Dedicado a Lyrae Dust.


Debidas explicaciones


Capítulo 2: Un beso de Konoha


—Hey…¿quieres venir a mi cuarto a jugar? Ene no está pero podemos intentar romper su marca. Nunca he podido sin Kido.

Konoha tiene esa espeluznante manera de parpadear y asentir, como si acabara de despertar…o llevara sin dormir más de lo que Kano ha vivido.

Las cosas que hago por amor, Seto. Vas a tener que chupármela, por lo menos, pensó ácidamente, sentándose en el suelo junto a Konoha, con su laptop, suspirando y pretendiendo que era por el calor. No es que ese chico tan raro y tocado por los experimentos de Kenjiro Tateyama fuera sensible a esa clase de gestos. A penas y le devolvió una sonrisa a Kano, sin notar en absoluto su leve incomodidad de situación.

Ambos iniciaron el juego.

Kano intentó controlar sus escalofríos de estar tan cerca del otro muchacho. Lo había conocido dos años antes, cuando era…humano, digamos. Como comparar la luna y el sol. Una luna pálida de emociones, infantilizada. Y un sol débil, que se atrevía a morir en la hora de su esplendor.

Rozó su brazo.

—¿Sabes, Konoha, lindo?

Tal vez un muchacho más…normal, por así decirlo, hasta dentro de los estándares de los Engañadores, le habría sacado la mierda a Kano por homosexual de haber dicho lo último. No a solas, quizás. Shuuya sabía que los límites entre amistad y…otras cosas, como las que tenía con Seto, eran muy difusas. Más siendo tan jóvenes.

Pero en todo caso, Konoha lo miró sin extrañarse más por lo que significaba el contacto que por el hecho en sí. Alguien tocándolo.

Kano se preguntó fugazmente, con algo de malicia si sería virgen. Y se respondió solo, conteniendo la risa, por su propia ingenuidad: No debe ni saber qué es el sexo. Tal vez despierta tras eyacular en sueños con computadoras.

—¿Recuerdas el otro día?

—¿Cuándo?

—Hace dos o tres. Entraste al cuarto de Seto sin tocar y yo estaba, ya sabes, con Kousuke…

Sobre él, más bien. Sentado, con las piernas separadas. Sus erecciones se palpaban. Seto aferraba la cintura de Kano. Era evidente que sus lenguas tranzaban y Kano tal vez gemía en su boca, como era costumbre cuando la pasaba bien. Estaban excitados y era evidente, si abrían los ojos en la media oscuridad y se veían sobre el espejo del ropero.

¿Cerraste la puerta, Shuuya?

Seto, en su mente adormecida por la ansiedad, inquieto, irritando a Kano.

Qué más da. Mira la hora que es, quién va a estar despierto. Deja de ser tan paranoico y acués

La puerta se abrió. Konoha cargaba el ordenador de Kousuke.

—Ene lo arregló, Seto. ¿Lo dejo sobre tu escritorio?

Con la misma sonrisa que exhibía durante el desayuno al ir a pelar naranjas de jugo para ayudar a Kido, el gigante cruzó la habitación y depositó el aparato en donde había preguntado. Seto y Kano se quedaron de piedra en sus posiciones in fraganti.

—Eso era todo. Buenas noches.

Saludó con su mano a Seto, que aún tenía la boca pegada a la de Shuuya.

—Kano. —dijo Konoha a su vez, con una sonrisa tan natural que no parecía dar a entender nada. Salió por la puerta como si no hubiera entrado.

Y eso era un desastre.

Pasó lo ya relatado al principio, que Shuuya había prometido paliar.

—¿Y?

Mierda. Kano había pensado que lo mejor era ignorar el asunto. Que seguramente, Konoha no podría entender lo que vio y que si hablaba al respecto, no le prestarían atención. Pero a Seto le dio paranoia y casi arruinó la noche de Kano, insistiéndole con posibilidades de que todos los que vivían bajo el mismo maldito techo se enteraran de que tenían sexo. Y cómo reaccionarían.

