El primer capítulo de Sobrenaturales. Gracias a todos por los reviews, la verdad es que no esperaba conseguir 10 sólo con el prefacio.

Espero que os guste.


1

Abandonos

Forks, Washington

25 de enero 2010

Bella siempre había odiado el frío. Y la lluvia. Pero, sobre todo, siempre había odiado la nieve. No entendía porque todos disfrutaban cada vez que nevaba. Para ella era horrible tener que salir cuando había nevado. Y qué decir sobre el hielo. Su padre muchas veces le decía que en vez de ponerle cadenas al coche, había que ponérselas a ella, que tenía más peligro. Y ella siempre se enfadaba cuando él le decía eso, ya que siempre había alguien cerca dispuesto a reírse. Y ella siempre se ruborizaba.

Por eso siempre había odiado el invierno. Bella deseaba con todas sus ansias que llegara el verano. Pero sobre todo aquel año. Aquel año estaba siendo infernal. Empezó a nevar el 21 de diciembre y, según las previsiones, no terminaría de nevar hasta el 21 de marzo. Fantástico invierno.

Por suerte, ahora casi nadie veía a Bella cuando se caía. No desde hacía cuatro años, cuando había descubierto su poder. El poder de hacerse invisible. Lo utilizaba casi siempre que iba andando al instituto, para que nadie viera sus tontas caídas. También lo hacía a veces para librarse de la clase de gimnasia.

- Quiero que hagan un trabajo en parejas sobre un libro.-dijo el profesor interrumpiendo los pensamientos de Bella-. Las parejas serán libres, pero si veo algún problema en este primer día de trabajo, las cambiaré al final de la clase. Les diré el libro que les ha tocado cuando las parejas estén hechas.

- Bella, ¿te pones conmigo?-le preguntó Tanya, su mejor amiga.

A Bella siempre le había gustado Tanya. Era una chica divertida, sincera y buena. No como la mayoría de las chicas de su clase. Ella y Bella llevaban siendo amigas varios años, y era de las pocas personas en las que Bella confiaba.

- Claro-contestó Bella. Después se levantó y se sentó en el asiento vacío al lado de Tanya-. ¿Qué tal estás?

- Bien, pero algo aburrida.

- Creo que tu opinión la comparten todos los alumnos de este instituto.

- Ya lo sé.

- Swan y Denali-interrumpió el profesor-. Les ha tocado "Cumbres borrascosas". Ha tenido suerte, Swan. Tengo oído que lo ha leído por lo menos veinte veces.

- Por lo menos-contestó Bella.

Al final de la clase, el profesor sólo cambió un par de parejas, sin afectar a la de Bella y Tanya. Cuando salieron, Bella y Tanya quedaron en verse el fin de semana para realizar el trabajo. Después cada una se fue por su camino.

Cuando terminaron las clases, Bella fue directa a su casa, pensando en que quería dormir en cuanto terminara los deberes. Aquel día había sido extremadamente aburrido. En cuanto terminó de estudiar, avisó a su madre de que iba a dormir un rato y se fue a su habitación. Se olvidó de cerrar la puerta, error que le cambiaría la vida.

Bella no controlaba su poder cuando dormía. Cuando soñaba que se hacía invisible, se hacía invisible, y a veces también se volvía invisible sin querer, sobre todo cuando estaba muy cansada. Como en aquel momento. Bella se acostó en la cama y se durmió casi al instante.

Renée estaba leyendo el periódico cuando llamaron al teléfono. Era Jacob Black. Quería hablar con Bella, y parecía que era importante, por lo que Renée fue a despertar a Bella en cuanto pudo. Sin saber lo que encontraría.

Cuando subió las escaleras y abrió la puerta de la habitación de Bella, ella no estaba en la cama. Pero la oía hablar en sueños, como casi siempre que estaba dormida. De repente, su hija apareció en la cama, para volver a desaparecer al instante. Renée gritó asustada, provocando que Bella se despertara sobresaltada.

- ¡Mamá! ¿Qué te pasa?-preguntó Bella soñolienta.

- ¿¡Qué clase de monstruo eres!-preguntó Renée horrorizada por lo que acababa de ver.

- Me has visto-no era una pregunta.

- Sí, te he visto. Pero ya no voy a volver a verte jamás. O por lo menos, intentaré no hacerlo. Vete de mi casa, Isabella. Y no vuelvas nunca-dijo Renée. Luego salió de la habitación, dejando a Bella destrozada.

Pocos minutos después, Bella salió de casa con una mochila en la que llevaba algo de ropa y algún libro. Decidió llevarse la camioneta Chevy, ya que era suya, y si la dejaba, nadie la usaría y acabaría en el desguace.

