Descubriendo la pasión

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 2


No me pude mover, no podía ni siquiera pestañear, sus ojos grises seguían en mí como si él quisiera que supiera que está mirándome y que le importa un comino si eso me molesta.

—¡Ana! ¡Estuviste genial!— Kate me da un abrazo de oso como si yo fuese una súper estrella.

—Hermosa voz, Anna, ¡tú sí sabes!—dice Elliot y me sonríe, luego se da un trago de su cerveza.

—Chicos, están haciendo esto más grande de lo que es...

—Nunca se subestime usted misma, señorita Anna...

Alcé la vista. Una fuerte, varonil y profunda voz hizo eco en mis oídos, mi corazón comenzó a latir muy de prisa. Era él. ¡El hombre de los ojos grises!

Me llamó por mi nombre... No pude responder, aún estoy en shock.

—Christian, no esperé que vinieras.—le dijo Elliot a ese hombre. Christian... murmuré para mis adentros.

—Soy un hombre de palabra.—contestó y mostró nuevamente esa sonrisa curvada, arrogante, pero no ha despegado los ojos de mí ni un momento.

—Te presento a mi novia, Kate y su amiga, Anna.

—Es un placer, señoritas.— hace un breve contacto visual con Kate y luego vuelca toda su atención en mí.

Nos estrechó la mano a cada una, pero a mí me la retuvo por prolongados segundos, me la apretó y me miró con intención, mis ojos asustados lo miraron, entonces él soltó mi mano poco a poco, permitiendo que nuestra palmas se rozaran lentamente hasta romper el contacto.

—Es un gusto conocerte por fin, Christian, tu hermano habla maravillas de ti...

¡Así que son hermanos! Aún no llego a la conclusión de por qué sabe mi nombre, a menos que... ¡Kate! De seguro ella organizó una cita doble sin decirme.

—No se confíe, Kate, mi hermano tiende a exagerar.

—Bueno, Chris, vamos a buscar unas bebidas para las señoritas.—ambos hombres se dirigen a la barra, Kate y yo nos quedamos solas.

—No me dijiste que venía ese tipo...—le reclamo.

—No lo recordaba, además Elliot me dijo que era muy poco probable que se apareciera... pero... ¿cuál es el problema?

—No lo sé... él me hizo sentir extraña...—tenemos que esforzarnos para escucharnos debido a la persona que está ahora cantando más la mezcla de conversaciones y gritos de la gente y Kate puso una expresión divertida.

—Estás siendo paranoica, Anna. Relájate.—Pone su sonrisota despreocupada.

Pero sencillamente no me puedo relajar. Desde que ese hombre, Christian... me miró sentí que sus ojos me desnudaron y luego... la forma en que retuvo mi mano, lo pienso y vuelvo a sentir escalofríos.

—¿Otro martini, señorita Anna?— "señorita Anna". Es tan educado que me hace sentir incómoda, no sé si sea ese el adjetivo correcto, pero cuando habla, cuando sus ojos me miran, todo el espacio se reduce.

—No, gracias, creo que ya he tenido suficiente...—intenté sonreir para no parecer brusca, pero no pude, ni siquiera hice contacto visual con él.

—¡Uff! A esta niña le gustan las cosas a la mala. ¡Sólo tómalo!—Kate le quita la copa de las manos a Christian y me la planta a mí con determinación, la pone sobre la mesa, frente a mis ojos.

Nos sentamos los cuatro, yo no puedo relajarme, pues aún cuando los tres están envueltos en una conversación animada, Christian me mira, aún cuando sus ojos no están puestos en mí, sé que lo hace. Opto por tomar mi tercer martini y trato de perder mi mente en cualquier cosa y creo que funcionó un rato porque no me di cuenta cuando Kate y Elliot se retiraron.

—¿Así que le gustan las cosas a la mala, Anna?—casi me atraganté con el martini, no es que yo tenga experiencia, pero pude percibir intimidad en esa pregunta. No sólo su voz es profunda e impactante, sino que su acento... su acento es algo extraño, pero me gusta...

