EL Deseo de una Venganza…
Basado en Electra ©Sófocles
Personajes Katekyo Hitman Reborn© Akira Amano
Y, comenzando nueva temporada bueno doy el segundo capítulo de esta historia corta sobre el libro de Sófocles con Eurípides. Espero os guste, por cierto no dejare de actualizar entre días después de que entre a una sala virtual universitaria XD
¡Internet gratis!
lamento el retraso de mas de tres meses, comienzo nuevamente a tomar un pc. !Aleluya! bene, ahora espero os guste. Si, Dios permite mañana podre escribir Caminos entrelazados lamento el retraso de tantos meses con tanto desanimo que tuve durante un tiempo, sentía que estaba lejos de Dios y eso aparto de mi la inspiración.
Capítulo 2: Solo por un instante...El es mi objetivo
Inglaterra, 1862
Los segundos, parecían ser cada momento más lentos e insignificantes ante la belleza cruel de aquellos ojos que parecían llenos de un extraño cinismo. Estaban corriendo por el pasillo poco iluminado mientras escuchaban pasos detrás suyo parecían acercarse cada momento y el camino se estaba acabando y solo había una ventana en su visión.
–No pensaras en saltar ¿Verdad? –comento el hombre de cabello negro a la mujer, que parecía ignorarle. Estaba enojado y molesto por aquellos intrusos, aunque estaba dispuesto a acabar con todos ellos la mujer no le dio oportunidad de enfrentarles.
Aunque hasta hacia poco habían bailado aquel atrevido vals ahora parecían correr como si les persiguiera el diablo, y parecía que toda la discreción se había ido al trasto. Ella había tomado su capa enfundado su cuchillo al ver algunas sombras en el patio trasero acercarse a la casa.
–Me han encontrado, no saben quién soy. Pero, tú serás el blanco para que me encuentren ya hablaremos en otro momento–comento ella llevándose al rostro la máscara y tomar su abrigo para irse.
Hibari había tenido que seguirla y por consiguiente a huir con ella de aquellos hombres aunque le molestaba tal asunto. Entonces escucho el ruido de un disparo tras ello en el pasillo, gracias al ruido de la fiesta este se vio opacado pero para el no, y tampoco para ella.
– ¡La Máscara, ahora! –exclamo ella mientras se la colocaba rápidamente, se habían deslizado entre la gente para tomar luego los pasillos del segundo piso y avanzar por ellos, cuando habían sentido que estaban cerca se adentraron en una de las habitaciones con puertas abiertas–Debemos aparentar que somos alguno que otro amante de la fiesta, y escabullirnos por el otro lado del pasillo para salir por la parte de atrás.
Se había acercado a él, para envolver su cuello con sus brazos sentía que el tiempo se detenía al escuchar solamente sus latidos desbocados al ver pasar a las figuras de chaquetas negras elegantes que había visto de soslayo de gestos adustos por la entrada a Almax. Sabía que estaban armados al ver como siempre mantenían las manos cerca del estuche de armas bajo la chaqueta elegante.
Sintió como lo atraía hacia él, en una situación que cualquier muchacha decente de sociedad evitaría a cualquier precio por su reputación en sociedad. El aliento de aquellos labios dulces junto a su aroma lo confundió y aunque sabía que era una artimaña de distracción se relajó. Escucho los pasos alejarse mientras el envolvía sus brazos en su cadera atrayéndola hacia él, durante un tiempo que pareció eterno se mantuvieron así hasta que solo escucharon la solitaria estancia del pasillo.
Ella se alejó, aun temblorosa de haber hecho tal acto de osadía y aunque antes hubiera preferido saltar por una ventana sabía que era un favor para un amigo. Sintió sus latidos más acelerados y respirando hondo para tranquilizarse desenvolvió los brazos de su cuello.
–Debemos…irnos…Regresaran pronto–agradeció que no hablara de lo sucedido, se agacho levemente y saco de entre los pliegues de la falda unos ganchos de acero, y unas varillas fraccionadas del mismo material que al presionar se abrieron en un pequeño paraguas afilado.
