Hitomi examinó su reloj, era seguro que Yukari tardaría en salir de la junta estudiantil.

"Tendré que esperarla"

Suspiró.

Como renunció al club de atletismo, ya no era necesario quedarse y salir tarde del colegio por los entrenamientos. Ahora tenía mucho tiempo libre, pero... no había mucho que hacer después de todo. De igual modo, ese día saldría tarde a petición de Yukari.

"Veré la forma de perder el tiempo, creo... que me hará bien tomar aire fresco"

Tomó su mochila y salió del salón.

Mientras caminaba por el corredor, se enfocó en lo sucedido aquella mañana conjeturando sus suposiciones. Si ella podía ver, indicaba que aún había un vínculo, ¿las realidades de ambos mundos se estarían cruzando? ¿Pero quién era esta vez el canal?

Obstruida por las dudas, buscando sus aseveraciones, no se fijó en el camino y sin querer chocó contra alguien tan abruptamente que la tiró al suelo.

- ¡Oh! Lo siento no me…

- Primero debieras fijarte por dónde vas - La cortó una voz fría.

Sin haber recuperado la estabilidad, lo voltió a ver por su falta de cortesía, pero él, (porque oyó a un chico) ya se había ido.

- ¡Y ni siquiera me dio tiempo de responderle! - Se expresó molesta Hitomi -. Sé que tuve la culpa, pero tampoco mi disculpa la acepto. Como mínimo me debió haber ayudado a recoger mis cosas, después de todo el hizo la otra mitad del trabajo, ¡me tiró al suelo!

Inmediatamente dos chicos del salón contiguo que habían visto el percance se acercaron para ayudarla.

- ¿Te encuentras bien? - Le preguntó el más alto.

- Sí, estoy bien- Se apresuró a decir Hitomi-, solo tengo que recoger mis cosas.

- Deja que te ayudemos - Se agacho el otro compañero para tomar las plumas que rodaron.

- Vaya tipo… - Comenzó a decir con desdén el alto mientras ayudaba a Hitomi a levantarse.

- ¿Lo conocen?

- No en realidad, pero todo mundo sabe que es muy problemático.

- Si, de hecho tuviste suerte, pensé que te soltaría un puñetazo como lo vimos hacer el otro día con Matzuda que también accidentalmente tropezó con él. - Aportó el de lentes con mofa.

- No seas idiota, jamás se hubiera atrevido a golpear una chica tan bonita como ella - Aclaró el alto -. Lo hubiéramos matado seguro todos los chicos del colegio.

Hitomi no pudo evitar sonrojarse ante el comentario.

- Tienes razón. ¿Después de todo a quién le cae bien ese tipo tan antipático? - Se burló su compañero, echando al portafolio de Hitomi las plumas.

- ¿Te llamas Hitomi no es así? - Continuó el alto, entregándole las cosas que él recogió.

- Eeh si

- Bueno, procura alejarte de ese tal Ren.

- ¿Se llama Ren?

- Ren Tsuchiya, - Completó su amigo

- El normalmente anda solo y no le gusta aliarse con nadie, pero es mejor evitarlo cuando lo veas.

- Lo tendré en cuenta, gracias por ayudarme- Les sonrió Hitomi

- No hay problema, puedes pagarme saliendo conmigo - Coqueteo el chico de lentes.

- No le hagas caso a este imbécil - Señalo el muchacho alto, empinándole un puñetazo en la cabeza a su compañero -. Fue un placer ayudarte.

Se despidieron y se alejaron alegremente hacia su respectivo salón, propinándose golpes el uno al otro.

Divertida, Hitomi se marchó olvidando ya el asunto. Salió por una de las puertas traseras del edificio y se dirigió a los cuartos de limpieza. Una vez ahí los rodeo y subió por unas escaleras que llegaban directo a los depósitos de agua en el techo. Normalmente nadie frecuentaba ese lugar, porque también se usaba como almacenamiento de todos los pupitres desgastados o inservibles entre otros inmuebles que le estorbaban al colegio. Para Hitomi, era agradable estar ahí, ya que se encontraba lejos del murmullo del ritmo estudiantil, además de ser un excelente lugar para observar el cielo o tomar una siesta sin ser molestado.

Subió los enormes tambos de agua por medio de una escalinata que ocultaba siempre debajo de unos tubos y ahí se recostó como anteriores veces bajo la sombra de la pared, buscando en el cielo un mundo místico.

El cansancio le estaba ganando y no tardó mucho en quedarse dormida para profundizar en la pesadilla que se estaba maquinando.

La oscuridad pronto la envolvió y unos instantes después se halló caminando descalza en un suelo áspero y rodeado de neblina, avanzando sin rumbo entre lo que le pareció la nada.

