Nota de autora: Bueno, me divertí mucho haciendo esta parte, espero que ustedes también se diviertn leyéndola!
PARTE II
Bra estaba por entrar a la habitación, pero sonidos raros la detuvieron. Por un lado oía el mismo sonido que la cama hacía cuando Pan y ella saltaban en esta. Y por otro lado como cuando Goten y Trunks peleaban y se lastimaban alguna parte del cuerpo ¿Estarían sus padres entrenando sobre la cama? ¡Ella quería saber! Así que abrió la puerta, encendió la luz y con el cartel sostenido con sus cortos brazos gritó:
—¡SORPRESA! ¡FELIZ CUMP...—se interrumpió al ver que sus papás estaban en una pose muy extraña, sudorosos y desnudos, sorprendidos ante la repentina llegada de su segunda hija.
Bulma corrió a ponerse una blusa y Vegeta oculto todo lo que era su cuerpo de la cintura para abajo con las sábanas. La mujer acompañó a su esposo y tapó la mitad de su cuerpo que estaba desnuda. La niña los observaba extrañada,
—¿Qué hacían?—preguntó curiosa la niña mientras que se sentaba en uno de los bordes de la cama. Los amantes se miraron queriendo que la tierra los tragase. El guerrero le hizo una para que ella le respondiese a su pequeño retoño.
—¿Qué es eso, papi?—cuestionó señalando el bulto entre las piernas de Vegeta. Su miembro aún estaba excitado. Éste se sonrojó. Eso sí o sí se lo debería explicar él a su princesa.
—Es el control remoto del aire acondicionado—mintió su padre con un tono nervioso. La niña no le creyó, así que miró a su madre, que asentía apoyando la mentira de su consorte.
—¿Y por qué lo tienes ahí?—dijo. Parecía que lo hacía a propósito. "Qué niña tan preguntona" se quejó para sí el príncipe.
—Verás, tu papá y yo estábamos jugando a esconder el control remoto. Le tocaba a tu padre esconderlo, ¡Gracias por ayudarme a encontrarlo tesoro!—exclamó igual de nerviosa que su compañero. Bra se lo creyó, pero no comprendió por qué lo hacían desnudos y en poses raras.
—Oh, bien—articuló confundida tratando de comprender las poses y la falta de ropa.
—¿A qué viniste cariño?—consultó la peliazul de mayor edad.
—Con Trunks preparamos esto—explicó enseñándoles el cartel a sus padres.
—¡Qué lindo!—felicitó Bulma—¿Dónde está tu hermano?—preguntó dulcemente a su niña.
—Fue a una fiesta con Goten—confesó—¿Por qué?—a Vegeta se le estaba comenzando a sobresalir una vena en la frente.
—Maldito bastardo—refunfuñó por lo bajo.
—¿No te gustó mi regalo papi?—inquirió haciendo un puchero la pequeña. Al hombre se le esfumó la vena y sonrió en forma de aprobación.
—¡Qué bien!—clamó mientras bostezaba.
—Será mejor que te vayas a la cama—sugirió Bulma a la chiquilla.
—Está bien mami. Que descansen—se despidió abandonando la habitación.
El matrimonio quedó sin decir una palabra, hasta que Vegeta rompió el silencio.
—Debiste cerrar la puerta con llave—reprochó. Su esposa se cruzó los brazos molesta.
—No es mi culpa que tus hijos te quieran sorprender—atacó la mujer.
—Si no hubieses hecho esas estúpidas fiestas, quizás la mocosa no se habría preguntado cuando cumplo los malditos años—contraatacó cruzándose también de brazos.
—Al menos tienes una familia que se interesa en ti y te quiere, sino Bra nunca te hubiese preguntado eso—aseguró ella, que bien conocía a su hija.
—Hmm—bufó—Ya hemos pasado por esta situación hace varios años, cuando Trunks tenía nueve—recordó el saiyajín.
