Atrapado
Remus se quedó todo el día en su habitación. Había decidido que iría a averiguar quiénes eran los vampiros que estaban a la orden de Voldemort, camuflado como un licántropo a las órdenes de Fenrir Greyback. No sería tan difícil, tomando en cuenta que al ser transformado por el maldito, también llevaba su aroma. Por lo menos para que los demás licántropos a las órdenes del Lord no lo notaran.
Había decidido no decirle nada a Harry, para que este no tratara de detenerlo.
Como licántropo, tenía habilidades que un humano normal no tenía y una de ellas era la de desenvolverse naturalmente en la oscuridad, como si de otra alma de la noche se tratara.
Sintió que golpeaban la puerta y el aroma en el aire le indicó enseguida de quien se trataba. Abrió la puerta y dejó que el hombre entrara antes de volver a cerrarla.
-¿Te piensas marchar? -preguntó al ver la mochila sobre la cama, con algunas prendas en su interior. No le ha dicho a Harry.
-Sé lo que piensas y te aseguro que no haré nada demasiado estúpido.
-No se trata de eso, Lupin, pero si es lo que imagino, pretendes tirarte a la boca del lobo en cuestión de horas.
-Severus, tú sólo preocúpate porque mi cachorro no se percate de mi salida, en lo que tardo en volver.
-Si es que logras volver -—suspiró y se dejó caer en la cama-, sabes perfectamente que hay tantas posibilidades de que vuelvas como de que no.
-Lo sé, pero es un riesgo que quiero correr -se agachó para quedar a la altura del hombre-. Severus, yo veo como se pone Harry cada vez que sabe que tú vas a una nueva reunión con Voldemort y veo como ruega a no sé quién para que no te pase nada. Harry se moriría si algo te llega a pasar.
-Lo mismo que si te llega a pasar a ti y de paso me mata por haberlo permitido.
-No te preocupes tanto, te prometo que me cuidaré y que estaré de vuelta antes de que Harry lo note -se quedaron unos minutos en silencio y Remus terminó por ponerse de pie y tomar su bolso-. Necesito que me des el lugar exacto en donde se encuentra la guarida.
-No, eso sí que no lo haré -se puso de pie y tomó al licántropo por un brazo-. Sabes que darte la dirección sería lo mismo que entregarte vivo y eso no puedo hacerlo.
-Entonces me demoraré más; tendré que averiguarlo por mis propios medios y eso me quitará tiempo valioso -lo miró fijamente a los ojos-. Por favor, Severus, sólo dame el lugar y todo estará listo.
El hombre se removió incómodo. Sentía que estaba traicionando a su pareja al hacer algo así, pero el castaño tenía razón. Si no le daba la ubicación se demoraría más y Harry podría notar su ausencia.
-Ésta bien, pero cuídate.
-Lo haré.
Cerca de las una de la madrugada, Remus dejó la mansión para dirigirse al lugar que le había indicado Snape. Era consciente de que los peligros que le aguardaban sólo daban como resultado el que terminara muerto a manos del enemigo, pero sabía que Harry no soportaría una noche más, sabiendo que Severus se exponía a que Voldemort descubriera su traición y terminara asesinándolo.
Caminó por cerca de cuatro horas y vio que estaba a unas dos horas de llegar a su destino, por lo que se detuvo en un claro a descansar. No era conveniente que entrara al lugar siendo de día, por lo que se dispuso a comer algo en lo que descansaba y luego se acomodó entre unos arbustos para poder reponer las horas de desvelo.
En la mansión Black reinaba el silencio. Aun nadie se había percatado de la falta de Remus, sólo Severus que sabía exactamente donde se encontraba. Había pensado llevarse a Harry a Hogwarts por el día para que no tratara de comunicarse con Remus y así le daba un poco más de tiempo para que completara su misión personal.
Harry despertó cerca de las nueve de la mañana y se fue directamente a dar una ducha para luego bajar junto a su pareja y tomar desayuno.
Severus notaba que Harry se comportaba raro, sabía que la falta de Remus era palpable en el aire y se ofreció voluntariamente para ir a buscar al hombre. Claro está que sólo lo hacía para distraer la atención de su amante.
-¿Qué dijo? -preguntó Harry, en cuanto lo vio llegar sin Remus.
-Dijo que ya comió algo temprano y que ahora sólo quiere dormir un poco más y descansar.
-Me preocupa que se comporte así. Sé que la muerte de Sirius lo afectó, pero a mí me afecta verlo así.
-Lo sé -se acercó y lo abrazó fuertemente, maldiciéndose el tener que mentirle con tanta soltura de cuerpo-, pero te propongo algo. Vamos a Hogwarts a hablar con Dumbledore, a ver qué podemos hacer con Remus y así te despejas un poco.
-No sé si sea conveniente dejar a Remus solo.
-No te preocupes. Él no saldrá de aquí y así estará más tranquilo al saber que nadie está encima de él preguntándole a cada rato si está bien.
-¡Ey! Yo no hago eso.
-Si lo haces, Harry, y eso a la larga molestara más a Lupin.
Harry miró a su pareja y asintió. Lo mejor sería dejar a Remus solo por un día, para que arreglara sus ideas y se enfocara en la lucha que estaba pronta a empezar.
La tarde pasó como un soplo para Remus, que se dedicó a descansar y dormir la mayor parte del día. Siempre estando atento de que no lo fueran a descubrir. Cerca de las siete de la tarde empezó de nuevo su caminar. Ya para las nueve el inmenso castillo de Voldemort se mostró ante él.
El lugar en si daba la impresión de ser un fuerte altamente protegido, pero estaba seguro de las entradas ocultas que le había mencionado Severus.
Se puso una capucha negra y se adentró en los matorrales hasta llegar a una puerta de madera muy mal cuidada y que daba directamente a las mazmorras del lugar. Caminó por cerca de media hora hasta que sintió piso firme y se dio cuenta que estaba en uno de los pasillos principales.
Una fuerte onda de energía le impidió seguir caminando y trató de retroceder cuando un hombre se acercó a él acompañado de otras dos personas. Un hombre de mediana edad y una hermosa mujer. Sus instintos le decían que debía huir lo más rápido posible, pero parecía estar clavado al piso.
-¿Quién es, Marcus? -preguntó la mujer con voz potente, que le dio la impresión de eco en todo el lugar.
-No lo sé, Amelia, debe ser uno de esos asquerosos perros de Greyback.
-No te equivocas, Marcus. Lo más probable es que sea uno de sus animales.
Remus estaba congelado en su lugar, ni siquiera era capaz de elevar la mirada para ver bien los rostros de esas personas, sólo recordó muy bien sus nombres.
Eran las personas que estaba buscando.
-¡Tú! -lo llamó el que parecía ser el líder-¿Dónde está tu amo?
Remus no estaba muy seguro de contestar, pero si no lo hacía quizás sería para peor.
-En el salón principal, señor.
-Vaya, parece que este animal tiene un poco de modales -se carcajeó la mujer-, Víktor, quizás sea nuevo.
-No te dejes sorprender.
El hombre pasó por el lado de Remus y le dio una mirada de soslayo, para luego seguir de largo, seguido por los otros dos.
Remus sintió como sus pulmones se volvían a llenar de aire, pero sólo fue cosa de segundos, porque una nueva presencia lo alertó y está definitivamente no le gustó.
-Tanto tiempo sin verte, Remus.
El castaño abrió los ojos y dio un paso hacia atrás instintivamente. Frente a él se encontraba nada más ni nada menos que Fenrir Greyback.
Continuará…