—No es eso, señor...—sus ojos se iluminaron cuando le dije señor, con un brillo diabólico y curvó sus labios en una sonrisa otra vez y otra vez sentí que me faltaba el aire.

Ni siquiera sé por qué lo llamé señor, ¿cuántos años debe tener? Debe estar en sus veintitantos... pero hay algo en su postura, en su mirada y en todo su lenguaje corporal que indica experiencia. Mucha experiencia.

—¿Y qué es?—me mira directo, esperando una respuesta.

—Estos lugares no son lo mío. Yo realmente vine por Kate...

—¿Y qué es lo tuyo, Anna?

Lo miré directo porque de pronto me vi sin palabras. Este hombre es persistente. Me mira como si realmente tuviera interés en mantener una conversación.

—No lo sé... yo...

—¿No lo sabes?—levanta una ceja y aunque su semblante es más bien serio, se le ve relajado, su arrogancia sigue ahí.

—Me gustan muchas cosas...

—Interesante...—murmura, pero espera a que yo siga hablando. Es raro, nunca he tenido dificultad para hablar con la gente, pero él me intimida.

—No... interesante no es una palabra que encaje conmigo...—sonreí con timidez.

—¿Y qué encaja contigo?

—Eh... disculpa, necesito ir al baño...—digo para escapar a su interrogatorio.

—Adelante.— se levantó de la silla cuando me puse de pie y luego se volvió a sentar. Él es muy educado...

Hay una fila interminable para el baño, llevo tanto tiempo esperando mi turno que realmente me dieron ganas de orinar, debe ser por los martinis. Es la fila del baño de las mujeres la que está imposible, en la fila de los hombres sólo hay tres en turno.

Miro a todas partes mientras hago la fila, me sigue invadiendo la sensación de que alguien me mira y mis nervios hacen que mis ganas de orinar sean aún más fuertes. Hay muchas mujeres antes que yo todavía, ya no hay fila para el de los hombres... entré al baño de los hombres pese al desconcierto de todos los demás.

Es que además necesitaba huir. Al entrar al baño, el olor a orín es muy fuerte, paso frente a la fila de urinales y finalmente veo el inodoro, me fijo primeramente que haya papel, me bajo el jean y las bragas y hago maromas para orinar sin que mi trasero roce el inodoro.

Termino y voy directo al lavamanos, presiono el contenedor de jabón, está vacío. Me decido entonces a lavarme las manos con agua y me las seco. Antes de salir, me detuve a mirarme en el espejo un momento.

Otra vez aquella chica me mira, la que no soy yo, estoy un poco sudada por los efectos del alcohol, mis nervios y la algarabía. Y por Christian.

Abro la puerta ya para salir.

—¡Mierda!—exclamé asombrada y hasta avergonzada de esa expresión nada educada.

—No quise asustarte, Anna.

Christian estaba ante la puerta como un guardían, topármelo abruptamente al abrir me asustó.

—Tardaste tanto que me preocupé.

—¿Te preocupó? Las chicas nos tomanos nuestro tiempo, sabes.—soné molesta, este hombre al que conozco hace menos de una hora me hace sentir acosada y acorralada.

—Pero tú entraste al baño de los hombres.

—¿Y?— sé que estoy siendo malcriada y veo que aunque él dismula, está irritado.

—Tan pronto como entraste a ese baño, varios tipos se pusieron de pie a esperarte.—dijo muy serio.

—Y tú llegaste para rescatarme...—puse mis ojos en blanco.

No sé qué me pasa, pero estoy actuando diferente, yo no suelo ser así de ácida o directa, debe ser por los martinis

Ignoro a Christian aunque está caminando justo detrás de mí. Estoy buscando a Kate por todas partes. Quiero irme. La presencia de Christian me abruma.

—Kate y Elliott se fueron.—me comunicó en un tono seco.

—¿Qué? ¿Cómo que se fueron? Kate no pudo...