—Sí y no sufrió ningún trauma...
—Bra tampoco lo hará—afirmó el príncipe.
—¿Qué le diremos? Ella tiene seis, no nueve como tenía Trunks cuando nos encontró así.
—Hablando de Trunks—su tono comenzó a ponerse más agresivo—¿No debería haber estado cuidando a su hermana?
—Tienes razón, si él estaba preparando esto con ella debería haber estado supervisándola, no debía largarse con Goten. Además Bra no puede quedarse hasta después de las 11:00 despierta, el tuvo que asumir la responsabilidad al romper las órdenes dadas por nosotros, ¿No crees?
—Mocoso insolente—masculló entre dientes.
—Hazlo entrenar el triple—aconsejó como castigo a su hijo, que no se perdía ninguna fiesta en la que se encontraran bellas muchachas.
—Buena idea—elogió mientras una sonrisa maliciosa se dibujaba en su rostro acorazonado.
—¿Qué le diremos a Bra? Es muy pequeña como para que le expliquemos cómo vienen los bebés al mundo. También, esta fábrica ya está cerrada. No es como Trunks que se convenció de que tendría un hermanito algún día...
—Es verdad. Dos son compañía, tres es multitud—se apuró a decir—Y estás demasiado vieja para fabricar bebés.
—¿Qué dijiste?—formuló recibiendo pesimamente el comentario de su marido, tomándolo de la oreja y zarandeándolo.
—¡Pero sólo para tener más hijos!¡En la cama sigues siendo estupenda!—declaró para que su consorte lo suelte.
—Así me gusta—afirmó limpiándose polvo imaginario de sus manos—¿Que pasará con Bra?—reiteró preocupada.
—Eso lo resolveremos en la mañana. Me dió sueño—explicó mientras buscaba en un cajón de su ropero unos calzoncillos. Buscó también una bombacha para su mujer en el cajón superior al suyo. Se la lanzó. Ésta la atrapó y se la puso. Vegeta volvió a la cama.
—Está bien—aceptó la peliazul tomando un control remoto con el cual manejaba las luces del cuarto. Apagó la única que se encontraba encendida. El saiyajín ya se había acomodado para comenzar a soñar, dándole la espalda a su amante. Bulma lo siguió y se acomodó abrazándolo. Los dos se durmieron profundamente.
La alarma de la presidenta de la Capsule Corp sonó aturdiendo los oídos de la pareja que comodamente descansaba.
—Apaga ese aparato del demonio Bulma—pidió el guerrero sin percatarse de que se estaba perdiendo una hora de entrenamiento. El reloj marcaba las siete en punto. Cayó en la cuenta de que nunca estaba para escuchar el despertador de su mujer, y que a esa hora estaba entrenando la mayoría de los días—Excelente, encima me quedo dormido—resongó. Buscó unos shorts y se colocó sus zapatillas para ir directo a la cámara de gravedad. No sin antes visitar el cuarto de su hijo.
Cogió una vasija que tenía un par de flores dentro, que estaba sobre una mesilla en el pasillo. Quitó las flores y se adentró en la pieza de su primogénito. Seguramente había llegado hace una hora de la fiesta.
Estaba todo desacomodado y roncando sobre su cama. Vegeta buscó su rostro y le derramó el contenido de la vasija.
—¡AHHHH! ¡ESTÁ FRÍOOOO!—gritó mientras que se levantaba de un salto de donde se encontraba recostado. Vio como su padre reía al ver su reacción y lo miró enfadado—¿Por qué hiciste eso? Acabo de llegar de la fiesta.
—Eso no me importa. Vístete. Hoy entrenas desde temprano.
—¿Por qué?—preguntó negado de la idea de entrenar a estas horas.
—Dejaste sola a tu hermana.
—¿Y eso qué?¿Te molestó que te haya hecho un cartel?