Empezó a conducir sin rumbo fijo, pensando en alguien que la pudiera acoger. Al final se cansó de conducir, por lo que aparcó dónde pudo y se sentó en un banco, llorando. Había casi acabado con las lágrimas cuando una mujer se acercó a ella. Era una mujer hermosa, con una melena color caramelo y una cara en forma de corazón. Sus ojos eran grises, aunque con un brillo especial, capaz de deslumbrar a cualquiera.

- ¿Qué te pasa, cariño?

- Nada.

- Sé que no quieres contármelo, por mucho que yo ya lo sepa. Me llamo Esme Anne Cullen.

- Isabella Swan.

- Isabella Marie Swan. 17 años. Nacida aquí, trasladada a Phoenix a los 2 años, retornada a los 10. Hija única. Media escolar de 7,95. Lo sé.

- ¿Cómo sabes todo eso?

- También sé que tienes una extraña habilidad. Una habilidad sobrenatural. En realidad, dos. La primera, la habilidad de tropezarte en un suelo completamente liso. La segunda, la invisibilidad. Es fascinante, la verdad.

- ¿Cómo sabes todo eso?-repitió Bella, evitando la mención a su torpeza

- Quiero ayudarte, Bella. Puedo hacer que controles tus poderes. Será más fácil para ti, y con suerte podrás volver a tu casa y tu madre volverá a aceptarte.

- No sé qué hacer.

- Hagamos un trato. Yo te ayudaré mientras que tú me lo pidas. Te llevo conmigo durante unos días y si no estás a gusto te permito que te vayas a dónde quieras. Pero por favor, déjame ayudarte.

- Una semana. Me iré una semana contigo. Por cierto, ¿a dónde me vas a llevarme?

- A Virginia. Bull Run Mountains.

Gary, Indiana

28 de enero 2010

Edward estaba viendo un partido de baloncesto en casa de su "gran amigo" Quil. En realidad, sólo le dejaba quedarse en su casa a cambio de que él se encargara de la comida, la limpieza y todo lo demás. Pero le valía. Después de haber conseguido escapar de aquellos dos atracadores, consiguió salir de Chicago, incluso salió de Illinois, y llegó a Gary en poco tiempo.

Había conocido a Quil Ateara en Marquette Park, cuando él había llegado a la ciudad. Estaba muy cansado por el viaje, y bastante desarreglado. Quil se había acercado a él enseguida para comprobar cómo estaba, y Edward le había pedido que le dejara un lugar en el que dormir por aquella noche. Quil había accedido y le había dejado algo de ropa. Al día siguiente Edward había querido irse a primera hora de la mañana, pero Quil le había ofrecido aquel trato: él se encargaba de la casa y Quil le dejaba quedarse. Y Edward había aceptado.

Con el tiempo, Quil había aprendido a apreciar a aquel muchacho no muy amistoso que cada viernes traía a una chica diferente a casa. Quil alguna vez había hablado con él sobre eso. Edward lo único que le había contestado era que a ellas no les importaba, que sabían en qué se estaban metiendo y que él tenía sus necesidades.

Quil pensaba que era normal que muchas chicas quisieran estar con Edward. Era un chico guapo, de unos veinte años. Quil, que había salido con él un par de veces, había observado como casi todas las mujeres, por no decir todas, se volvían locas cada vez que veían sus ojos verde esmeralda o cada vez que él les sonreía. Las mujeres amaban su pelo cobrizo despeinado, y su cuerpo, por mucho que Quil tuviera un cuerpo más musculoso.

En dos años, Quil apenas había salido con tres o cuatro chicas, y Edward, en cambio,… Quil no sabía cuántas, había perdido la cuenta y, la verdad, dudaba que Edward se acordara también. Pero aún así, y aunque el primer año fueran bastante fríos el uno con el otro, habían aprendido a tratarse el uno al otro. También habían descubierto que tenían cosas en común. Los dos amaban los coches rápidos, los deportes y el chocolate.

Edward, sin poder evitarlo, pensó en lo que ocurrió hace dos años. Su madre tuvo una enfermedad, que no tenía cura. Le dijeron que se iba a morir, y desde ese momento, Edward no la había dejado sola ni un momento. Ella, poco antes de morir, le dio el anillo de compromiso que le había dado su padre a ella, y le hizo jurar que se lo daría a la persona de la que se enamorara, sólo cuando se enamorara de verdad. También le hizo jurar que no iba a volver a utilizar la "supervelocidad" nunca más, que hacía que se cansara demasiado. Él se lo juró. Pocas horas después, Elizabeth Masen murió.