Aunque no se había recuperado, se asomó a la puerta y con un pequeño espejito miro pasillo abajo donde dejaba a la vista a aquellos hombres al cruzar por los balcones cercanos. Ella siempre tenía un plan de respaldo que tenía otro de contención, la experiencia dictaba como regla suya por si alguien la traicionaba y había muy pocos de los que podía confiar plenamente, pero, ahora estaban lejos de ella.
Suspiro levemente, aliviada de que se hubieran alejado e impulsada a salir dio un paso hacia afuera sintió un brazo que la agarraba fuertemente por el codo para hacerla volver y encontrarse con aquellos ojos negros tan gélidos como los suyos.
Hibari se había dado cuenta que ella le ignoraba completamente, tal vez estaba planeando fugarse de allí sin responder nada en absoluto y planeaba dejarlo así. Eso no lo iba a permitir de ninguna manera si era necesario escaparía con ella aunque no le gustara, y su simulado beso le había dejado estupefacto tal arrebato femenino que anteriormente habría sido una treta para casarle y ahora, ni siquiera la chica perseguía su título.
Está en cambio, parecía verlo como un jarrón en la estantería.
La observo con sus ojos negros con una muestra de molestia y… ¿Miedo? Que le desafiaban sin duda alguna aunque tuviera miedo, parecía que lucharía hasta el final.
– ¿Qué es lo que estas planeando? –pregunto el, molesto por las sensaciones que ella le producía y que no había pasado hasta ahora. Ella se soltó molesta, levanto su hermoso rostro con orgullo mientras lo miraba con un brillo de ira aún más fuerte que su miedo.
–Salir de este nido de redomados hipócritas, además esta gira en Almax es verdaderamente molesta. Y, responder tus estúpidas preguntas en un lugar más cómodo…no lo haría sino fuese por esa deuda con el Archiduque.
Entonces la vio salir apresurada, y extendiéndole un garfio sujeto a una correa con grilletes de acero era un equipo extrañamente hecho para algún fin nada convencional. Ella tomo una capucha y extendiéndola sobre su cabeza, era como si ocultara su silueta de ojos extraños.
–Póntela y ajústala bien, no tenemos tiempo–comento ella rápidamente y al ver lo torpe de sus manos con el arnés lo coloco ella alrededor de su cintura para ajustar los grilletes dos extensas y gruesas extensiones de cuero negro levanto la mirada hacia él y encontrándose con sus ojos quedaron suspendidos así por un instante algo la atenazaba, pero, ¿Qué?
Desvió su mirada hacia atrás de soslayo y en sus ojos se extendió el terror soltando una imprecación indigna de una dama mientras sus ojos se tornaban alegres ante lo que parecía un reto– ¡Dios, nos han visto, rápido!
Y, ahora acabando el camino ella sonrió para asentir al escuchar el disparo a la vuelta de la esquina mientras se agachaba acelerando para ambos.
– ¡Ahora! –exclamo ella lanzando el garfio a un poste de madera cercano al igual que él, mientras saltaban por la barandilla escudándose de los cristales y la madera astillada por los aires ella soltó una carcajada él pudo ver por un instante como si ella volara en la noche, y el brillo de los cristales rotos la hacían ver etérea…sintió las cuerdas tensas en su cintura mientras caían agarrándose de las ramas de los árboles, giro la cabeza para ver la silueta femenina trepar rápidamente dejando al descubierto sus botas y cortar las cuerdas rápidamente tanto las de ella como las suyas.
– ¡Vamos, apresúrate! –exclamo ella, mientras se deslizaba en un vaivén con los brazos hacia el suelo. El salto ya que su estatura le facilitaba tal acto pues no estaba a más de dos metros sino hubiese terminado con una escayola en la pierna, pero, por fortuna solo debió emprender la carrera que le seguía echándole una mirada de soslayo al noche pudo ver cómo iba oscureciéndose el cielo. – ¡Hay tiempo antes de que llegue la tormenta!
