Los lobos y las guerreras
Era un día de verano de lo más normal en la reserva de La Push; muchos turistas habían venido de todas partes del país a relajarse un poco en las bellas playas indígenas, sin contar que para muchos amantes de la cultura era un paseo bastante agradable. Y entre todas las turistas, destacaban dos chicas rubias muy lindas que estaban una tomando el sol y roncando a pierna suelta cubierta por una sombrilla (con el cabello hasta la barbilla con un mechón frente a su rostro); y la otra con la nariz metida en un libro (sobre leyendas quiletes), que tenía el cabello tan corto como un chico pero que era extrañamente femenina. Muchos hubieran intentado algo con ellas de no ser porque estaban tomadas de las manos y en más de una ocasión la del flequillo le robó un beso a su compañera. Nada de la incumbencia de nadie.
Fue cuando entre tanta gente que pasaba el día en la playa, las dos chicas se fijaron en una pareja de novios tomados de la mano: Jessica y Mike, que al sentir la mirada de la pareja de rubias les dedicaron una amable sonrisa y se perdieron hacia unas grutas algo alejadas del público; algo normal teniendo en cuenta la situación en la que andaban pero las dos rubias reaccionaron rápido. Fingiendo normalidad, se pusieron a empacar la sombrilla y las demás cosas de playa.
—Uy pobre chica, ¿crees que tenga una oportunidad, Deneve? — Preguntó Helen doblando su sombrilla y guardándolo todo a toda prisa.
—Si no nos damos prisa no — fue la respuesta de Deneve tomando la mochila y yéndose al auto como quien no quiere la cosa; pero estaba claro que estaba alerta, pero eso no podía ser percibido por alguien que no tuviera los ojos tan bien entrenados como ellas… y ese era el caso de Sam Uley, que al verlas sintió que había algo muy raro. No dejaban de usar sus gafas oscuras, ni siquiera cuando la del pelo corto entró a la tienda de recuerdos local a comprar un libro de leyendas quilete; y esa tienda estaba muy oscura.
Bueno, tal vez no fuera nada pero era mejor investigar; le hizo una señal invisible a Paul, que hacía la guardia en la playa y ambos desaparecieron por una esquina, sin que las rubias lo notaran.
Entonces Helen y Deneve llegaron a su auto y salieron de la Reserva y condujeron unos cuantos kilómetros hacia dentro, cuando pararon se quitaron los trajes de playa y los sustituyeron con un traje de cuero negro sobre el cual colgaron unas enormes espadas; dos en el caso de Deneve y uno en el de Helen. Intercambiaron una rápida mirada y se internaron en el bosque a una enorme velocidad, esto se acababa hoy mismo. No se daban cuenta de los dos vigilantes silenciosos que las seguían con cautela y observaban todos sus movimientos.
Guiándose por la sensación de aquella inusual y detestable aura, las dos guerreras flanquearon la playa hasta llegar a las grutas; y tras moverse a gran velocidad, penetraron listas para la acción.
El súbito movimiento captó la atención de Sam y Paul, que se precipitaron también a las cuevas listos para detener aquella amenaza. En la cueva Jessica levantaba los brazos dejando que Mike retirara la parte superior de su traje de baño; estaba más que dispuesta a entregarse y Mike estaba más que dispuesto a aprovechar su oportunidad, cuando una antipática voz carraspeó detrás de ellos.
—¿Y de veras les parece un buen momento para ponerse a hacer cosas indecentes y en un lugar como este? — Preguntó Deneve blandiendo su espada con decisión.
Los dos enamorados saltaron hacia atrás ante las amenazadores muchachas rubias; cuando un aullido se escuchó en el horizonte. Dos lobos, tan enormes como osos, rugieron y se lanzaron contra las rubias, esto fue un movimiento para nada esperado que ambas eludieron con habilidad.
—¿Deneve, qué rayos?
—Ese maldito libro sobre leyendas decía la verdad, cuidado Helen estamos ante los guardianes de la playa. Oigan, si lo discutiéramos tranquilamente…
Sam le mostró los dientes a Deneve y se lanzó, aparentemente no estaban las cosas como para una salida diplomática. Deneve saltó hábilmente hacia atrás al tiempo que Helen lanzaba un puñetazo contra Sam dejándolo en el suelo; pero se levantó rápidamente y soltó un aullido. Helen torció el gesto pero luego su mueca se tornó en una radiante sonrisa.
—¿Soy yo o aquí habrá una batalla?
Más aullidos llenaron el lugar, sí habría batalla. Rodeadas de lobos, las dos guerreras se protegieron con sus espadas listas para hacer el siguiente ataque, completamente rodeadas por las dos manadas; ¿cómo habían logrado pasar tan rápido sin molestar a la gente de la playa? Seguramente ellos conocían una ruta mejor que esa.
Y en una esquina, Mike y Jessica seguían temblando ante el horrible espectáculo. Entonces los lobos atacaron; Helen tomó por el cuello a Jacob eludiendo sus fauces y lo levantó en el aire para luego golpearlo contra el suelo, al tiempo que saltaba evitando el ataque de Leah; que no fue tan eficiente contra Helen pero sí contra Deneve, que perdió un brazo y una de sus dos espadas. Con seriedad, Deneve remató a Leah de un certero golpe a la mandíbula con el mango de su espada, obligándola a soltar el brazo ensangrentado que aún sostenía la espada.
¿Lo notaron? Comunicó Leah, estas cosas son mucho más blandas que los chupasangres.