Edward, por mucho que fuera menor de edad, se escapó de las autoridades y aprendió a vivir por sí mismo. Alquiló un pequeño apartamento de un amigo en Chicago, y consiguió "tomar prestado" bastante dinero de su casa, como para poder sobrevivir durante varios meses o incluso años. La familia Masen tenía mucho dinero.

Llevaba ya casi de dos añosviviendo en aquel apartamento, siempre entreteniéndose mirando aquel anillo tan hermoso, y tan valioso. Uno de esos días, salió a la calle, a dar una vuelta pero, por supuesto, observando aquel anillo. Y fue cuando los atracadores lo encontraron. Vieron aquel anillo y decidieron instantáneamente que lo querían, por lo que procedieron a robárselo.

Lo persiguieron durante bastante rato, pero Edward corría demasiado, y llegado a un punto, lo perdieron de vista, aunque distinguieron que se dirigía hacia Millenium Park. Los dos atracadores iban a pasar de largo aquel lugar, pero vieron el reflejo del muchacho portador del anillo en el Cloud Gate, por lo que llegaron hasta allá. Edward se había cansado pues, aunque no utilizaba su habilidad a su potencia máxima, si que había hecho un pequeño esfuerzo. Tenía dos opciones, o rendirse o correr. Efectuando cualquiera de las dos cosas incumpliría alguna de las promesas que le hizo a su madre, pero si se rendía probablemente le pegarían una paliza, por lo que Edward supo enseguida lo que hacer. Empezó a correr.

- ¡Edward!-estaba gritando Quil mientras movía una mano frente a la cara de Edward-. ¿Se puede saber qué estás haciendo viendo Pretty Woman?

- Yo no estaba viendo esa película, estaba viendo el partido de baloncesto. Pero me he despistado. Ni siquiera sé cómo ha terminado. Me voy a dar una vuelta a la calle.

Edward se levantó, cogió su cazadora y salió a la calle. Simplemente paseó, no tenía ganas de hacer nada que no fuera caminar. Pero al final se aburrió, por lo que se sentó en el primer banco que vio, al lado de un hombre rubio de ojos azules. Aunque Edward lo ignoró, aquel hombre se giró a mirar a aquel chico y le dijo:

- ¿Qué tal te encuentras, Edward Anthony Masen?-preguntó aquel hermoso hombre rubio. Edward se giró hacia él.

- ¿Quién es usted?-preguntó el joven sorprendido.

- Mi nombre es Carlisle Cullen.

- ¿Y qué quiere de mí, señor Cullen?

- Quiero ofrecerte un trato. Quiero ayudarte a controlarte.

- No sé de qué me está hablando.

- Sé que te agotas cuando utilizas tu velocidad especial, Edward. Quiero ayudarte para que no te canses, o por lo menos para que no te canses tanto.

- ¿Cómo sabe usted de mi habilidad?

- Lo sé porque mi deber es ayudar a gente que tiene habilidades como las tuyas.

- ¿Hay más gente como yo?

- Sí, y te quiero ayudar. Durante generaciones mi familia se ha encargado de instruir a gente con habilidades sobrenaturales, como tú. ¿Quieres venir?

- ¿Dónde?

- En Bull Run Mountains, en Virginia. Te ayudaré.

- De acuerdo.

Biloxi, Mississippi

31 de enero 2010

Cynthia Brandon entró casa de sus padres y su hermana Alice. Ella acababa de volver de la universidad y quería darle una sorpresa a su hermana. Al no encontrarla en la planta de abajo, subió a la planta de arriba y entró en la habitación de su hermana pequeña. Al no encontrarla tampoco allá se sorprendió. Escuchó un ruido que procedía de su habitación, por lo que entró en su habitación.

- ¡Ay, madre mía!-exclamó Cynthia.

Delante de ella estaba… ella. O alguien parecido. Muy parecido. Su réplica se giró hacia ella y, muy sobresaltada, empezó a cambiar. Un momento después, esa versión suya se había convertido en su hermana Alice. Cynthia, sin saber cómo reaccionar, aceptó el abrazo de su hermana, sin cambiar su expresión de sorpresa.

- Creo que vas a tener que explicarme esto, Mary Alice Brandon.

- Y lo haré, pero primero tienes que prometerme que no vas a juzgarme antes de tiempo. Prométemelo.

- Te lo prometo, Allie-dijo Cynthia.

