Disclaimer: Nada me pertenece, excepto ideas.


Tenía tantos años sin celebrar su cumpleaños. Pero ese era el más importante, el último de ellos. ¿Qué se suponía que debía hacer, ahora que iba a morir? ¿Qué debía sentir justo ahora, que todo se iba a perder por una varita? Tenía que enfrentarlo, tenía que entender que iban a ser sus últimas horas, pisando aquel suelo. Que iban a ser sus últimas horas, sintiendo ese metálico y añejo whiskey de fuego.

"Tenía que entenderlo"

Y su mente se rehusaba a sentirse bien con ello, a dejarle el mundo a aquellos asquerosos hombres y mujeres. A aquellos imbéciles que solo...¿Estaba sintiendo acaso, miedo de irse? Suspiró y apuró el cuarto trago. Ya estaba por morir. Realmente no importaba si moría también de cirrósis o alguna de esas enfermedades que le daban a los muggles, por ebrios. Lo que importaba, era lo que iba a suceder a partir de ese momento.

"Tenía que irse"

Sin embargo, algo podía cambiar en ese instante. ¿Por qué no, un poco de compañía? ¿Por qué estaba sintiendo eso? ¿Sería a caso, por todo eso que estaba consumiendo o por que era ser humano también y aunque quería negarlo, tenía debilidades?

- Se acabó entonces- su voz sonaba áspera, ácida por el licor. Su voz apenas se escuchaba en esa inmensidad. ¿A quién le importaría lo que estaba diciendo? Las paredes oían, pero no las suyas. Por allí podría gritar y morir, y eso no le importaría a nadie. ¿A quién sí? Lamentándose como un imbécil, por todo lo que no hizo y dejó de hacer, por propia cobardía. ¿Qué más podía sentir?

- Feliz cumpleaños...

Miraba a su alrededor y sonreía con sarcasmo, al notar todo lo que había conseguido en todos sus años de adepto. Bueno, al menos estaba protegido bajo las faldas de Dumbledore. Por que ni su propia protección podía ganarse. Era un asco, una escoria sin futuro. Sí, eso era.

Mientras meditaba, una curiosa carta, entraba por su ventana. Una lechuza perlada, feliz, ululaba para que le prestara atención. La echó de su escritorio, con un movimiento de su brazo y su bebida, osciló peligrosamente en su mano. La lechuza se posó en una repisa alta. Sí, ya estaba ebrio...O ligeramente ebrio.

- ¿Qué carajo quieres?- preguntó y la lechuza soltó un chillido, mirándole con sus enormes y amarillentos ojos.

Miró la carta sobre la mesa y trató de serenarse. Bueno, seguramente era otra estúpida orden. Es que ni siquiera por que iba a morirse, lo dejaban en paz. Miró el sobre, sin ningún remitente y luego, lo abrió con rápidez. Había un pequeño trozo de pergamino.

"Feliz cumpleaños, profesor Snape. Le envío esto para que sepa, que no está solo"

La lechuza ululó contenta y soltó el paquete sobre la mesa. Era un libro, un libro que no iba a leer, puesto que iba a morir. Miró el pergamino con aprehensión. ¿De qué se trataba ese juego inútil? Sacó su varita y señaló el pergamino, con rabia. ¡Revélate! le gritó, pero no le dijo nada. No conocía a la persona que lo había hecho.

- ¿Cómo que no estoy "solo"?- dijo y miró a su alrededor- ¿Es que me persigue un fantasma escritor?

"Jamás estará solo de nuevo" "Prometo que cuidaré de usted"

- Cómo si yo fuese una anciana, que necesita cuidado- bramó, mirando el pedazo de pergamino. Los soltó a ambos, al pergamino y al libro, sobre la mesa y los contempló con enojo. ¡No era gracioso!

Continuó bebiendo y pasó largo rato mirándolos. ¿Y si...? No, nadie estaba interesado en él y era mejor no pensar en eso. Siguió bebiendo, hasta que sus sentidos no dieron más fuerzas para mantenerse. Miró el libro y se preguntó si realmente, había alguien interesado en protegerlo. ¿Por qué iba a estarlo?

- Tonterías...¡Es un espía! ¡Un maldito que quiere joder mi vida!

Pero las cartas no dejaron de llegar. Cuando no fue a clases, por que sabía que iba a morir, por que sentía que ya no tenía sentido. Ella llegó con su respuesta. Ella le dijo que aunque intentara mentirle, ella se quedaría a su lado. ¿Por qué la carta tenía vida y se autorespondía? Eso no podía ser cierto, ella seguro era un truco de los gemelos Weasleys. No, era cierto que ellos ya no estaban estudiando allí. ¿De quién era esa carta?

"Al menos, ¿me dirás quién eres?"

"No creo que pueda. Si lo hiciera ¿Dónde estaría la magia? Además, seguramente, usted hasta dejaría de responderme"

Eso hacía que desconfiara y el pergamino lo sabía. Pero de todas formas, ya no le importaba demasiado. Ya estaba familiarizado con mirarlas en su escritorio. Con sentirse apreciado y "protegido". Aunque de todas formas iba a morirse.

"Gracias, de todas maneras".

Y fue la última carta que respondió.