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Lo siento, no pude lograrlo, se supone que terminaría la historia ates de navidad u. U pero… mi inspiración se tomó unas vacaciones y tuve que ir a traerla para que me dejara continuar, pero… a manera de disculpa hice este capítulo más largo y procuraré hacer los otros igual que este :D
Tsunade dio un brinco de su asiento en cuanto sintió ese frio contacto, todo estaba muy obscuro, y de repente todo fue claro, misteriosamente el fuego de la chimenea estuvo apagado en un momento y a los dos segundos después, se prendió como si nunca se hubiera extinguido.
Pensó que todos esos sucesos extraños se debían al exceso de alcohol, se prometió a si misma que no volvería a excederse con el sake, pero, incluso ella sabía que más de una vez se había prometido eso, y no había sido capaz de cumplirlo.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::Mientras tanto en el despacho ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
El reloj marcaba las 11:03 de la noche, un joven rubio bostezaba tratando de alejar el sueño – una hora más Minato, una hora más, solo eso te falta – Se animaba a sí mismo. Pero esos ánimos no sirvieron de nada pues ni siquiera se dio cuenta de que se había quedado dormido sobre el escritorio, hasta que…
-¡Minato Namikaze! – Grito una mujer
- ¡Gomen! Tsunade-sama, gomen, no volverá a pasar – Reaccionó muy nerviosos poniéndose de pie y haciendo pequeñas reverencias a la recién llegada sin mirarla a la cara.
- Ya despierta Minato, no soy la vieja amargada esa ttebane! – Le dijo esa persona
- ¿Eh? ¿Kushina? – Preguntó aunque sabía que era ella, tenía frente a ella a esa mujer de largo cabello rojo, ojos de un extraño azul que a veces parecía violeta y que había usado esa frase tan característica de ella .
- Se puede saber… ¿Por qué prefieres dormir en esta fría oficina que en la compañía de tu esposa ttebane? – Preguntó cruzándose de brazos.
- Etto… Gomen! Kushina, no me di cuenta de que hora era – Se disculpó con esa sonrisa suya que hacía que el enojo de su esposa desapareciera.
- ¡Ay Minato! … Eres un baka… ¿tienes idea de lo preocupada que estaba ttebane? – Dijo corriendo a abrazarlo.
- Lo siento amor, no volverá a pasar, perdóname – Le decía mientras acariciaba su cabello y después levantaba su rostro sol para verificar que sus ojos estaban a punto de derramar lágrimas – No llores mi cielo, lamento haberte preocupado – Trataba de consolarla.
- ¡Minato baka! – Le gritó antes de jalarlo hacia ella y robarle un beso como ella solo sabía.
Minato correspondió sin preguntar, amaba esa forma de ser de Kushina, por ello fue que no dudo en casarse con ella.
-Bueno Mina-chan, ¿nos vamos? – Le preguntó con una sonrisa
- … - Volteó a ver el reloj el cual marcaba las 11:24 y pensó – Bueno, le diré a Tsunade-sama que solo me quede hasta las 11, después de todo, mañana solo saldré una hora más tarde de lo que había planeado – Claro Kushina, vámonos – Le dijo tomándola de la mano y dirigiéndose a la puerta, no sin antes cerciorarse de que todo estaba bien cerrado como le había ordenado su jefa.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: A la mañana Siguiente ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
-Buenos días Tsunade-sama – Saludo el Namikaze
- Buenos días Minato – Saludo con un tono de voz carente de emoción.
- Etto… Tsunade-sama – Comenzó a decir el rubio.
- ¿Ya vas a empezar Minato? – Le dijo más que molesta, algo aburrida.
- Solo quería informarle que ayer solo pude permanecer hasta las 11, entonces…
- Si, si, vas a salir a la 1 de la tarde, ahora, ponte a trabajar, porque si te veo holgazaneando, se acaba el trato ¿Me escuchaste? –
- Hai Tsunade-sama – Le respondió el ojiazul y continuó trabajando con una sonrisa.
