Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.
Muchísimas gracias por los reviews, son eccantador s! gracias por animarme a seguir. Aquí está el segundo Cap!
No dejé de correr hasta que llegué a casa. Cerré la puerta detrás de mí y cerré los ojos avergonzada. ¿Qué había hecho? Edward a estas alturas debía estar pensando lo peor de mí.
Secretamente, siempre había estado esperanzada con la idea de que, algún día, Edward Cullen se despertara y se fijara en mí. Pero en ese momento seguramente estaría preguntándose qué tío (o tíos) podría estar pensando tirarme esa noche. Me tapé la cara avergonzada. Ojalá Alice no me hubiera pedido que los comprara.
-¿Bella? – Charlie salió del salón frotándose los ojos con las dos manos. De nuevo se había quedado dormido a media tarde - ¿Estás bien?
Asentí rápidamente.
-Estaba con Alice de compras.
Me miró extrañado. Genial Bella, nadie se creería que tú hayas ido de compras por voluntad propia. Si pudiera, le pediría a Charlie que compara ropa para mí, de modo que me evitara un viaje nada productivo a Port Angeles.
-Vaya – Charlie miró la bolsa que aferraba con fuerza como si mi vida dependiera de ello - ¿Qué has comprado?
- ¡Nada! – grité demasiado alto. Me aclaré la garganta al momento – Quiero decir… ropa interior. Ya sabes, hay que ir renovándola.
Acerté de pleno. Charlie titubeó un poco y miró hacia otro lado incomodo, antes de anunciar su vuelta al salón en voz baja. Suspiré sonoramente. Una de las cosas buenas que tiene Charlie, es que no agobia demasiado con sus preguntas. Si fuera Renée, no hubiera parado hasta descubrir que había en esa bolsa. Y al hacerlo, habría chillado emocionada al ver que su hija empezada a tener vida sexual.
Cogí mi teléfono y sentí un repentino ataque infantil de llamar a Edward y contarle que los condones no eran para mí. Pero no era aquello lo que pretendía hacer. Mataría a Alice.
Hoy era viernes. Día del partido y día de la fiesta de los Cullen.
Salté de la cama antes de que sonara el maldito despertador y me vestí tan rápido como pude. Me puse mi chaqueta negra encima de la camisa y miré mi pelo. Hoy era viernes.
Cuando bajé las escaleras, Charlie bebía su café concentrado en las noticias. Sabía que no le emocionaba demasiado hablar a las ocho de la mañana, de forma que no dije nada. Desayuné en silencio repasando las posibles opciones para no ir al colegio hoy. El hielo había desaparecido, de forma que no era opción. Ni siquiera llovía ese día.
Gemí cuando escuché el claxon del coche de Alice. Miré a mi padre una última vez para ver si él me daba un incentivo. Me sonrió.
-Que tengas buen día Bella – suspiré y le sonreí tristemente a cambio. Cogí mi mochila y abrí la puerta - ¡Bella! – me giré esperanzada hacia él – Ten cuidado.
- Claro, papá.
Me subí al coche de Alice de mala gana y la miré. La gran sonrisa de su rostro me dijo que no necesitaba preguntar, pues ella misma empezaría a contármelo todo antes de que yo pudiera decir nada. Por lo visto Jasper sí tenía pensado hacer cosas sucias con Alice el día anterior. Había alquilado una habitación en un pequeño hotel de Port Angeles y había decorado todo con margaritas, la flor favorita de Alice. Y por supuesto, ya llevaba protección encima.
Mi querida amiga insistió en que yo me quedase con todos, puesto que era yo quien los había comprado. Me quise oponer justificando que yo no iba a necesitarlos, pero con Alice todo es siempre una batalla ganada. De modo que allí estaban, escondidos en mi mochila para que Charlie no los encontrara en el caso de que hiciera un viaje inaudito a mi habitación.
-Sigo sin entender porque tengo que quedarme con ellos, Alice – me quejé - ¿Es que no te das cuenta de que pueden caducarse antes de que yo los use?
-¿Caducarse, Bella? – Alice soltó una risita – No sabes lo que dices. Además, algo me dice que los necesitaras pronto. ¡No digas nada más! – Gritó cuando yo abrí de nuevo la boca – Hoy vas a ponerte mi camiseta del equipo para animar a Edward. Y, por supuesto, cuando acabe vendrás a mi casa y jugaras un poco conmigo a ser la muñeca Bella, ¿sí?
-De acuerdo – asentí, muy acostumbrada a no ganar nunca con Alice una discusión.
-Bella, no estés mal por lo de mi hermano. Créeme cuando te digo que no habrá pensado nada malo sobre ti. Al fin y al cabo, el sexo es lo mas natural del mundo. Y vosotros dos deseáis tanto tener sexo con el otro que algún día explotareis. Créeme – volvió a decir, sacudiendo la cabeza – no es bueno.
Rodé los ojos. Edward queriendo tener sexo conmigo…. Ni en sueños. Bueno, en realidad prácticamente cada noche, Edward quería tener sexo conmigo en mis sueños.