Él sólo se encoge de hombros. El gesto fue tan despreocupado, tan descarado incluso que no pude evitar fijarme bien en él. Este hombre es muy guapo. Es tan alto, más incluso que José, su presencia es dominante. Su cara, sus rasgos son insultantemente perfectos y tiene esa mirada tan fría, pero tan candente a la vez, es como si me congelara y me quemara al mismo tiempo.

Tiene algo que me ahoga, su mirada me sofoca. No puedo escapar aunque quiero. Además, no sé por qué siento que debo escapar de él.

—Yo... debo irme también.

—Sí, deberías.—me respondió y me miró serio, fue como si me hubiese dado una orden.

—Buenas noches.—le dije y me dirigí a la salida.

Él siguió detrás de mí, hasta el estacionamiento.

—No era necesario que me escoltaras.

—Una mujer jamás debe salir sola de un bar y más cuando ha estado bebiendo. ¿Tienes idea de todos los depredadores que están al acecho?—sentí en sus ojos verdadera preocupación y amargura.

—Te agradezco que te preocupes, pero... yo no estoy borracha.

—No estás del todo sobria.

—¿Quién eres tú? ¿Mi padre?—al fin di con las llaves y traté de abrir la puerta de mi auto.

Sus ojos se volvieron duros, toda su expresión, su mandíbula estaba apretada y de pronto yo me sentí tan pequeña, estaba temblando, no podía ni siquiera abrir la puerta del puto auto y de pronto me sentí muy mareada.

—No te dejaré conducir así.—me quita las llaves y me se sotiene del brazo porque yo sentía que me iba a caer. Su agarre es fuerte, pero no me lastima.

Siento que este hombre es muy poderoso, no sólo por su carácter, es tan alto que al ponerse delante de mí me hace desaparecer, sus brazos son musculosos, de él emana tanta fuerza.

—Estoy bien...

—Sabes que no es verdad. ¿Por qué eres tan necia? Te llamaré a un taxi para que te deje en tu casa.

—¡No voy a dejar mi auto aquí!—grité.

Ese auto era de mamá, tiene mucho significado para mí.

—No le pasará nada a tu auto.

—¿Cómo estás tan seguro?

—Te doy mi palabra.

Fue todo lo que dijo y un par de minutos después llegó el taxi.

...

Llegué a casa, no estaba tambaleando ni nada, pero se nota que no estoy acostumbrada al alcohol, me siento un poco mareada, acalorada, no hay nada que desee más que un buen duchazo.

Me desnudo y echo la ropa en el canasto. Me baño de pies a cabeza para deshacerme de ese olor a alcohol y cigarros. El agua tibia me relaja.

Son las dos de la mañana. Me puse una pijama de pantalón largo de algodón y me seco el pelo un poco. Me siento agotada, pero no tengo sueño. Trato de pensar en cosas aburridas, sólo viene a mi mente imágenes de Christian. Christian y su mirada penetrante y misteriosa. Su acento extraño...

...

—¿Anna?—escucho a Ray tocando a mi puerta. Abro los ojos un poco perdida, miro mi despertador, son las diez de la mañana.

—¿Qué pasa, Ray?

—Una grua vino a traer tu auto...—me paré de la cama como un resorte, recordando todo.

—Está bien...—respondí con más calma de la que sentía.

Me lavé la cara y los dientes, bajé las escaleras aún en pijama, Ray estaba sentado en una de las sillas del mostrador leyendo el periódico, yo miré por la ventana para comprobar que mi auto hubiera llegado sano y salvo.

—Imagino que ya desayunaste...—le digo a Rey mientras abro el refrigerador.

—Tomé café, estaba esperando a que te despertases.—no ha quitado la vista del periódico.

—Haré unos hotcakes, ¿te apetece?

—Sí.—está muy concentrado en el periódico.

—¿Qué es lo que lees con tanto interés?—pregunté mientra bato la mezcla de los hotcakes.

—Estoy buscando un trabajo extra en lo que logro ponerme al día con todas las cuentas.

Me quedé en silencio, sintiéndome culpable. La enfermedad de mamá se llevó mucho dinero, recuerdo que estuvimos a punto de vender la casa para pagarle un nuevo tratamiento, pero no sucedió, mamá se fue antes de lo previsto.

