Después de tanto tiempo por fin logré acomodar mis ideas y terminar este capítulo, lamento mucho la demora.

Y como siempre. Los personajes pertenecen al siempre tan amado y a la vez odiado Tite Kubo, etc.

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No sabía cómo la presencia de esa mujer lograba trastornarlo de esa manera, podía aparentar con suma naturalidad ante sus amigos, pero estando en la comodidad de su habitación las cosas eran distintas. Era esa soledad que los envolvía la que le permitía al sustituto internarse un poco más en sus emociones. Era esa intimidad aplastante que le gritaba a la cara lo que sentía por la teniente. No había vuelta atrás, no para él. Conforme más la admiraba, ahí, sentada frente al escritorio, más se convencía a sí mismo de lo que sentía.

-¿Qué tanto piensas Ichigo? –preguntó la shinigami sin despegar la mirada de su lectura.

-Leo, eso es lo que hago. Tengo mucho que estudiar –respondió el chico con la misma actitud que su compañera.

-Pregunté por lo que piensas, no lo que finges hacer. Llevas más de una hora sin cambiar de página ¿Creías que no me había dado cuenta? A este paso no terminarás de estudiar jamás.

El pelinaranjo no era el único inmerso en sus pensamientos, una situación similar atravesaba la ojivioleta. Perdida en sus recuerdos, no lograba concentrarse en ese pequeño libro que sostenía en sus manos. No era extraño que su mente divagara un poco y mucho menos si estaba acompañada de su amigo. Ya se había descubierto a sí misma en más de una ocasión, sonriendo ante cualquier gesto del joven y, aunque se reprendía mentalmente, el resultado era siempre el mismo, ella pensando en cómo las diversas circunstancias los habían unido, a pesar de los años, a pesar de los mundos, a pesar de las diferencias.

-Y tardaré mucho más si me sigues molestando –respondió Kurosaki.

-No es mi culpa que no entiendas nada de tu libro, si es tan complejo deberías pedir ayuda a Ishida –contestó la teniente con una sonrisilla.

-No necesito la ayuda de nadie, y de cierta forma sí eres la culpable de que no me pueda concentrar.

-¿Qué? ¿Me vas a inculpar por tu falta de capacidad? Yo no tengo nada que ver con eso –dijo la joven Kuchiki con un tono alterado mientras se paraba frente a Ichigo y colocaba sus brazos en la cintura..

-No es mi falta de capacidad la que no me he permitido terminar de estudiar si no tu presencia en mi habitación –la voz del chico aumentaba su volumen conforme su compañera lo hacía.

-Ahora resulta que mi estadía en tu cuarto altera tu razonamiento –como era de esperarse, si Ichigo alzaba la voz, Rukia no podía hacer más que contestarle de la misma forma y viceversa.

-¡Sí! ¡Lo hace! Estás aquí a mi lado y sólo puedo concentrarme en tí.

-¿En mí? –Comentó la teniente sorprendida -¿A qué te refieres?

Demasiado tarde, las palabras estaban dichas y no había una forma correcta de retractarse sin mentirle. ¿Cómo le explicaba que no había un segundo que no quisiera admirar su belleza? ¿Cómo le decía lo mucho que le gustaba observar cada detalle de su rostro? ¿Y cómo lo hacía sin revelar esa gran verdad que ocultaba?

-Bueno, lo que digo es que –su brazo derecho se colocó casi por inercia en su nuca mientras su cerebro intentaba hilar una frase coherente –estás aquí y me gusta verte.

-¿Te gusta verme? –cada afirmación salida de la boca del joven era una revelación para la shinigami, quien intentaba comprender el significado de esas palabras.

-Bueno, lo que quiero decir es que –de nuevo titubeó. Él mismo se había sorprendido por sus palabras y ahora estaba confundido e indeciso, tal vez no era tan malo decirle la verdad a su amiga, pero, ¿cómo hacerlo? No era un experto en ese sentido –Rukia, yo.

El silencio se hizo presente en aquel cuarto que minutos antes había sido testigo de los gritos de esos dos que ahora se miraban directamente a los ojos. Él, pensando detenidamente qué decir y observando cada detalle del rostro de su amiga. Ella, tratando de descifrar en la mirada de Kurosaki, la respuesta a esa interrogante que la desconcertaba. Ambos, entendiendo a la perfección lo que estaba a punto de suceder.