Dejé a Alice cuando me dirigí a mi clase de francés. Necesité toda la paciencia del mundo para volver a decirle tres veces más a Michael Newton que no iría de su mano a la fiesta de los Cullen. Hablando de ellos, supe que Edward entró en el aula cuando Tanya soltó un gritito emocionada y corrió hacia la puerta. Reprimí mis ganas de voltearme y me senté al final del aula, junto a Ángela.
-¿Alguien se ha despertado con el pie izquierdo? – sonrió.
-Yo tengo dos pies izquierdos – suspiré. Vi al profesor entrar y solo entonces me permití echar una mirada furtiva hacia la tercera fila, cerca de la ventana. Solo bastó ese segundo para notar que mi corazón se aceleraba.
Había esquivado a Edward desde hacía día y medio. Teniendo en cuenta que compartíamos más de la mitad de las clases, no fue una tarea fácil. Sentía de vez en cuando que me miraba, pero yo era demasiado cobarde para mirarle de vuelta. Sabía que no diría nada de lo que vio, pero no por ello dejé de sentirme avergonzada. Su opinión respecto a mí, de todas las opiniones que las personas de aquel maldito instituto podían tener, era la que más me importaba.
Y ahí estaba, tan perfecto como siempre. Para mi regocijo estaba ignorando a Tanya, que se había sentado delante de él para hacerse notar, consiguiendo varias veces que el profesor le llamara la atención. Observé como Edward miraba por la ventana durante la mayor parte de la clase. Fruncí el ceño ante lo raro que era aquello.
-Bella – me llamó Ángela en un susurró – deberías dejar de ser tan obvia.
Me sonrojé y la miré avergonzada antes de mirar hacia adelante. Solo, poco antes de que sonara el timbre, me permití mirar de nuevo a Edward. Mi sorpresa fue al encontrarme con su mirada. Estaba girado sobre si mismo y miraba fijamente hacia mi dirección.
Tragué en seco antes de fijar mi mirada en los apuntes que tenía delante de mí. Sentí su mirada durante los últimos minutos de la lección, antes de recoger rápidamente mis cosas cuando el timbre sonó.
-¿Bella?
Su voz aterciopelada se alzó de todas las demás. Me giré despacio, prácticamente temblando. ¿Iba a decirme algo sobre lo del otro día? No creía que pudiera soportar la vergüenza que estaba recorriendo mi cuerpo cuando encontré su mirada.
-¿Podemos hablar? – preguntó. Me quedé mirando fijamente sus labios cuando habló. El deseo se apoderó de mí con solo aquel movimiento. Si solo pudiera tocarlos un segundo…
-¿Qué?- pregunté estúpidamente. Él me miró confuso y yo carraspeé – Quiero decir que… Bueno llego tarde. A clase. Tengo clase de Álgebra y si no me apresuro llegaré tarde y ya sabes cómo es esa profesora. Hablamos luego, ¿sí?
Antes de que pudiera decir algo, volví a huir como una cobarde. ¿Es que tendría que huir de él durante el resto de mi vida? Ni siquiera estaba segura de cuánto más iba a poder controlarme sin lanzarme a sus labios y suplicarle que me creyera cuando le decía que no eran para mi aquellos malditos condones que me habían hecho quedar como una promiscua sin novio.
Entré en el lavabo de chicas y me miré al espejo. Estaba sonrojada de correr y una pequeña capa de sudor se había instalado en mi frente. Aunque sabía que aquel sonrojo no solamente era por haber corrido. La mirada de Edward sobre mí me había hecho sentir excitada, y lo sabía. Una vez escuché a Lauren comentarle a Tanya lo mucho que le ponía la mirada de Edward. Ahora entendía a qué se refería. Me agaché a mojarme la cara y cuando levanté mi rostro dejé escapar un grito.
-¡Dios mío! – me llevé una mano al corazón. Me giré bruscamente – ¿E-Edward?
-Creía que tenías clase, Bella – dijo, apoyándose en la pared. De nuevo esa mirada. Sentí mi cuerpo estremecerse y noté algo palpitante en mi bajo vientre. Madre mía, ese hombre sería mi perdición- ¿Me has mentido?
-Yo… lo siento. Necesitaba…- tartamudeé fijando mi mirada en el suelo.
-Estás evitándome Bella – sentenció, y yo lo miré sorprendida- Y eso me mata. No sé qué he hecho para que hagas esto, pero sé que tiene que ver con lo que pasó hace dos días. ¿No es así?- Asentí nuevamente avergonzada y me apoyé bruscamente en el lavamanos, necesitando sostenerme a alguna cosa al notar mis piernas flaquear - ¿Necesitas decirme algo?
Inspiré fuertemente intentando elaborar una respuesta lógica a su pregunta. Negué dubitativamente.
-Entonces… ¿No quieres…? – empezó, pero unas risas en la puerta del lavabo lo detuvieron. Me miró alarmado y reacciono más rápido que yo. Cogió mi mano y tiró de ella hacia uno de los cubículos, cerrando la puerta detrás de nosotros.