Yo debería estar buscando un empleo para ayudar y no él, Ray ya ha hecho demasiado. Trabaja muchas horas en el servicio postal y tiene un solo día libre, no es justo que encima tenga un segundo empleo.

...

Cuando terminé de desayunar, tomé mi laptop, llamé a varias agencias de empleo y completé algunas aplicaciones en línea. Mi celular vibra sobre mi mesita de noche, un mensaje de texto. No conozco el número de procedencia.

'Buen día, Anna.

Espero que hayas llegado bien.

Tu auto ya debe estar en casa.'

Christian Grey

Mi corazón dio un vuelco. Christian Grey... su nombre flota en mis labios. Christian mirándome con esos ojos grises... Christian sonriendo de lado... arrogante, demandante...

'Mi auto y yo estamos bien.

Gracias por todo.'

Anastasia Steel

Respondí y dejé mi nombre completo como hizo él, queriendo que parezca tan formal o que yo poseo el mismo dominio que él, sé bien que no es así, la sola presencia de Christian me hace sentir muy pequeñita.

'Entonces tenga un excelente día.

Y cúidese, señorita Steel.'

Por alguna razón sentí que ese "cúidese" encerraba mucho más de lo que quiso decir, como si fuera una advertencia. Mientras me debato entre si debo responder a ese mensaje, me entra una llamada de Kate.

—Hasta que apareces, ¿cómo se te ocurrió dejarme sola con ese hombre?—ese fue mi cálido saludo.

—Lo siento, Ann, de pronto no te vi por ninguna parte y pensé que te habías ido...—pude escuchar su bostezo, se notaba que recién despertaba.

—Yo no me habría ido sin despedirme de ti.

—Lo sé, cariño, lo siento. No volverá a suceder, además, creo que quedaste en buenas manos, ¿o no?

—Prefiero no contestar esa pregunta.

—¿Eh? ¿Hay algo que no me has dicho?

—A parte de que el hermano de tu novio es un poco pedante, no, no creo que tenga que decirte nada.

—A mí me pareció muy amable y caballeroso...

—Sí, claro...

—Ann, me está entrando una llamada de Elliott, te hablo luego.—me colgó y me dejó con la palabra en la boca.

...

Tras dos semanas de ardua búsqueda de empleo, finalmente conseguí un trabajo de mesera en un restaurante español. Es un lugar refinado, cuenta con salón de actividades en el que se celebran fiestas de los altos ejecutivos, recepciones para bodas y cosas por el estilo.

Al igual que las demás meseras, yo tengo un uniforme que consiste en una blusa blanca manga larga, tengo un corbatín negro y un pantalón negro largo. También uso un delantal en caso de accidentes. Tengo el pelo recogido en una coleta alta y sobria, una pollina impecable cubre mi frente y cae sobre mis cejas.

Me dirijo hacia la mesa que me han asignado. El cliente está concentrado en el menú.

—Buenas tardes, caballero, cuando guste puedo tomar su orden...

—¿Anna?

Me quedo paralizada una vez más. Sus ojos reflejan asombro. Es Christian. Está vestido de traje, su abundante cabello oscuro, leventeme ondulado en las puntas está muy bien peinado.

—Señor Grey...

Continuará...


¡Hola!

Debo expresar mi más profundo agradecimiento por el apoyo y sus comentarios que me han animado a continuar. Es la primera vez que me atrevo a escribir algo que no tenga que ver con Candy Candy, me lancé aquí con temor, pero de verdad sus palabras me han infundido ganas de continuar esta historia que espero que siga siendo de su agrado. Eventualmente estaré mostrando más detalles de la vida y origen de los protagonistas según se vaya desarrollando la trama.

Agradecimientos: Maride de Grandchester, livdunham, Guest, Luz rico, Gina MC, Dulce Lu, norma

livdunhman: tu comentario y sugerencia son muy bien recibidos, gracias por darme una oportunidad aquí.

Hasta pronto!

Wendy