Alice suspiró aliviada. Su hermana nunca incumplía una promesa, era incapaz. La había echado de mucho de menos. Se había convertido en ella porque se aburría. Por eso y porque quería saber si le serviría de algo aquella hermosa blusa negra que había comprando por mucho que le estuviera grande. A su hermana le quedaba perfecta. Ella tenía más pecho que Alice, y la blusa no le quedaba colgando hasta mitad de muslo.

- Esto es algo que descubrí hace años, nueve años, para ser más exactos. Descubrí que me podía convertir en cualquier cosa que quisiera, ya fuera un animal, una persona,… ¿Piensas que es una locura?

- Todo en ti es una locura, Alice-contestó su hermana con una sonrisa-. ¿Por qué tendría esto que ser más loco que lo demás?

Alice se rió y volvió a abrazar a su hermana. Le había alegrado y aliviado mucho que su hermana la comprendiera y que no la odiara después de contarle la verdad, ni que le tuviera miedo, o cualquier cosa por el estilo.

Alice le contó a su hermana cómo había descubierto su poder cuando tenía ocho años, y que en ese momento se asustó mucho. Luego, cuando aprendió a controlarlo y a no usarlo en cualquier situación y por motivos meramente egoístas, descubrió que era un don muy valioso, que encima le servía para entretenerse de vez en cuando.

- ¿Y no sientes nada cuando te conciertes en otra cosa?-preguntó Cynthia cuando Alice hubo terminado de contarle la historia de su poder.

- Siento una sacudida, y a veces, si el cambio es muy brusco, me mareo, pero no es nada importante. En cuanto me he adaptado a la otra forma, es como si siempre hubiera sido así.

- ¿Por qué te habías transformado en mí?

- Me aburría. Y quería ver si al final esta blusa iba a servir de algo. A mí me está enorme, y ya sabes que mamá tiene el mismo cuerpo que yo.

- ¿Me lo enseñas? Tu poder, digo.

- Claro, ¿en qué quieres que me convierta?

- Conviértete en mí otra vez.

- Hecho.

Alice volvió a pensar en su hermana, y poco después sintió una sacudida. Luego sintió su cuerpo crecer y cambiar de forma, y después ya estaba en el cuerpo de su hermana. Abrió los ojos y miró a Cynthia, que volvía a estar boquiabierta. Luego volvió a convertirse en sí misma.

- ¡Es alucinante!-exclamó.

- Pues imagínate cómo me aluciné yo la primera vez que me pasó.

- Te debiste poner a gritar como una loca y a correr.

- Pues algo así. Me asusté mucho cuando pensé que me había convertido en una serpiente, pero luego, cuando fui a mi habitación y sólo pensaba en que quería volver a ser yo otra vez, volví a sentir aquella sacudida y volví a ser yo. Como era muy pequeña estaba muy cansada y asustada, pero ahora casi no me canso, y ya me he acostumbrado.

- Bueno-dijo Cynthia cambiando de tema. No quería pasarse todas sus "vacaciones" hablando sobre temas sobrenaturales-, ¿qué te parece si salimos a dar una vuelta? Me apetece pasear.

- Claro. Espera a que me quite la blusa y bajamos.

Poco rato después, las dos muchachas caminaban por Friendly Oak. Las dos jugaban mucho allí cuando eran pequeñas, y les hacía ilusión volver allí, juntas otra vez. Habían caminado un rato, cuando unas amigas de Cynthia, Zafrina, Senna y Kachiri, las vieron. Las tres hermanas brasileñas se acercaron a las dos hermanas reencontradas y consiguieron que Cynthia se separara de Alice. Mientras que las amigas se abrazaban y se contaban todo lo que había pasado en la ciudad durante la ausencia de Cynthia, Alice se fue a dar una vuelta sin alejarse mucho.

- Bonito día, ¿verdad?-le preguntó un joven rubio. Era un chico guapo, con pinta de aventurero y una coleta rubia en la nuca.

- La verdad es que sí-contestó Alice por cortesía-. Últimamente hace muy buen tiempo.

- Eres Mary Alice Brandon, ¿no?

- Sí. ¿Quién lo pregunta?-preguntó Alice, algo asustada. Ella no conocía a aquel chico.

- Discúlpame. Mi nombre es Garrett.

- ¿Y cómo sabes mi nombre?

- Lo sé porque me han mandado a buscarte, Alice. Verás, yo trabajo en un lugar en el que se entrena a gente especial para que se controlen. Y sé que tú eres especial, Alice. Y yo también lo soy. Mira-dijo el chico. Cogió un cuchillo, e intentó cortarse en la mano, pero lo único que salió fue un chirrido-. Tu habilidad es el mimetismo. El mío la dureza. Puedo ayudarte, Alice.

