Los personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi.

Ira.

Se sentó al pie de la escalera como era su rutina desde hacía un tiempo, abrió su libro donde lo había dejado la noche anterior, ya casi finalizaba esa novela tan intrigante y misteriosa que la había cautivado por completo. El sonido de la lluvia era muy relajante, y daba el complemento perfecto a su lectura, realmente esa sería una tarde agradable, y más aún sabiendo que ese día cada vez estaba más cerca… el día en que él regresaría.

Aún recordaba con claridad cuando se marchó, esa mañana había despertado algo agitada, seguramente por alguna pesadilla que no recordaba. Al salir de su habitación casi chocó con él, llevaba su mochila de viaje, y la observaba con cara de haber sido descubierto. El muy tonto planeaba irse sin avisarle, y cuando ella le preguntó a donde iba, él sólo respondió con burlas ganándose un fuerte puñetazo en el estómago. Genma apareció momentos después instando a su hijo a darse prisa, ella fingía no prestar atención, pero escuchó claramente lo que el hombre dijo acerca de un templo en medio de las montañas. Después de eso ambos se fueron, y ella se limitó a observarlos alejarse a través de su ventana, le habría gustado despedirse, desearle suerte y que regresara bien, pero no encontró una oportunidad, así que se convenció a si misma de que él no lo merecía.

Las primeras semanas las pasó tranquilamente, lo extrañaba no podía negarlo, pero no se lo demostraría a nadie, aún así estaba acostumbrada a esos entrenamientos a los cuales él se iba sin previo aviso, y una o dos semanas después regresaba con aún más problemas de los que se marchó. Pero tres semanas pasaron y él no regresaba, ni telefoneaba, ni una carta… nada. Intentó fingir que no le afectaba, pero cada vez era más difícil, su padre y hermanas la veían con tristeza, y las demás prometidas sólo sabían molestar, Kuno se había vuelto insoportable, y unos cuantos locos a cual más extraño aparecían casi a diario en su busca. Defendió su hogar con la fiereza que la caracterizaba, pero un día ya no pudo más, se derrumbó en un mar de llanto frente a uno de esos locos, el extraño encapuchado se retiró, ya no la consideraba un rival digno, y ella se quedó allí, frente a la puerta de su casa, con una pierna destrozada y su orgullo hecho pedazos. La pierna sanó, el orgullo dejó de importar, pero él… nunca regresó.

Poco a poco se convirtió en un alma en pena, ese entrenamiento no podía ser tan largo, ninguno lo era, él se comunicaría de alguna forma si así fuera.

-Ranma finalmente abandonar chica violenta- fueron las palabras cargadas de veneno, de Shampoo luego de registrar toda la casa y no encontrarlo.

Palabras que se repetían una y otra vez en su cabeza, pero después de un tiempo ya no lastimaban, al contrario le aliviaban un poco, esa posibilidad era mucho más alentadora que la que en su interior se repetía constantemente. Él tenía que estar bien, no podía ser que sus pálpitos fueran acertados, sólo considerar la posibilidad de que le hubiera sucedido algo la dejaba sin aire, sin fuerzas para continuar. En algún momento su turbado cerebro se refugió en lo improbable, él llamaría, lo haría y no podía permitir que en ese momento no hubiera nadie allí para atender, por lo que decidió no despegarse del teléfono en ningún momento. Y así pasó días enteros, haciendo guardia a un lado del aparato, la familia no logró convencerla de descansar en su cuarto, ellos no entendían que esa era su única esperanza, lo último que le quedaba de conciencia dependía de una ilusión.

Una noche sin luna, se encontraba sentada en el suelo, en su posición inalterable, con sus ojos rojos e hinchados por el llanto, perdidos en la nada misma, entonces escuchó el timbre del teléfono. No esperó a que sonara una segunda vez, desesperada tomó la bocina y con ilusión dijo su nombre, sabía que era él, tenía que serlo… y lo fue.

Escuchar su voz fue como un bálsamo que en un instante alivió tanto sufrimiento, no sólo era su voz, las palabras de Ranma eran tan torpes y a la vez cargadas de dulzura y sentimientos que no pudo evitar llorar. Él estaba bien, él se disculpaba, él no quería alejarse de su lado… él la había extrañado tanto como ella lo había hecho. Así que cuando dejó de hablar ella intentó tranquilizarlo, lo primero fue decirle que también lo extrañaba, y luego suplicarle que regresara, tanto tiempo deseando hablarle y ahora el llanto le impedía decírselo todo…

-... me duele sentirlo…si te pierdo me muero…- terminó diciendo en medio del desconsolado llanto, pero él nunca lo escuchó.

Le pidió que lo esperara, prometió que en menos de un mes estaría allí, y ella juró que esperaría, sabía que Ranma siempre cumplía sus promesas y él haría todo lo posible por regresar, ella podría verlo, y entonces le diría todo aquello que ocultó tanto tiempo.

