Inuyasha y sus personajes no me pertenecen. Yo solo cogí parte de su hermosura
La historia se relata en un universo alterno
PRISIÒN
Capítulo 2
Belleza endemoniada
Estaba tirado en el suelo con sus ojos ambarinos perdidos en la oscura nada de la noche. Eran pasadas de las tres y aun seguía en el frio asfalto con el cadáver de Naraku al lado. Este se había vuelto de un color azulado por el tiempo que llevaba muerto. Sintió unas pequeñas gotas frías que caían por su rostro. Volteó su mirada al cielo viendo como una estruendosa lluvia estaba cayendo en los dos cuerpos inertes en el suelo. ¿Hace cuanto estaba lloviendo? No tenía ni idea. Pero es que llevaba tanto tiempo quieto sin mover un dedo que no sintió hasta ese momento como el frio le calaba hasta los huesos. Intentó pararse varias veces ya que siempre perdía el equilibrio y se lastimaba cada vez más. Debía tener dos o tres costillas quebradas y una que otra magulladura en el pecho y los muslos. Le dolió mucho mas fue la acción de Kikyô para con él. Lo abandonó a su suerte sin importarle lo herido que se encontraba y también dejando un cadáver a su paso. Esto nunca se lo perdonaría jamás. Toda su familia junto a ella iban a pagar las consecuencias de las acciones de su hija mayor. De eso se encargaba personalmente él.
Se apoyó en la puerta delantera de su porsche plateado llevándose un brazo a su costilla izquierda. Era un dolor intenso ¿Qué haría ahora? ¿Llamar a la policía? O dejarlo abandonado y hacer como si no hubiera pasado nada. No eso no. Lo dejaría despierto de por vida con la conciencia sucia. Como si le hubieran leído la mente. Un auto de policía se acercaba a ellos ya que a esa hora patrullaban y desde hace rato estaban buscando el origen del sonido del arma que habían escuchado hace horas. La patrulla se detuvo al lado del porsche de Inuyasha. Se bajo un hombre robusto de unos cuarenta años con un bigote en su rostro y unos ojos de color negro. El policía revisó al hombre tirado en el suelo. Busco sus signos vitales y al no sentirlos solo dos palabras salieron de su ronca voz
Esta muerto
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Andaba de un lado a otro con sus manos atravesadas en la espalda. Tenía el ceño fruncido y de sus labios salían alguno que otro gruñido.
-Ese muchacho… ¿Cuándo pensara volver? -preguntó desesperada Izayoi-. Me tiene aquí desesperada y muriéndome de los nervios ¿Es que no me tiene consideración? -explotó la Sra. A punto de brotar de sus negros ojos lágrimas-. Kaede la observó con compasión. Su mirada cansada la seguía de un lado a otro hasta que decidió acabar el silencio en el que se encontraban
-Señora… por favor descanse. De seguro el joven Inuyasha debe estar en uno de esos antros donde van todos los de su edad -intentó consolarla-
-Si puede que tengas razón Kaede. Pero me puede decir donde esta o llamarme y no dejarme muerta de los nervios ¿Qué tal si la pasó algo? -preguntó desesperada con lágrimas en los ojos-
-Ni Dios lo permita Sra. No diga esas cosas que las palabras tienen poder -dijo Kaede asustada-. Venga. Suba a su cuarto yo le traeré un té para tranquilizarla un poco. Ya verá que ahora llamará el joven Inuyasha. Con esto, convenció a la Sra. Taisho para que descansara un rato ya que muy pronto vendrían siendo las cinco de la madrugada
Se recostó en su mullida cama matrimonial mientras que la anciana Kaede le ponía las sábanas encima con cuidado cuan si fuera de una madre a hija -le traeré el té para que descanse Sra. No me demoro -dijo la cansada anciana mientras dejaba el cuarto-. Izayoi se quedó mirando el techo de su habitación mientras murmuraba unas cosas por lo bajo
-Niño idiota. Siempre causándome problemas. Espero que este bien. Se me escapó todo el día con su noviecita. Va a ver lo que le voy a decir a ese desconsi… -en ese instante acababa de sonar el teléfono.