Llegaron por un estrecho camino a través del bosque, las ramas golpeaban contra su traje con fuerza mientras veía la silueta femenina mostrar sin decoro alguno las pantorrillas descubiertas, se le fue el aliento: ¡la descarada muchacha no tenía enaguas!
Vio como ella desaceleraba y tomaba un desvió hacia alguna vía olvidada por la mano del hombre, luego se apartó la capucha para observar de un lado a otro y fijar su mirada en el suelo de tierra donde marcas de un coche reciente remarcaban en la cerrada noche.
–Están cerca de aquí, debemos movernos y buscar el carruaje –comento ella mientras el desliz de la tela de su vestido le guiaba en la negra noche, Hibari sabía que ella tendría algún plan después de todo su extraña forma de actuar junto a las escondidas armas encima deducía una vida llena de penurias y miserias obligada a luchar por su vida.
Bajo un farolillo encontraron cerca un cochero que exhalaba el humo de un cigarro tenuemente iluminado, ella se acercó al hombre que se escondía en un oscuro gabán e inclinándose hacia ella asintió al ver como susurraba algo en su oído y luego mirarlo mientras el cochero tomaba su lugar en el coche tomando las riendas de los corceles oscuros.
Hibari pudo notar que el coche parecía tener una extraña estructura, parecía como un armazón a punto de desarmarse y ella hacia un leve movimiento de su cabeza para que se acercara mientras la puerta era abierta por las delicadas manos.
–Vamos, sube–comento con un brillo de rebeldía en sus ojos, sin doncella o acompañante tomo su asiento frente a ella cerrando detrás la puerta del coche. Con un leve golpe en la pequeña ventana dio instrucciones de marcha. –Bien, podemos comenzar nuestra sesión de preguntas ¿No fue eso a lo que viniste?
Hibari pensó en lo que habían hecho desde entonces, no había esperado saltar con una mujer extraña y que esta fuera su informante, aunque no se esperaba que fuese un aliado de Vongola. Aquella mujer, con sus extraños hábitos y sin pudor alguno le volvía el mundo que conocía sobre las mujeres de revés.
Una asesina, era tan peligrosa y tan hermosa bajo la máscara fría de su indiferencia social. Pero, algo en ella le era familiar o tal vez eran presunciones suyas al ver aquella mujer comparándola con la cálida y sensual Adheleid, se sorprendió al ver el hilo de sus pensamientos al considerarla más que solo un informante.
El sonido de los cascos de los caballos reverberaba en el interior del carruaje, no obstante la silueta femenina que lo observaba entre la densa oscuridad estaba en silencio. Escucho como se deslizaba desde afuera algún tipo de objeto, tablas, telas, e inclusive algunos cascabeles resonando en el silencio parecía como si transformaran aquel carruaje destartalado en algún magnifico coche de noche.
Cuando levanto la cortina roja que se deslizo entre sus dedos pudo ver que era de seda roja de la más exquisita. Sorprendido escucho, como ella se movía en su asiento y el deslizar de telas que se apartaban o acercaban a la persona entonces sintió algo que se estrellaba contra su regazo levantándolo pudo notar que era la máscara de ella.
–Ya he terminado, me siento mejor así–murmuro ella con un suspiro de placer mientras escucho como algo en la esquina a la izquierda de ella parecía moverse. Entonces vio, como una pequeña llama emergía entre los dedos de ella y encendía una pequeña llama dentro de un cuadro en el interior del carruaje.
Algo demasiado inusual en este tipo de coches, entonces pudo ver la silueta de ella mientras apagaba la llama de un fosforo con un soplo de sus labios. En ese momento pudo ver la piel clara y los oscurecidos ojos de la noche brillando a la luz de la moribunda llama, para que luego fuese iluminado con las tenues sombras que remarcaban todo su cuerpo a la luz del pequeño farol.
Haru sabía que ahora tenía un gran problema, no le importaba si este hombre la veía o no su mundo había sido un infierno en su juventud y aquel hombre solo era el cobro de múltiples favores de su juventud gracias al actual decimo duque de los Vongola, casado con su ex–amiga de juventud ahora ya no importaba aunque Tsunayoshi le había hecho olvidar un horrible momento en su vida.