…
El dia transcurrió normalmente, por tratarse de noche buena, la cantidad de clientes y visitantes fue menor. Cuando el reloj marcó la 1:00 pm…
Minato observó el reloj, había llegado la hora, pero… no sabía cómo planteárselo a Tsunade, no sabía por qué, pero tenía la sospecha de que al final se arrepentiría, estuvo con la duda durante varios minutos hasta que…
-¿Y bien Minato? Que tanto le miras al reloj… Si ya no te quieres ir, puedes continuar con el trabajo, pero ¡deja de distraerte! –
- ¿Puedo retirarme? – Preguntó
- En eso habíamos quedado ¿no? – Respondió sin emoción alguna.
- Gracias Tsunade-sama – Dijo, al mismo tiempo que se ponía de pie, se acomodó su bufanda y se acercó a la puerta – Feliz Navidad Tsunade-sama – Le deseó el joven rubio…
- ¡Bah! – fue lo único que respondió aquella rubia.
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Minato caminaba por las calles de aquel pueblo llamado Konoha, en el aire se podía respirar el espíritu navideño, dio gracias a la vida por permitirle pasar un año más con su familia, aunque instantáneamente se preguntó cuánto duraría esa felicidad. Pero antes de que comenzara a deprimirse, alguien atrajo su atención de manera brusca. Solo escucho que gritaban su nombre, y antes de que pudiera voltear, ya estaba en el suelo cubierto de nieve.
-¡Minato! – Gritó Kushina en cuanto vio a su esposo caminando por esas calles.
El aludido escuchó el llamado pero… Kushina se le había adelantado y lo había tacleado como un jugador de futbol americano.
-¿Qué haces afuera de tu trabajo tan temprano? – Le preguntó aun estando ambos en el suelo.
- ¿Kushina? – Preguntó aun aturdido .
- ¡No me digas que esa vieja te corrió! ¡¿Ahora qué haremos?! ¡Pero como se le ocurre… en plena víspera de Navidad! – Decía preocupada la pelirroja
- No, Kushina – Le decía pero ella no lo escuchaba
- ¡Que no tiene corazón ttebane! – Se quejaba su esposa.
- Kushina, escúchame… - Le decía el rubio.
- Pero… - Fue callada por los labios de su amado, los cuales habían logrado captar la atención de ella. En cuanto se separaron, Minato le sonrió.
- No te preocupes amor, no es lo que piensas, no me corrieron, Tsunade-sama me dejó salir temprano – Decía divertido por las conclusiones que había sacado Kushina.
- ¿Enserio? ¿No me estas mintiendo? – Le dijo aun un poco dudosa de lo que había escuchado.
- Claro que no Kushina, pedí permiso de salir tarde para pasar más tiempo con ustedes y ayudarte con los preparativos—Le explicó – En cuanto me dejes levantarme – Agregó sonriendo.
- ¡Oh! Es cierto, perdón – Le dijo mientras dejaba que Minato la ayudara a ponerse de pie.
Una vez que estuvieron de pie, continuaron con su camino para recibir la navidad.
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Una vez más, el reloj marcaba las 6 de la tarde, la hora que marcaba el fin de la jornada. Tsunade salió de su oficina como si se tratara de cualquier dia y no de la víspera de navidad.
Estando en la calle, encontró a mucha gente que hacia compras de última hora, algunas personas cantando villancicos en las puertas, tenderos que serraban sus negocios, en fin, era un bullicio de gente que a Tsunade le provocaba mucha risa, pero no era una risa de alegría, era una risa de burla, irónica, de "lástima" hacia esas personas.
Llegó a su casa, esta vez en sus 5 sentidos, hizo lo mismo de siempre: encendió la fogata, se quitó los tacones y se colocó unas cómodas pantuflas, pero esta vez, decidió pasar el tiempo leyendo un libro, así que se dirigió a su librero y tomó el primer ejemplar que tubo a la vista.