- Puedes ayudarme, supongo, lejos de aquí.

- En Virginia. En Bull Run Mountains.

- Lo que yo decía.

- No te voy a obligar a venir. Y aunque vinieras, no te tendríamos retenida. Podrías venir y ver a tus padres siempre que quieras-dijo, y le tendió la mano. Ella se la dio.

Cuando Cynthia volvió, Alice no estaba…

Houston, Texas

2 de febrero 2010

- Déjame en paz, María. Simplemente vete de aquí-dijo Jasper mirando a María a los ojos. La chica se fue rápidamente.

La verdad, Jasper no sabía para qué seguía con María. No sentía nada por ella, nunca lo había hecho. Bueno, quizás cuando era un adolescente había sentido cariño hacia ella, pero no amor, como ella pensaba. Ni siquiera ella sentía amor, lo suyo con Jasper era sólo un mero encaprichamiento. Muy típico de María. María no era una mala chica, eso Jasper lo tenía claro. Pero era muy pesada y cotilla, y llegaba un momento en el que Jasper se cansaba de fingir que la escuchaba y usaba su poder.

Su poder… Ya había pasado mucho tiempo desde que lo descubrió, pero seguía asombrándose cada vez que lo utilizaba con alguien que no fuera María. Y lo utilizaba muy a menudo. A la hora de ir a comprar, en los bares cuando era menor de edad,… Era muy valioso, y así era como había ido juntando una pequeña fortuna. Juntando lo que había reunido de la paga que sus padres le habían dado durante unos cuantos años y lo que había ganado trabajando en los veranos, ahora tenía suficiente dinero como para comprar lo que quisiera, por muy caro que eso fuera.

La verdad, Jasper no sabía porque no había roto con María cuando pudo, ahora ella ya estaba pensando en la mejor manera de casarse con él. Según lo que Jasper pudo averiguar, tenía pensado emborracharlo y llevárselo a Las Vegas, por supuesto, todo esto con ayuda de sus hermanas Lucy y Nettie. Si María sola ya era difícil de aguantar, cuando se juntaba con alguna de sus hermanas ya era insoportable. Y qué decir de cuando se juntaban las tres. En esas ocasiones extremas era cuando Jasper agradecía su don. Porque él lo veía así.

Su mejor amigo, Peter, no pensaba lo mismo. Él era el único que sabía algo sobre el extraño poder de Jasper, y según él, era horrible. La vida sin dificultades no tenía gracia. Jasper no pensaba así. Pensaba que era lo mejor que le podría haber pasado en toda su vida, y eso que había vivido mucho. Desde la muerte de sus padres hasta descubrir que su hermana era adoptada, pasando por el acoso que sufría por parte de María. Aún con todos sus problemas, Jasper era bastante feliz. Aunque la faltaba algo. Su hermana Charlotte, novia de Peter, se había ido hacía ya tres años a la universidad, y no se había comunicado con Jasper ni en Navidades.

Aunque, según tenía entendido Jasper, sí que se había comunicado con Peter. Le faltaba el cariño de su hermana, cariño que ella se había olvidado de darle a pesar de habérselo prometido antes de irse a Duke en verano de 2007. Ahora Jasper vivía solo, casi no hablaba con Peter e intentaba evitar a María siempre que podía, que no era muy a menudo, pues la chica parecía cada vez más obsesionada con Jasper.

Él podría haber ido a la universidad hace dos años. Lo habían aceptado en Duke, al igual que a su hermana, pero, precisamente por su hermana, no había aceptado ir. Si ella no se había comunicado con él era porque no quería verlo, así que Jasper no la obligaría a hacerlo.

- Disculpe, ¿es usted Jasper Whitlock?-preguntó una chica acercándose a él.

- Sí, soy yo.

- Genial. Una mujer llamada Charlotte ha dejado un mensaje para usted en la puerta del restaurante.

- ¿Usted la ha visto?-preguntó Jasper.

- Sí, acaba de irse en un Mercedes hacia el aeropuerto, creo.

Sin decir nada más, la chica dejó un sobre mojado por la lluvia encima de la mesa y se fue del restaurante. Jasper cogió el sobre y lo abrió. Dentro había una nota, en la que Jasper distinguió perfectamente la inconfundible letra de su hermana. Jasper leyó la nota: "He vuelto a casa. Sé que estarás enfadado conmigo por no haber hablado contigo estos últimos tres años, pero necesito que me ayudes. Tienes que ir a casa, allí verás con lo que me tienes que ayudar. Te quiere. Tu hermana".

