Summary: Todos los días se veían en la habitación 505 del hotel Empire, hasta que Bella dijo adiós y desapareció sin dejar rastro, desatando el infierno en Edward.

Soy demasiado terrible para agradecer, pero GRACIAS por haber apartado un espacio en su día que dedicaron a leer esto, un prólogo de poco más de 700 palabras que logró una respuesta mucho más favorable de lo alguna vez esperado.

Meyer es la ama, punto.


Room 505.

Primer Capítulo.

6 meses antes...

Bella tomó las sábanas del interior de la secadora y las colocó dentro de la canasta.

Presionó el talón de la mano en la espalda baja y se dobló hacia atrás. Finalmente, los turnos dobles le estaban pasando factura.

Una a una, extendió las sábanas sobre la tabla para planchar, procedió a doblarlas y a apilarlas dentro del carrito de servicio.

Se suponía que hasta ahí llegaba su trabajo, sin embargo Kim, la chica encargada de la limpieza de las habitaciones, estaba incapacitada por enfermedad -o una tontería de esas- y ahora ella también tenía que tender las camas y sacudir los muebles de cincuenta cuartos.

Ciertamente, ni el gerente del hotel ni Kim tenían la culpa. Había sido Bella quien había pedido el turno, que parecía haberle caído del cielo. El banco no dejaba de llamar a su casa, así como tampoco el asilo en el que estaba su madre.

Bella siempre tenía que estirar su salario hasta lo imposible, depositando un poco de dinero aquí y allá que al menos servía para calmar a los acreedores por un rato.

Empujó el móvil delante de ella y se detuvo en la habitación 400.


Su casa quedaba a media hora a pie del hotel. Ella siempre solía caminar, pero estaba segura de que esa ya no era la mejor opción dada la hora; once de la noche.

Se detuvo en la parada de autobús a pesar de que sabía que no pasaría ningún transporte. El taxi no era opción; si pagaba uno no llegaría a fin de mes.

Con los pies hinchados -porque los zapatos del uniforme no eran de su talla-, regresó al Empire.


—Esto no es una casa hogar —dijo Marcus, el gerente—. Si vas a quedarte aquí, tendrás que pagar la habitación.

Más de doscientos dólares. Ni hablar.

Isabella juntó sus manos en oración.

—Por favor, señor, es solo esta noche. No tengo a dónde ir.

—No, señorita Swan. Lo siento.

–Puedo hacer trabajo extra —dijo atropellando las palabras.

Marcus se echó hacia adelante.

—¿De qué trabajo estamos hablando?

—Uhm... ¿planchar lo doble de ropa de cama? ¿Hacer servicio a cuarto? —se retorcía los dedos. Dios. Le estaba vendiendo su alma al diablo a cambio de un lugar para dormir.

—Suena tentador... Hagamos esto: yo te doy la habitación y tú haces trabajo extra el resto de la semana.

Estamos a Lunes, se quejó para sí.

No había alternativa. Suspiró.

—Le agradezco, señor.

Marcus balanceó la cabeza y sonrió.

—Vaya con Susane y pida su alcoba. Yo me entenderé con ella.

Isabella lo hizo, pero recibió una mueca de parte de la recepcionista.

—Tenemos todo lleno. Hay una especie de convención y el hotel está repleto de ejecutivos —se disculpó Susane.

Bella tomó el libro de Reservaciones y paseó su vista por las hojas entintadas, susurrando:

—Debe haber algo.

Ella dirigió su mirada a las espaldas de Susie. Ahí, en el portallaves de madera, brillaba una tarjeta.

—¿Qué hay de eso? —señaló.

Susane tomó la tarjeta— Es de la habitación 505, pero todo el quinto piso está deshabitado por remodelación.

Bella lo sabía, sin embargo no le pareció tan malo.

—Dámela, solo voy a dormir —firmó el libro y tomó la llave electrónica—. El jefe te explicará el pago.

Susie no dijo más.

Tomó el elevador y se encogió en uno de los rincones, siendo consciente de que ella no encajaba en ese lugar de cinco estrellas. Los hombres de traje a la medida y goma en el cabello, las mujeres de vestido de diseñador y guantes blancos.

Nunca se había sentido tan poca cosa.

El piso de los cuartos 500's estaba frío y solo, casi misterioso, pero se las arregló para llegar a su habitación sin proferir un solo grito.

El lujo estaba por todas partes. Flores frescas en los rincones, pisos relucientes, muebles caros y vista maravillosa.

Aquello era casi cinco metros más grande que su casa.