Lo miré aterrada. Estábamos encerrados en dos metros cuadrados. Yo. Con Edward Cullen. El dueño de mis mayores sueños húmedos y el hombre del que había estado enamorada des de que llegué a aquí y lo vi por primera vez mordiendo una manzana de la manera más sexy que alguien puede imaginar.
Edward me miró intensamente y llevó una mano a sus labios, haciéndome señas para que no hiciera ningún ruido. Las dos chicas entraron y se pusieron hablar de que yo que coño sé. Jadeé. El cuerpo de Edward se rozó contra el mío. Dios mío, esto era demasiado excitante.
Alargué una mano sin poder evitarlo hacia su antebrazo descubierto, acariciándolo sin dejar de mirarle a los ojos. Edward sonrió ligeramente haciendo que yo me calentara aún más y se acercó a mí tentativamente.
Escuché como las chicas abandonaban el baño, pero Edward no se movió. Siguió acercándose a mí y lo que pasó a continuación, ni siquiera Alice podría haberlo predicho.
-No me importa - susurró – Lo que hicieras con esos condones. Qué diablos, me importa muchísimo. Pero no ahora. Solo dime que me dejas besarte porque joder, llevo deseando hacerlo desde hace demasiado tiempo.
Jadeé sonrojada. Edward quería besarme a mí.
Asentí rápidamente y fui yo la que me lancé a sus labios con ganas. Agarré con fuerza su cuello y él me atrajo con sus manos en mi cintura. Moví mis labios sobre los suyos furiosamente y él se abrió paso con su lengua. Gemí cuando la noté y me acerqué más a él. Fue en ese momento cuando sentí una dureza en mi bajo vientre.
Edward estaba excitado. Yo le había hecho eso. Sentí como mi orgullo se elevaba por los cielos y eso hizo que diera mi siguiente paso. Bajé mi mano y levanté su camiseta, acariciando todo a mi paso. Edward gruñó y puso sus dos manos en mi trasero, levantándome. Me apoyó contra la pared y recargó mi peso allí. Dejo mi boca y empezó a dejar besos húmedos por todo mi cuello. Cerré los ojos totalmente entregada al placer y suspiré.
-Dios…. Edward…
Él soltó una risita y empezó a juguetear con el borde de mi camiseta, antes de introducir sus manos y acercarlas a mis pechos. Sentí como pasó lentamente por encima del sujetador, como dándome la posibilidad de parar.
Joder, ¿quién iba a querer parar? Ni siquiera sentía mi ropa interior de lo mojada que estaba. Sabía que tenía que parar, pero no iba a ser yo la que hiciera algo.
Llevé mis manos a su erección y el jadeó sorprendido. Mordí su labio sonriendo y acaricié aquel endemoniadamente grande bulto. No es que yo tuviera experiencia pero vamos, nadie podría decir que aquello era normal. Sentí como mi pezón se endureció ante su tacto y volví a gemir. ¡Esto era el puto cielo!
Pero justo cuando Edward estaba subiendo mi camiseta tortuosamente lento, la campana que indicaba el tiempo de almuerzo sonó. Los dos nos miramos horrorizados. El baño se llenaría de chicas en cuestión de segundos.
-Mierda, Bella… - gimió, dejando caer su cabeza sobre mi hombro. Quise llorar. Quité mi mano de aquel perfecto lugar y bajé mi camiseta, sonrojada. El timbre me había devuelto a la realidad. Edward me miró fijamente y frunció los labios – Bella… esta noche. No olvides que no importa lo que pasó el otro día. No vuelvas a huir de mí. Si lo haces, tendré que castigarte por ello.
Solté un sonido sorprendida. Dios, Edward castígame. Ahogué un gemido de frustración y miré sus labios hinchados. Quise volverlos a probar, quise volver a lamerlos. Pero sabía que entonces volveríamos al punto en que nos encontrábamos hacia un minuto.
Edward abrió la puerta y ambos salimos. Me miró de arriba abajo una vez y cuando llegó de nuevo a mi rostro, sonrió torcidamente, haciéndome que mi corazón de acelerase de nuevo.
-Te veo esta noche – recordó, regalándome una última sonrisa. Se marchó a los dos segundos y yo me giré, apoyándome en la pared. Miré mi reflejo en el espejo.
Mi pelo estaba revuelto, como mi ropa. Tenía la camiseta más arrugada que nunca, y sabía que Alice se iba a fijar. Mis mejillas estaban sonrojadas como nunca y mis ojos brillaban. Pero sobretodo, no pude pasar por alto la enorme sonrisa que tenía en mi rostro.
Yo, Bella Swan, acababa de enrollarme con Edward Cullen.
Aquí segundo cap! Sé quetenia pensado hacer un two-shot, pero me parece que la historia tendrá tres. No creo que llegue a cuatro, sería estender demasiado uan historia que debía ser corta y para eso fue pensada.
Espero que os guste y que me lo dejéis saber en vuestros reviews.
Besitos!
