El fantasma de la ópera no me pertenece es del maravilloso Gastón Leroux yo solo escribo para entretenerles.

Y sin nada más que aclarar a leer.

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Por favor acepta mis sentimientos.

Se visualizaba un escenario tan desolador como el de mañana al ver tantos soldados caídos rondando por las calles, la cocina estaba hecha un desastre, embaturrado de una masusca café que goteaba de todas partes, lo más seguro es que la regañarían y su castigo seria el remodelar la cocina como estaba; lo valdría eso pensó al ver que su loco experimento funciono. Lo que tenía en común esas escenas era que mañana seria San Valentín así que mientras unos corrían para comprar aquello que les funcionaria para salir de la temible friend-zone; ella intentaba con sus posiciones y menjurjes crear un intento de chocolate comestible.

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Erik intentaba comprender que hacia esa cajita de color negro con un moñito en color rojo, justo ahí frente de el, miro a todos lados era de alguien más, corrección es de alguien más; pero su nombre escrito con letras grandes y rojas es más que obvio va para el, no sabe como es que acabo en esas historias japonesas que Ana veía siempre y que al volverse su amigo lo lleno de miles de referencias de estos.

"Por favor acepta mis sentimientos."

Si, era igual a esos animes donde lindas chicas menudas con ojos extremadamente gigantes y boquitas ridículamente pequeñas se le confesaban a patanes con complejo de príncipe o príncipes con complejo de patán, para mostrar su amor romanticursi y muy empalagoso o en todo caso no se logra confesar y termina en un capítulo muy chusco.

Tenía la cajita entre sus manos temiendo que sus temores fueran ciertos, la abrió lentamente, saboreando la expectativa que esto le generaba.

Y ahí todas acomodadas, las bolitas de chocolate casero se burlaban de su ingenuidad.

Suspiro cansado, ya era suficiente de esa broma; no podía verse a lado de alguien, que esa persona procura su bienestar y lo colmara de esos detalles tan tiernos y sumamente cursis, pero lo hacían estremecer, llenar su ser de cariño y enamorarlo hasta los huesos. Por que si ya se había enamorado de esa fantasmagórica figura de aquella persona que decía amarlo y en un momento por su mente cruzo la idea de Ana detrás de algún edificio poco transitado entregándole los chocolates mientras se inclinaba respetuosamente tal y como lo dicta la conducta nipona, y así mismo le pedía que aceptara sus sentimientos.

¡Joder!, ¡¿Qué mierdas estaba pensando?!, su corazón latía desesperado por la adrenalina que la escena tan intensa que proyectaba, ¡era solo su puta imaginación! Y estaba peor que colegiala enamorada, pero que irónico era un ¡puto colegial enamorado!, no podía ser, se revolvía con añico el cabello; no no no y no, no se podía enamorar así de su mejor, leal y única amiga que tenía, no podía echar a perder esa bella relación con sus sentimientos.

Eso era tan agotador y muy desesperante, realmente quería conocer, si es que todo era verdad, aquella persona y tratarla directamente pero el hecho de se mantuviera tras el velo del anonimato mermaba los deseos de conocerle, luego estaba ahí Ana con su manera tan divertida y muy dulce de tratarlo de quererle que era tan doloroso el sostenerse de ese amor y seguir deseando más aún a pesar de que Ana le daba amor a manos llenas y todo se iba a la mierda por que no se sentía merecedor, suficiente, importante y sobretodo especial como para ser amado de aquella manera tan pasional.

Sus pensamientos depresivos pararon ahí justo cuando entro al salón, gritando y con su escándalo que la acompañaba donde fuera, Ana tan energética como siempre; no podría ser ella seria demasiado obvia, no Ana no era esa persona.

