EL FANTASMA DE KONOHA
Capítulo 2: Baile de sombras
Después de todo creía que su favorito era pequeño-Sasuke. Principalmente porque era el más tranquilo de los tres. Eso sí, aún no lograba acostumbrarse a que al despertar siempre estuviera ahí, mirándolo fijamente desde la oscuridad de un rincón. "Un día me dará un infarto", pensó Naruto la tercera vez que recibió tal visita.
–Tienes unas ojeras terribles, ¿hace cuánto que no duermes bien?
–Unas tres semanas.
Es por eso que aquella tarde Naruto estaba ahí, sentado frente a Kakashi, en la oficina del Hokage. Había aprovechado que ese día no había aparecido ningún Sasuke.
–Debes dormir. –Ordenó el peliblanco con acento paternal. –Porque no podré cederte el lugar que te corresponde si no estás bien preparado.
Pero el rubio no lo estaba escuchando. Tenía demasiadas suposiciones en la cabeza y no sabía por dónde empezar. Al menos estaba seguro de una cosa: no estaba en un genjutsu.
Al principio había estado seguro de que la aparición de un Sasuke de cinco años de edad no era más que la ilusión creada por algún enemigo. Por eso había decidido no hacer nada los primeros días. Como todo parecía normal en la aldea se dijo que la técnica era espléndida y por lo tanto no cualquiera podría llevarla a cabo. Él único que le parecía digno de tal habilidad era Itachi y ya estaba muerto desde hace mucho. Era cuestión de tiempo para que acabara y todo volviera a la normalidad. Pero no, ya iban tres semanas y no sólo seguía viendo al pequeño Sasuke, sino que habían aparecido los otros dos y todo era un lío ya.
–En realidad, Kakashi-sensei, vine para preguntarle algo. –Explicó Naruto apartando al fin su mirada del suelo para clavarla en su maestro.
–Dime. –Acató Hatake, comprendiendo que se trataba de algo importante.
–Moriste durante el ataque de Pain. –Soltó de golpe, provocando cierto escalofrío en el otro. No recordaba cuándo se lo había comentado. –Y reviviste con la técnica prohibida de Nagato… eso quiere decir que estuviste del otro lado por breves instantes.
–Así es. –Respondió Kakashi, extrañado de que la conversación tomara ese giro.
–Estuviste con los espíritus, fuiste parte de ellos un rato, los conoces. –El rubio enfatizó la última palabra.
– ¿A qué viene todo esto, Naruto? – Inquirió el peliblanco que comenzaba a impacientarse. ¿Desde cuándo su ex alumno se había vuelto tan misterioso, tan sombrío, tan adulto?
–Es que…–Vaciló un poco, temiendo sentirse estúpido. –Creo que me está siguiendo un fantasma.
–Tú crees… que te está siguiendo un fantasma. –Repitió, perplejo.
–Bueno, en realidad… son tres. –Aclaró el rubio, rascándose la nuca. Decidido a decirle todo al Hokage y dejarse ayudar por él. Miró a Kakashi consternado y sin saber qué responder. – ¿Y sabes, Kakashi-sensei, qué es lo peor?
– ¿Qué?
–Que los tres son Sasuke Uchiha.
Para no confundirse, Naruto le puso un nombre a cada Sasuke. Más bien, les había adherido algo al nombre original para distinguirlos. "pequeño-Sasuke", "Sasuke-teme" y "Sasuke-mayor". No eran demasiado elaborados, pero no se podía esperar más del rubio. Al menos así se entendía.
A pequeño-Sasuke se lo había encontrado en la antigua aldea Uchiha. Al despertar de su desmayo el niño seguía ahí, observándolo. Naruto había intentado hablar con él, pero este solo sabía decir "nii-san". Lo acompañó a su casa, durante el trayecto el rubio había notado que nadie más podía ver a pequeño-Sasuke, sólo lo veía y escuchaba él.
Algunos días después había encontrado en su patio a Sasuke-teme, entrenando. El motivo de su nombre era precisamente porque ese Sasuke, al verlo, lo llamaba o dobe o usuratonkachi. Ese era el Sasuke que él había conocido en la academia, el del equipo 7, el que había sido su amigo. Por eso no había podido evitar el ataque de melancolía que le dio cuando lo vio por primera vez, y que lo llevó a llamarlo "teme" como en los buenos tiempos.
Sasuke-mayor era otra cosa. Era el último Sasuke que había visto antes de que volviera a desaparecer. El de la guerra ninja. El día que supo que existía lo vio en las afueras de Konoha, mirando al cielo pensativo. Durante unos segundo Naruto pensó que se trataba del Sasuke actual y que volvía a casa, pero al pararse a su lado notó que no lo recordaba más enano que él.
