yo lo necesito más que ellos.

— ¿Sigues con ello?- preguntó con frustración, frunciendo el ceño para verle fijamente, aunque Gold ya sonreía al cielo.

— ¡Te gustara, lo sé!- aseguró, sonriendo con ganas mientras se llevaba ambas manos tras la nuca, — ¡Tendré suficiente dinero para comprar una nave e irme de aquí, me volveré un pirata aéreo y vendrás conmigo! Nada de tareas tontas, ni tener que cazar ratas; ¡Tú, yo, el cielo y tesoros solo para nosotros dos!- dijo emocionado, emanando tanta energía y felicidad como siempre mencionaba sus sueños.

Crystal, sin embargo, no parecía tan emocionada ni crédula de que él se acercara a aquella meta.

— ¿Robando bolsitas de giles?- preguntó, sonriendo ante la cara del moreno. Y con aquello, su emoción y energía desaparecían como si fuese un globo de aire hubiesen pinchado de repente.

—No pido mucho- agregó su amiga, exhalando con más calma al saber al fin Gold se había calmado y sería más lógico ahora, —Solo…deja de robar por un tiempo, ¿sí? Es peligroso ahora, ¿no has notado en las calles?- preguntó, señalando a sus alrededores y la cantidad de militares había. De repente a Gold le incomodaba haber hablado en voz tan alta sobre sus actividades, —la seguridad es más alta ahora porque vendrá uno de los hijos del Emperador, solo evita ir a la cárcel antes de que se cumpla tu sueño- le pidió, suspirando cuando parecía Gold al fin comprendía, tomándole del brazo para llevarlo consigo a seguir con sus trabajos.

Crystal tenía razón, las calles estaban a rebosar de caballeros en armaduras negras y toda la capital se arreglaba para una ceremonia.

No solo ello, en lo que acompañaba a su amiga a los envíos debía hacer, se enteraba incluso habría una fiesta en el castillo solo para la gente rica de Arcadia y unos cuantos de Dalmasca. Eso definitivamente era una grosería, ¿Qué no tenían respeto? Habían asesinado al Rey y causado el suicidio del último príncipe de Dalmasca, ¿y ahora usaban su hogar como un simple salón de fiestas? Era desesperante, horrendo, y no sabía cómo es que todos parecían estar de acuerdo con que el Imperio hiciera cuanto quisiera.

Bueno, si sabía él porque, simplemente la gente de Dalmasca estaba ya acostumbrada a bajar la cabeza hacia Arcadia.

—Es él- escuchó a Crystal decir de repente, deteniéndose entre una multitud reunida frente al Castillo Real. En el palco había un hombre de armadura hecha con lo que parecían escamas verdes y detalles plateados y dorados en esta, haciéndole parecer una serpiente enorme y amenazadora.

Al menos lo ultimo si era definitivo. Viéndolo saludar a la gente con su enguantada mano, Gold sintió la mano de Crystal apretar su brazo, sabiendo enseguida que, si bien no se movía, su cara debía demostrar lo mucho detestaba a aquella persona.

Y lo odiaba, odiaba a cualquier arcadio; ese presuntuoso hombre con su armadura de gala verde y su estúpido cabello naranja alborotado y barba igual de anaranjada, tan alborotada y estúpida como su cabello.

—Gente de Rabanastre- lo escuchó hablar, parpadeando para salir de sus pensamientos y prestar atención a lo que estuviese diciendo, — ¿Es con odio que me miran a mí, su nuevo cónsul Lysandre? ¿Con odio es que ven al Imperio de Arcadia?- preguntó, siendo respondido enseguida por gritos y maldiciones. Ambos estaban sorprendidos ninguno de los guardias en aquel evento hubiese reaccionado ni atacado a los oyentes por sus groserías. —Era innecesario el preguntar- agregó, calmando un poco los gritos, más no lo suficiente. No importaba, la voz del nuevo cónsul podía sobrepasar la del resto.

—Sepan esto, no pienso ni creo poder calmar su odio, ni pediré su lealtad. Eso solo le pertenece a su Rey caído, se el señor Giovanni amaba a su gente- prosiguió, Gold aferrando nuevamente a la mayor para calmar un poco su coraje, —él fue un gran líder que buscó la paz entre nuestros reinos. Incluso ahora, sigue aquí para proteger a su gente, y yo seguiré con el último deseo del Rey. Así mismo, deseo me ayuden a cumplir sus deseos.

—Juntos, lleguemos a la paz que su Rey hubiese deseado. Dos años nos han dividido culpa del amargo fin de la guerra, y aun así sigue amenazando nuestra paz. Debemos lograrla juntos, y su odio a Arcadia y a mí no servirán de nada más que arruinar la paz a la que hemos llegado con tanta dificultad. Si es necesario, tolerare su odio e ira, ¡pero protegeré a Dalmasca!- siguió su discurso, y al parecer comenzaba a hacer efecto, ya que la gente silenciaba sus gritos y escuchaba atentamente al hijo del Emperador.

—Aquí es donde saldare mi cuenta, se los aseguro- agregó con más calma, y para Gold era fácil saber porque, era desagradable ver que sus iguales ya se tragaban aquella ridícula perorata, —Aunque el Rey Giovanni y el Joven Silvanus ya no estén entre nosotros, ellos seguirán al lado de su gente. Honorando la paz es hacer honor a su memoria y a Dalmasca. Lo que les pido es simple, mi esperanza queda en ustedes.

Hubo un largo silencio, siendo seguido por pequeños aplausos para ser vítores después tras el discurso de aquel hombre. Gold de repente se sentía traicionado por aquella gente, y Crystal estaba obviamente incomoda ante los gritos de apoyo al Imperio "en nombre del Príncipe". ¿Realmente creían en lo que él les había dicho? Promesas vacías hacia bajo los nombres de gente habían asesinado, ¿Y que había de sus padres? ¿De los padres de Crystal? ¿De su hermano además?

Quizá solo era que a Arcadia no le interesaba ningún civil de Dalmasca, y si no fuese porque Silvanus y Giovanni fueron el príncipe y el rey de Dalmasca, seguramente ni sus muertes les interesarían.

—Vámonos- escuchó a Crystal pedirle, jalándolo consigo antes de que él pudiese reaccionar. Su cuerpo estaba agarrotado y la mandíbula la sentía como si estuviese trabada, aquel discurso había hecho efecto en él, más no como aquel hombre hubiese esperado.


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He de admitir, mucho del discurso de Lysander fue sacado del original y metí también de mi cuchara, pero es que en serio no se hablar como lo haría un político, y eso que soy de México y los nuestros son de los más ridículos del mundo...

Pero como sea, reviews, apoyo y criticas son totalmente recibidas.