Mary se sentirá traicionada. Kido va a juzgarnos. Momo no nos dejará en paz. Y…

(Lo que sea con tal de que Seto se callara.)

—Y yo me estaba…bueno, ya sabes. Con Seto…

Trató de ayudarse con gestos de las manos y una sonrisa para no tener que completar la frase pero Konoha lo miró, parpadeando con lentitud, como si no entendiera. Antes de ladear la cabeza, evidenciando que no lo hacía.

—¿Si…?

Kano perdió un poco la paciencia, aunque no subió la voz.

—¡Seto y yo nos besábamos!

Los personajes que ambos manejaban en el juego murieron. Konoha volvió la vista a la pantalla para tratar de revivirlos pero era un nivel más difícil y debía recomenzar.

A Shuuya le sorprendió la indiferencia de Konoha. Luego se enfadó un poco consigo mismo. ¿Cómo no iba a ser indiferente? Si Konoha no era…humano. Lo era aún menos que ellos. No sabía cómo comportarse. Ni una línea de normalidad a la cual responder. Dos personas besándose, dos hombres, dos amigos, un hombre y una mujer…todo debía parecerle lo mismo.

De repente lo invadió cierto aprecio por el gigante. La situación estaba zanjada para Kano. Jugarían un poco más, se dirían un par de palabras acerca de la necesidad de ser discretos…y ya. Seto podría calmarse.

—Porque…¿sabes? A veces los amigos no son sólo amigos. Se gustan como novio y novia…incluso actúan como novio y novia aunque no lo sean y nadie más lo sepa.

Konoha lo escuchaba, en apariencias, como quien ve caer la lluvia sobre el asfalto: lo de Kano no era más que un parloteo para él, probablemente, sólo ruido sin sentido. Eso hacía que sus intenciones cayeran al vacío.

—Oh.

Sin embargo, sucedió lo colateral: Kano se escuchó a sí mismo decir todo esto y poco a poco, su ira comenzó a crecer, alimentada por la razón.

¿Estaba tan bien que Seto se empeñara en mantener las apariencias con una cercanía nunca consumada junto a Mary? ¿Era tan sano que Kano siguiera recibiendo las miradas hasta desesperadas de Kido, que ni sospechaba la audacia de la situación mal enmascarada? ¿Para qué la fachada? ¿Kido y Mary eran tan inmaduras y orgullosas? ¿Los querían tan poco como para odiarlos si las rechazaban? ¿O era simplemente que en el fondo (y no tanto), Seto no quería ser siquiera un poco más diferente que la media? Tener los ojos rojos, esconderse…salir del armario y compartir cama con Kano habría sido el colmo, ¿no? Es algo que un hombre de verdad, un héroe, no hace. Porque no. Valiente era no mostrarse de verdad.

Shuuya se indignó. Con una mueca de cinismo maniobró el teclado con tanta fuerza que pronto Konoha dejó de jugar para observarlo con su deslucida curiosidad.

—Kano ganó.

Se dio cuenta de que lo había hecho por estas palabras del gigante y por la música. Cegado por la bronca, había decapitado al personaje de Konoha.

—Debería irme.

Iba a ponerse de pie, cuando miró a su compañero. Era enorme e inocente como un oso de felpa. Un pensamiento divertido cruzó por la mente del Shuuya juguetón.

—¿Tan siquiera sabes qué es un beso, Konoha?

Konoha parpadeó pausadamente como siempre lo hacía cuando le hablaban y se señaló a sí mismo. Podía exasperar a cualquiera, especialmente a Kano, con esa actitud.

—Sí, eso creo. —sonrió, terminando de sacar a Shuuya de sus casillas. Algo por lo cual se le debía casi todo el crédito a la cobardía del chico valiente.

Fue algo atrevido y fugaz. Kano reptó hacia Konoha y apoyó sus labios en los de él. Una sola vez. Un abrir y cerrar de ojos. El vuelo de una mosca.

Fue tan rápido, de hecho, que a penas comenzaba a sentirlo cuando se separó. Era una broma insinuante, no es que lo hiciera por placer.

