Capítulo 2

Vamos, no es la primera vez que lo haces, tú puedes.

Iba andando por la calle principal de la ciudad, andando a paso ligero, con las manos metidas en su cazadora desgastada. Mirando de izquierda a derecha, buscaba desesperado un buen objetivo. Una señora mayor con un Yorkshire, con un lazo rojo en el flequillo, del brazo y al otro un bolso de mano andaba con aires de superioridad por en centro. Esa. Esa sería su presa. A medida que se acercaba a ella, iba acelerando el ritmo hasta que justo antes de pasar de largo cogió de su brazo para agarrar el bolso y tiró de este con fuerza. La mujer gritó histérica y el perrito peludo se tiró hacia el chico en defensa de su ama. Se aferró a su brazo y el joven tiró de él para soltarse, agarró el bolso y salió corriendo de allí tapándose la cara para evitar que nadie se fijara en el. La mujer continuó gritando y algún que otro transeúnte salió a la busca y captura del ladrón.

Por desgracia para ellos, el chico corría que se las pelaba y pronto les dio esquinazo. Se escondió en un callejón oscuro y vigiló que no le hubiera seguido nadie. Cuando lo hubo comprobado, se dispuso a mirar el interior del bolso en busca de la cartera.

- ¡Hey, Jen! - el chico alzó la vista en la penumbra y vislumbró a su amigo Chris. - ¿Dónde estabas? - el rubio escondió el bolso tras de sí con rapidez. - Por ahí, dando una vuelta, ya sabes. - sonrió nervioso.

- ¿Y eso?

- ¿El qué?

- No te hagas el sueco, nene, el bolso que tienes escondido detrás del brazo.

- Es…es mío - Chris alzó una ceja sin inmutarse.

- ¿Sí? Rosa de Versace, te pega con los pantalones desgastados. Trae aquí, chaval.

El joven se negó y su amigo no tuvo más remedio que agarrarle por el brazo para conseguir el bolso. En cuanto cerró su mano sobre su antebrazo, el rubio soltó un gemido de dolor contenido. El mayor lo miró extrañado y soltó la mano. Desde fuera no vio nada, pero le subió la manga de la delgada cazadora vieja y desgastada y se encontró con lo que parecía un mordisco de perro, bastante feo.

- ¿Qué carajo te ha pasado? - le miró enfadado y Jensen se bajó la manga murmurando un "nada" mientras se daba la vuelta. - ¡Eh! - le volteó - a mi no me evites. ¿Ya has vuelto a robar? Te he dicho mil veces que ese no es el camino. Un día te van a pillar. O lo que es peor, como un día te pillen los tíos a los que debes pasta puedes acabar muy mal.

- ¡Déjame en paz, ¿quieres? - se zafó de él y le miró desafiante - no todos lo tenemos tan fácil como tú. No todos tenemos una guitarra y un lugar en el que tocar.

Chris le miró con asombro. Llevaba siendo amigo de Jensen desde hacía varios años, y mientras que él salió del orfanato más o menos preparado y había conseguido un curro en un bar en el que tocaba la guitarra y cantaba de vez en cuando, Jensen lo había pasado peor. Su hiperactividad le hacía aburrirse de todo en seguida y no tenía paciencia para hacer las cosas. Salió solo al exterior, nadie había querido adoptarle y sentía un profundo odio al mundo. Conoció a unos tíos que le prometieron un sitio donde vivir a cambio de algunos "trabajillos", robos de carteras y esas cosas. Pero poco a poco los hombres comenzaron a exigirle más y acabó pasando droga, droga que al cabo de un tiempo terminó por consumir, y ahora les debía dinero a esos hijos de puta.

Por lo menos ahora estaba limpio, bueno, no tan sucio como llegó a estarlo en una ocasión. Y gracias, por supuesto a Chris, quien le encontró vagabundeando solo, por la fría Dallas las últimas Navidades, años después de salir ambos del orfanato y seguir caminos distintos. Ahora vivían juntos en un pequeño piso para nada acogedor, pero menos daba una piedra. Bueno, técnicamente, Jensen vivía solo porque Kane casi vivía con su compañero de musicalidades, Steve Carlson.

- No quiero que me hables así, mocoso. - le miró dolido y dirigió su mirada al bolso robado - coge el maldito dinero y devuelve el bolso. - el chico se quedó empanado por unos instantes. - ¡Vamos! Antes de que me arrepienta. Luego, en casa, te miraré lo del mordisco.

El rubio salió echando ostias del callejón guardándose el dinero en la roída cazadora.

Primer año de Universidad pasado con la gorra. Cuando su padre le dijo que lo iba a tener chupado no lo decía por decir. Aún le quedaba mucho por estudiar y más años de carrera pero se defendería bastante bien, al menos lo suficiente para chinchar a sus hermanastros.

Hermanos, son hermanos.

Jared Padalecki se regañó internamente. Después de diez años ya iba siendo hora de que no llamara a los Padalecki ni madrastras, ni padrastro, ni hermanastros, esas palabras sonaban feísimas y daban aspecto de mala gente. Y los Padalecki eran todo menos mala gente. El chico, de dieciocho, casi diecinueve años, había tenido una vida bastante plena y feliz. Había sido bien educado en un ambiente feliz y fácil. Y ahora que había aprobado sin dificultad el primer año de Biología Medioambiental, se sentía en la cima del mundo. Nada podía salir mal.

Iba ensimismado en sus pensamientos cuando sintió como un tren de mercancías se empotraba contra él. Giró para ver quien era el idiota que no había mirado por donde iba para decirle cuatro palabras y se encontró con un chico de apenas unos años más que él, rubio, todo pecas y ojos verdes, pero con la ropa un poco desastrosa y ¿eso del brazo era sangre?

- ¿Jensen? - el rubio se volteó, no estaba acostumbrado a que le llamaran muy a menudo y no reconocía las voz del emisor.

Se encontró con un chico, apenas adulto, condenadamente alto, pelo revuelto, ESE pelo revuelto, ojos grises, ESOS malditos ojos grises y una sonrisa kilom…ÉL. ¿Por qué él? Le reconoció al instante, alguien que te ha hecho mucho daño en la vida, es difícil de olvidar.

Sin más, dio media vuelta y echó a andar dejando a un Jared totalmente descolocado en mitad de la acera.

Es él, tiene que ser él.

Echó a correr tras el rubio mientras gritaba no muy alto su nombre, le alcanzó a la altura de una callejuela y le agarró del brazo. Este se zafó bruscamente y le miró amenazante, pero el alto no se dejó intimidar y empotró al chico contra una pared cercana mientras le sujetaba por los hombros.

- Se que eres Jensen, lo que no se es por qué me evitas. Ha pasado mucho tiempo.

- Exacto, ha pasado mucho tiempo - le miró con odio.

- No lo entiendo, ¿por qué estás enfadado? - el alto no entendía nada. ¿Por qué ese odio?

- Tú sabrás. Revisa tu lista de promesas pendientes. A lo mejor te encuentras una sorpresa. - al intentar librarse de su fortaleza de brazos, descubrió que el castaño no llevaba la pulsera que diez años atrás le entregó. Su odio hacia él aumentó un poquito más.

- NO ENTIENDO NADA - le gritó furioso. -NO SE QUE COÑO TE PASA.

- PUES DEBERÍAS. O QUIZÁS NO. NO LO SE. AHORA TIENES TU VIDA. Y PARECE QUE TE HA IDO MUY BIEN PORQUE DESAPARECÍ DE ELLA EN EL MOMENTO EN EL QUE SALISTE POR LA PUERTA DEL ORFANATO.

Continuará