Una vez que se sentó en su sillón se percató del título: "cuento de Navidad" – Charles Dickens
-Que irónico—Se dijo a sí misma, rio por lo bajo y antes de abrir el libro, se encogió de hombros.
Solo alcanzó a leer el prólogo antes de quedarse dormida. Al igual que el día anterior
Una vez más el fuego comenzó a comportarse de manera extraña y al igual que la noche anterior, se extinguió sin razón alguna. Una vez más, se podía escuchar como algo, o alguien se arrastraba por el suelo, y una vez más ese extraño ser se enredó alrededor de sus piernas.
Tsunade despertó y se dio cuenta de que una serpiente se enroscaba en sus extremidades, y otras dos más en sus manos, inmovilizándola. Sus ojos mostraban su miedo pero por extraño que pareciere no gritó.
En ese momento, una figura hizo aparición frente a ella. Se trataba nada más ni nada menos que de su ya difunto socio: Orochimaru, el cual lucia tan pálido y escalofriante como siempre, solo que ahora varias serpientes colgaban de sus brazos, piernas y cuello y por extraño que pareciera, no lucía como si eso le incomodara.
-¿Orochimaru? – preguntó aun incrédula por lo que sus ojos veían.
- ¿Qué pasa Tsunade? ¿Ya no recuerdas a tu socio, casi tu hermano? – Le contesto con otra pregunta.
- Jaja, si claro, hermano – rio irónicamente – No es eso, es que… se supone que ya estás muerto ¿no? – Le dijo acostumbrándose a su presencia.
- Lo estoy Tsunade, lo estoy, solo que… - Comenzó a decir.
- JA JA JA, vienes a advertirme de mis malas acciones, del horrible futuro que me espera blah blah blah JA JA JA – Reía estrepitosamente.
-Así es, aunque… no le veo la gracia – Dijo algo extrañado por la actitud de la mujer.
- Claro que lo es, todo en este sueño lo es, la causa de todo esto es ese estúpido libro que estaba leyendo – Le informo.
- Nooooo – Dijo arrastrando esa palabra – lo siento por ti, pero no es un sueño – Le respondió
- JA, si claro, tu y yo sabemos que si realmente fueras el fantasma de Orochimaru lo último que harías en tu… "no existencia" sería venir a advertirme de mi futuro y esas cosas – Le dijo divertida.
- Y tienes razón querida, no me importa en lo más mínimo lo que pueda ocurrirte a ti o a cualquier otra persona – Le dio la razón.
- ¿Entonces? – Preguntó una vez más confundida.
- Si vine, no fue por gusto propio, me mandaron – Dijo con odio.
- ¡¿TU?! ¿Obedeciendo órdenes? El purgatorio te ha afectado, amigo mío – Le decía la Senju.
- HA… Si no cambias tu forma de ser, acabarás como yo, y… te darás cuenta de que es imposible no acatar las órdenes de alguien superior a ti – Decía más para sí mismo que para ella – Creo que ya te sabes la historia, tendrás tres visitas que te ayudaran a cambiar tu destino – Le informo.
- ¿Te refieres a los tres espíritus? – Le preguntó
- Jajaja, no es la misma historia Tsunade, no son espíritus, son… - Se interrumpió a sí mismo para deambular por la habitación – Uuummm… no me ordenaron darte esa información, así que… - Comenzó a insinuar.
- No me lo dirás maldito – Concluyó.
- Jaja, ya lo descubrirás – Le dijo aquel hombre que comenzaba a irse por la chimenea – El primero viene a la una de la madrugada – Dijo con una voz apenas audible
- Espera, aun no me has liberado – Le gritó Tsunade y mientras la figura de su socio se desvanecía pudo oír la risa de este – Ese maldito – Dijo molesta al mismo tiempo que miraba a aquellas serpientes que aún permanecían en el mismo lugar, solo que ahora parecían estar disecadas.
Pasaron solo 5 minutos (que a Tsunade le parecieron horas) antes de que el reloj marcara la una de la madrugada.
-¡Maldita sea! Ya es la hora y ese espíritu o sea lo que sea aún no llega, odio la impuntualidad y la holgazanería – Decía tratando de liberarse de sus amarres.
