Advertencia: Este fanfic contiene Yaoi (O como a mi me gusta decir, Shaoi), heterosexualidad y bisexualidad. ¡Chimichurri!
Lo leerás bajo tu propio riesgo.
Declaimer aplicado.
Historia y diálogos: ¡todo sale de mi pervertida cabeza!
¡DISFRUTALO!
Capitulo 1: Llegada.
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― Pasa . dijo el azabache, abriéndole paso para que el rubio pudiese entrar a su hogar.
El chico ojiazul tumbó su mochila al pie de la entrada y se dirigió con cansancio a la sala, donde se desplomó en el sofá, subió sus pies a la mesita de centro que se encontraba delante suyo y procedió con quitarse los guantes, dejándolos en la recargador del sillón.
― Tengo buenas noticias - musitó el rubio, irrumpiendo el silencio de su llegada - mi prima de la que tanto te he hablado vendrá a estudiar aquí, en Konohoa - comentaba al mismo tiempo que rascaba su sien - para su desgracia, junto con la mía y la de mi ya de por sí escasa familia, mis tíos han muerto, le ofrecí mi casa para que se quedase, así no estaremos solos, ¿no es increíble?
El azabache escuchaba atento mientras recogía la mochila de su amante y la colocaba en el perchero que, justamente estaba a un lado de la entrada principal, pensaba que a veces ese dobe suyo podía ser demasiado sucio y descuidado, pero, ¿Qué se le podía hacer?
Se dirigió al sofá donde yacía el rubio y se sentó a un lado de él, observaba con detenimiento las curiosas líneas que en las mejillas del Uzumaki se dibujaban, y con su dedo índice, recorrió una desde el mentón hasta terminar en su pómulo. las mejillas del Ojiazul se tornaron carmesí, desvió su mirada hacia algún lado que no fuese el azabache, de verdad que lo intimidaba su mirar.
― Vaya - contestó el Uchiha, mientras el Uzumaki seguía sonriendo por aquél tacto suyo.
A éste le ilusionaba vivir con un familiar, y lo que era aún mejor, con quién mejor se llevaba, puesto que su único y último primo, Nagato, era alguien cuya personalidad se había tornado demencial, acompañada del grupo de sus amigos con los cuales convivía, y simplemente no podía estar en la misma habitación donde él estuviese, en cambio, la Uzumaki era todo lo contrario, compartían ciertas similitudes, además de que, su hermosa cabellera le recordaba a su difunta madre, Kushina, además de que ambos tenían el gusto por el ramen, calro, el rubio en mayor cantidad.
― Al parecer su avión llega a las diez de la noche, puedo quedarme en lo que da la hora, teme? - cuestionó el chico de curiosas marcas en las mejillas al de orbes ónix.
Lo miró a los ojos, perforándolo con su profundidad los azules del otro, éste tomó su mano, y la acercó a su entrepierna, el Uchiha sonreía con malicia mietras que el otro chico se sonrojaba aún más, eso era un "vale", para el azabache, el rubio sentía como el miembro de éste comenzaba a elevarse, y una ola de deseo recorrió a ambos.
Sabía lo que estaba por comenzar.
La luna gris se encontraba innerte en el cielo obscuro, allá, muy lejos de la tierra, sus luces azules tocaban las fachadas de las casas, iluminándolas de manera hermosa, también acariciaba el follaje de los árboles, y se metía por las ventanas de todos, incluyendo la del Azabache, la luz azulesca tocaba con delicadeza el rostro de los amantes, ambos tumbados en la cama matrimonial, el azabache abrazaba por detrás al rubio de ojos azules, mientras que éste soltaba un poco de saliva por la placidez con que dormía, sus cuerpos estaban calientes y eso impedía que el poco aire helado que entraba por las orillas del marco de la ventana, le afectara de ningún modo.
El Uzumaki abrió los ojos, con obvia pesadez, se encontraba demasiado a gusto como para realizar cualquier movimiento, muy a su pesar, se incorporó poco a poco, tratando de no despertar a su amante y, estirando la mano para alcanzar su teléfono que se encontraba sobre el buró para así poder ver la hora. Se apoyó con el codo para poder seguir medio acostado.
mierda.