-De seguro debe ser Inuyasha. Ese niño me va a conocer. Rápidamente contestó el teléfono pensando que era Inuyasha
-¡Inuyasha! Niño estúpido. Me tenias preocupada ¿Dónde diablos esta…? -Fue interrumpida por una ronca voz que no reconoció como la voz de su hijo
-Disculpe ¿Se encuentra la Sra. De la casa? -preguntó la voz al teléfono-.
-Sí. Con ella habla ¿le sucedió algo a mi hijo? -preguntó ahogando un sollozo en sus labios-
-Soy el oficial Takeda. Su hijo en estos momentos está en la jefatura de policía acusado de homicidio. Le sugiero que busque un abogado porque su hijo está en grandes problemas. El agente iba a decir otras palabras pero fueron cortadas por el teléfono de la Sra. Taisho ya que ella había colgado en esos momentos. Fijo su mirada en la nada con sus ojos desorbitados y llenos de lágrimas que rondaban por sus mejillas de color carmín
-No mi hijo no… -murmuró por lo bajo-. Mi único hijo no le puede estar pasando algo tan grave como ¿homicidio? No. Eso no es verdad. Debe haber un malentendido. Debo ir a ver… sus pensamientos fueron interrumpidos por un agudo dolor en su corazón. Llevó su mano a él con sufrimiento mientras cerraba duramente sus ojos. –No…aun no…no me puedo morir aun-. Intentó buscar sus pastillas para el ataque cardiaco y al no encontrarlas dio por terminada su vida en ese momento. ¿Qué haría su hijo sin ella? ¿Qué haría ahora que perdía a su madre a cada segundo y sin enterarse? Y peor aun ¿Cómo será el futuro de su único hijo metido en una horrible cárcel? La oscuridad la embargaba y antes de que diera su ultimo respiro, solo una un nombre salió de sus labios
Inuyasha… con esto, se desplomó en la cama. Sin vida y con la tristeza embargando cada parte de su ser.
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-Le aconsejo que busque un abogado Sra. Ya que su hijo se encuentra en graves problemas. Eso fue lo único que pudo oír al contestar el teléfono. Kaede colgó rápidamente dejando la tacita de té a un lado de la mesa para luego correr hacia las escaleras. Sus ojos se llenaron de lágrimas rápidamente al ver a la Sra. Taisho sin vida y desplomada en la cama con los ojos abiertos y con una mano en el corazón
Había muerto por el dolor de su único y querido hijo Inuyasha. Corrió hasta estar al lado del cuerpo inerte. Revisó sus signos vitales y al no tener respuesta. Sollozó con fuerza mientras buscaba el teléfono y con sus temblorosos dedos marcaba un número. El único que podría ayudarlas en ese momento. Se escuchó una voz fría y ronca al otro lado del teléfono
-¿Sr. Sesshomaru? H-ha ocurrido una desgracia… el joven Inuyasha y la Sra. Izayoi…
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Llegó a las cuatro de la mañana al templo con su cabello negro completamente mojado por la estruendosa lluvia de ese momento. Su maquillaje estaba corrido y su flequillo estaba totalmente desordenado y pegado a su frente. No se sabía a ciencia cierta si las gotas de agua en su rostro eran lágrimas o simplemente la lluvia que rodaba por sus mejillas completamente frías y blancas. Subió rápidamente las largas escaleras del templo Higurashi. Perdió un tacón en el camino y decidió dejarlo allí y seguir corriendo hacia la puerta de entrada
-Perdóname…perdóname Inuyasha -se disculpaba una y otra vez Kikyô-. Al llegar a la puerta de la pequeña y humilde casa, sacó de su mojado bolso una llave de repuesto y con sus temblorosas y torpes manos intentó abrir el cerrojo de la puerta para entrar sin que nadie se diera cuenta. Su madre la mataría si se enteraba de que había llegado a esa hora y peor de que acababa de matar a su ex novio Naraku. No tenía otra opción. Inuyasha estaba muy enfadado y era capaz de contar toda la verdad de lo ocurrido y delatarla. Tenía que escapar del país antes de que la encerraran. Entre el amor de Inuyasha y su libertad prefería al cien por ciento su libertad así que no le dio más importancia a su novio y entró a la casa.