- ¡Valla, que mal humor! – Exclamo una voz
- ¿Eh? Seas lo que seas, ayúdame a zafarme de aquí – Ordeno la rubia.
- Parece que no la estás pasando bien – Dijo una vez más esa voz.
- ¿Dónde estás maldita sea? Te dije que me ayudaras – Decía molesta.
- Bueno, no te enojes… espera – Escucho como crujía aquella serpiente en sus pies, y en un instante estaba casi libre. Después sintió que algo trepaba por aquel sillón para ayudarla a liberar una de sus manos, vio como un bulto se colocaba a su lado de su mano, pero, por la obscuridad le resultó imposible distinguir a aquella figura. En cuento estuvo libre caminó hacia la chimenea para encenderla una vez más y poder ver a su visitante.
- Hai – Saludo aquel ser.
- Tú… ¿Me vas a ayudar con todo eso del cambio? – Preguntó dudosa.
- Si, ¿Tiene algo de malo? – Le preguntó.
- No, pero… ¡Eres un perro! – Exclamo - ¿Cómo podría ayudarme un perro? – preguntó incrédula.
- Mi nombre es Pakkun y soy un Kemono – Le informó el pequeño perro de pelaje castaño.
- ¿Kemono? – Preguntó la Senju
- Los Kemonos somos animales o bestias del otro mundo que nos encargamos de cumplir misiones asignadas por… bueno no podemos decirte por quienes, pero… ya lo descubrirás cuando mueras – Le dijo con naturalidad.
- ¡QUE! – Exclamo asustada la rubia.
- No sé porque te asustas, todos algún día tienen que morir – La tranquilizó.
- ¡Ya lo sé! Solo que, sonó como si… nada – Dijo restándole importancia – Entonces… mi primera ayuda viene de un perro difunto – Dijo irónicamente.
- No, no, no, yo no estoy muerto pero tampoco estoy vivo… es algo largo de explicar y tenemos poco tiempo – Le informó.
- Bueno… pues empecemos – Declaró Tsunade. Dicho esto, el pequeño perro le indicó con la mirada que se colocara a su lado.
- Dame tu mano – Le dijo a la Senju. Esta acató la orden esperando que el perro la tomara, pero en lugar de eso, paso su lengua por la palma de ella.
- ¡Qué haces! – Le reclamo la rubia.
- Lo siento, era necesario – Se disculpó para después colocar una de sus patas en su mano. Después de eso, se desvanecieron dejando una nube de humo a su paso.
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Era una mañana en la alegre aldea de Konoha, las hojas de los arboles caen lentamente indicando que el otoño está terminando. En ese momento hacen su aparición una mujer de cabello rubio y ojos color ámbar en compañía de un pequeño perro de pelaje castaño y con el hocico en un tono más obscuro.
-Ya veo, me mostrarás las navidades pasadas – Concluyo la Senju una vez que se percató en qué lugar estaba.
- No exactamente, son las navidades que has olvidado – Le contestó el can.
- ¿Olvidado? Pero si recuerdo perfectamente todo esto, ahí es donde solía vivir de pequeña – Dijo señalando una casa no tan lejos de donde se encontraban – Ese es el parque donde jugaba con los vecinos – Decía emocionada.
- Es claro que el lugar lo recuerdas, pero… no así los momentos que pasaste aquí – Le dijo Pakkun – Acompáñame – Le dijo mientras comenzaba a caminar hacia la casa que ella había señalado.
Pakkun se trepó al marco de la ventana para observar la escena, mientras que Tsunade solo tuvo que colocarse a su lado.
-Más arriba - decía una niña –
- Me imagino que esa eres tu – Dedujo el perro.
- Así es pero… - Contestó sin apartar la vista de la escena.
- ¿Ahí? – Le preguntó el hombre.
- No, por ahí – Decía señalando un lugar más alto.
- Pero… - repitió el acompañante de la rubia.