-Ranma…- susurró una vez que él colgó, dejando caer la bocina, y sintiendo una felicidad en su interior como ya no recordaba haber sentido alguna vez.

Instantes después su cuerpo se desplomó sobre el duro suelo, al fin podría descansar. Tardó tres días en despertar, al menos eso le contaron sus hermanas, aunque poco le importaba aquello, se sentía feliz, rebosante de alegría como nunca. Él regresaría, era lo único que importaba, así que hizo un esfuerzo por levantarse y poco a poco adoptó la rutina que mantendría hasta que llegara, la cual consistía en sentarse en las escaleras a esperarlo mientras leía un libro, comía algo o simplemente pensaba en como recibirlo.

Y eso era justamente lo que hacía en estos momentos, lanzarse a sus brazos rogando que nunca más se fuera sin ella, y descargarse llorando en su pecho no parecía ser un plan elaborado durante semanas, sin embargo por más que pensara siempre acababa soñando despierta con la misma escena. Decidió no seguir dándole vueltas al asunto y concentrarse en su lectura, sólo le faltaban dos páginas para conocer el final de la novela.

La puerta se abrió, y ella como siempre lo hacía, levantó la cabeza automáticamente, con la esperanza resurgiendo y el corazón latiéndole muy rápido. Sus ojos comenzaron a brillar y su boca se abrió en una gran sonrisa al ver entrar al padre de su prometido. El libro cayó olvidado en algún lugar mientras corría hacía él en busca de su prometido que seguramente entraría en unos instantes.

-Akane...- habló el hombre, en un tono sereno pero muy triste, sin embargo ella tenía cosas más importantes a las que prestarle atención.

-¿Dónde está Ranma?- preguntó sin rodeos luego de asomarse por la puerta y no verlo.

-Él…- comenzó a balbucear el hombre acomodándose las gafas a través de las cuales no se distinguían sus ojos –Akane, él está muerto…- dijo sin anestesia.

Su corazón se detuvo en ese instante, durante segundos sólo lo miró con los ojos desorbitados sin poder reaccionar, pero al cabo de un tiempo sus labios se extendieron en una afectada sonrisa y una risa estridente se escuchó en toda la casa. El confundido hombre la veía reír como si le hubiera hecho la mejor de las bromas, y en efecto eso era lo que ella creía. Tenía que estar bromeando, no había otra posibilidad, seguramente eran cosas de Ranma, el muy chistoso se habría escondido en el tejado sólo para aparecer de improviso y darle la sorpresa.

-¡Vamos tío Genma, esa es una broma muy pesada, dígale a Ranma que salga de donde esté!- exigió dejando de reír, no era sano hacerle ese tipo de bromas a alguien en su estado.

-No es una broma- aseguró el hombre sin inmutarse –Ranma está muerto y no hay nada que hacer- concluyó intentando abrirse paso hacia el interior de la residencia.

Se quedó paralizada intentando asimilar la información, no reaccionó hasta que Genma ya se había adentrado por el pasillo seguramente con rumbo a la cocina.

-No… no… Ranma… él no puede estar…- murmuró desesperada, sus ojos ardían en un intento por contener las lágrimas –¡Es un error!- exclamó al aire, y se lanzó en busca de Genma, él tenía mucho que explicar.

Lo encontró degustando uno de los pastelillos de Kasumi, con el cual casi se atraganta cuando ella lo levantó del suelo, tomándolo por el cuello del gi.

-¡¿Dónde está Ranma?!- preguntó gritándole en la cara, su genio solía salírsele de las manos y acarrearle problemas, pero en esta ocasión era lo único que le quedaba, gritaría y golpearía a quien fuera hasta que Ranma apareciera.

-¡Está muerto!- respondió de igual forma el hombre, pero lejos de intimidarla sólo la enfureció más.

-¡Si es así, entonces dígame donde está su cuerpo!- preguntó con la mayor frialdad que pudo, mientras soltaba al hombre dejándolo caer de nalgas sobre el suelo.

-¿Realmente quieres saberlo?- preguntó, ella se limitó a mirarlo fijamente –Su cuerpo está en algún lugar del bosque que hay al pie de la montaña.

-¿Qué?- preguntó casi sin voz, apoyando su cuerpo en la pared, Ranma no podía estar muerto, simplemente no era posible -¡Un momento! ¿Dijo algún lugar?

-Lo buscamos durante casi tres semanas y no lo encontramos- admitió con pesar.

-¡Si no lo encontraron entonces él no tiene porque estar muerto!- exclamó, alentada por un rayo de esperanza, no todo estaba perdido.

-¡Eso es imposible, es una caída de varios kilómetros, nadie habría sobrevivido! Además el bosque está lleno de animales salvajes, no hay forma de que aún continúe con vida.