Jasper sabía que tenía que ignorar aquella nota, que no le haría ningún bien, pero no podía no volver nunca a su casa, por lo que se fue del restaurante y se fue directo a casa. Al llegar, la puerta no estaba cerrada con llave. Cuando Jasper entró, no pudo evitar maldecir a su hermana. Delante de Jasper había un bebé, que no debería tener más de un par de semanas. En la mesita al lado del sofá había otra nota. Jasper la leyó: "¿A que cuidarás de la pequeña Bree hasta que yo vuelva? Como Peter se entere de que he tenido un hijo y no ha sido con él me matará, pero no te preocupes, yo me encargaré de que él no sepa que tú tienes un bebé en tu casa".

Jasper iba a seguir maldiciendo a su sobrina, pero una voz lo detuvo desde la puerta.

- No sabía que eras padre, Jasper Whitlock. Ahora creo que no puedo llevarte conmigo-dijo una voz femenina que Jasper no conocía.

Jasper se giró. Tenía enfrente a una mujer de pelo rubio platino que lo miraba con fastidio.

- ¿Quién eres? Y por cierto, no es mi hija. Es… mi sobrina.

- Mi nombre es Katherine, pero puedes llamarme Kate. Y me alegro de que no sea tu hija. Ahora sí que puedo llevarte conmigo.

- Llevarme ¿a dónde? No voy a dejar a Bree sola, ni aunque me vayas a secuestrar.

- No te preocupes, no voy a secuestrarte. Simplemente voy a llevarte a un lugar en el que aprenderás a no controlar a cualquier persona que se cruce en tu camino.

- ¿Y cómo sabes que voy a ir contigo?

- Porque si no vienes, te llevaré a la fuerza.

- ¿Y Bree?-preguntó Jasper resignado. Aunque no lo admitiría, temía a aquella mujer.

- Vendrá.

- Acepto.

Rochester, New York

28 de enero 2010

Rosalie estaba aburrida. Llevaba dos semanas castigada sin salir. Cuando ella les dijo a sus padres que ya era mayor de edad y que podía hacer lo que quisiera, ellos le dijeron que si no acataba las normas de aquella casa, ya sabía dónde estaba la puerta. Ella no tuvo más remedio que aceptar el castigo. Y todo porque la habían encontrado con un chico en su habitación. Ni que eso fuera tan malo. Además, no estaban haciendo nada malo. Era un simple beso.

Rosalie había pensado en salir por la ventana, pero siempre la retenía el hecho de que alguien la vería caer y se pensarían que había muerto. Y era lógico, pues Rosalie vivía en el piso decimotercero. Pero ella, aunque sentiría el dolor, se le pasaría pronto. Eran ya las doce pasadas, por lo que pensó que nadie la vería. Se puso unos shorts vaqueros y una camiseta roja que le habían regalado sus padres, se puso unas sandalias planas (dudaba que los tacones soportaran la caída), se arregló un poco el pelo y se acercó a la ventana de su habitación.

La verdad era que le daba algo de miedo. No por el golpe, pues ella se recuperaría en poco tiempo, sino por el ruido que haría. Su padre tenía el sueño algo ligero, y sus hermanos aprovecharían cualquier oportunidad para fastidiarla. Eso siempre que la vieran. Pero Rosalie sabía moverse en silencio. No era la primera vez que se escapaba, pero sí la primera que se escapaba por la ventana. Las demás veces su madre no se había quedado dormida en el sofá. Pero claro, trabajaba tanto, pensó Rose, que se agota y se termina durmiendo en el salón.

Eso no se lo creería ni un niño de dos años. Cualquier persona con dos dedos de frente podría darse cuenta de que los señores Hale estaban a punto de separarse. Hasta Matt, el hermano "idiota" de Rose, se había dado cuenta. Pero lo que su padre no estaba bien. Daniel Hale siempre había sido un caballero, pero aún así, hacía que su esposa durmiera en el sofá.

Intentando olvidarse de los problemas de sus padres, Rosalie saltó. Estuvo más tiempo del que había pensado en el aire, pero lo peor fue la caída. Rosalie sintió como los huesos se le rompieron, y también lo escuchó. Y luego los sintió volver a tomar su lugar, y eso le dolió aún más. Cuando sus huesos estuvieron en su sitio, Rose se levantó, se arregló la ropa y el pelo y se fue al garaje. Sabía que su padre lo había manipulado, pero Rose sabía más de coches que su padre, por lo que lo arregló en minutos. Luego salió en dirección a casa de su amiga Vera. Sabía que ella no le preguntaría nada sobre cómo había salido de casa, por mucho que sabía que Rose era especial.