-Ichigo –murmuró la ojivioleta cuando el pelinaranjo se le acercó y acarició su rostro.

Estaba decidido, pero temeroso. Las emociones invadían su cuerpo a raudales y no sabía cómo reaccionar ante ellas. Siempre había entendido a Rukia con sólo mirarla a los ojos, conocedor de esto, decidió buscar en ellos una señal que le indicara que estaba en lo correcto. Sonrió para sí mismo, no podía estar equivocado, lo que en ese momento veía le daba ánimos para continuar con lo que había iniciado.

Tierno, cálido, dulce, placentero… mágico. Le era imposible definir ese primer beso que el sustituto le había dado. No pudo reaccionar cuando éste se le acercó y rozó su mejilla, sólo atinó a mencionar su nombre mientras un acelerado corazón parecía querer salir de su pecho, pero, ante la cercanía de sus labios, supo instintivamente cómo debía actuar. Se dejó guiar por lo que sentía, entre abrió los labios para recibir los del chico quien, ante tal respuesta, hizo lo propio. Cerraron los ojos por inercia, mientras lentamente comenzaban su vaivén, rozaban apenas sus labios, para después, sumergirse en sus adentros, para unir sus lenguas y enredar sus corazones. El reloj seguía su curso pero para los dos amantes el tiempo se detuvo. No existían más que ellos dos y la unión de sus labios.

Con una sonrisa, la más tierna que se le haya visto al shinigami, así fue como respondió a la mirada de desconcierto de la que, inclusive después de ese momento, seguía siendo su amiga. Ésta intentó hablar pero unos labios interrumpieron su propósito. De nuevo lento, de nuevo dulce, de nuevo mágico.

-Ichigo, esto no debió –otra vez esa boca le impidió terminar la frase.

Para el chico era evidente que ella quería lo mismo, que sentía lo mismo. No hacían falta las palabras si con sus acciones le decía todo. Cualquier pretexto que ella pudiera ponerle quedaba anulado cuando sus labios se unían. La ojivioleta le respondía el beso y su rostro le gritaba que estaba disfrutando ¿Para qué hablar? De eso tendrían tiempo después.

-Ichigo –comentó la chica mientras colocaba su dedo en la boca que de nuevo se dirigía a la de ella –esto no es correcto por muchas razones. Vivimos en mundos diferentes, eres menor que yo y no quiero ni pensar lo que dirá Nii-sama, tenemos vidas distintas.

-Esas tonterías no me interesan, ni a ti tampoco.

-Claro que me importan, a Nii-sama no le gustará esto para nada y yo no podría ni siquiera informarle -fue nuevamente interrumpida por los dulces labios del pelinaranjo.

-¡Ichigo! –gritó la ojivioleta después de separase abruptamente de su compañero.

-Tus opiniones no me importan, yo te amo y eso es más importante que cualquier excusa que inventes.

Había dicho que la amaba, así, tan francamente, que daba miedo. Era tan lógico pero hasta que lo escuchó de sus labios lo asimiló.

-Tú… ¿me amas?

-Ya lo dije, pero si quieres que lo repita lo puedo hacer –hizo una pausa para dedicarle una sonrisa –Rukia, te amo.

Eso fue suficiente para la shinigami, no quiso escuchar más y salió de la habitación corriendo dejando a un chico parado en medio de su cuarto con una enorme cara de asombro.

Después de eso el distanciamiento y la rotunda negativa para hablar con él fueron las constantes. Intentó por todos los medios acercarse a ella, pero la chica, valiéndose de su cargo como teniente, daba mil razones para no conversar con Kurosaki; éste, a pesar de conocer la respuesta, continuaba con su lucha y es que necesitaba hablar con la shinigami, tenía que hacerlo. Las dudas lo invadían diariamente y la única que podía contestarlas era ella. ¿Pudo haber interpretado esos besos erróneamente? Tal vez sí. Quizá la chica no sentía lo mismo pero no sabía cómo decírselo sin lastimarlo. Quizá esa también era la razón del por qué, muy en el fondo, no quería hablar con ella. Con todas esas preguntas en su cabeza enfrentó la confesión de la que, en muy poco tiempo, sería su mujer. En un principio le costó trabajo asimilarlo, habían sido demasiadas emociones en muy poco tiempo. Su declaración hacia Rukia, la bipolar reacción de ésta, la confesión de Inoue cuando casi muere por culpa de ese hollow. Todo en unos meses, todo en un abrir y cerrar de ojos.