― Teme, levántate! - gritó horrorizado - Karin-chan ya debe de estar esperándonos!
― ¿Qué horas es? - preguntó con tranquilidad el Uchiha.
― Son las diez! LAS DIEZ! - hipó con nerviosismo.
Ambos se vistieron con suma rapidez, prendas volaban de aquí para allá, el rubio sacaba ropa de su mochila, tratando de ponerse todo lo que veía para poder abrigarse del frío que estaba arrivando en Konoha, mientras que el azabache se subía con tranquilidad su pantalón, subiendo el cierre y dejando ver su hermoso torso, el rubio se quedó paralizado unos instantes ante la vista tan buena que se estaba dando, pero se dio una cachetada mental para seguirse cambiando ― Maldito Teme - pensaba - siempre me haces distraerme, dattebayo! ―, terminaron de colocarse unas botas abrigadoras y bajaron las escaleras, el ojiazul cerró la puerta detrás de sí y el azabache colocó los seguros.
Tomaban su mano mientras caminaban apresuradamente por el corredor que daba a la avenida, y a pesar de que sus guantes no les permitían sentir sus pieles, el calor que estas emanaban les hacían sentir mejor. El Uchiha miraba persimonioso hacia delante, mientras que el Uzumaki sonreía hacia la nada, le gustaba sentir esa adrenalina, aunque caminaba incómodo puesto que la actividad de hacía unas horas le había dejado el culo de verdad adolorido, hizo una mueca y el Uchiha se dio cuenta, a lo que lo miró y le sonrió. El rubio se sonrojó, dejando dejes carmines en sus mejillas.
Una vez que llegaron a la avenida, el ojinegro paró un taxi, éste se orilló y ambos subieron a él, el chofer les preguntó su destino y el rubio con ojos expentantes, le pidió que los llevara lo más rápido posible ―Más que Toreto en F&F*― al aeropuerto, el señor de edad avanzada, con canas y arrugas nacientes en el rostro metió la primera marcha, soltando de a poco el clutch* mientras pisaba en cincronía el acelerador con mucho cuidado, tratando de que el auto no se apagase, el automóvil amarillo comenzó a avanzar, y dejando una humarola de velocidad detrás de ellos, la cual se mezclaba con la fría ventizca que justo había comenzado cuando los amantes subieron a aquél auto.
Los árboles que se encontraban desnudos, sin sus hojas, daban un triste aspecto al ambiente, los pocos copos de nieve que habían comenzado a caer se apagaban justo antes de llegar al suelo, y las luces de navidad que colgaban de las fachadas y las figuritas de renos y duendes navideños que adornaban de las distintas casas que recorrían le daban ese aspecto tan melancólico que la navidad siempre había tenido, pero justamente esa melancolía hacía aún más bella esa época del año; al chico de curiosas marcas en las mejillas siempre le deban nostalgia esas fechas, puesto que desde que tenía memoria de ser él mismo, todos la pasaban con sus familiares, recibiendo ostentosos regalos, o renegando de por qué le había tocado tal muñeco cuando no lo quería, mientras que él ―con muchísima suerte― recibía un par de guantes de lana tejidos, dados por el padre Jiraya, encargado del hospicio donde él había pasado toda su infancia y parte de su adolescencia.
― Hemos llegado, jóvenes - dijo el taxista, haciendo que todos los recuerdos que habían asaltado a Naruto desapareciesen.
Los dos chicos bajaron del taxi, el azabache se acercó al a ventanilla del conductor y de su bolsillo del pantalón sacó su billetera, dándole al anciano cincuenta Ryō*, metió de nueva cuenta su billetera y le agradeció al hombre, este inclinó la cabeza en señal de un "de nada", y, confundido del por que aquellos dos chicos se habían estado tomando de las manos en todo el trayecto, partió hacia un nuevo destino.