Aún cuando Rosalie no sabía sobre su habilidad de rápida regeneración, Vera había notado algo especial en su amiga pero, y eso era algo que Rosalie siempre había agradecido, ella nunca había preguntado sobre ello.

Llegó y, como había esperado, Vera no dijo nada sobre la escapada de Rosalie. Salieron a una discoteca, de la cual Rosalie se olvidó el nombre enseguida, pues en cuanto llegó, a Rosalie sólo le importó la bebida. La necesitaba. Necesitaba olvidarse de los problemas de casa, y la verdad, funcionó. Rosalie conoció a un chico, que creía recordar se llamaba Alec, con quien estuvo bailando, cada vez más juntos, hasta que empezaron a besarse. Y a tocarse. Alec le ofreció irse a casa de él, y ella, en su estado de profunda embriaguez, aceptó encantada.

Cuando Rosalie despertó el día siguiente, no supo dónde estaba, pero sí recordó al chico que estaba a su lado en la cama, desnudo. Era Alec. Había aceptado irse con él sólo para olvidarse de los problemas de casa, pero también había visto que era un buen chico, que no tenía malas intenciones.

Rose intentó despertarse, pero, al intentar moverse, despertó al chico que tenía al lado, provocando que este la mirara cuando ella ya estaba de pie, completamente desnuda. El chico miró a aquella hermosa y exuberante mujer rubia con una sonrisa, y, cuando ella se giró hacia él, su sonrisa se hizo más amplia. Ella le sonrió en respuesta y, cogiendo la camiseta que él había llevado la noche anterior y poniéndosela, salió de la habitación. El chico se levantó segundos después, se puso los vaqueros y salió. La encontró en la cocina, revisando todos los armarios. Cuando ella se percató de su presencia, se giró hacia él y le dijo:

- ¿Café?

- En el armario a tu derecha. ¿Puedes hacerme uno a mí mientras yo preparo unas tostadas?

- Claro.

Los dos hicieron el desayuno y se sentaron a comer en silencio. De repente, Rose se acordó de sus padres, de su coche y de Vera, a la que había llevado a la discoteca en su coche.

- ¡Mierda, mierda y mierda!

- ¿Qué te pasa?

- Anoche me escapé de casa, no sé dónde dejé mi coche y, lo que es peor, no sé dónde dejé a mi amiga-dijo Rose casi sin parar para respirar.

- Bueno, antes de que te vayas, quiero decirte algo.

- ¿Qué?

- Sé de tu habilidad especial, Rose. Y quiero ayudarte. Ayudarte a usarla correctamente. Yo también tengo una habilidad especial.

- ¿En serio? ¿Cuál?

- Puedo inutilizar a la gente. Algún día te lo explicaré. Resulta que mi padre ayuda a gente como nosotros, por lo que nos pasó a mi hermana y a mí. Y quiero que aceptes su ayuda.

- ¿Tendré que alejarme de mi familia?

- Sólo durante un tiempo.

- ¿Y puedo llevar mi coche?

- Claro, puedes llevarte todo lo que quieras.

- Entonces acepto. ¿Dónde es ese lugar?

- No está aquí, está bastante lejos de New York. En Volterra, Italia.

- Vale.

Trenton, Georgia

31 de enero 2010

Cuando Emmett se levantó aquella mañana, su casa estaba destrozada. Todo desordenado, muchos muebles rotos, y la foto… Emmett se levantó inmediatamente. La foto de él con su padre y su hermana no estaba. En el marco en el que debía estar la foto había una nota. Emmett la cogió y la leyó: "¿Qué tal, Emm? Ya sabes que te lo debía. Hace mucho tiempo me dejaste en ridículo delante de todos, por lo que he venido a acabar con tu felicidad. Pero no te preocupes, no tengo pensado matarte. Sé que amabas esa foto, por lo que es lo único que me he llevado. Tu hermana es una niña preciosa. Quizás vaya a por ella. Tendrás noticias de mí. Laurent".

Laurent… Ese gilipollas había perdido un pulso contra Emmett hacía unos meses, y se enfadó demasiado. Aquel día, cuando él se enfadó tanto, pensó que iba a ocurrir lo mismo que le había ocurrido hacía ya cuatro años. Y le dio mucho miedo. Pero Laurent simplemente se fue del bar jurando vengarse. Y había pensado hacerlo de la única manera de la que se podía afectar a Emmett. Con su familia. Emmett se vistió con lo primero que encontró y salió directo a la casa de Laurent. Sabía dónde estaba gracias a un "amigo" que hizo en el bar.