Tras su recuperación, Orihime intentó hablar con el pelinaranjo pero éste quiso alejarse. Es lo mismo que hace Rukia, pensó. Fue en ese momento que le quedó claro, era difícil hablar con un amigo luego de que revela sus sentimientos hacia ti cuando éstos no son correspondidos. Era eso, no había duda. Rukia no podía, no sabía cómo afrontarlo. Él la amaba y ella no. Tan fácil, tan simple, tan difícil de aceptar. Aun creyendo esto intentó hablar con la joven Kuchiki de nuevo, sólo que esta vez lo tenía que oír.

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-Kurosaki-san ¡Qué alegría verte! Le diré a Kuchiki-san que la buscas –comentó el capitán Ukitake con una sonrisa.

-¿Está allí adentro? –contestó el pelinaranjo.

-Así es, está terminando su trabajo.

Los modales no le importaron en ese momento, entró a la habitación dejando al capitán con la palabra en la boca, tenía que hablar con Rukia y no podía perder más tiempo.

Era la primera vez, después de esa ocasión en el cuarto de Kurosaki, que estaba a solas con el muchacho. La tomó tan de sorpresa verlo ahí, frente a ella, que no pudo ocultar su asombro.

-Estoy ocupada –comentó después de unos segundos.

-No te quitaré mucho tiempo, tenemos que hablar.

-Pero hoy no, aún tengo mucho trabajo. Lo mejor es que…

-Nos besamos –interrumpió el sustituto –y te expresé mis sentimientos. Son reales Rukia, todo esto es verdadero.

-Ichigo… yo –se lo había dicho tan seriamente que de nuevo el terror se apoderó de ella. Por supuesto que era verdad, así lo había sentido cuando la besó, y ella le correspondía, pero sus mundos eran distintos, sus edades, sus familias, ¿Y si arruinaban ese maravillosa unión que tenían?

-Tú no sientes lo mismo, por eso no quieres hablarlo –esperó a que ella contestara pero ésta jamás lo hizo, sólo lo miró a los ojos. Debía estar loco para creer que esa mirada le decía que lo amaba.

-Inoue me confesó su amor, yo no quiero lastimarla pero

-¿Inoue? –esta vez fue la ojivioleta quien lo interrumpió.

-Ella, bueno –titubeó –tal vez me case con ella.

¿A caso estaba jugando? Fue a decirle que la amaba pero que se casaría con alguien más. Aun no salía del shock de verlo y ahora no sólo le decía que Orihime estaba enamorada de él, también que se iban a casar.

-Entonces se casarán –respondió lo más serena que pudo.

-Se lo prometí –fue la escueta respuesta de Ichigo.

-¿Una promesa?

-Bueno, algo así. Es muy largo de contar, creo que ni yo sé cómo ocurrió.

¿Qué le podía contestar? ¿Sería tan cruel para pedirle que rompiera esa promesa por ella? Sobre todo tomando en cuenta lo mucho que dudaba sobre esto que sentían. Inoue podía ofrecerlo algo puro y sincero, sin hermanos estrictos ni toda una sociedad en contra. Quiso decirle algo pero no pudo, y él simplemente se alejó del lugar guardando esa mirada en su corazón.

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-Ha pasado mucho tiempo ya –comentó el de ojos marrón mientras observaba las pertenencias que la joven Kuchiki había olvidado en su recámara.

Recordar lo que había ocurrido en esa misma habitación lo dejaba intranquilo, los sentimientos que ella le había demostrado no correspondían a las actitudes que tomó después, pero tal vez, sólo se había engañado a sí mismo desde un principio.

Tuvo la oportunidad de deshacer la petición de matrimonio que había hecho a Inoue, pues ella no quiso aceptarla después de su recuperación, aun así el pelinaranjo decidió continuar. Ahora que estaba a unos minutos de celebrar su boda comprendía el error que había cometido.

Terminó de cambiarse y bajó de su habitación. En la sala, una muy elegante familia lo esperaba, salieron juntos de la casa y cualquiera en la calle podía jurar que se dirigían a un velorio. Aunque trataban de sonreír, la triste y vacía mirada del pelinaranjo se los impedía. Hasta el mismo cielo parecía entender los sentimientos de Kurosaki. Completamente gris y con señales de tormenta, llovería, eso era seguro.


Gracias por leer ^^