- Ese hombre… no se… ¿Por qué no tiene rostro? – Preguntó la ojiambar
- si lo tiene, yo lo veo, pero… si tu no lo ves quiere decir que lo has olvidado - Le informó el can.
A continuación el hombre cargo a una Tsunade de unos 10 años aproximadamente la cual llevaba una esfera en forma de flor de cerezo, la cual colocó en una de las partes más altas del árbol navideño, casi junto a la estrella que se encontraba en la punta de este.
-Te quedo muy lindo el árbol Tsunade – Le dijo el hombre después de bajarla al piso.
- NOS quedó muy bien papá – respondió la niña – espera a que mamá y Nawaki lo vean – Decía emocionada.
- ¿Papá? – Dijo confundida la actual Tsunade.
- ¿Olvidaste a tu padre? – Le dijo en tono de regaño aquel animal.
- ¡No lo olvide! Él era… - no pudo continuar puesto que se dio cuenta de que tenía razón, no podía recordar a su padre.
Después de haber dicho eso, las escenas avanzaron de manera extraña, no se escuchaba sonido alguno, solo eran imágenes y más que escenas parecía como si fueran fotografías, las personas ahí permanecían estáticas hasta que cambiaba a la imagen: primero se vio como una mujer a la que tampoco pudo reconocer, pero por la manera en que la pequeña Tsunade la abrazaba a su llegada, supuso que era su madre.
Después vio como un pequeño niño, casi un bebé que apenas comenzaba a caminar se acercaba a ella y la pequeña Senju lo abrazaba y jugaba con él.
-¿Si logras reconocer a ese niño?—Le preguntó Pakkun.
- ¡Claro que sí! Es mi hermano Nawaki – Le respondió un poco indignada.
- Menos mal – Suspiro el perro.
De repente la habitación quedó vacía, solo se podían ver los muebles, algunos retratos en las paredes y el gran árbol de navidad en una de las esquinas de esa sala.
-¿Qué paso? ¿Ya no hay más? – Preguntó alarmada.
- Hay más, mira – Le dijo mientras abría la ventana para que pudieran pasar.
- ¿No se supone que puedes atravesar las paredes? – Le preguntó la rubia
- Jajaja, creí que había quedado claro el hecho de que no soy un fantasma – Le dijo en tono burlón mientras se adentraba a la casa – ¿No piensas venir? – Le preguntó. Ella no respondió, solo se limitó a seguirlo.
Avanzaron por la pequeña sala se adentraron en lo que parecía ser el comedor. En este se vía una pequeña mesa redonda en la cual disfrutaban de lo que podría ser la cena de navidad. Se encontraban el padre sirviendo los platos, la madre acomodando al pequeño Nawaki en una silla alta y a Tsunade haciéndole gestos a su hermano causando la risa de este.
-Parecen felices – Dijo Pakkun.
- Así es – Contestó ella sin poner real atención en lo que le decía el Kemono. Miraba la escena con una pequeña sonrisa formada en su rostro.
Los asientos se quedaron vacíos indicando que no había más recuerdos en esa habitación. Esta vez Pakkun no dijo nada y se limitó a caminar hacia otra dirección. Extrañamente Tsunade no recordaba la estructura de la que fuera su casa, por lo que se limitó a seguir al animal.
Llegaron a una habitación en la que dormían Tsunade en una cama y junto a ella había otra cama del mismo tamaño pero con unos barrotes a los costados de esta que impedían que el pequeño Nawaki callera de esta.
-Anee… Anee – Decía el niño intentando despertar a su hermana - ¡Aneeeee! – Insistió el pequeño.
- ¿Eh? – Dijo aun soñolienta la pequeña Tsunade
- Ane – Repitió el niño.
- ¿Qué pasa Nawaki? – Pregunto la niña - ¡Cierto! Es navidad… ¡Vamos! – Dijo mientras ayudaba a su hermano a salir de la cama – mamá, papá, es navidad – Decía emocionada por todos los pasillos.