Al abrir la puerta escuchó como una tierna voz la llamaba desde la sala
-¿Kikyô? Te estuve esperando ¿Dónde estabas? -se talló los ojos Kagome-. Iba a continuar con las preguntas pero su hermana mayor le cubrió la boca con una mano fría y mojada
-Niña estúpida –murmuró por lo bajo Kikyô- No le digas nada de esto a mi madre porque si no te mataré antes de que se lo digas. -Le regaló una sonrisa maligna y luego prosiguió-: No creas que no soy capaz de matarte Kagome. No me retes. La pequeña joven estaba totalmente asustada de las crueles palabras de su hermana mayor. ¿Qué le había pasado esa noche? Apenas ahora se había fijado como se encontraba su hermana. Su cabello negro que siempre estuvo bien cuidado y sin friz, ahora se encontraba enmarañado y fuera de sitio. Bajó su mirada hasta sus pies y notó que le faltaba un tacón y por último se fijo en su rostro y ropa la cual estaba sucia y completamente mojada con su maquillaje descorrido. Kagome solo se inmutó a asentir aterrorizada
Kikyô dio un largo suspiro -me alegro que hayas entendido hermanita-. Apartó rápidamente su mano de la boca de Kagome y le dio unas cuantas indicaciones de lo que debía hacer
-Bueno hermanita necesito tu ayuda -dijo rápidamente Kikyô- Quiero que vayas al templo y cojas la Shikon No Tama mientras yo voy a mi cuarto y alisto unas cosas
-S-si hermana –asintió Kagome un poco más calmada- . Kikyô le sobó lentamente la cabeza a Kagome con una sonrisa que tenia de todo menos cariño
-Te lo agradezco Kagome -agradeció Kikyô- . Bueno necesito por favor que vayas rápido y me la traigas. Hasta entonces. Nos vemos. Dicho esto, salió corriendo a las escaleras para cambiarse en su cuarto. Kagome la siguió con la mirada marrón y luego decidida corrió hacia el templo sin preguntarse en ningún momento que era lo que le había sucedo a Kikyô para actuar de ese modo.
Llegó a su cuarto. Abrió su armario arrojando toda su ropa en la cama. Entró al baño y buscó sus cosas de valor como joyas y dinero guardado. También aprovechó para cambiarse. Sacó unas cuantas maletas para el largo viaje que haría. Al tener todo en su sitio corrió hacia el teléfono de su cuarto y con sus manos temblorosas marcó un número sin importarle que horas fueran. Esperó impaciente a que contestaron hasta que una voz masculina se escuchó al otro lado de la línea
-¿Bankotsu? Hola amor soy yo Kikyô…que pena molestarte tan tarde pero si…acepto irme a vivir contigo a Estados Unidos… ¿Qué si tengo algún problema? No nada de eso…solo pienso que es lo mejor para nuestra relación…si, si, si ¿será que puedo ir a tu casa ya? Gracias te amo un resto. Colgó rápidamente el teléfono mientras buscaba unas cuantas cosas más en su cuarto. Cerró con cuidado la puerta y antes de bajar al primer piso se dirigió al cuarto de su madre. En silencio entró observando cómo dormía plácidamente. Se acercó con lentos pasos hasta su cabecera y le besó tiernamente su frente mientras una traviesa lágrima rodaba su mejilla. Dejó una carta en su pequeña estantería mientras volvía a salir y antes de cerrar por completo la puerta. De sus labios salió un murmullo que fue solo percibido por el silencio de la habitación
-Espero que algún día puedas perdonarme madre
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Corrió hasta el pequeño templo que quedaba al lado de la casa. Por alguna extraña razón sentía que algo malo le había ocurrido a Kikyô y dudaba de que tuviera un futuro alentador. Mas sin embargo la razón no reinó en ese momento si no el deseo de poder ayudar a su hermana mayor. Abrió la puerta corrediza del templo y pudo ver al fondo una pequeña perla morada que estaba cómodamente puesta en un mullido cojín y al lado unos inciensos. Se acercó rápidamente hacia ella. La miró un rato y pudo ver un brillo extraño que desprendía. Al tocarla vio con sorpresa como esta se oscurecía completamente ¿Qué habrá sido eso? En ese instante en que dejó de brillar sintió una tristeza que le embargaba completamente todo su ser. No entendía que le sucedía pero ahora lo importante era su hermana. No le dio importancia y la agarró mientras corría devuelta a su casa. Al entrar, encontró a Kikyô de rodillas intentando abrir la pequeña caja fuerte que había en la sala escondida detrás de un cuadro familiar