—No fue eso lo que me molestó. Lo que me molestó, Trunks, fue que la dejaste sin supervisión, hiciste que desobedeciera el horario de sueño y que nos encontrara en una situación incómoda a mí y a tu madre—su voz fue levantando el tono a medida que nombraba las fallas que tuvo su hijo.
—Ah... ¡Eso les pasa por no cerrar la puerta con llave!—exclamó Trunks sonrojado ante el recuerdo de esa vez que los vio.
—Creas o no, estamos en nuestro derecho de hacer lo que queramos—explicó seriamente—No es nuestra culpa que se queden despiertos a esas horas. A tu hermana le pudo haber pasado cualquier cosa de mayor gravedad que esto. Se pudo haber caído de las escaleras, de la ventana queriendo volar como tú, se pudo haber lastimado con algún artefacto del laboratorio de tu madre... Es una lista larga. Agradece que tu madre solo me pidió que te haga entrenar el triple. Pero ese es el castigo de Bulma—reveló mientras una sonrisa macabra se formaba en su cara. Tenía planeado hacer que el joven no asista a las fiestas por todo un mes completo. También elevaría la gravedad en la cámara, para que le cueate más—No habrán fiestas por un mes.
—¿QUÉ? ¡NO PUEDES HACER ESO!—gritó.
—Soy tu padre, y mientras vivas en mi casa, harás lo que yo diga. Así que, vístete ahora y vienes conmigo.
—No lo haré—se negó el muchacho.
—Bien, en ese caso seran tres meses sin fiestas—amenazó sonriente.
—¡NO! ¡NO! ¡ESO NO!—profirió mientras se quitaba la ropa que usó para la fiesta y se ponía una más deportiva rápidamente. Cuando terminó, ambos saiyajins, se fueron a la cámara de gravedad.
Mientras tanto, en el lecho matrimonial...
El reloj seguía sonando y, a medida que pasaba el tiempo, sonaba más fuerte. Bulma se despertó 10 minutos después de que su esposo abandonara la habitación. Notó que su marido no la acompañaba en la cama, pero estaba acostumbrada. Él siempre se iba a entrenar con el objetivo de ser más fuerte que su eterno rival, Goku.
Fue a bañarse para quitarse el sueño y en el transcurso del baño, recordó que había invitado a sus amigos para festejar el cumpleaños de su marido. No había preparado nada. Tendría que encargar comida en un restaurante de su confianza, que hacía entregas a todo momento y muy rápidas. Le ayudaba mucho cuando no tenía tiempo de cocinar para su familia.
Terminó y se preparó para "trabajar". Su padre la estaba suplentando para ella poder construir una nueva cámara de gravedad como regalo de cumpleaños para su príncipe, ya que, la que estaba usando no era remplazada desde la batalla de Buu y al guerrero le encantaría una versión más moderna de su artefacto favorito.
Bajó y se encontró con su madre, que alegremente preparaba el desayuno que apreciarían sus nietos y su yerno, sin olvidarnos de su "Bulmita". Se sentó en la mesa del comedor y comenzó a platicar con la rubia.
—¿Cómo les fue en su cena ayer?—preguntó la peliazul comenzando el diálogo.
—Oh, muy bien querida. Me llevó a un restaurante muy bonito—contó con su tono alegre, que nunca cambiaba.
—¡Qué lindo! Es hermoso que después de tantos años lo siga haciendo—reflexionó.
—Por eso lo elegí, pero creeme, si no estuviera casada con él y tú no estuvieras casada con Vegeta, tendría una cita con ese joven galán. Está tan guapo como el día en el que lo conocí—formuló coqueta, como siempre.
—Ay mamá, nunca cambiarás—se lamentó avergonzada Bulma.
—¿Cómo van los preparativos para la fiesta de tu apuesto esposo?—curioseó.
—No tuve tiempo de hacer nada—admitió apoyando el peso de su cabeza sobre su brazo derecho—Esa máquina me quitó tiempo de todo. No pude pasar mucho tiempo con Bra, no pude ir de compras, nada. No hice NADA. Pero igual lo vale, a Vegeta le importa mucho su cámara de gravedad.