Corrieron al interior del aeropuerto, había bastantes personas, se veían a familias reencontrarse mientras lloraban, a parejas besándose por ―seguramente― haber estado demasiado tiempo alejados, entre otro montón de gente que se veía que tomaban su equipaje de la banda donde transportaban las maletas y salir del lugar para tomar algún taxi de los de afuera del aeropuerto.
El rubio, preocupado, buscaba con la mirada a su querida prima entre todo ese mar de personas, sollozos, risas y pláticas, justo en ese instante su celular comenzó a sonar, éste, hecho todo un manojo de emociones, buscaba en su mochila revolviendo todo lo que contenía dentro, olvidando que él mismo se lo había encargado a su amante, el Uchiha miraba divertido, y con aquella tranquilidad que había tenido desde que salió de la casa, tomó el celular y contestó.
― Eres un idiota, primo, mi primera vez, ¡LA PRIMERA! en que viajo sola en un avión y me dejas a mi suerte. ¡MUCHAS GRACIAS! - gritaba con suma molestia la interlocutora.
― ¿Dónde estás? - respondió altivo el azabache.
El rubio paró de buscar para posar sus ojos en el azabache que había contestado.
― ¿Y tú quién carajos eres? - cuestionó la confundida y aún disgustada chica.
― Sasuke - respondió él mientras seguía buscando con la mirada - ¿Dónde estás?
La chica resopló del otro lado de la línea.
― A tu derecha - musitó cansada, y después colgó.
La joven se hizo notar, o mejor dicho, por alguna razón, los ojos ónices del azabache habían sido atraídos por quién sabe qué magnetismo al lugar donde ella se encontraba. La Uzumaki yacía recargada en un pilar, cerca de un pequeño puesto de cafetería, tenía puestas unas botas negras altas de cuero, junto con unas medias del mismo color, en conjunto con una falda de mezclilla deshilachada y una blusa de tirantes, también negra. Tenía puesta una gabardina oscura verde, acompañada de una bufanda tinta. Sus ojos rubíes se encontraban enmarcados por unos lentes de montadura negra, su cabello estaba atado en una coleta alta, la cual se esparcía a hasta llegar a mitad de su espalda, algunos mechones le caían por la cara, pareciendo que éstos estuvieran en llamas. Sí el azabache quisiera buscar una palabra para poder describirla, podría ser rebelde, pero muy probablemente habrían muchos mas adjetivos para hacerlo.
Vio como ella se incorporaba y se inclinaba para tomar su desgastada maleta morada; tiró la goma de mascar en la basura y se acercó a ambos chicos, caminando muy altivamente, el ojiazul la veía emocionada, un ligero rubor se apoderó de sus mejillas y, el azabache simplemente miró hacia otro lado, tratando de...
― ¡Karin-chan! - gritaba emocionado el Uzumaki mientras se abalanzaba a la pelirroja para cargarla en sus brazos - ¡Qué gusto me da que te mudes conmigo!
La pelirroja correspondió al abrazo de su primo, de verdad que lo amaba demasiado, quizá era por que ya era su único primo, por que a decir verdad, su familia nunca fue ni demasiado unida y mucho menos demasiado grande, por lo que siempre sus pocos tíos se encontraban esparcidos por aquí y allá. De verdad que lo había necesitado desde que perdió a sus padres, el funeral de ambos fue bastante deprimente y tétrico que, decidió si ella llegase a morir, tendría una enorme fiesta.
― Naruto... - susurró en tono amoroso, y, una bebz que lo hizo, se separó de él y lo tomó de los hombros para después continuar - quieres explicarme... ¡¿Por qué demonios no estabas aquó cuando llegue?! esperé una hora, ¡una maldita hora! ¿Sabes cuán preocupada estaba, idiota?
El Uzumaki frunció el seño con culpabilidad, si le contase la razón del por qué había demorado, su prima lo mataría.
― Lo siento - respondió cabizbajo, luego continuó - por cierto, deja te presento a Sasuke, mi Teme.