-Tu acosadora o acosador- señalo los chocolates, hace unos días en que Ana se le metió en la cabeza que Raoul podría tener un amor unilateral y lleno de odio hacia el, nota mental prohibirle los mangas, fanfictions y cualquier tipo de arte que contenga amor dramático y homosexual a Ana, ya estaba enloqueciendo creando parejas en todos lados.

Su mala cara intento advertirle que estaba muy fastidiado cosa que si Ana noto lo mando al carajo, cuando le tomo el rostro y empezó a decir que se veía muy tierno todo enojado.

Tomo un chocolate y se lo comió, eso lo cabrío totalmente, ¿¡que le pasaba esos eran sus chocolates!?.

La mirada consternada de Ana le trajo a la realidad y se dio cuenta de su muy estúpido comportamiento.

Pero es que de esa única manera sabia amar, no sabia de que otra forma hacerlo; amaba tan posesiva y recelosamente de la misma forma que acababa de actuar con el que se comiera Ana el chocolate.

Era un idiota.

Salió del salón, estaba tan confundido, tan estresado, tan ansioso; en verdad esto lo consumía.

Sentado detrás de un edificio sintió como algo era colocado en su regazo. Abrió sus ojos, vio el pequeño paquete que contenía los endemoniados chocolates, tomo aire y se armo de valor para mirar a los ojos aquella única persona que le siguiera hasta el fin.

Su mirada dulce lo hizo sentir culpable.

-te gusta- esa sonrisa, deslumbrante lo cegaba.

-¿y…?- sentía la garganta seca.

-¡no lo negaste…!- lo señalo con dedo acusador mientras su irremediable y descarado escándalo, aquel que adoraba porque aliviaba su soledad.

Sonrió sin poder evitarlo -¿y…?- lo expreso más tranquilo.

-¿y…?- ahora insistía ella.

-no puedo- de inmediato aquel puchero molesto; era tan transparente -no puedo, yo soy posesivo, amo de una manera tan pasional y tan asfixiante que la dañare-.

-¿y…?- levantaba las cejas exigiéndole respuestas. ¿De qué? Solo ella se entendía. -así amas, es tu forma, es como eres tu y si te ama como dice, lo apreciara con tanto amor y tanto cariño que esta bien, tal cuál-.

Me abrace con fuerza a ella mientras lloraba ante las palabras tan lindas que le decía.

Suspiro más calmado y probo el chocolate, Primero muy dulce y cuando quito esa fina capa un sabor amargo lo envolvió, tan perfecto, de alguna manera, aunque no le conocía, sentía que los describía tan perfectamente.

Erik si recibió un chocolate como en esos mangas que Ana leía, detrás de un edificio poco transitado y con una escena muy romanticursi.

Erik ese día acepto aquellos sentimientos.

Erik no sabia la magnitud de su respuesta.

Extra:

-¡estas vivo!- la exclamación tan alegre que lo recibió a la entrada de la escuela lo sorprendió mucho.

-¿de qué hablas Ana?-.

-ya sabes, si muy lindo el detalle de parte de la chica pero no sabíamos si no tenía algo raro o algo a lo que fueras alérgico-.

Entorno los ojos en blanco, solo Ana podía hacer esos comentarios inesperados e indeseables.

-y aun pensado eso me los llevaste y me convenciste de comerlos-.

-¿¡qué!? ¡yo me comí el primero!-.

-¡y yo me comí toda la caja!-. Esa clase de peleas eran que hacían amarla.

-bueno pero estas bien y eso importa-.

-además de que fue un detalle más lindo que un chocolate medio mordido- amaba molestarla.

-¡fue para asegurar tu salud Erik!-.

-¡era un chocolate empaquetado Ana!-.

Ambos rieron y sin duda deseaban que durara así por siempre.

Notas finales:

Holi, bueno está historia era el especial de FEBRERO alguien le debió explicar a la escritora en fin para luego es tarde y nunca es tarde para nada así que aquí esta y nós leemos en unas semanas bye bye.

Perdonen los errores ortográficos.