-¿Qué haces hermana? –Preguntó Kagome-. Kikyô la miró con una fría mirada, mientras volvía a su labor. Intentar abrir la caja fuerte y utilizar los ahorros de su familia para poder vivir una vida de lujos junto a Bankotsu fuera del país. –Nada hermanita- restregó la palabra hermanita en sus labios. Luego se le ocurrió
-Oye Kagome –dijo Kikyô con un tono meloso- ¿mi madre no te ha dado la clave de la caja fuerte por casualidad? –Kagome la miró un momento para después asentir con la cabeza-
-Bueno. Por favor dímela. Es que necesito este dinero -dijo Kikyô- Kagome la observó un momento para luego negar con la cabeza de inmediato. Kikyô intentó asesinarla con su mirada fría mientras la agarraba por los hombros y enterraba sus uñas en la tersa piel de sus brazos
-¡Estúpida! ¿Quieres que tu querida hermana mayor vaya a la cárcel? -la zamarreó Kikyô en sus brazos-. Kagome la miraba con un infinito terror en sus ojos. Pero ¿Por cuánto tiempo estuvo tan ciega? Intentado ser como ella ¡que bah! Había sido tan patética de solo pensar eso. Sintió una profunda tristeza al pensar que su hermana Kikyô siempre la había tomado del pelo y que la había despreciado de ese modo
-Es-es la fecha de mi cumpleaños -balbuceó Kagome-. Kikyô le regaló una sonrisa de superioridad. La soltó tan bruscamente que Kagome perdió el equilibrio y cayó al suelo dejando consigo también caer la pequeña perla morada de sus manos. Kikyô utilizó la clave y abrió la caja. Sacó todo el dinero de la caja con una gran sonrisa ¡Vaya que era bastante! Eran los ahorros para la universidad de Kagome pero en esos momentos importaba solo su libertad y no el futuro de una escuincla mugrosa como Kagome. La pequeña la miró desde el suelo. No reconocía a la mujer cruel que estaba en frente suyo
-Ki-Kikyô -balbuceó Kagome arrodillándose en el suelo- Kikyô la fulminó con la mirada. Luego observó a la perla que estaba a su lado. Caminó hacia ella con una sonrisa gélida. Se arrodilló y agarró la perla que en esos momentos estaba completamente oscura. Se irguió rápidamente sin importarle que su hermana aun siguiera en el suelo. Parecía haber recordado algo así que se devolvió hacia ella y le dijo unas cuantas cosas -si preguntan por mí unos hombres extraños. Diles que yo me fui desde hace varios días a cazar con mi novio Bankotsu -dijo Kikyô con una gran sonrisa mostrando sus blancos dientes-. Kagome la miro perpleja ¿casarse ella? ¿Y apenas a sus diez y ocho años? Bueno. Era su vida no la de ella y desde ese momento no volvería a preocuparse nunca más por ella
-Hasta muchos años hermanita -se despidió Kikyô cerrando la puerta de salida-. El lugar se volvió en un gélido silencio ¿Qué había ocurrido? ¿Kikyô les había robado? ¿A su propia sangre? ¿A su familia? Tenía demasiadas preguntas y poco tiempo ya que Kikyô había desaparecido de su vista. Se reincorporó lentamente del suelo y subió las escaleras ¿Qué le diría a su madre cuando supiera lo de Kikyô? O ¿Qué mentira le diría por la desaparición de la Shikon No Tama? Ya que esa perla según su madre era muy valiosa y el símbolo principal del templo. Tenía muchas cosas en que pensar y además era muy tarde para eso. Se arrojó fuertemente a su cama abrazando consigo una almohada de color rosa. Cerró sus ojos lentamente pensando en el día de mañana.