Nadie tenía que saberlo. Seguramente nadie lo sabría. Y si alguien se enteraba…

Bueno, todo tenía que salir a la luz tarde o temprano. ¿No lo hacían siempre las mentiras? Se lo había enseñado su hermana mayor.

Eso es un beso, Konoha. —explicó Shuuya, frotándose la nuca, sonriendo de lado.

Los labios de Konoha eran tibios, a diferencia de su brazo, que estaba helado. Un dejo parecido al de una chispa había recorrido la piel de Kano al rozarlo. Fue muy extraño.

Konoha parecía estar analizando la situación. Shuuya también se ensimismó.

—¿Kano?

—¿Si?

Estaba a punto de ponerse de pie.

—Eso no es lo que yo conozco como beso.

Kano jadeó, poniendo los ojos en blanco. Por supuesto.

—Ah, ¿no? Chico listo, ¿y qué es un beso para ti?

Konoha lo observó. Luego bajó su mirada al suelo, como vacilando. Kano lo apuró. Estaba convencido de que el gigante sólo haría el ridículo con alguna muestra de ignorancia terrible.

—Muéstrame, ¡no seas tímido!

Kano se echó a reír, golpeándose los muslos. Probablemente cree que es cuando te agarras las manos con…

Sucedió muy rápido. Konoha era un superhumano cuando se remitía a lo físico. Por decir que era humano siquiera. En menos de lo que duraba un parpadeo promedio (teniendo en cuenta lo pausado de los suyos), tuvo la boca pegada a la de Kano, con los labios abiertos, penetrándolo con su lengua mientras que sus enormes manos lo arrojaban contra el suelo.

El estupor, primeramente, no dejó que Shuuya reaccionara.

¿Qué demonios…?, pensaba, con los ojos como platos, mientras que Konoha le mordía los labios hasta sangrar. ¿Qué…?

Pero Konoha era más rápido que las ideas aturdidas de Kano. Sus manos iban a la velocidad de la luz cuando se metieron bajo la camiseta de Shuuya, aprisionando sus tetillas, haciendo que se arqueara sin desearlo.

Se descubrió gimiendo, sofocado por la boca de Konoha, que no lo dejaba respirar. Y que sólo cedió un palmo para comenzar a trazar besos con dientes marcados desde el costado de la boca de Kano hasta su cuello, ensañándose en su yugular.

—¿Un beso…es una…violación para ti? ¡Ah! No me arranques un pedazo…—susurró con dificultad Kano, con el mentón entre el cabello del gigante, que hincaba sus colmillos en su cuello con mucha energía.

Konoha se detuvo de repente y miró a Kano con rectitud, como si acabara de cometer un error.

—¿No está…bien?

Kano estaba agitado. Muchos pensamientos homogéneos y confusos lo rondaban, además de una sensación palpitante en su entrepierna.

¿Pueden violarme si yo quiero que lo hagan?

—Llévame a la cama.

Virtualmente fue como si un viento muy fuerte lo arrojara sobre ella. Konoha, en un remolino de colores característicos, volvió a estar sobre él.

Kano se quitó la chaqueta. Estaba tan en sus cabales como podía estarlo cuando le dijo:

—Sigue con…tus besos. —en un tono de cómplice burlón inimitable.

Konoha asintió. De todos modos, la segunda vez tampoco dejó de sorprender a Kano por la rapidez y la brusquedad con que el otro chico subió su camiseta y le bajó los pantalones, sacándole el miembro a medio endurecer de los calzoncillos.

—¡Espera!

¿Por qué estoy haciendo esto?

Kano quería a Seto. Pero Kousuke…no era bastante estar al filo de la muerte. Los demás no se enteraban. Y Seto, perdiendo tiempo valioso, que podía acabarse de un momento a otro, preocupándose por su orgullo y un amor propio que dependía en demasía de él.

Konoha parpadeó, deteniéndose como si alguien le hubiese puesto pausa a su secuencia de movimientos. Kano se preguntó por qué le había pedido que parara.

—¿Qué vas a…?