-¡Ranma no es cualquier persona, él no se habría dejado vencer por algo como eso, debieron buscarlo mejor! ¡Usted es su padre, ¿Cómo pudo regresar sin haberlo encontrado?!- gritaba fuera de sí, defendiendo con uñas y dientes la posibilidad de que él estuviera con vida.

-Él está muerto, acéptalo.

-¡No! ¡Él sabe caer y jamás sería vencido por unos animalitos! ¡Si algo le sucede sólo será porque usted lo abandonó a su suerte!- acusó ella sin medir sus palabras, por más que lo intentara ya no podía contener las lágrimas.

-¿Por mi?- preguntó Genma con un semblante sombrío –Él cayó por ese acantilado durante la noche cuando regresaba al templo luego de escaparse para hacer una llamada en el pueblo… de eso hace exactamente tres semanas… ¿te resulta familiar?- preguntó con una sonrisa llena de maldad.

El hombre desapareció de la habitación mientras ella se dejaba caer por la pared hasta quedar sentada en el suelo, sus ojos perdidos en algún lugar, negando con su cabeza y repitiendo constantemente "No". Dolor y culpa se mezclaban desgarrándola por dentro, si ella se hubiera despedido de él, si lo hubiera tratado mejor, si se lo hubiera dicho a tiempo…

En un instante la línea que separaba la cordura, del delirio se difuminó por completo, con los ojos enturbiados y una enajenada sonrisa se puso de pie.

-Descuida Ranma… te encontraré y te traeré de vuelta- decidida salió de la casa sin llevar equipo de supervivencia ni averiguar la dirección correcta, sólo guiada por su instinto.

Sabía que habían pasado muchas horas, talvez días, pero ella continuaba caminando absorta en su propio mundo, pronto divisó un templo, no tenía dudas, ese era el lugar, lo atravesó memorizando cada detalle, su prometido había estado allí, incluso aún podía sentir su presencia en el aire. Se apresuró a subir por la escarpada montaña, el camino hacia el pueblo que había en lo alto de la misma, era muy estrecho, demasiado peligroso para transitarlo y más aún por la noche. Su corazón casi se detuvo al ver un trozo de tela roja enredado en unas ramas a la orilla del camino, no había duda, allí había caído.

No traía equipo de escalada, pero eso poco interesaba, ella lo encontraría como fuera, así que arriesgando su propia vida descendió por el peligroso risco. No fue fácil, la propia sangre que salía de sus rasgadas manos, dificultaba el trayecto volviéndolo más resbaloso, pero finalmente terminó de bajar. No se detuvo a festejar su pequeña victoria, ni a detener el sangrado de sus brazos y piernas, apenas tocó suelo firme comenzó a correr, ese bosque tan espeso en el cual apenas se infiltraban unos pocos rayos de sol la ponía nerviosa, un muy mal presentimiento se abría paso dentro de si, prefirió ignorarlo mientras corría llamando a su prometido.

-¡Ranma… Ranma, ¿dónde estás?!- era inútil, no importaba cuanto gritara, sabía que él no respondería.

Algo la hizo tropezar, cayendo pesadamente en el suelo, al levantar la mirada, observó aterrada el sendero de sangre seca frente a ella. Lo que en un momento fue líquido carmín ahora no era más que una masa pastosa color café que apenas se distinguía sobre el manto de ramas secas. Lentamente se puso de pie, su corazón parecía querer salirse de su pecho, el mal presentimiento se estaba convirtiendo en una certeza absolutamente desgarradora. Forzó a su cuerpo a moverse para seguir el rastro, el dueño de esa abundante cantidad de sangre no podría haber llegado demasiado lejos.

-Descuida Ranma… te encontraré, curaré tus heridas y te llevaré conmigo- murmuraba intentando inútilmente infundirse algo de esperanza –. Regresaremos en poco tiempo, así podrás cumplir tu promesa de estar en casa antes de que se cumpla el mes… y entonces yo al fin podré decirte que te…- las palabras se perdieron en su garganta cuando lo vio.

Una masa de piel desgarrada cubierta casi en su totalidad por sangre, eso era lo que quedaba de él. Las entrañas estaban esparcidas a un lado del cuerpo, uno de sus brazos y ambas piernas habían sido arrancados y su antes hermoso rostro, ahora no era más que un poco de carne rancia sujeta al cráneo. Uno de los tres lobos que lo rodeaban estaba arrancando uno de los ojos, mientras los otros comían los restos de los animales muertos que había cerca de el cuerpo, aquellos que se acercaron en el momento equivocado, mientras él aún podía defenderse.

Continuará…

Hola… jejeje… creo que se me fue la mano con la escena final.

Bueno el siguiente será el último capítulo, no sé para cuando lo tendré, espero que pronto, pero no prometo nada.

Gracias por el apoyo, y cualquier bomba, virus, y demás armas de destrucción masiva favor de enviarlas a un correo que no sea el mío.

Hasta pronto.

Trekumy.