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-¡Ya les dije todo lo que se maldita sea! -explotó Inuyasha poniendo sus puños en la mesa-. Llevaban dos horas pidiendo explicaciones y él ya se los había contado todo. De principio a fin pero parecía que ese inspector no le creía ni una palabra y estaba empeñado en meterlo a prisión. De seguro su madre lo iba a matar cuando se enterara de la situación en que se encontraba
-Cálmese joven Inuyasha. Con esa actitud que presenta nos está dando a entender que está nervioso y que es el culpable de la muerte de ese hombre llamado Naraku -concilió el inspector Takeda-. Cuénteme de nuevo los hechos y dígame solo la verdad por favor. Si admite su delito la condena será de menos años
-Lo siento inspector ¿Cómo es que dice que se llama? -preguntó burlón Inuyasha-. El inspector lo miró con una ceja levantada de la irritación que le causaba ese muchacho. –inspector Takeda joven. Espero no se le olvide
-¡Ahh! Está bien inspector no sé cómo se llama –volvió a burlarse Inuyasha-. En su frente se le podía observar una venita saliendo por la rabia y el desespero que le causaba aquel muchacho
-Bueno lo que lo vuelvo a decir es la verdad y nada más que la verdad inspector sin nombre -dijo Inuyasha apoyando sus brazos en la mesa- Hoy fue mi cumpleaños número diez y ocho. Me la pasé todo el día con mi novia haciendo cosas de mayores ¿me entiende? -recalcó Inuyasha con una radiante sonrisa-. Bueno. Continuo. Luego, por ahí a las nueve de la noche salí con ella a bailar y a tomar unos tragos. Al entrar al auto para irnos a la casa nos atacó ese tal Naraku. Según Kikyô, era un antiguo acosador de ella. Peleamos ya que el hombre llevaba un arma. La soltó y luego la perra de mi ex novia -recalcó Inuyasha- le disparó en la espalda y luego salió corriendo como loca y me dejó abandonado con heridas y al lado de un cadáver -gruñó al decir lo ultimo- El inspector lo miró un rato seriamente y luego fijó su vista en una pequeña libreta donde anotaba todo lo contado por el joven
-Bueno. Supongamos que dice la verdad joven. Entonces. ¿Dónde se encuentra el arma con el cual le quitaron la vida al hombre? -preguntó el inspector Takeda-.
-Yo no sé. Tal vez se perdió o la perra de mi ex se la llevó para no dejar huella alguna. –El inspector se levantó de su silla dando un suspiro de exasperación
-Bueno joven. Veo que no va a cooperar con nosotros. Hasta que no pague la fianza se quedará aquí en la jefatura. Hasta entonces -salió el inspector por la puerta- Inuyasha al verlo cerrar la puerta dio un gran golpe en su mesa mientras maldecía varias veces el nombre de Kikyô. Se las pagaría. Fuera como fuera se las haría pagar. Estaba perdido en sus pensamientos que no se dio cuenta de que un hombre fornido y bien vestido entraba en el cuarto de interrogación
-Ahora que quie… -Inuyasha no continuó con lo que iba a decir ya que se sorprendió de ver al individuo que entraba en el cuarto con una total tranquilidad. Su aire era de frialdad infinita y también poseía los mismos ojos color ámbar que él. Inuyasha se levantò de su silla con sorpresa y mirándolo fijamente
-¿Sesshomaru?
Fin del capítulo 2