Cuando llegó a aquella casa que parecía abandonada, entró rompiendo la puerta de entrada, y también rompió la silla que estaba pegada a la puerta con la única intención de no dejar que alguien entrara. Alguien que no tuviera una fuerza como la de Emmett, por supuesto. Era una casa grande, pero en la que no había casi nada, y todo lleno de polvo y mugriento.

En el vestíbulo no había nadie, bueno, a excepción de las cucarachas y las arañas que merodeaban por la habitación. Emmett atravesó la primera puerta que vio, que daba al salón. En el salón sólo había un sofá, una televisión muy vieja y unos estantes con algún que otro libro. Y su foto. Emmett se acercó rápidamente a aquel estante y cogió la foto. Luego estuvo pensando en irse, pero al final decidió que Laurent no iba a quedarse tan tranquilo.

Fue hacia la siguiente puerta y descubrió que daba a la cocina. Registró casi todos los armarios y el frigorífico y descubrió que no había casi nada. "Este idiota vive en condiciones antinaturales". Emmett nunca había tenido muchas cosas, pero nunca había visto una cocina tan vacía. Salió otra vez al vestíbulo y abrió otra puerta, en la que había un pequeño baño, que parecía que no lo habían limpiado en años.

Emmett salió del baño y, cuando iba a abrir otra de las puertas que había en el vestíbulo, escuchó un ruido escaleras arriba, por lo que abandonó su tarea en el piso inferior y subió las enormes pero deplorables escaleras, llegando a un rellano bastante grande, en el que había bastantes puertas y otro tramo de escaleras, que estaban en el mismo mal estado.

Emmett se quedó quieto un momento intentando escuchar algún otro sonido que delatara a Laurent antes de empezar a abrir puertas. Escuchó un ruido que provenía de la puerta que estaba más al fondo, por lo que se dirigió allí. Parecía que Laurent no era muy sigiloso. Si Emmett no durmiera tan profundamente, seguramente Laurent no hubiera hecho aquel destrozo en su casa. Detrás de la puerta había una enorme habitación en la que solamente había una cama de matrimonio cubierta por una capa de polvo, un arcón que tenía pinta de tener más años que la misma casa y un pequeño sofá. No había nada más. Ni nadie más.

Antes de salir de la habitación, Emmett vio una puerta semiescondida al lado del arcón. Estaba muy bien disimulaba porque era imposible mirar a otro lado que no fuera el arcón cuando se miraba en aquella dirección. Emmett entró rápidamente en aquella habitación. Era un baño, y la habitación más limpia que Emmett había visto en toda la casa, aunque hubiera algún que otro bicho. Y Laurent estaba allí.

Emmett se acercó hasta él y, intentando usar la menor fuerza posible, le dio un puñetazo. Laurent se cayó hacia atrás por la fuerza del golpe que Emmett le había dado, momento que él aprovechó para agarrarlo por la camiseta y alzarlo hasta que sus pies quedaron suspendidos en el aire.

- Ni se te ocurra acercarte a mi hermana. Nunca. ¿Te ha quedado claro?

- Sí-dijo Laurent a pesar de que casi no podía respirar.

- Perfecto. Como se te ocurra acercarte a ella, te juro que te mato, y no estoy exagerando, te mataré.

Emmett soltó a Laurent en el suelo y salió de la habitación, pero cuando iba a bajar las escaleras, escuchó un ruido en la parte de arriba por lo que, no pudiendo evitarlo, subió las escaleras hasta la parte de arriba. Era un rellano más pequeño que el anterior y en el que sólo había una puerta, la cual Emmett atravesó al comprobar que no había nadie en el rellano. La habitación que había detrás de la puerta era una biblioteca, que estaba llena de estantes que llegaban hasta el techo y algunos sofás.

Sentada en un sillón individual había una chica, que no debía tener más de 15 años. Era rubia, y tenía unas facciones muy dulces. Ella sonrió hacia Emmett y dijo:

- Hola Emmett.

- ¿Quién eres? ¿Y cómo sabes mi nombre?

- Soy Jane. Y sé tu nombre porque me han mandado a buscarte.

- ¿Quién me busca?

- Mi padre. Quiere ayudarte a controlar tu fuerza, para que no hagas daño a nadie, para que no vuelva a pasar lo que pasó hace cuatro años. Lo recuerdas, ¿verdad?

- Claro que lo recuerdo. ¿Por qué quiere ayudarme tu padre?

- Es lo que suele hacer habitualmente. ¿Vas a venir o no?

- ¿A dónde tengo que ir?

- A Volterra, Italia.


¿Qué os ha parecido? No está mal para ser el primer capítulo, ¿no?