La pelirroja se apoyó sobre su pierna derecha, colocando su mano derecha sobre su cadera y con la barbilla en alto comenzó a inspeccionar de arriba a abajo al azabache, éste, incómodo, frunció el ceño, y se preguntó el por que de esa mirada tan lasciva por parte de la chica. Finalmente, se acomodó los lentes con su dedo índice y extendió su mano para presentarse y saludarlo.
― Uzumaki Karin - dijo con un tono arrogante, guardando su celular en el bolsillo de la gabardina.
― Uchiha Sasuke - contestó de igual manera, con tono de arrogancia.
El rubio miraba de un lado al otro, un tanto preocupado por el tono que ambos despedían, no era de enojo, si no, algo más, quizá de competencia, aunque no logró comprenderlo del todo. Lo que sí lograba comprender es que, en cuanto al tema de orgullo, ambos estaban al par. Dejó de mirarlos y se ofreció para llevar la maleta de su prima al exterior, pero ésta con una sonrisa y con la palma queriendo decir "no, gracias" comprendió que, definitivamente, no lo dejaría. Sí, era muy orgullosa, hasta para las pequeñas cosas. Ella tomó la agarradera de su maleta y la haló para continuar, dejando a Sasuke y a Naruto atrás, era obvio que no quería meterse con ese par de melosos, y más por que ese tal Uchiha era tan... él, sin duda no sabía como un tipo tan engreído como él había logrado atrapar el corazón de su atolondrado y despistado primo, Quizá era algo estúpido y no tenía remedio.
Salieron a la obscuridad de la ciudad, en los distintos edificios se iluminaba la redonda luna con su omnipotencia y espeldor, pasaban coches y taxis de aquí para allá, las personas subían con rapidez a ellos y partían a quien sabe qué lugar, el rubio levantaba la mano o silvaba para parar a alguno, pero era imposible, ni uno le hacía caso. La pelirroja notaba su esfuerzo y decidió actuar; alzó su larga pierna y subió un poco su falda de mezclilla, sentía que el frío golpeaba su piel, y es que la media no era suficiente para cubrir su elegante y esbelto muslo, aún así aguantó. Varios taxis, incluyendo uno que otro automóvil que no era transporte público, se pararon de inmediato, gritándole que la llevarían, otros tanto silvaban y, hombres que iban acompañados de ― seguramente ― sus mujeres, eran golpeados por ellas. El Uzumaki corrió para cubrirla con sus manos, sintió la tersedad de sus piernas y se sonrojó.
― ¡¿Qué haces?! - gritó apenado el Uzumaki, mientras que le abotonaba por completo la gabardina a su pelirroja prima - hace frío y no hace falta que pares un taxi de esa manera.
― Pues tal parece que de la forma en que tú lo haces no se arrimará ni uno, vamos, subamos a ese - dijo la pelirroja corriendo al taxi más cercano.
El rubio haló de la mano a su Teme y le gritaba que se apresurara para poder subirse al taxi. De el automóvil bajó un hombre alto, de aproximadamente cuarenta años y bastante apuesto, el cual le abrió la cajuela del auto para poder meter el equipaje, pero la pelirroja velozmente subió por su cuenta dicha maleta, inclinándose, acción que hizo ver sus muslos, muy cerca de sus glúteos y, espectáculo que el taxista pudo ver ― se quedó embelesado, de hecho ― antes de que el rubio inverviniese y le dirigiera una mirada asesina. El azabache miraba a todos lados menos al de la chica.