Era sólo una pregunta nerviosa. Kano nunca había estado sino con Seto, desde el orfanato. Seto y antes, una noche que no contaba, cuando los monstruos anidaron dentro de él y lo cambiaron para siempre.

Seto, después, cuando pudo elegir y quiso hacerlo, sólo Seto.

Conocía el cuerpo de Kousuke, sus gustos y preferencias. Podía controlarlo. Le gustaba. Pero Konoha era totalmente diferente. Siendo de origen artificial, era frío y poseía la distancia del corto de entendimiento, con una simpleza que lo hacía casi noble.

Y era enorme. Le sacaba una cabeza a Seto, que sobrepasaba de por sí a Kano, dejándolo atrás también en masa muscular.

Besar a Kano.

Konoha sonrió y bajó hacia el miembro de Kano. Contrariamente a lo esperado, más que apoyar sus labios, lo recorrió con la lengua.

—Dios…

Nunca nadie lo había tocado de esa manera. Nunca. Sólo había intimado consensualmente con Seto. Y Seto…

No puedo, Shuuya.

¿…qué?

Es sólo que…

Vamos, yo lo hago todo el tiempo.

Es el olor. Y la sensación. Yo…

Bueno, por tu cara, pensé que lo disfrutabas.

No me molesta…

¿Pero?

¿Y si…cambiaras tu apariencia a la de una chica un rato? Podría darte placer de todos modos…

Shuuya, no llores. Olvida lo que dije, todavía podemos…

¡Muérete, Kousuke!

Años antes. Eran niños. Ayano vivía.

En fin.

El caso es que Seto no gustaba de lo que Konoha estaba haciendo con naturalidad. Rodear, succionar, acariciar. Kano se muerde los labios irritados por los besos. No quiere decir el nombre de Konoha, que se detenga para mirarlo. Menos cuando él toma aire y antes de que Shuuya pueda quejarse, mete toda la longitud del miembro hasta el fondo.

Kano se pone ambas manos en la boca. Humedeciendo los dedos en su saliva, no puede creer lo que está sucediendo ni cómo.

Kousuke

Como llevaba tiempo sin hacerlo de esta manera, se dejó envolver por el placer. El frenesí no se detuvo hasta chocar y derramarse. Cuando Kano se dio cuenta de esto, intentó apartar la cabeza de Konoha, que continuó resueltamente, tragando cada gota sin inmutarse.

Al despegarse del pene de Kano, más flácido, sonreía con esa levedad del que visita otros planos mientras te habla.

Shuuya se dejó caer hacia atrás.

—Deberías desnudarte. —dijo de repente.

—¿Kano me besará?

—Oh, sí.

La traición podía ser divertida. Pudo terminar con eso, el orgasmo y una disculpa pero…

Shuuya tenía curiosidad. Con cierta lujuria que lo estremecía aún. Se acostó de lado, con medio rostro descansando en una mano, observando al gigante con atención. Su cuerpo tenía la perfección de lo irreal. A pesar de estar hecho de carne, uno tenía la impresión de que al tocarlo, se desharía, como un holograma. Seto no era tan corpulento, sus abdominales no estaban marcados y su piel ofrecía un color tostado, saludable, debido a que salía a caminar bajo el sol con más frecuencia que Kano.

La piel de Konoha era como leche. Y cuando finalmente se sacó los pantalones, Kano jadeó.

Como eran holgados, era difícil imaginarse el bulto. Aunque teniendo en cuenta su complexión…

Mierda, ¿cómo voy a hacer para meterme eso en la boca?

Era casi un palmo más que Seto. Y el pene de Seto era grande. Al menos su color no era tan inquietante: nuez sin proteínas, casi, en lugar de morado.

Seto no está aquí. Seto es un idiota.

Con bronca, Kano hizo señas a Konoha para que se sentara en la cama. Se arrastró de rodillas hacia él y se humedeció los labios, antes de comenzar.

No quiso metérsela hasta el fondo de una vez. Con Kousuke, quizás…

Pero Kousuke era un idiota y no estaba allí, con Kano.