Las ganas de explorar la invadieron así tocó la cama. Quizás nunca volvería a estar en un lugar tan de-alta-clase como ese y supo que no debía privarse de meterse al jacuzzi y pedir pizza o alguna cosa rara como caviar.

Terminó pidiendo chocolates y helado, los cuales devoró metida en la tina, mientras escuchaba música a través de la pequeña computadora empotrada en la pared.

Se envolvió en el albornoz blanco y mullido y se estiró a lo largo de la cama, cerrando los ojos al hacer contacto su mejilla con las almohadas de pluma de ganso.

La vida es demasiado buena para los ricos, pensó, podría acostumbrarme a esto.

Al recordar todo el trabajo que le esperaba al siguiente día... y al siguiente, y al resto de días siguientes, saltó fuera del edredón y la bata, colocándose sus viejos pantalones Levi's y su sudadera rosa con capucha. Mantuvo calzadas las sandalias con el bordado de "Hotel Empire", que eran mil veces mejor a los duros y pesados mocasines de piel negra que llevaba a diario.

Bajó al bar, resuelta a tomar una copa del licor más caro de la casa y tal vez comer otro helado.

Para su suerte, esta vez el viaje en el ascensor lo hizo sola.


No conocía al hombre que servía los tragos, a pesar de que ambos estaban en la nómina. Ella nunca venía aquí. Su área de trabajo era la lavandería y, últimamente, las habitaciones 400 a 450 del hotel.

—Sirveme lo mejor que tengas —pidió tímida, como si el bartender averiguara en su rostro que ella no pertenecía ahí.

Obtuvo el trago de color marrón frente a ella al instante. Al otro lado del bar, en uno de los reservados en los que el aire olía a billetes calientes y puros finos, Edward Cullen la observaba.

Él supo ipsofacto que la chica una de dos, o era la amante pueblerina de algún colega suyo o... pensándolo bien, esa era la única explicación posible.

Entornó los labios en el Marlboro antes de aplastarlo contra el cenicero y acercarse, cual infame cazador, a la chica que ahora mismo, se estaba ahogando con el whiskey.

¿Qué putas estás haciendo, Cullen? Da media vuelta y lárgate de regreso a tu porquería. Siseó entre labios, pero fue incapaz.

Sabía que era una solemne estupidez establecer conversación con la chica, dado que estaba sumergido en cierto estado de ebriedad. Hoy no era su mejor noche. Se la había pasado discutiendo con todo el mundo gracias a su padre, quien había tenido el atrevimiento de llamarle para pedirle ¡para rogarle! que volviera a casa.

Que se joda el maldito viejo.

—Hola, nena —en su voz había rabia que no pudo ocultar. Además, estaba tan cerca de ella que podía apreciar que ella recién se había duchado.

Isabella dio otro sorbo a whiskey... y volvió a toser.

—Huh, hola —saludó—. Esto es fuerte, ¿verdad? —agitó el licor.

Edward se sorprendió al tenerla cerca. No podía ser más grande que él, su piel era tan fina que sus venas coloreaban sus párpados y sus uñas estaban carcomidas e irregulares, como cualquier víctima de ansiedad.

El suave acento del sur de ella le recordó demasiado a la amante de su padre. El veneno le rasguño la garganta. Carraspeó.

—Tú no eres de por aquí —acusó. Ni siquiera era una pregunta.

La chica pareció ofendida y arrugó la nariz. Lo examinó.

—Bueno... tú tampoco.

—Lo sé. Soy de un lugar un poco más al norte de aquí. Me llamo Edward —no le ofreció la mano. Ni siquiera sabía qué hacía allí.

Los consejos de Renée, cuando ella aún la reconocía como su hija, volaron a la cabeza de Isabella.

"No le des tu nombre a cualquiera, cariño".

—Yo soy Izz —encogió los hombros—, y como puedes escuchar, soy de alguna ciudad en Texas.

Edward le enarcó una ceja.

—¿Izz? Eso suena como el nombre de una actriz porno o una bailarina exótica —Y ahí estaba... el alcohol y la furia hablando por él.

Bella se puso de pié y dejó la copa a medio terminar.

—Bueno... quizás lo sea —gruñó—. Pero eso no es de tu incumbencia —al alejarse, Edward le detuvo envolviendo sus dedos en la delgada muñeca.

—En eso te equivocas, cariño. Si eres una puta, entonces me gustaría pagarte la noche.


Nota: La historia fluctuará entre el presente y el pasado. Espero no marearlos con tanta mierda.

Podría decir que actualizaré cada martes o cada viernes, pero estaría mintiendo. Lo que puedo decir es que habrá capítulo cada semana en día incierto.

Gracias por leer. Y ya saben, los comentarios son putamente geniales.

S4TC.