Le debía su razón de vivir, ahora, el hombre frente a ella tenía un aire de poder y arrogancia típico de un aristócrata. Había tenido que llevárselo con ella, aunque a Jager no le agrado aquel asunto supo por la expresión de ella que no debía desafiarla y resignado tomo las riendas con un suspiro mantuvo sus postura para enfrentar a Hibari Kyouya después de todo Lord Bermuda Von Vichtenstein era a quien debía tal lealtad, era su salvador.
Nunca olvidaría aquella noche, cuando el cadáver de su madre lleno de sangre con el puñal incrustado sobresaliendo de la fina bata hacia poco llena de amor y cálido. Ahora, tan frio y pálido como lo era un muñeco de madera solo podía observar con sus ojos abiertos lo que alguna vez fue su madre. Entonces, la puerta se abrió y súbitamente una figura en sombras de anchos hombros con un rostro angelical pero con una severidad inusual era como si su juventud se hubiese detenido en él, vestía una gabardina negra con botas de cuero era la elegancia mezclada con el peligro.
Un relámpago ilumino la silueta masculina, y la torrencial lluvia solo pudo añadir más encanto al visitante. Aunque no lo conocía, lo había visto de lejos cerca en sus paseos de camino al condado de Steepwood sintiendo las miradas del pueblo que fulminaban a su madre y que en algunos casos la lastimaban pero, el resultado de aquello era lo que valía la pena: su maravillosa historia mágica que su madre contaba aunque ahora no lo eran.
El hombre entro y ella de pie se acercó a la chimenea tomando un leño, el enarco una ceja.
–No te hare daño, pequeña–comento mientras se acercaba a ella, sus ojos negros llenos de una ternura inusual para su rígido comportamiento. Le quito el leño para ver sus manos llenas de ampolla, y tomando sus manos las beso suavemente para mirarla a los ojos preguntando una sola cosa– ¿Quién?
–Yo…los vi…mama me escondió…y…–murmuro entrecortadamente para luego sentir solo frio y entonces el hombre se acercó envolviéndola en la humedad cálida de su cuerpo. Por un momento sintió miedo para relajarse y dejarse caer en sus brazos, la quería sin duda alguna.
–No te preocupas ahora, yo estaré contigo. Debemos irnos, esto solo era una advertencia…ella era una heredera y ahora lo eres tu–murmuro mientras se separaba de ella y caminaba por la pequeña casucha, por un momento sus ojos brillaron con calidez para desaparecer en una gélida negrura de sus iris–Jager, ven aquí.
Un joven de oscuro cabello con un rostro claro que tenía en cuello un extraño broche en sus manos vendadas y sus ojos grises la miro detenidamente mientras hacia una leve inclinación.
–Ellos han venido por ella, deseo que tomes sus cosas y ya sabes qué hacer con el resto–ordeno, acariciando el rostro del cuerpo en la cama y aunque ella no había notado cuando se había acercado a la cama, supo entonces que le amaba aún más que la persona que ella creía que era su padre de la que su madre había huido cuando tenía cinco años ahora con catorce podía decirse que este hombre era lo único que tenía.
Se volvió para tomarla en sus brazos, la cubrió con su cálida gabardina para luego ver como su antiguo hogar donde alguna vez fue feliz entre las llamas de aquella noche. Ella solo podía vivir ahora por lo que le había enseñado su tutor: la venganza y el honor junto a su lealtad; aunque él la hubiera protegido bajo su techo, no había podido evitar su humillación.
Aunque hubiera podido vivir como una fulana, su vida no era aquella y después de todo, su tutor aún estaba vivo regresaría a su lado. No había terminado de vivir con él, cuando descubrió la extraña vida de aquel hombre la de un asesino y espía que trabajaba para el gobierno inglés; eso era lo más sorprendente y saber que la autoridad de su salvador era tan grande que al contarle lo que había sucedido pudo matar al canalla con sus propias manos con el apoyo de su actual tutor.