- ¿Qué es este lugar…? -Se preguntó observando su entorno inanimado, sin poder detectar sonido alguno en el.

Nunca lo había visto o recordaba estar en él anteriormente, pero era inexplicablemente familiar a ella.

- Es como… si este lugar fuera una parte de mí...

Sin previo aviso el piso comenzó a hundirse bajo sus pies provocando que perdiera el equilibrio y cayera de pronto a un suelo arenoso. Se incorporó confundida al cambio y observó el repentino disipa miento de la neblina, revelando un desierto ante ella.

Su rostro fue azotado al momento por las ventiscas, obligándola a cerrar casi por completo los ojos. Buscó abrirse paso contra el viento, cubriéndose con los brazos frente a ella.

Dado que era un desierto, le pareció extraño embarrarse de algo húmedo en el pie mientras andaba. Voltió a ver su planta y se horrorizó al descubrir que era sangre. Buscó a su alrededor y halló charcos que se distribuían en pasos a lo lejos. Los siguió con la mirada y dio con un hombre a la distancia, que al parecer se encontraba muy malherido.

Caminaba dando traspiés y cargaba dos enormes bultos de piel que aferraba firmemente en sus costados.

- ¡Oiga! _ Le gritó corriendo para alcanzarlo, mientras veía alarmantemente la sangre que se acumulaba en la arena.

Cuando logro llegar dificultosamente hasta él, estiró el brazo para tocarlo y se espantó al ver su mano traspasarlo como agua. Inmediatamente la retiró del cuerpo. El agujero que espontáneamente le hizo Hitomi en su hombro, desapareció rellenándose al instante.

- ¿Una ilusión?- Se preguntó asombrada.

¿Pero cómo era posible que sintiera su cuerpo cálido a pesar del estado líquido?

Sin haberla percatado aún, el enorme sujeto siguió con su tortuoso camino. Tenía innumerables llagas y heridas abiertas por todo su cuerpo, entre ellos una pierna rota con el fémur de fuera y totalmente desubicado de su estructura ósea. Aun cuando se hubiera amarado un palo para poderse sostener ¡Era increíble que tuviera el valor de seguir andando! Seguramente estaba sufriendo un dolor indescriptible.

Hitomi siguió intentando comunicarse con él, pero sus esfuerzos eran inútiles. Era gritar a oídos sordos.

Pensaba desesperada, viéndolo agonizar a su lado mientras tropezaba con los montículos de arena que se le atravesaban.

- ¡Ah…! _ Hitomi se detuvo en seco - La arena… ¡Eso es!

Tomó un puñado del suelo y se lo arrojó al hombre para comprobar su teoría. Esta se estampó secamente por la espalda del hombre y se deslizó por sus ropas junto con la sangre a sus pies.

- ¡Si hay contacto!

"Eso quiere decir que después de todo si estoy presente, pero no igual que él…"

Analizó, buscando a la vez la manera para que la detectara.

Como su sentido del tacto estaba totalmente atrofiado por el dolor, el hombre no paró ni siquiera cuando Hitomi le arrojó un guijarro a la cabeza (lamentando esa acción), debido a que la arena no le ayudo mucho para hacerlo desistir.

Sintiendo una enorme impotencia, lo observó. Estaba muriendo frente a sus ojos y sin nadie a quién pedirle ayuda, ¿Acaso no podía hacer nada?

- ¡Basta! ¡No siga por favor, morirá! – Insistió Hitomi con lágrimas en los ojos.

Para su enorme sorpresa, en ese momento, lo vio titubear. ¡Por primera vez el hombre pareció sentir algo delante de él y se detuvo! Su cuerpo agónico inmediatamente aprovecho aquella oportunidad y se dejó caer pesadamente en la arena.

Sin poder creerlo aún y sin poder más que hacer por él, Hitomi se arrodilló a su lado en silencio.

- Etherr..rio ban… anclus..quest dinade..dell.. t to..vogt…getiero… .

- No comprendo que quiere decirme… _ El había fijado su vista en Hitomi sorpresivamente, pero ella desconocía si realmente se estaba dirigiendo a ella…

- ¡Ratthen…! ¡Ra,rathen… qu quelos… beltrole..con…Fa…nel…!

- Yo… yo lo siento, no puedo entenderle… _ Sollozó Hitomi

- Bel…tro fa…nel… Sus ojos se apagaron lentamente y su respiración término por sucumbir sus últimas palabras. Había muerto al fin. Los bultos debajo de sus brazos comenzaron a desaparecer inesperadamente frente a los ojos de Hitomi revelando sus costados, completamente carcomidos. ¡Estaba siendo devorado vivo por algo que estaba dentro de aquellas pieles!