La Tsunade del "futuro" la siguió en compañía de Pakkun, vieron como ambos niños llegaron a la sala y debajo del árbol se encontraban algunos regalos. Una vez más, se dejó de escuchar sonido, solo se veían imágenes estáticas. Un par de niños asombrados, unos padres observando detrás de ellos y sonriendo, unos niños sentados en el suelo y desenvolviendo los presentes, Tsunade mostrándole una linda muñeca su madre, Nawaki gateando mientras hacía avanzar un carrito de bomberos y chocándolo con los pies de su padre.
-Aun no entiendo por qué no recuerdas a tus padres – Le dijo el Kemono – No parecen haber sido malos padres – Agregó.
- ¿No se supone que todas esas cosas deberías saberlas tú? – Le respondió la ojiambar.
- Claro que no, son tus recuerdos, no míos – Le informó él – Veamos la siguiente. – dijo mientras lamia su pata derecha y la apoyaba en el suelo. Pero nada pareció cambiar.
- No hay siguiente – Dijo de repente Tsunade
- ¿qué dices? – Preguntó Pakkun.
- Lo acabo de recordar – Le dijo la Senju – No hay siguiente porqué… el 24 de diciembre del siguiente año ellos… ellos murieron – Le informó mirando hacia el suelo.
- Ya veo, por eso no te gusta la navidad – Concluyó el can.
- No solo por eso – Dijo seriamente - ¿Podemos irnos? – Le pidió al perro mientras avanzaba hacia la puerta y la abría para salir de esa casa.
Caminó hacia el parque que había visto a su llegada, sin pensarlo, se sentó en un columpio y comenzó a mecerse levemente.
-No me vas a decir que es hora de irnos – Le dijo al perro mientras se mecía mirando al cielo.
- No… no importa cuánto tiempo pasemos aquí, cuando regresemos al presente, solo habrá pasado una hora – Le informó
- Entonces por qué me habías dicho que teníamos poco tiempo – Le reclamo en un tono carente de emoción.
- Aahh porque, no me gusta que la gente sea lenta – Le dijo
- Hmn – Respondió – Esa fue la última navidad que pasamos juntos los cuatro… fue la primera y única navidad que Nawaki pasó con ellos y… obviamente él no lo recordaba… era tan pequeño – Comenzó a decirle a su acompañante, aunque parecía más bien como si hablara con ella misma.
Tsunade comenzó a narrar sus siguientes navidades sin dejar de mecerse en aquel columpio, y mientras ella hablaba, el paisaje cambiaba para reflejar lo que ella contaba.
Nuestros padres habían salido a hacer "compras navideñas" – esas dos palabras las dijo con cierto odio – Nawaki y yo nos habíamos quedado en casa… como estábamos aburridos, decidí traer a Nawaki a este parque… sabía que no habría problema pues desde aquí podría ver cuando nuestros padres llegaran. Pero… comenzó a anochecer y ellos no llegaban… me llevé a Nawaki de regreso a casa, él se había quedado dormido en el sofá cuando tocaron la puerta.