Ahora miraba la estampa de aquel hombre autoritario, que padecía de la misma pulcritud de su tutor buscando a los asesinos de algún crimen contra él. ¡Oh, como era de injusta las leyes! Si la justicia no se ejercía por manos de la ley, los altos mandos los llamaban a ellos para ejecutar la debida retribución.
–Es interesante ver, como usted anda tras aquel hombre–comento ella con sorna, pero, simpatizando con aquel hombre sonrío–Bien, si lo que desea es buscarle debo advertir que no es tan fácil hallarlo.
–No me importa–espeto Lord Kyoya mientras se inclinaba apoyando sus brazos en sus rodillas para mirarla fijamente– Dígame lo que sabe Mi lady.
–Puedo decirle que el maneja muy bien las espadas, aunque no he de extrañarse por sus habilidades con las armas–murmuro ella mientras tomaba de su chal una pequeña manzana y sonreía–es un maestro del engaño y un contraespía, aunque ahora se le considera un traidor.
– ¿Sabe quién es? –pregunto el, con mayor frialdad. Haru simplemente dejo de sonreír y se cruzó de brazos para mirarle atentamente, vaya aquel hombre era tan interesante y aunque ella era la hija de una "Puta" como decían en Steepwood podía decir que entendía el deseo de su madre por los hombres como este– ¿O acaso usted le protege?
–No, como usted conoce existen algunas familias en el East End en Londres y algunas otras en Italia con el poder suficiente para ocultar cualquier acto ¿No? –pregunto ella, mientras arqueaba una ceja aquel hombre como muestra de su acuerdo–, pues, bien en una de ellas intervino un alto mando para evitar la guerra de poder por aquella masacre y el hombre que buscas pidió a ellos tal favor, ¿Sabe mi lord que tiene que haber sido grande la deuda para cubrir tal falta?
El asintió, y ella mirando por la ventanilla suspiro.
–Yo, soy parte de una de esas familias: Vindice–espeto ella, mientras su mirada perdía el brillo de picardía de sus ojos y lo miraba gélidamente descruzándose de brazos–ahora, bien como jueces neutrales del bajo mundo y observando tal insolencia Vindice no se ha quedado sin observar el caso gracias a la insistente presencia de usted y la consolidación del tratado con el archiduque Vongola para cualquier tratado con la isla Siciliana aunque muchos no lo sepan.
El quedo pensativo, al ver que ella era parte de la famosa Vindice de Londres con sus múltiples sedes en el mundo se le consideraba tal neutralidad inclusive Cervello había hecho un lazo con ellos y su lealtad era altamente fundamental. La confidencialidad de sus actos e inclusive su presencia era considerada la mejor y aunque el gobierno deseaba controlarles su poder equivalía a molestar a la corona, aunque muchos consideraban que no existía he aquí la muestra viva.
–Pues, bien ahora Mi lord ese hombre es conocido como "El caballero Fantasma" puedo decirte que ha estado en Londres hace poco y creo que es un caballero noble no puedo darte más datos es parte de la hermandad.
El apretó los labios, para luego echarse atrás y recostarse en el asiento cómodo. Cerró los ojos aun confuso y soltando un hondo suspiro miro a la mujer frente a él, sintió una punzada en el brazo para mirar que había un dardo incrustado en su brazo.
– ¿Qué…Rayos…? –comento el sintiendo un mareo para ver como ella se acercaba a el y melancólica lo observaba. Pensó que había caído en una trampa, trago en seco trato de articular palabra pero sus labios no hacían caso alguno.
Ella se acercó a él, mientras se sentaba en su regazo a horcajadas sintiendo el su aliento sobre su cuello sus latidos se dispararon al saber que ella lo mataría. Entonces sintió como sus manos se deslizaban por su torso y besando sus labios se apartó de él levemente dejando solo frio mientras se desvanecida su conciencia susurraba en su oído: Él es mi objetivo.