Hinata estaba preocupada. En sus años de matrimonio con Naruto nunca se había enfrentado a una situación así. Le parecía que el rubio estaba ausente y que cada vez se alejaba más de ella. Sabía que tenía un problema, pero él no quería decírselo. ¿Por qué no? Quizá porque cuando le contó su pesadilla ella no supo qué responderle, y así terminó dando por hecho que no podría entenderlo.
Miró el reloj. Eran las once de la noche y su esposo aún no volvía a casa. Ella se distraía tejiendo. De repente se sintió dentro de una de esas malas novelas de la televisión, que tanto les gustaban a las demás mujeres de la aldea. Se imaginó a ella misma esperando hasta la madrugada, con los ojos llorosos, entonces Naruto volvería y ella le diría el típico novelesco: "¿por qué llegas tan tarde?", a lo que el rubio le respondería: hice horas extras en la oficina. ¿Todos los días?, reprocharía ella. ¡¿Qué insinúas?! ¿Qué no ves que me mato trabajando mientras tú te quedas en casa sin hacer nada?, diría él. ¿Nada? ¿NADA? ¿Cuidar a nuestros hijos te parece nada?, chillaría ella mientras le lanza un zapato. Él se largaría azotando la puerta y ella rompería en llanto. Sí, así sería en una telenovela.
–Ya llegué, amor…–La voz de Naruto la hizo volver de sus ensoñaciones. Miró el reloj. Apenas habían pasado cinco minutos. La chica se dijo que bien podrían darle el premio a mejor reina del drama. –Lo siento, no alcancé a cenar con ustedes.
–No importa. –Resolvió Hinata besándole la mejilla. –Boruto y Himawari ya están dormidos. ¿Tienes hambre? Puedo recalentar la cena…
–No, así está bien, gracias–Dijo casi corriendo el rubio. –Estoy más cansado que nada, mejor me voy a dormir.
–Ah, de acuerdo…–Dijo muy por lo bajito Hinata, suspirando.
Naruto la escuchó y volvió sus pasos hasta ella, la abrazó con fuerza y le acarició el cabello. Ella se dejó hacer.
–Lamento mucho haber estado ausente todo el día. –Susurró. –Te lo recompensaré a ti y a los niños. Mañana saldremos a dar un paseo. Comeremos todo lo que quieran. Jugaremos y nos reiremos mucho, será fantástico.
La Hyuga no supo por qué tanto drama de repente, si no era la gran cosa lo que acababa de pasar. No pudo evitar soltar una lágrima. Naruto estaba demasiado raro, algo estaba pasando y no se lo quería decir.
–Naruto…–Comenzó a decir ella, soltándose un poco del abrazo. –Te ha pasado algo y no me lo quieres decir, ¿verdad?
–...Sí. –Logró responder, después de un largo silencio. Nunca le había mentido a su esposa, y prefería que eso siguiera así.
– ¿Es muy malo?
–Más de lo que pensaba.
–Sabes que te amo, ¿verdad? –Hinata lo miró a los ojos. Esa frase le había costado horrores, pero cierto miedo clavado en el pecho le había dado el valor para decirlo.
–Tanto como yo a ti. –Le respondió Naruto mientras le daba un beso en los labios. Las palabras de su esposa lo habían conmovido mucho. Se dijo que esa noche quería complacerla, hacerla feliz. Profundizó el beso y llevo ambas manos a sus caderas, apretándola contra él. Ella le rodeó el cuello con los brazos, temblando un poco.
Naruto la cargó y la llevó a su habitación, sin dejar de besarla. En el trayecto iba apagando las luces. Con cuidado la recostó en la cama, Hinata lo seguía envolviendo con sus piernas. El calor estaba a tope, pero cuando el rubio quiso desnudarla sintió que alguien lo estaba mirando. Volteó maquinalmente a un rincón ya bastante conocido y lo vio. Ahí estaba pequeño-Sasuke observándolo todo. En ese instante dejó de ser su favorito.
Naruto intentó ignorarlo y seguir con lo suyo, pero la mirada de pequeño-Sasuke caía sobre su espalda como si se tratara de una enorme roca. Volvió la vista al rincón y notó que esos ojos negros no estaban en su estado natural, sino enojados. Furiosos. Un escalofrío le comenzó en la nuca y terminó en sus pies. Perdió su erección. Maldijo internamente a todos los dioses habidos y por haber. Se disculpó con su mujer y se dispuso a dormir.
–Maldito Sasuke…–Bufó por lo bajo para sí mismo.
Le contestó una risilla divertida, que solo él podía oír.