Lo sostuvo en su boca. Estaba frío. Pero sólo el pre semen le llenó la cavidad y comenzó a toser. Konoha lo miró con los ojos muy abiertos. Un sonrojo demostraba que las acciones de Kano le significaban cambios.

—Quiero…—comenzó, mientras que Shuuya se limpiaba la boca y trataba de recomenzar. El sabor de Konoha era a químicos. —…hacerle hijos. A Kano.

A Shuuya se le puso roja hasta la raíz del cabello.

Claramente no podía embarazarse. Pero Konoha pedía eso, refiriéndose a…

—En el cajón de la izquierda hay lubricante.

Konoha no parecía comprender. Pero mecánicamente se guió hacia donde Kano decía. El tubo estaba a la mitad. Kano lo usaba con Seto y viceversa. Había sido de ellos, al igual que una tonelada de basura erótica reciclable, ya desechada desde que eran sexualmente activos.

Konoha sostuvo el tubo metálico en las manos abiertas. Kano, con las mejillas aún ardiendo, lo abrió y colocó una línea de la crema inocua entre los dedos larguísimos del muchacho enorme.

—…con cuidado, ¿si?

Konoha lo extendió por sus yemas y falanges, estudiando con detenimiento la substancia, como si nunca hubiera visto algo parecido. La mera posibilidad de esto último inquietó a Kano.

—¿Quién te enseñó a…besar?

La última palabra fue pronunciada no sin cierto vilipendio, puesto que el menor miedo o peligro irritaban a Kano. Konoha parpadeó nuevamente. En apariencias, necesitaba hacer eso para que sus neuronas tuvieran intercambio eléctrico.

—El profesor.

Ho ho ho.

—¿Kano…?

Shuuya intentó vencer la mezcla de asco y culpa que luchaba por poseerlo. ¿Estaba compartiendo amante con…su padre? O peor, ¿con la serpiente? ¿Ambos?

Demasiado edípico.

Sacudió la cabeza. Qué más daba. Kenjiro o la serpiente habían tomado ventaja de un pobre bobo a su total merced. Al menos Kano le daba a elegir.

¿Verdad?

—Pones eso dentro de mí. Primero pruebas con un dedo, luego con dos. De…a poco. Sólo los dedos.

Friccionó levemente los brazos descubiertos de Konoha y recordó desnudarse por completo, arrojando su camisa al suelo y sus pantalones. Su ropa interior quedó encima de la del gigante, boxers negros sobre cortos blancos.

Se dio cuenta de que temblaba al colocarse con las piernas abiertas, mirando hacia el cabezal de su cama, dándole la espalda a Konoha, que pronto se inclinó a su lado, siguiendo sus instrucciones.

En el espejo de la habitación veía las formas de ambos. Parezco una chica, pensó. En realidad, Kido y él podían considerarse como quienes tienen los papeles cambiados. Él era pequeño y femenino. Más que ella.

Seto, al crecer y volverse corpulento, había tratado de corregir a Kano.

Es sólo que…cualquiera que te mira se da cuenta de eso.

¿De qué?

…De que te gustan los chicos.

Pocas veces se avergonzaba Kano. Pero…que fuese tan evidente lo que disfrutaba y mantenía en secreto, lo volvió loco. Comenzó a flirtear con cualquier chica que le pusieran delante. Fuera fea o tonta. Las seducía con violencia. Lo rechazaban para mirarlo de lejos con curiosidad y hambre. Las que lo conocían y las que no.

—¿No te da miedo?

Shuuya se mordió la lengua al hablar. Era como ahogar una carcajada para disimular el dolor, la molestia, de Konoha metiendo, concentrado, el primer dedo. Casi tan grande como el miembro de Kano.

—¿Miedo? —repitió Konoha, contra su hombro.

Se movía con mucha fuerza, a pesar de que sus impulsos podían parecer apáticos. Por orgullo, Kano no dijo nada, con el rostro enrojeciéndose y siguiendo con un ritmo leve los movimientos de penetración con su cadera, acentuando la sensación.