Eran el abuelo Hashirama y la abuela Mito… los invité a pasar… La abuela se llevó a mi hermano a nuestra habitación para que pudiera dormir mejor y mientras, el abuelo se sentó conmigo en la sala – Tsunade detuvo su vaivén y apretó sus manos alrededor de las cadenas de aquel columpio – Me dijo que habían muerto en un accidente – Cerró sus ojos, pero aun así no pudo evitar que las lágrimas resbalaran por sus mejillas – Por fortuna, para el pequeño Nawaki no fue tan duro… aún era muy pequeño…
-¿Y tú? – Le preguntó Pakkun
Yo… tenía que ser fuerte, por Nawaki y, tenía a los abuelos, pero… nada es para siempre… primero se fue el abuelo, 5 años después de la muerte de nuestros padres y otros 3 años después se fue la abuela… Nawaki tenía 10 años cuando nos quedamos solos…
Comencé a trabajar en el orfanatorio de Konoha como asistente de la doctora de ese lugar ahí conocí a Sarutobi-sensei… Le debo mucho… gracias a ese empleo pude ayudar a que mi hermano saliera adelante… sabes… una vez me dijo que lo entristecía un poco el saber que no pudo convivir mucho con nuestros padres… pero, también me dijo que estaba feliz de haber tenido una hermana que fue madre y padre para el – Le dijo con la voz quebrada a causa de las lágrimas – Es lo más dulce que me han dicho…
-Parece que a partir de ahí todo fue mejor – Le dijo
Ja! Eso también lo creí yo… Tenía 25 años cuando lo conocí, ahí mismo, en el orfanatorio, él había crecido ahí y cierto día decidió ir a visitar a Sarutobi-sensei – Una pequeña sonrisa se formó en su rostro – En un principio me causó ternura, me recordaba un poco a Nawaki, sobre todo en su personalidad… Llámalo amor a primera vista si quieres – Tsunade no se dio cuenta de que un leve sonrojo se había formado en sus mejillas –
Hablando de Nawaki… ja! ese niño, se enamoró a sus 16 años y no dudó en casarse con Natsuki… - Por un momento la sonrisa se hizo más amplia pero después su rostro cambio a uno de enojo – Pero claro… tenía que llegar el 24 de diciembre para arrebatarme una vez más los primeros frutos de mi felicidad… regresaban de visitar a unos amigos de él, hasta que un par de hombres ebrios intentaron asaltarlos – Una vez más las lágrimas regresaron –
¡Él era tan obstinado que se rehusó a darles lo que pedían! – Gritaba en tono de reclamo – Uno de ellos llevaba un arma e intentó dispararle a ella… él se interpuso y murió al instante – Tardó varios segundos para poder continuar con la anécdota – esa misma bala alcanzó a Natsuki… ella estaba embarazada y… lograron mantenerla viva hasta que la bebé naciera… parecía que mejoraría pero… claro el 25 de diciembre del siguiente año, su corazón falló… Shizune tenía solo 6 meses de nacida…
-Según sé, tú te hiciste cargo de ella – comentó el Kemono.
¡Valla! Hasta que sabes algo – Dijo irónicamente y agregó – Obviamente no la iba a abandonar, es la hija de mi Nawaki, además… no tenía a nadie más, Natsuki también era huérfana, Nawaki, bueno, ya escuchaste nuestra historia… Y aunque hubiera tenido a alguien… no la hubiera dejado así como así… No podía hacerle eso a mi hermanito…
-Y ¿Qué pasó con ese chico que te recordaba a tu hermano? – Preguntó Pakkun.
Lo siento, ya no quiero seguir… no sé si pueda… solo diré que el destino se encargó de arrebatarnos la oportunidad de ser algo más… algo como… una familia para Shizune… algo como unos padres…
-¿Podemos irnos? – Pidió la ojiambar a su acompañante.
- Claro, parece ser que ya has recordado lo que tenías que recordar – dijo el perro. Una vez dicho esto, se colocó al lado de ella, lamió su pata derecha y la colocó en el suelo. Ambos dejaron una nube de humo en su lugar.
Cuando Tsunade abrió los ojos se encontraba en el presente, en la sala de su casa. No pudo ver a Pakkun, pero escucho su voz que le decía:
-Eso fue todo Tsunade, espero que puedas cambiar y… suerte… el siguiente Kemono llega dentro de tres minutos – Y después de eso hubo silencio.
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Eso es todo por ahora, trataré de actualizar en esta misma semana, saben, además de esta historia también tengo otros dos fics en desarrollo (si, esto es publicidad, ignora si quieres, pero, me harías muy feliz si les das un vistazo):
-Ojos asesinos: Es una historia de suspenso y "terror" (mas suspenso que de lo otro xD) del EQUIPO 7 :D
-Creo que estoy embarazado: NaruHina de "humor" meloso (xD no puedo evitar el romanticismo)
Eso es todo, ¿Cómo ven este pequeño cuento? Trato de adecuar la historia para que sea un poco diferente xD