Sin bajar la guardia Leah, regañó Jacob, todavía no sabemos a qué nos enfrentamos. ¿O acaso no viste cómo se regeneró como si nada?
Deneve hizo crecer un brazo nuevo y recuperó la espada de su brazo anterior, para salvar a Helen de Quil y Jared que la habían derribado dándole la oportunidad a Embry de hacerla pedazos; así pues con Quil lejos de ella, Helen lanzó a Jared al techo de una patada y le dio un tremendo golpazo a Embry en el pecho; y luego dio una grácil patada giratoria con triple efecto de giro contra Jacob, que se estaba recuperando.
Sam rugió y se arrojó contra las piernas de Deneve; pero ella antes de tocar el suelo generó dos piernas nuevas y arrojó una enorme roca contra el alfa, que la eludió como pudo; sólo para descubrir que era una distracción y que ella ya estaba detrás de él para darle un certero corte con su espada. Sam gruñó pero le dio una patada poderosa a Deneve, que la mandó contra Helen. Helen se la quitó de encima de un rápido empujón y un "lo siento mi amor" para luego recargar contra Paul tacleándolo al estilo del fútbol americano.
—¡Touch-Down! — Gritó Helen. — Pero en serio, no sé tú pero esto de no poder leer su aura me está fastidiando; usaré el diez por ciento.
—Desgraciadamente no queda opción — dijo Deneve cerrando sus ojos junto con Helen.
Hubo un cambio en el ambiente, todos los lobos se quedaron estupefactos al sentir el aroma de esas dos; hasta ahora no habían puesto mucha atención porque era casi igual al de otro humano y por eso reaccionaron tarde, pero ahora era mucho menos humano más parecido a… a nada que conocieran. ¿Qué estaba pasando?
Entonces ambas abrieron sus ojos, que se habían tornado de un extraño color dorado, parecido al de los Cullen pero más antinatural. Ambas saltaron de regreso a la acción; y la diferencia era obvia. Los lobos no podían ver sus movimientos, era como si al cambiar el color de sus ojos incrementaron su fuerza y velocidad a niveles insospechados, esta batalla estaba perdida y eran sólo dos… ¿o no?
Mike y Jessica se levantaron y con cuidado se alejaron, cuando las guerreras los vieron de reojo, pero no podían llegar hasta ellos al estar rodeadas de lobos.
—Demonios, hazlo tú Helen.
La aludida se arregló el flequillo y para espanto de todos los lobos, el brazo que sostenía su espada se estiró como si fuera de goma varios metros por encima de todos para finalmente rodear a Mike y a Jessica haciendo que ésta última casi se desmayara de la impresión. Helen sonrió, los lobos atacaron una vez más pero fueron rechazados por Deneve, que con sus dos espadas los mantenía fácilmente a raya. Entonces Helen hizo el corte mortal, partiendo a Mike a la mitad y retrayendo su brazo.
Jessica gritó horrorizada y salió huyendo; y los lobos se hubieran lanzado con más furia contra las asesinas, cuando un olor extraño y penetrante llenó el ambiente. Era como… ¿en serio a qué demonios olía? Jacob se dio cuenta que el hedor provenía de Mike, bajo el cual se había formado un charco de sangre púrpura y asquerosa, Mike se arrastró difícilmente contra las paredes tomando poco a poco la forma de una criatura de piel color rojizo, enormes orejas, cabellos rubios y ojos dorados. Soltó un poderoso rugido exponiendo su boca llena de colmillos ante todos. Helen y Deneve no perdieron el tiempo, con una hábil maniobra aprovechando que los lobos ya no molestarían, Helen cortó la cabeza de la criatura matándola en el instante.
—Listo, llegamos un poco más tarde y la niña se convierte en el desayuno — explicó Helen limpiando su espada. — ¿Ya podemos terminar con esto? Por favor…
—Helen tiene razón — dijo Deneve a los lobos. — Ambos grupos demostramos que nos preocupa la vida humana, terminamos el maldito asunto y podemos regresar a nuestras vidas.
Jacob entonces tomó su forma humana. Las dos guerreras levantaron una ceja, ¿monstruos que tomaban forma humana? Bien, era regresar a su era pero en fin.
—¿Qué era esa cosa? ¿Cómo es que supieron lo que era y nosotros no? Y…
Entonces Clare llegó a la cueva.
—Helen, Deneve, Miria me envió. ¿Están bien?
Miró a los lobos pero no les prestó importancia.
—¿Eso es un Yoma? Pero si se supone los cazamos hasta su extinción.
—Y eso es lo preocupante — dijo Deneve. — ¿Y si mejor nos movemos? Nuestra líder tiene que saber de esto.
Helen se arregló el flequillo y le tomó una fotografía con su celular para luego mandarla.
—¿Saben? yo amo la era de las comunicaciones.
El celular de las tres sonó, así que les dieron la espalda a los irritados lobos que no entendían por qué no se dignaban a hablarles.
—Bien, la jefa nos quiere a todas de regreso ya.
—Y ustedes — dijo Clare. — A como están las cosas les explicaremos qué sucede, pero antes nos encargaremos de nuestros asuntos. Si les decimos más o no depende de nuestra líder.
Y desaparecieron a una gran velocidad dejando a los lobos preguntando, preguntando, preguntando…
Otro cap de esta fusión, casi enteramente reciclado de la versión anterior pero lo cambié en pequeños detalles, espero les haya gustado y como siempre:
Chao; nos leemos!
