Escena 2: Remordimiento
Pov Tom.
Que noche tan agitada, hace mucho tiempo que no tengo el placer de tener una de estas, las cuestiones laborables me quitan completamente los deseos de cualquier otro suceso, incluso hasta los que son de mi gusto. Aún no soy conciente de mi gran creatividad, tengo varios años de paz por delante, es increíble pensar que simplemente al saltar y dejar que mi Cadillac se estrelle contra la banquina la tranquilidad sería mi cómplice y mi amiga por un largo lapso de tiempo.
Mi amor de esta noche es increíble, su cuerpo haría babear hasta al hombre más creyente del amor, me atrevo a decir que hasta a Bill le gustaría… Él, mi hermano… Un espasmo de horror se apodera de mí mientras que el recuerdo simplemente se hace más fuerte. No había pensado en cuánto destruiría la vida de mi hermano, ya es tarde para lamentos. Debo llamarlo, frente a estas situaciones sé que es capaz de cometer actos que estando conciente jamás haría.
No puedo seguir así, lamentaré el día en el que deje ir a esta mujer, pero la culpa y la vergüenza de mi completa estupidez oxigenan mi sangre. Sin pensarlo dos veces ni dudarlo, tomo con rapidez el pantalón y la camiseta que momentos atrás habían volado para dejarle lugar a la lujuria de ambos cuerpos al desnudo, la confusión invade el rostro de mi acompañante, no tengo tiempo suficiente como para comenzar a explicar lo que seguramente sería una larga historia, sé que algún día lo comprenderá y si no es así, existen muchas más mujeres que morirían por dirigirme la palabra.
En un acto de rapidez y torpeza, tomo las llaves que se encontraban tiradas por el suelo, abro de un tirón la puerta y la fría realidad me golpea en el rostro, mi vehículo se encuentra destrozado en alguna ruta. Mi respiración aún no vuelve a su ritmo habitual, estoy intranquilo al saber que Bill se encuentra solo y que probablemente esté viendo la televisión para aguardar a que yo llegue, verá la noticia, ya debe ser tarde.
Tras un largo recorrido hecho en un taxi que por mera casualidad pasaba por allí, me encuentro a pasos de la entrada a Loitsche, la duda me invade, ¿Debería llamarlo? Sí, sin duda era lo mejor que podía hacer luego de haberle causado sufrimiento alguno, quizás. Con el movil, marco el número de nuestra residencia, pero nadie logra atenderme, tal vez estaba durmiendo y sé cómo es mi gemelo al hacerlo, es imposible despertarlo. Intento despejar mi mente en unos árboles que aparecen y desaparecen rápidamente ya que la velocidad es alta, faltan pocos minutos para que sepa qué pasa realmente.
Abro la puerta de nuestro hogar, todo sigue tal cual a excepción de algunas tazas sucias y la televisión encendida, para mi desgracia. Aquella caja infernal debería mostrar la oscuridad penetrante que posee al carecer de electricidad, no lo hacía. No, no. Mostraba únicamente imágenes llamativas de mi auto chocado contra la banquina, el reportero hablaba con rapidez, me era imposible entenderle o no quería hacerlo. Me maldigo una y otra vez, ¿Tan idiota podía ser como para olvidar a toda mi familia? Mamá a estas horas se encuentra dormida, no hay duda, sin embargo había olvidado al ser más importante en toda mi vida, mi hermano.
¿Qué diría cuando supiera que todo era un engaño? Quizás me molería a golpes, o tal vez me ignoraría hasta que yo terminara de rodillas suplicando por oír una palabra de sus labios, todas y cada una de las posibles soluciones de ese problema me parecían una más irreal que la otra, Bill no era así, definitivamente, no. Subo a su habitación intentando evitar cualquier ruido que lo perturbase, su imagen era nula, no hay señales de él en ninguna parte. Sin dudarlo, marqué el número de su celular, debe haberlo llevado consigo, no lo oigo dentro de la casa pero luego de varios segundos de espera, una respuesta del otro lado me es otorgada.
— ¿Tom? — La voz indica cierto miedo y desconfianza, ahora más que nunca creía que mi hermano sí había escuchado aquella noticia.
— Bill, escúchame… — intento hablarle de forma tranquila, pero sus nervios se alteraron apenas lo nombré.
— ¿Qué diablos? ¡Tú deberías estar muerto! — como era costumbre de él, interrumpir cuando se intenta charlar rápidamente — ¡Yo… Yo lo ví en… en la tele… televisión! — No había notado cuan nervioso se encontraba
— Yo llamaba porque me preocupé por ti y ¿Ahora prefieres que esté muerto? —
— No quise decir eso, disculpa — Como los segundos transcurrían, su voz se torna más suave, era obvio que la paz interior estaba en plena auge.
— Como sea, vuelve a casa, te necesito aquí. Ahora. —
A menos que tratara de chicas, no suelo ser muy expresivo en el teléfono, cuando no es una urgencia no lo utilizo, pero sin dudarlo, esta lo era. Me recuesto en el sofá a esperar a que Bill llegue de una vez, a medida que los segundos son cada vez más pesados, comienzo a notar cierta extrañeza. ¿A dónde fue? ¿Cómo lo hizo? Todas y cada una de mis preguntas se borran de mi mente tan pronto como noto que su vehículo no está presente en nuestra cochera, quizás habría ido a la ruta del "accidente", o tal vez había decidido ser tan galán como su hermano y comenzar a disfrutar del placer de tener a una chica por noche. Es con mentes tan raras y extravagantes como la de Bill que uno puede esperar múltiples e infinitas soluciones a un problema singular.
Comienzo a desesperarme, tu persistente ausencia se agolpaba agobiando dolorosamente cada uno de mis pensamientos. Intento no barajar posibles razones de tu tardanza, en mi cabeza se disputaban los nervios y las obsesivas ganas de asesinarte de un abrazo. El silencio de la penumbra se quiebra reiteradas veces bajo el leve rugido de tu automovil, con rapidez corro hacia la puerta, apenas tu figura me es visible me arrojo a tus brazos, necesito explicarte el por qué de mi extraño comportamiento esa noche, debo pedirte perdón por aquellas horas de sufrimiento.
Sin vacilación alguna, respondes a mi muestra de afecto, eres incapaz de articular palabra alguna, con seguridad podría afirmar que posees una mezcla intensa de sentimientos dentro de ti. Por tu expresión puedo deducir que tienes ganas de aferrarte a mí como nunca, pero también deseas golpearme y te ruego que lo hagas, yo lo haría si pudiera. Las lágrimas comienzan a brotar nuevamente de tus delicados ojos, ahora soy capaz de apreciar que las ojeras los enmarcaban y un leve tono rojizo predominaba en ellos. No te entiendo ¿Lloras por el dolor o por la felicidad?