Si esto se siente así…

—No soy una chica, por si no lo has notado.

Volvieron a mirarse fijamente. Kano se mordía el labio inferior al sujetar la mano que Konoha placía sobre su cadera y desviarla hacia su pene, que comenzaba a latir de vuelta.

—¿Una…chica?

Con razón iba a clases de apoyo, pensó Kano, irritado, antes de dejar escapar un gemido. Konoha lo sujetó muy fuerte y comenzó a frotarlo con vigor, sin humedecerse en lubricante antes.

—Bueno…si alguien entrara ahora y nos viera sería un problema, ¿no crees? —soltó Shuuya, de repente, sin aire, pegando las palabras en un suspiro atolondrado. —Mete el otro…—antes de que terminara, el segundo dedo lo partía como un azadón.

—¿Un…problema?

Kano gimió. Con los ojos cerrados, sabía que Konoha lo observaba, esperando una explicación, respirando pausadamente contra su hombro. Se arqueó y dejó escapar un grito ahogado cuando el tercer dedo se introdujo.

—Vamos, ¿qué…dirías entonces? —Kano se humedeció los labios, acelerando el ritmo para que dejara de dolerle, encontrando un placer apretado en la presión de casi toda la mano dentro de sí. —¿Que yo te…gusto?

Shuuya abrió los ojos y giró, forzando a Konoha a que sacara sus dedos y se sentara en la cama. Sólo por si acaso, embadurnó más lubricante sobre el miembro. Todo eso para mí, pensó con cierta ansiedad, recorriendo la longitud, que se hacía un tanto interminable.

—Si.

Kano se obligó a proseguir. Aquella palabra lo había helado hasta la médula, exigiendo detenerse, cohibido por la emoción. Si sólo Seto tuviera esa madurez…

Bueno, eso era injusto, ¿no es cierto? Konoha no tenía la misma consciencia del mundo alrededor de ellos. No había sufrido prejuicios de ninguna clase. O en todo caso, le chupaban un huevo. Como a Kano. Por motivos distintos, quizá. Konoha carecía de los límites que da una socialización sana. O sea, la que no se da mientras que pasas ¾ de tu vida (menos de dos años, a decir verdad) en un frasco repleto de líquido amniótico artificial, en tanto te inyectan suplementos de toda clase, hasta que te vuelves un gigante con un corto circuito en el cerebro.

Un tierno corto circuito. Konoha se parecía a Seto, antes de que Kano y él crecieran, aprendiendo lo que es el miedo y la histeria de centrarse en lo que no es importante, a fin de evadir responsabilidades más graves.

Shuuya colocó sus muslos a lados de la cintura de Konoha, entrelazando sus piernas y bajó. El miembro era enorme y le penetración, lenta pero trabajosa, cortándole el aliento. Konoha lo abrazó. Casi no respiraba.

—¿Te gusta…esto?

Konoha asintió.

Kano llegó al final de la empuñadura. Era demasiado grande. Sus paredes se abrían para él. Pero decidió proseguir, de arriba hacia abajo, colmado, mordiéndose el labio.

—¿Y si quisieras…hacerlo seguido?

Era muy bueno. Sin duda, el cuerpo de Konoha había sido pensado con la idea de destruir edificios, asesinar enemigos, recorrer distancias interminables y aún siendo capaz de dar placer. Se ajustó a Kano sin desgarrarlo. El lubricante hacía lo suyo pero el miembro en sí mismo, era suave en su dureza y Kano lo cabalgó con una naturalidad sorprendente.

Por la cara de Konoha, debía estar en su centro, tanto como Kano o más. Debajo de su frialdad característica, se retorcía como un terremoto latente.

Kano saboreó un gemido de su boca cuando se apretó contra él. Era hermoso.

Sin dudas la serpiente lo querría de nuevo. Pero Kano nunca le dejaría poseer algo tan bello.

—Me casaría…con Kano.

Shuuya estaba sonrojado ya por las sensaciones. Pero escuchar eso desafió los ya subidos colores de su rostro. Volvió a besar a Konoha.

Así fue como empezó.