—Oh si quieres yo me encargo de todo querida—ofreció la rubia.
—¿En serio? ¿No es un problema mamá?
—¡Por supuesto que no! ¿Qué clase de madre sería si no ayudo a mi hija en una situación como esta?
—¡Gracias mamá!—exclamó mientras se paraba y corría a abrazarla. Tomó una taza de café que había servida en la mesada y se encaminó hacia su laboratorio—¡No te olvides de despertar a Bra para que vaya a su clase de ballet, por favor!
—Descuida hijita—entonces, ahora más tranquila de que su madre se haría responsable de su hija, continuó su camino a lo que era la habitación que más seguido visitaba. Era inmenso, con miles de artefactos a medio terminar por toda el cuarto, bocetos de nuevos inventos que se le ocurrían, y el aparato que ocupaba el mayor espacio en la sala, la cámara de gravedad. Tan solo le faltaban algunos detalles para dejarla hecha una obra de arte.
Este modelo no era más moderno solamente, era más grande, se podía aumentar mucho más la gravedad y al ser de mayor tamaño que la anterior, era más espaciosa y cómoda para un buen entrenamiento.
En un par de horas, pudo remplazar unos circuitos que estaban dañados y añadir un telecomunicador al interior de la cámara. Puso a unos Paint-Bots a pintar la cámara de color blanco. Después de que estos acabaran de darle color al aparato, Bulma encendió a los Dry-Bots, que secaban la pintura a una velocidad imprecionante.
—Muy bien, le encantará—dijo hablando con ella misma. De pronto sintió que algo se le olvidaba ¡Claro! ¡Bra! ¡Tenía que procurar que no dijera nada de lo que había visto a la noche! ¿Pero cómo hacer que no lo diga? Ella pensaba que era solo un juego... O eso era lo que su madre creía. Bra tenía sus dudas.
Decidió que hablaría con ella antes de que los invitados llegaran. Haciendo a un lado el asunto de su hija, encapsuló la cámara. Quería presentar el regalo de una manera formal, pero no tenía ningun papel de envoltorio y ninguna caja para poner la cápsula en ella. Tendría que salir a comprarlos.
Estuvo un largo tiempo haciéndole los ajustes a la máquina. Si no era por su estómago ,que le reclamaba algo que no sea café, no se hubiese percatado de que era la hora del almuerzo. Depositó la cápsula sobre su escritorio y se dirigió a la cocina.
Estaba toda su familia comiendo, a excepción de Bra, que revolvía la comida en su plato con el tenedor.
—¿Qué ocurre Bra?—preguntó preocupada la mujer de azules cabellos. La pequeña se percató de la presencia de su madre y la miró sonriente.
—Nada mami, te estaba esperando—contó.
—Que bueno que aún se conserven los modales en esta familia—agradeció dirigiendo un ceño fruncido a su esposo e hijo.
—Oh, ya déjalos cariño—riñó la rubia, que seguía sirviendo comida a los desaforados saiyajines, todos transpirados a causa del entrenamiento.
—Bra, ¿Quieres venir conmigo al West Season?—ofreció con la idea de matar dos pájaros de un tiro, comprar el envoltorio para la cápsula y hablar con Bra.
—¿Comeremos aquí antes de ir?—cuestionó.
—No, déjale el plato a tu hermano—la niña asintió y le acercó el plato a su hermano, que lo recibió cual perro callejero que no comía hace días—Bien, vámonos.
Y así las dos fueron al West Season. A Bra le aclararían un montón de dudas que rondaban por su cabeza, y Bulma aprovecharía y compraría un lindo envoltorio para el obsequio de su esposo.
Nota de autora: Al parecer, lo que iba a ser un corto one shot, se terminó convirtiendo en un fanfic. Esperen las tercera parte así nos seguimos divirtiendo :3
