Deshonor.

Los Wayne eran una familia disfuncional. La prensa, la élite y toda la maldita ciudad lo sabían, ellos lo sabían también. Su fama incluso manchaba la reputación que tenían entre la comunidad de héroes —¿Quién no estaba enterado del montón de vigilantes bajo la protección del murciélago? Si hasta había una página de chismorreo (exclusiva para villanos, por supuesto) con artículos sobre los últimos dramas que todos ellos montaban en las calles de Gotham; las publicaciones iban desde el Hijo del Demonio (Robin) y Nightwing haciendo el ridículo en Chinatown, a fotos de Batman y su manía de tener sexo con villanas en callejones oscuros

(Tim necesitaba eliminar aquellas imágenes de su cerebro.)

Así que Tim no estaba sorprendido al ver la cara de preocupación de Dick, la oscura aceptación de Bruce, el gesto ofendido de Jason, la indiferencia de Cass (en serio, ella debería dejar de ser indulgente con esa tanda de tontos), la mueca de superioridad de Damian y la (falsa) decepción de Steph. Ni siquiera a Alfred, en el fondo del salón, con su expresión solemne y casi risueña —Tim sabía que no era por la situación, que no podía culpar a Alfie de ser feliz con todos sus chicos en casa, sin importar la razón; pero lo hacía porque…

En fin. Después de un momento de consideración, de digerir y dejar que las palabras de Jason se fueran a ese lugar oscuro dentro de su pecho reservado para todas las veces que le llamaba "reemplazo", Tim decidió que lo más acorde era dejarles a todos saber su descontento. Gruñó. Fuerte y claro, echando atrás la cabeza y rodando los ojos de forma exagerada. Por supuesto que no tuvo efecto, porque nada podría detener otra tarde de Hacer que Timmy quiera morir otra vez. La actividad favorita de, al parecer, todos.

(Sí, también Steph. Tim se aseguró de enviarle una mirada que expresara lo herido que estaba por su traición.

Ella lo ignoró.)

Habría sido una lástima darse la vuelta y desperdiciar la comida, y por ello —no porque era masoquista y quería pasarla con su familia, no— se sentó también en el asiento vacío con un suspiro exagerado. Su plato le esperaba caliente, con una ensalada y algunas cosas sin nombre que reconoció como la comida favorita de Jason. Todos sabían bien que cualquier tema que quisieran tocar debía ser después de haberse llenado lo suficiente y dejado satisfecho a Alfred —lo que no era un reto para nadie porque Alfred cocinaba como los dioses y Tim apostaba que la mayoría no había comido nada hecho por el mayordomo en meses.

(Demasiadas tensiones corrían en la familia como para ser tiradas a la basura por un plato de comida.)


En cuanto todos hubieron terminado, Tim hizo el intento de escapar. Esta vez fue Steph quien habló, obvia burla en su voz.

—No, Tim. Ni lo intentes. ¡No trates de esconderlo, lo sabemos todo! Sabía que tu cara bonita y cabello de niña ocultaban algo horrible. —Steph dramatizó con voz lastimera, brazos extendidos y todo.

—Tim. —interrumpió Cass (¡Cass, de todas las personas!) y le lanzó su último pedazo de pepino a la cara. La rodaja se escurrió por el lado y su hermana pareció contenta con el castigo infligido, porque no volvió a hablar.

—Vamos, están haciendo un drama por una estupidez. ¡Qué pasa si prefiero otras cosas a las historias!

Dick le abrazó de repente, estirándose por encima de la mesa, con su expresión miserable de preocupación que nada hacía en Tim —no entonces, no después de tanto tiempo— como si el gusto de su pequeño hermanito fuese una enfermedad incurable.

—¡Oh, Timmy! No lo dices en serio, es la fiebre, es la fiebre. ¡Pero no debes decir nada, tenemos un plan, Timbo! —y entonces Dick se acercó a Jason y ambos tenían sonrisas gemelas, demasiado amigables para no ser peligrosas. Tim temió por su vida.

(No era un secreto que Jason era un amante de los libros, pese a parecer rudo y sacado del peor rincón de Gotham debido a su vocabulario. Tim podía verlo intentando asesinarle en la noche sólo por no compartir sus gustos.

Después de todo, no era difícil imaginarlo cuando había sucedido en el pasado, sin ninguna razón válida.)

Si esos dos tramaban algo, de seguro era terrible. Y él en verdad no se sentía en el modo de lidiar con todo lo que a sus cerebros se les pudiera ocurrir. No había pasado nunca antes —al menos no después de la muerte de Jason— y él estaba seguro de que no quería que pasara en, al menos, una eternidad.

La forma en la que Dick amplió su sonrisa y empezó a levantarse de la mesa, no hizo más que confirmar sus sospechas de que Jason ("Jay") y Dick habían unido fuerzas para hundirlo por completo esta vez. No que lo estuviera dudando —lo estaba—, pero tenía excusa porque no todos los días la familia de mejores detectives en el mundo estaba reunida, mucho menos por él. Estaba en todo su derecho de pensar que esto sería una broma de mal gusto para aliviar el ambiente antes de revelar una crissis.

—Por favor, por favor, muérete de nuevo. —dijo Tim y le pasó un billete de veinte a Jason mientras sus hermanos balbucean sobre comprar verdadera literatura en lugar de esos estúpidos libros sobre ciencia, cuyo único uso debería ser el de torturar almas inocentes.


908 palabras.

No recuerdo si revisé esto, así que lo lamento por los errores. Um, esto que estaba listo desde antes de publicar el fic, pero el internet es una perra que se cae todo el tiempo. Espero terminar de subir el resto antes de la fecha límite.

Gracias por leer, apreciaría mucho un comentario.