Todos ingresaron al taxi, y la Uzumaki se subió a la parte delantera del automóvil, del lado del copiloto. En todo el trayecto tuvo una larga y variada charla con el piloto, mientras que los amantes en el asiento trasero se tomaban las manos, el Uchiha miraba por la ventana, viendo como el viento de la noche hacía bambolear las ramas secas de los árboles, algunas pocas hojas afortunadas resistían y se quedaban en sus ramitas, mientras que las demás que morían se caían al suelo, siendo tragadas por la nieve de ahí. Unas parejas pasaban tomadas de las manos y envueltas en la misma bufanda, otros iban solamente en la bicicleta; los rascacielos reflejaban el cielo obscuro, con todo y sus estrellas, las cuales se reflejaban en los ojos del azabache.
llegaron a un vecindario acogedor, se respiraba la navidad ahí, y pareciese que daba un aire, inclusive, familiar, todas las casas se encontraban adornadas de luces de colores, como todas las demás que vieron al pasar. Un salta colgado del techo, unos renos cruzando el césped del jardín, entre otras tantas.
El-hombre-maduro-buenote abrió la puerta para la pelirroja, y ella salió persimoniosa de éste, mientras que el azabache y el ojiazul salían por su cuenta. La chica se detuvo a contemplar justo en la entrada la casa de su primo ― que ahora sería su casa ―, ésta era de un color azul celeste, con los marcos de las ventanas y la puerta principal blancos, era de dos pisos y la fachada (incluyendo el pequeño techo del pórtico) eran hechos de madera, el jardín estaba cercado por vallas de madera pintadas de l mismo blanco y el camino que llevaba a la entrada era de asfalto. Giró de nueva cuenta para encontrarse con el taxista, estaba por sacar el billete cuando éste le propuso, como mejor forma de pago, una salida. Intercambiaron números y el hombre con una sonrisa se despidió de la Uzumaki, entonces éste partió. El azabache resoplaba y el chico de curiosas marcas en las mejillas fruncía el ceño.
― ¿Cómo puedes ser tan confiada, Karin-chan? - dijo incrédulo y un tanto molesto.
― ¿Cómo qué? - cuestionó ella, haciéndose la desentendida.
― Dios, vámos, entra. Tendrás que decirme como es que lo haces, el que no te cobren los taxis.
― Cuando te dan 100 Ryō al día tienes que aprender a sobrevivir con ellos y a gastarlos sabiamente. Si gustas después te enseño.
― No, gracias. Así estoy bien - contestó de inmediato el rubio.
― Como sea - musitó ella - Tengo muchísima hambre! el Teriyaki* que sirvieron en el avión era muy poco!
El Uchiha los miró a ambos e interrumpió.
― Entremos.
El Uchiha deseaba descansar un rato antes de irse a su casa, y no era solo por haber tenido relaciones sexuales con el rubio, ¡Era por esa tal Karin! no podía estar en el mismo lugar que ella, definitivamente no. Entraron al hogar y se pusieron a ver la televisión, la pelirroja subió su equipaje arriba, donde le había indicado Naruto que sería su cuarto, haló la manilla y comenzó a subir las escaleras, su primo le preguntó si necesitaba ayuda, y claro, ella dijo que no, ― Qué estupidez - pensaba el Uchiha - es una orgullosa ―. Se levantó del sofá y dijo que estaba bastante casnsado, el rubio se sonrojó, puesto que él estaba con la ídea que ese cancancio era a causa de aquella actividad en la mañana que habían tenido, lo que él no sabía era que estaba bastante errado en esa hipótesis suya.
― ¡Nos vemos, primito! - gritó desde el sofá la pelirroja.
Entonces, él cerró la puerta principal detrás de sí.
.::CONTINUARÁ::.
notas de la autora:
F&F (fast and furious/rápidos y furiosos): es una saga de películas sobre autos, muy conocida.
Clutch: Es un pedal en el auto estándar (un auto estandar se le tiene que poner las marchas manualmente) para cambiar de marcha.
Ryō: en la siguiente tabla se muestra el valor del Ryō en distintos países, para más información: : / / e s . . / R y % C 5 % 8 D (quiten los espacios).
Estados Unidos/Ecuador/El Salvador Dolar 1 Ryō = 0.12 US$
Argentina Peso 1 Ryō = 0.58 $
México Peso 1 Ryō = 1.65 $
Teriyaki* es un guisado de verduras como zanahoria y calabaza, junto con trocitos de pollo empanizado, bañado en salsa para teriyaki.
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